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FALLEN GODS (DIOSES CAIDOS) - Capítulo 26

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  3. Capítulo 26 - 26 CAPITULO 7 PARTE 5 La Furia que Nacio del Dolor
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26: CAPITULO #7 PARTE 5: La Furia que Nacio del Dolor 26: CAPITULO #7 PARTE 5: La Furia que Nacio del Dolor Tyr estaba de rodillas, temblando, con las manos cubiertas de sangre que no sabía si era de los atacantes o de sus propios padres.

Su mirada estaba fija en los cuerpos inertes de quienes le dieron la vida, y su mente intentaba procesar lo que había sucedido.

Todo era un caos en su interior: la rabia, el dolor, la impotencia, y una creciente culpa que comenzaba a devorarle.

El ser se manifestó lentamente, como si surgiera de las sombras que se alargaban entre las ruinas del hogar de Tyr.

Su figura era imponente, con una voz profunda que resonaba en el aire, cargada de una malicia fría y calculadora.

—Míralos, niño, —comenzó el ser, caminando lentamente alrededor de Tyr, con un tono casi susurrante, pero cargado de un veneno inconfundible—.

¿Esto es lo que querías?

¿Es esta la gran hazaña que esperabas lograr?

Tyr no respondió.

Su respiración era errática, sus labios temblaban, y sus ojos estaban llenos de lágrimas que no dejaban de caer.

—Tus manos…

—continuó el ser, señalando las manos ensangrentadas de Tyr—.

Son las manos de un monstruo.

Mira lo que has hecho.

Destruiste a esos hombres con tanta furia, con tanto odio… ¿Y para qué?

¿Para salvarlos?

El ser se inclinó hacia él, hablando ahora directamente al oído de Tyr.

—Fallaste.

Fallaste de la manera más miserable, niño.

Ellos están muertos.

¿De qué sirvió tu ira?

¿De qué sirvió toda esa fuerza?

No los salvaste.

No pudiste protegerlos.

Tyr apretó los puños, sintiendo como sus uñas se clavaban en la piel de sus palmas, pero no tenía fuerzas para levantarse o responder.

—Mira a tu madre, —dijo el ser, señalando el cuerpo de la mujer, con el rostro aún torcido por el horror de sus últimos momentos—.

¿Puedes escuchar sus gritos todavía?

¿La forma en que suplicó por tu ayuda mientras tú estabas perdido en tu rabia?

¿Puedes sentir el peso de su mirada, decepcionada porque no llegaste a tiempo?

Tyr dejó escapar un sollozo, incapaz de contener las lágrimas.

—Y tu padre, —continuó el ser, ahora paseando a su alrededor como un depredador acechando a su presa—.

Él luchó hasta el último aliento.

¿Sabes por qué?

Porque sabía que tú no serías capaz.

Sabía que su hijo era débil, un niño que no podía proteger a su propia familia.

Cada palabra era como una daga clavándose en el alma de Tyr.

Intentaba taparse los oídos, pero la voz del ser seguía resonando en su mente, implacable.

—¿Y ahora qué, Tyr?

¿Qué harás?

¿Llorarás?

¿Pedirás perdón?

¿Crees que eso traerá de vuelta a tus padres?

—El ser se agachó frente a él, mirando directamente a sus ojos—.

No, chico.

Esto es lo que eres.

Esto es lo que serás.

Un recuerdo andante de tu fracaso.

Tyr levantó la mirada, sus ojos llenos de desesperación, buscando algo, cualquier cosa, que pudiera contradecir las palabras del ser.

Pero no encontró nada.

Solo el vacío.

El ser se incorporó lentamente, dándole la espalda mientras hablaba una última vez.

—No importa cuánto intentes olvidar este día, niño.

Estará contigo para siempre.

Tu furia, tu dolor, tus lágrimas… todo es inútil.

Porque en el fondo, sabes la verdad: fallaste.

Y eso es lo que te definirá.

