FALLEN GODS (DIOSES CAIDOS) - Capítulo 27
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- Capítulo 27 - 27 CAPITULO 8 PARTE 1 Bestia Indomable
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27: CAPITULO #8 PARTE 1: Bestia Indomable 27: CAPITULO #8 PARTE 1: Bestia Indomable El aire estaba cargado de una tensión sofocante, como si el tiempo mismo se hubiera congelado ante la visión imponente de Tyr.
Su cuerpo irradiaba un aura carmesí incandescente, el calor que despedía era abrasador, distorsionando el aire a su alrededor como si estuviera en el corazón de un volcán.
Sus ojos, antes llenos de dolor y desesperación, ahora brillaban como dos brasas encendidas, vacíos de razón y llenos de una furia inhumana.
Loki, aún recuperándose de la intensa batalla contra el ser, observaba a Tyr con una mezcla de asombro y precaución.
Incluso él, con toda su experiencia y poder, podía sentir la abrumadora energía que emanaba de su aliado.
El ser, que hasta hace unos instantes había luchado con arrogancia, ahora retrocedía un paso, sus ojos huecos fijos en Tyr mientras un destello de duda cruzaba su oscura figura.
Algo había cambiado, algo mucho más aterrador que cualquier hechizo o fuerza que él mismo pudiera invocar.
Tyr avanzó a gran velocidad, un rugido gutural brotando de su garganta mientras sus hachas, forjadas en las profundidades de Joktldar, aparecían en sus manos con un destello ardiente.
Cada paso que daba hacía que el suelo temblara bajo su peso, la furia que emanaba de él transformando el aire en una atmósfera cargada de calor abrasador.
Sin perder un segundo, lanzó un ataque tras otro, sus hachas cortando el aire con tal rapidez que parecía que el mismo viento se estremecía al paso de su ira.
El ser, aún parado en su lugar, observó fascinado, sus ojos vacíos reflejando algo que podría haber sido respeto o tal vez temor.
Con movimientos lentos pero seguros, levantó su guadaña, sus manos adornadas con runas oscuras brillando débilmente.
Con cada impacto de los hachas de Tyr contra su arma, un choque de energía resonó por el aire, un estallido de fuerza que parecía sacudir el propio tejido de la realidad.
La guadaña del ser cortaba el aire con una precisión letal, deteniendo los golpes de Tyr con una facilidad desconcertante.
Sin embargo, aunque sus movimientos eran impecables, no pudo evitar sonreír ante el poder salvaje que Tyr desataba.
“Esto es…
fascinante”, murmuró el ser, su voz grave y llena de admiración, mientras con cada encuentro de armas su cuerpo se balanceaba ligeramente hacia atrás, pero jamás retrocedía.
“Nunca imaginé que alguien pudiera alcanzar tal furia… No hay duda, este será un combate que recordaré.” Tyr no escuchaba nada, su mente solo estaba centrada en la rabia que corría por sus venas, la sed de venganza empujándolo a seguir atacando.
Sus hachas giraban y chocaban contra la guadaña con una velocidad imposible de seguir, cada golpe más fuerte que el anterior, un vendaval de furia que empezaba a desgastar la defensa del ser.
Las chispas volaban como estrellas fugaces, iluminando la oscuridad que rodeaba la escena.
El ser se sorprendió por un instante, notando que incluso con su destreza, había que estar más alerta que nunca.
Tyr estaba alcanzando niveles de poder incontrolables.
En ese momento, comprendió que esta batalla ya no solo era por supervivencia, sino por el orgullo mismo.
En medio del intenso frenesí de golpes, el ser, con una velocidad calculadora y una fuerza abrumadora, encontró una abertura en la defensa de Tyr.
Aprovechando el momento, lo sujetó por el torso con una fuerza que casi parecía partirlo en dos y lo lanzó brutalmente contra el suelo, haciendo temblar la tierra.
Antes de que Tyr pudiera reaccionar, el ser alzó su guadaña y, con un movimiento preciso, la hundió en el abdomen del guerrero.
La hoja negra atravesó carne y hueso, pero Tyr, en su estado de furia incontrolable, era incapaz de sentir dolor.
No se estremeció ni retrocedió; en lugar de eso, su mirada fija, carente de humanidad, parecía arder con un odio puro.
Con un rugido ensordecedor, Tyr empuñó su hacha y, con un movimiento tan feroz como preciso, lanzó un corte directo al rostro del ser.
