FALLEN GODS (DIOSES CAIDOS) - Capítulo 29
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- Capítulo 29 - 29 CAPITULO 8 PARTE 3 El Juego del Demonio
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29: CAPITULO #8 PARTE 3: El Juego del Demonio 29: CAPITULO #8 PARTE 3: El Juego del Demonio El ser se detuvo frente a él, la guadaña en su mano brillando con una oscuridad inhumana.
La hoja de la espada, cuyo filo parecía retorcerse con un mal presagio, estaba cerca de Loki, y el aire que lo rodeaba se volvió denso, como si el tiempo mismo se estuviera desmoronando.
Con voz profunda y resonante, el ser habló, su tono grave envolviendo todo el lugar.
— ¿Crees que tu resistencia tiene algún propósito?
—su voz era como un eco lejano que retumbaba en los huesos de Loki.
Solo estás prolongando lo inevitable.
Loki intentó mantenerse firme, pero algo dentro de él, un presagio de derrota, se apoderaba de su voluntad.
La herida, aún sangrante, le restaba fuerzas, y la presencia del ser lo hacía sentir más pequeño que nunca.
— ¿Tus trucos, tus engaños?
No valen nada frente a lo que se avecina.
—El ser levantó la guadaña con lentitud, como si estuviera jugando con el destino de Loki.
Cada esfuerzo tuyo no es más que un intento vano, un juego que solo retrasa lo que está por suceder.
No importa cuán rápido te muevas.
No importa cuántos trucos tengas bajo la manga.
Todo lo que hagas es solo un retraso.
Lo que está decidido no puede ser detenido.
Loki, sintiendo el peso de las palabras, apretó los dientes, sus ojos reflejando una furia salvaje.
La idea de rendirse nunca fue una opción, pero ese poder que sentía cada vez más cerca lo estaba arrastrando hacia el abismo.
El ser, con su presencia imponente, parecía disfrutar de cada segundo de la tortura mental que provocaba en Loki.
— Eres débil.
Lo sabes.
—La frase se alzó en el aire como una condena.
Y todo lo que haces, cada pequeño movimiento que haces, te aleja solo un poco más del final.
La guadaña comenzó a elevarse nuevamente, y Loki sintió que el fin estaba al alcance.
Sin embargo, en sus ojos brilló algo más: una chispa que se negaba a apagarse, a pesar de la verdad que el ser acababa de desvelar.
Loki, con su rostro marcado por la sangre, sintió el peso del momento en cada fibra de su ser.
El ser frente a él era una amenaza que no podía subestimar.
El aire vibraba con la densidad de la tensión que se acumulaba entre ellos.
Cada segundo que pasaba, el ser se acercaba, y la inevitabilidad de su destino parecía más clara, más oscura.
Pero Loki no era el tipo de ser que se resigna.
La voluntad de luchar y el deseo de sobrevivir se encendieron en su interior, como una llama que, a pesar del viento, se negaba a extinguirse.
De entre la desesperación, surgió la chispa de su ingenio, su habilidad para desafiar las expectativas.
Sabía que, si no actuaba ahora, nada más importaría.
Con un movimiento brusco y calculado, Loki se apartó de la guadaña del ser, esquivando la última amenaza con agilidad y reflejos que desafiaban la lógica.
El aire que lo rodeaba se distorsionó, como si un campo de energía invisible lo envolviera.
Se detuvo a una distancia segura, pero la gravedad de la situación seguía presionando su pecho.
— Este no es el final…
—se susurró a sí mismo, su voz apagada por el rugido interno que comenzaba a elevarse.
Entonces, algo comenzó a suceder.
Loki cerró los ojos, respirando con profundidad, sintiendo cómo el poder circulaba a través de él.
En su interior, el caos y el orden se fusionaban, como si todo su ser estuviera siendo reconstruido desde la raíz.
La energía que había acumulado a lo largo de su vida, todas sus astutas maquinaciones, todo lo que había escondido y perfeccionado, emergía ahora como una tormenta a punto de desatarse.
Una luz verde esmeralda, intensa como nunca antes, comenzó a emergir de su cuerpo.