Con esas palabras, el ser desapareció en las sombras, dejando a Tyr solo, quebrado y enfrentando el peso insoportable de sus emociones.

Su grito desgarrador resonó en el aire, una mezcla de dolor, culpa y una furia impotente que se perdió en el viento.

El ser sujetaba a Tyr con fuerza, sus garras imponentes clavándose en los hombros del guerrero mientras lo mantenía paralizado.

Tyr, pese a toda su fuerza física y mental, no podía moverse.

No era el dolor físico lo que lo detenía, sino el eco de las imágenes que el ser había proyectado en su mente, recuerdos y traumas que ahora lo consumían desde dentro.

—Mírate —murmuró el ser con una sonrisa torcida, sus ojos llenos de una cruel satisfacción—.

Un guerrero, un hijo, un hombre fuerte…

y aun así, no pudiste salvarlos.

No importa cuántos enemigos enfrentes, Tyr, jamás podrás proteger a quienes amas.

Las palabras eran como cuchillos, y Tyr, aunque trataba de resistir, sentía su voluntad desmoronarse bajo el peso de la verdad que el ser le imponía.

Sus manos temblaban, apretadas en puños inútiles, mientras un grito de rabia y dolor se ahogaba en su garganta.

El ser se inclinó más cerca, sus fauces podridas casi tocando el oído de Tyr.

—Eres un fracaso, Tyr.

Y en tus momentos finales, lo único que quedará de ti será el eco de tu impotencia.

Pero justo cuando el ser parecía tener la victoria asegurada, el aire cambió.

Una brisa cálida, cargada de energía, atravesó el lugar, y una voz resonó, cortante como un filo: —¿Y tú quién eres para decidir eso?

Antes de que el ser pudiera reaccionar, un impacto brutal lo golpeó en el rostro.

La fuerza fue tal que lo lanzó varios metros hacia atrás, soltando a Tyr de sus garras.

Tyr cayó al suelo, jadeando y aturdido, pero libre.

La figura que se alzaba frente a él era inconfundible.

Loki, rodeado de un aura verde brillante que parecía pulsar con cada latido, ajustaba su posición tras haber descargado el golpe.

Sus ojos, resplandecientes como esmeraldas encendidas, estaban fijos en el ser que se retorcía en el suelo, sorprendido por la embestida.

—¡Tú!

—gruñó el ser mientras se levantaba lentamente, limpiando el icor oscuro que brotaba de su mandíbula—.

Maldito dios embustero, no tienes idea de con quién estás jugando.

Loki sonrió, pero no había calidez en esa expresión.

Era una sonrisa afilada, llena de peligro.

—¿Jugar?

—replicó Loki mientras se acercaba al ser con pasos calculados—.

Esto no es un juego.

Esto es mi turno.

Tyr yacía en el suelo, inmóvil, con la mirada fija en el vacío, incapaz de procesar la tormenta de emociones y recuerdos que lo desgarraban por dentro.

Su respiración era irregular, apenas un eco del guerrero que alguna vez fue.

Mientras tanto, Loki se colocó entre él y el ser, sus ojos brillantes fijos en su enemigo.

El ser avanzó con una sonrisa torcida, y en un instante la tensión se rompió: ambos se lanzaron el uno contra el otro con una velocidad casi sobrenatural.

Loki esquivó un golpe horizontal del ser, cuyo brazo brillaba con una oscura energía púrpura, y respondió con una daga que apareció en su mano en un destello verde.

La hoja pasó peligrosamente cerca del cuello del ser, quien retrocedió un paso justo a tiempo, contrarrestando con un ataque devastador de energía oscura que Loki apenas tuvo tiempo de desviar con un escudo mágico improvisado.

El choque de las energías iluminó la estancia con un destello cegador, y ambos combatientes desaparecieron en un borrón de movimientos rápidos y fluidos.