La hoja de la hacha se incrustó en la oscura máscara que cubría el rostro del enemigo, provocando un sonido metálico y una chispa que iluminó el campo de batalla por un instante.
Furioso, el ser lo tomó de nuevo, esta vez con ambas manos, y lo lanzó a varios metros de distancia como si fuera un muñeco de trapo.
Pero Tyr no era alguien que cayera fácilmente.
Apenas tocó el suelo, se reincorporó con una agilidad sobrehumana.
Su respiración era profunda, su pecho subía y bajaba como el de una bestia en plena cacería.
El ser, impresionado por su resistencia, movió su guadaña, que comenzó a retorcerse y alargarse como un látigo viviente, transformándose en una extensión flexible y letal que se abalanzó sobre Tyr en un sinfín de ataques rápidos y precisos.
Cada movimiento de la guadaña era un destello negro que cortaba el aire, pero Tyr avanzó como un animal desatado.
Con cada paso, sus hachas se movían en un torbellino de destrucción, bloqueando y desviando cada golpe de la guadaña maleable.
La velocidad de sus manos era una locura, y el sonido metálico de las armas chocando era ensordecedor.
El ser, por primera vez, se detuvo incrédulo al ver cómo su arma, diseñada para ser indomable, era repelida por puro instinto y fuerza bruta.
Con un tono de desconcierto que apenas lograba ocultar su frustración, murmuró: —¿Cómo es posible que haya detenido mis ataques?
Antes de que pudiera reaccionar, Tyr dio un salto con ambas hachas alzadas, listo para partirlo en dos.
Pero el ser no era tan fácil de intimidar.
Con una velocidad explosiva, giró sobre sí mismo y lanzó un puñetazo directo al rostro de Tyr, deteniendo su embestida en pleno aire.
El impacto fue tan brutal que el eco del golpe retumbó como un trueno, lanzando a Tyr hacia atrás.
Sin embargo, en lugar de caer, Tyr giró en el aire y aterrizó sobre sus pies, limpiándose con el dorso de la mano la sangre que escurría de su boca.
Ambos se quedaron inmóviles por un instante, sus auras colisionando como dos tormentas en pleno apogeo.
Tyr, con sus ojos rojos brillando como brasas, dejó escapar un gruñido que helaría la sangre de cualquier mortal.
El ser, aunque impresionado, ajustó su postura, sosteniendo su guadaña, cuya forma volvió a ser rígida y mortal.
Ambos sabían que esto no terminaría sin que uno cayera.
Tyr no perdió el tiempo.
Pisó con fuerza descomunal el suelo, provocando que la tierra se partiera en una grieta que avanzó con violencia hacia su enemigo.
El ser, sorprendido por la repentina fractura del terreno, intentó moverse, pero su pie quedó atrapado en la roca, inmovilizándolo en el peor momento posible.
Su mirada se alzó de inmediato, siguiendo la sombra que lo cubría.
Tyr ya estaba en el aire.
Sus músculos se tensaron, sus ojos ardían con furia descontrolada, y en sus manos, las hachas destellaban con un fulgor salvaje.
Como una bestia desatada, se lanzó en picada con toda su fuerza, dirigiendo su ataque directo a su enemigo.
El impacto fue brutal.
Una onda expansiva sacudió todo a su alrededor, arrasando con escombros y generando una corriente de aire feroz que se extendió por la zona.
El suelo tembló y se agrietó aún más, mientras el ser era azotado con un poder devastador.
El eco del golpe resonó en el ambiente.
Por un instante, todo quedó en un silencio sepulcral.
El polvo se alzó como una cortina densa, ocultando la escena por unos segundos que parecieron eternos.
Pero cuando la nube de escombros se disipó, la imagen quedó clara.
Tyr, cubierto de heridas y polvo, permanecía de pie en el centro del caos, con la respiración agitada y las hachas aún firmes en sus manos.
Su mirada era la de un depredador que acababa de cazar a su presa.
El ser, por su parte, yacía en el suelo, sin moverse.
Su guadaña había sido destrozada en el impacto, y su cuerpo mostraba severos daños.
Por primera vez, la amenaza que representaba parecía haber llegado a su fin.
Tyr alzó la vista al cielo y levantó sus hachas, rugiendo con furia.
La batalla había terminado.
Había vencido.
O al menos, eso creía.