Era como un volcán de energía, un destello que no podía ser contenido.
Cada célula de su ser vibraba con la esencia misma del poder antiguo, el poder que sólo los dioses del engaño podían comprender.
Pero este poder no era solo el resultado de su habilidad mental, sino el fruto de años de sacrificios, de cada engaño y cada batalla.
Loki comenzó a elevarse del suelo, suspendido en el aire, como si la gravedad misma hubiera decidido liberarlo de sus ataduras.
El aire a su alrededor se distorsionó, los vientos giraron violentamente a su alrededor, y la luz verde creció aún más, envolviendo su cuerpo en una especie de aura intangible, como una tormenta divina.
Su poder no solo emanaba de su ser, sino que parecía expandirse por todo el horizonte, como si el mundo mismo estuviera a punto de ver su verdadera forma.
El suelo tembló bajo sus pies mientras la energía a su alrededor aumentaba de forma imparable.
Las sombras del entorno se desvanecieron, tragadas por el resplandor de su aura, mientras su mente se enfocaba completamente en el único objetivo: derrotar al ser que había desafiado todo lo que conocía.
— Ahora…
es mi turno.
—Loki murmuró, con una determinación feroz que hizo que su voz resonara como un trueno en el vacío.
La energía acumulada comenzó a enroscarse alrededor de sus manos, y los vientos que lo rodeaban se convirtieron en un torbellino frenético.
Con cada segundo que pasaba, el poder de Loki se intensificaba, como si las mismas leyes del universo estuvieran cediendo ante su voluntad.
Un destello cegador de luz verde esmeralda iluminó todo a su alrededor, y el poder de Loki parecía empezar a retumbar a través de los cielos, como si su alma misma estuviera en armonía con el universo entero.
Los relámpagos de su poder cargaban el aire, y un eco inconfundible de un poder antiguo y primordial retumbó en sus oídos, recordándole que no solo estaba luchando por su vida, sino por algo mucho más grande.
En ese instante, Loki se convirtió en la tormenta misma.
El aire en torno a ellos comenzó a vibrar con una intensidad tan fuerte que todo el paisaje parecía estremecerse.
El ser, aún con esa sonrisa enigmática, dio un paso hacia adelante, casi como si estuviera esperando el desafío que Loki había desatado.
Su voz, baja y resonante, rompió el silencio del campo de batalla.
— Bien, así será entonces.
—Su tono no era uno de amenaza, sino de aceptación, como si ya estuviera anticipando lo que vendría.
Con un movimiento vertiginoso, el ser se lanzó al ataque, sus pies apenas tocando el suelo antes de que una onda de choque se desatara.
Con un solo golpe devastador, intentó aplastar a Loki, pero el maestro del engaño, con su agilidad inhumana, se deslizó hacia un lado, esquivando la brutal ofensiva con una rapidez que dejó el aire cortado.
El ser no perdió ni un segundo.
En un solo movimiento fluido, levantó su guadaña, y con una destreza impresionante, la desvió hacia Loki, quien, con una agudeza comparable a la de una serpiente, desenvainó sus dagas y las lanzó hacia el ataque.
El choque entre las hojas fue como el sonido de un trueno, el metal resonó con fuerza al encontrarse con la hoja de la guadaña, pero el ser, con una rapidez sorprendente, repelió el golpe con una facilidad aterradora, girando su guadaña con un movimiento brutal que iba directo hacia el pecho de Loki.
Loki, en un parpadeo, se deslizó hacia atrás, esquivando el corte mortal por centímetros, pero en ese mismo instante el ser lo atacó nuevamente, esta vez con una embestida que parecía imparable.
Loki, sin perder el ritmo, levantó su pierna en un ágil giro, una patada directa a la cara del ser.
Pero, en una fracción de segundo, el ser extendió su brazo y, con una precisión aterradora, sujetó el pie de Loki, sujetándolo con una fuerza de hierro.
Loki, atrapado en su agarre, sintió como el mundo giraba, antes de ser lanzado violentamente hacia una roca cercana.