Golpes de puño y pierna se intercambiaron con una precisión impecable: Loki atacaba con una velocidad casi inhumana, mientras que el ser respondía con una brutalidad implacable, cada golpe suyo resonando como un trueno.

Ambos conjuraban habilidades mágicas entre ataques físicos, como si estuvieran en una danza mortal.

Loki creó un círculo de dagas flotantes a su alrededor y las lanzó hacia el ser en un movimiento ágil; este último respondió levantando una barrera negra como el vacío, que absorbió las armas antes de desintegrarlas.

Pero Loki no se detuvo: en un movimiento instantáneo, se teletransportó detrás del ser, lanzándole una ráfaga de energía mágica que lo hizo tambalearse hacia adelante.

Sin embargo, el ser se giró con una velocidad aterradora y atrapó el brazo de Loki, intentando quebrarlo con pura fuerza, solo para que Loki usara su otra mano para golpearlo con una explosión de magia verde directamente en el rostro.

Mientras ambos combatían con una ferocidad abrumadora, el ambiente a su alrededor se cargaba de una tensión casi sofocante.

Sin embargo, en medio de esta frenética batalla, Loki percibió algo…

algo diferente.

Una energía creciente, intensa y peligrosa.

Sin necesidad de mirar hacia atrás, lo supo: venía de Tyr.

En el suelo, Tyr comenzó a moverse lentamente, pero no de una manera consciente.

Su cuerpo temblaba, y un calor intenso empezó a emanar de él.

Sus músculos se tensaron, y su respiración, antes irregular, ahora era profunda y pesada.

Sus ojos, antes apagados y llenos de dolor, se encendieron con un rojo profundo y ardiente, como dos brasas encendidas.

Una aura al rojo vivo comenzó a rodearlo, haciendo que el suelo bajo él empezara a chamuscarse.

La temperatura en el lugar subió abruptamente, y una sensación de pura sed de sangre llenó el aire.

Loki, aún enfrentándose al ser, sintió esa energía tan claramente que su atención vaciló por un breve instante.

Volteó ligeramente hacia Tyr, sus ojos entrecerrándose al reconocer lo que estaba sucediendo.

—Esto no puede ser…

—murmuró, sorprendido y a la vez preocupado.

El ser, quien estaba a punto de lanzar otro ataque, también se detuvo, su mirada fija en Tyr.

Sus ojos se abrieron con incredulidad mientras retrocedía ligeramente, por primera vez mostrando signos de alarma.

—¿Qué demonios…?

—murmuró el ser con un tono cargado de sorpresa y nerviosismo.

Tyr se levantó lentamente, cada movimiento acompañado por el crujir del suelo bajo sus pies.

Sus ojos brillaban con una furia inhumana, y su rostro, antes marcado por el dolor, ahora emanaba una expresión de pura rabia y violencia.

El aura roja que lo envolvía se intensificó, pareciendo casi líquida, como si su furia se manifestara físicamente a su alrededor.

El guerrero había despertado, pero no como el hombre que había sido antes.

Este era un Tyr transformado por la ira, el dolor y una fuerza desconocida que ahora ardía dentro de él.

Loki y el ser intercambiaron miradas fugaces, ambos conscientes de que lo que estaba a punto de suceder cambiaría el curso de la batalla por completo.

¡La energía desbordante de Tyr alcanzó su punto máximo, iluminando el lugar como si un segundo sol hubiera nacido en medio de la batalla!

Loki, con su mirada fija, se preparaba para cualquier desenlace mientras el ser observaba con una mezcla de temor y rabia, tratando de calcular cómo enfrentar a este nuevo adversario.

El rugido de Tyr resonó como un trueno, y la tierra bajo sus pies comenzó a resquebrajarse.

Todo parecía indicar que el verdadero combate apenas estaba por comenzar.

¿Podrá Loki controlar a Tyr en su estado de furia?

¿Logrará el ser sobrevivir al ataque de una fuerza tan abrumadora?

¡El destino de esta batalla está a punto de cambiar por completo!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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