Loki avanzaba con cautela, observando el estado de su amigo.
Tyr permanecía de pie entre el polvo y los escombros, con la respiración agitada y las hachas aún firmes en sus manos.
Su mirada estaba perdida, como si su mente estuviera atrapada en el frenesí de la batalla.
Lentamente, Loki alzó las manos en un gesto pacificador.
—Tyr… —su voz era suave, intentando alcanzarlo a través de la furia que aún ardía en su interior—.
Ya terminó.
Está hecho.
Puedes bajar las armas.
Parecía que todo iba bien.
El ambiente estaba cargado de tensión, pero Tyr no reaccionó de inmediato.
Su pecho subía y bajaba con fuerza, y sus ojos aún reflejaban la fiereza de un animal acorralado.
Entonces, en el peor momento posible… Loki pisó una rama.
El sonido fue leve, insignificante en cualquier otra circunstancia, pero en ese instante, fue como encender una chispa en un barril de pólvora.
Tyr rugió con un bramido salvaje, sus músculos se tensaron, y sin pensarlo dos veces, se abalanzó sobre Loki con una velocidad aterradora.
Los ojos de Loki se abrieron de par en par.
—¡AYYY MIERDAAA!
Sin tiempo para reaccionar, saltó hacia atrás con todas sus fuerzas, esquivando por apenas unos centímetros las hachas de Tyr, que impactaron con un estruendo brutal contra el suelo, abriendo una grieta en la tierra.
La batalla aún no había terminado.
El aire se tornó pesado, cargado con la tensión de un peligro inminente.
Loki intentaba razonar con Tyr, pero sus palabras eran como susurros en el viento ante la furia desatada de su amigo.
—¡Tyr, maldita sea, contrólate!
¡Soy yo, Loki!
Pero la mirada de Tyr no reflejaba reconocimiento, solo un instinto salvaje y despiadado.
Sus pupilas contraídas, su respiración entrecortada, sus músculos tensos como los de una bestia acorralada que solo conoce el lenguaje de la violencia.
Sin previo aviso, Tyr lanzó una de sus hachas directo al rostro de Loki.
Loki apenas tuvo tiempo de girar la cabeza y la afilada hoja pasó rozando su mejilla, cortando un mechón de su cabello y dejando un ardiente surco en su piel.
Antes de que pudiera recuperarse, la segunda hacha ya iba en camino.
Loki se arrojó al suelo, rodando por el polvo y la nieve, sintiendo el filo pasar por encima de él como una muerte que lo rozaba con los dedos.
Pero no hubo respiro.
Con un movimiento brutal, Tyr extendió su brazo y las hachas volvieron a sus manos como si fueran extensiones de su propio cuerpo.
Loki se incorporó rápidamente, pero Tyr ya estaba lanzando de nuevo.
Una y otra vez.
Un asedio implacable.
Las hachas giraban como sombras letales, silbando en el aire, buscando despedazarlo con cada lanzamiento.
Loki zigzagueaba, saltaba, se agachaba, rodaba, sintiendo cada ataque pasar tan cerca que podía oler el hierro de la hoja.
Pero Tyr no daba tregua.
Recuperaba sus hachas con furia inhumana, las arrojaba con mayor velocidad, con más precisión, con más rabia.
Cada impacto en el suelo levantaba una nube de polvo y escombros, cada corte en el aire era un recordatorio de lo cerca que estaba la muerte.
Loki jadeaba, su corazón latía con fuerza, cada fibra de su ser enfocada en esquivar, en sobrevivir.
Pero sabía que no podría mantener ese ritmo para siempre.
Y Tyr no se cansaba.
Si esto seguía así… uno de esos ataques terminaría acertando.
Loki apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que el puño de Tyr impactara contra su rostro con una fuerza descomunal.
Su visión se nubló por un instante, un dolor punzante recorrió su cabeza y su cuerpo se tambaleó hacia atrás, pero Tyr no se detuvo.
Cada impacto era más fuerte que el anterior.
Loki sentía su conciencia tambalearse con cada embestida, su visión se volvía borrosa, y el rugido salvaje de Tyr resonaba en sus oídos como el de una bestia sin control.
Un puñetazo brutal lo lanzó contra el suelo con tal fuerza que la tierra se resquebrajó bajo su cuerpo.
Tyr se abalanzó sobre él, listo para continuar el ataque, sin piedad alguna.
Pero Loki reaccionó en el último instante.
Una explosión de energía brotó de su palma, una onda de fuerza que lanzó a Tyr hacia atrás, haciéndolo deslizarse por el suelo.
Loki jadeó, llevándose la mano al rostro donde la sangre ya corría por su labio partido.
Su cabeza zumbaba, pero no podía bajar la guardia.
Tyr se reincorporó en un instante, su expresión aún completamente consumida por el frenesí de la batalla.
Y entonces golpeó el suelo con ambas hachas.
El suelo se partió en grietas profundas, el estruendo llenó el aire mientras enormes fragmentos de roca se alzaban y se lanzaban hacia Loki como proyectiles mortales.
Loki se movió con rapidez.
Esquivó la primera roca con un salto hacia un lado.
La segunda pasó rozando su brazo, desgarrando su túnica.
Giró en el aire, evitando otra más por poco.
Pero no vio la última.
Un bloque de piedra lo golpeó de lleno en el costado.
El impacto fue brutal, sacándole el aire de los pulmones mientras el peso de la roca lo empujaba contra el suelo.
Antes de que pudiera reaccionar, otra roca cayó sobre su pierna, inmovilizándolo.
Loki forcejeó, pero el peso era demasiado.
Tyr ya estaba acercándose, con la mirada de un depredador que ha atrapado a su presa.
Tyr avanzó como una bestia desbocada, sus pisadas hacían temblar el suelo mientras se lanzaba de frente contra la pila de rocas que mantenía atrapado a Loki.
Con un impacto devastador, la fuerza del golpe pulverizó las piedras en un instante, y Loki salió disparado por la presión del impacto, girando en el aire antes de caer pesadamente contra el suelo.
Soltó un quejido, pero no tuvo tiempo para lamentarse.
Sabía que Tyr no se detendría.
Sin dudarlo, se reincorporó rápidamente, su respiración agitada mientras tomaba una decisión: ya no podía seguir esquivando, no había manera de hacer entrar en razón a su amigo en ese estado.
Tendría que detenerlo por la fuerza.
Loki apretó los puños y se lanzó al ataque.
Pero Tyr ya estaba encima de él.
Antes de que pudiera reaccionar, una patada brutal le impactó en el abdomen, sacándole el aire de los pulmones y haciéndolo tambalearse hacia atrás.
Loki apretó los dientes y trató de contraatacar, pero apenas alzó un brazo cuando Tyr le propinó un puñetazo directo al rostro.
El golpe resonó con un impacto seco.
Loki sintió cómo su cabeza se sacudía violentamente, la sangre llenándole la boca.
Su cuerpo se dobló hacia un lado, sus rodillas flaquearon por un momento, pero logró mantenerse de pie.
Sin embargo, Tyr no tenía intención de detenerse.
Tyr rugió con furia y lanzó ambos puños contra Loki con una fuerza devastadora.
El impacto sacudió el suelo, pero Loki, con los dientes apretados y la mirada feroz, logró detenerlos por un breve instante.
Sus brazos temblaban por la presión, pero su voluntad ardía con más intensidad que la fuerza bruta de su oponente.
—Por lo visto no me lo pondras nada facil —gruñó Loki, obligándose a resistir.
Con un movimiento veloz, lanzó una patada giratoria que impactó el torso de Tyr, apartándolo apenas unos pasos.
Pero el dios de la guerra no cedió.
Con un gruñido, lanzó otro golpe directo, su velocidad y fuerza eran monstruosas.
Loki apenas tuvo tiempo de alzar una mano y conjurar una barrera protectora.
En cuanto Tyr la tocó, una explosión de energía lo lanzó volando varios metros, estrellándolo contra una formación rocosa.
El polvo se alzó en el aire, y por un momento, hubo silencio.
Loki respiraba agitadamente, con el cuerpo aún temblando por el esfuerzo.
Pero sabía que esto no había terminado.
Desde la nube de polvo, los ojos de Tyr brillaron como brasas encendidas.
Se incorporó lentamente, su cuerpo irradiaba una furia salvaje.
Las venas de su frente palpitaban, su mandíbula crujió con rabia.
Loki chasqueó la lengua y adoptó una postura defensiva.
—No te tranquilizaras ni aunque te lancen a otro maldito reino, ¿verdad?
Tyr respondió con un rugido y se lanzó de nuevo contra él.
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