El impacto fue brutal, el sonido del choque fue ensordecedor y el suelo tembló bajo el peso de la colisión.
Loki, sin perder un solo segundo, se reincorporó, cubierto de polvo y sangre, pero con una mirada feroz en sus ojos.
El ser lo miraba, su expresión de calma apenas oculta el desafío.
Loki no iba a dejar que eso se quedara así.
Con una velocidad y fuerza sobrenatural, tomó impulso de la roca, sus pies se hundieron momentáneamente en la tierra antes de desprenderse como un proyectil.
La roca que envolvía sus pies brilló con la misma energía que había desatado anteriormente, transformándola en una armadura de pura fuerza.
En un movimiento explosivo, Loki giró en el aire, su pierna envuelta en roca y energía, y la lanzó como un proyectil directo hacia el ser.
El golpe fue cegador.
El impacto fue como una explosión, una onda expansiva que resonó por todo el campo.
El ser, a pesar de su gran poder, fue empujado hacia atrás, su cuerpo chocando contra el suelo con un estruendo monumental.
La tierra se resquebrajó bajo su impacto, y el aire se llenó de polvo y escombros, cubriendo la zona con una cortina de caos.
Loki aterrizó ágilmente, sus ojos fijos en el ser que yacía en el suelo.
Pero antes de que pudiera siquiera respirar, el ser se levantó de manera casi antinatural, como si nada lo hubiera afectado.
Su mirada ahora era más intensa, su expresión más feroz, y el campo de batalla parecía prepararse para lo que se venía: la última y definitiva confrontación entre dos fuerzas implacables.
La batalla seguía en pie.
Nada ni nadie podría detener el coloso choque entre estas dos entidades.
Loki, con la furia del combate recorriéndole las venas, cerró los ojos por un breve segundo, centrando su mente y sintiendo la energía fluir a través de él.
Una oscura energía comenzó a envolverlo, sus manos brillando con una intensidad ardiente, mientras las sombras parecían emergir de la tierra misma, tomando la forma de una oscura sombra infernal.
Con un gesto final, Loki conjuró su habilidad más poderosa: Sombra de Muspelheim.
Una oscuridad ardiente surgió a su alrededor, envolviendo el aire con llamas que chisporroteaban, creando una gigantesca esfera de fuego negro que parecía surgir de las mismas entrañas del inframundo.
El fuego de Muspelheim, más allá de las llamas comunes, no solo quemaba, sino que renacía una y otra vez de sus cenizas, como si fuera imposible de extinguir.
Loki lanzó esa sombra ardiente hacia el ser, que estaba frente a él, con una fuerza imparable, dejando una estela de fuego y humo a su paso.
El ser, sin pestañear, se preparó para el impacto.
Con una habilidad tan aterradora como rápida, levantó su guadaña y, con un giro maestro, cortó el aire alrededor de él, creando una distorsión en el flujo de energía.
El fuego que había lanzado Loki se desvió abruptamente, y en una fracción de segundo, la Sombra de Muspelheim fue devuelta hacia Loki mismo con la misma intensidad y furia.
Loki, en shock por la reversión de su propio ataque, se lanzó hacia un lado, pero la sombra ardiente era tan devastadora y rápida que no tuvo tiempo de reaccionar completamente.
Apenas desvió su cuerpo, sintió el calor abrasador cerca de su costado.
Una gigantesca llama negra pasó a su lado, levantando el aire a su alrededor, y el resplandor cegador lo hizo retroceder instintivamente.
La llama, como un monstruo infernal, se mantuvo viva, renaciendo de las cenizas de su propia furia.
Loki, aún tambaleante, se giró hacia la izquierda justo a tiempo para evitar la peor parte del impacto, pero el calor lo alcanzó por un costado, abrasando su piel y dejando un rastro de quemaduras visibles.
La escena era impresionante.
Loki, con los ojos brillando de sorpresa, observaba cómo la sombra, en lugar de desvanecerse, continuaba presionando sobre él.
La magia que había invocado, algo que él creía imparable, parecía ahora haber tomado vida propia y desbordado su control.
El ser, imponente en su calma, observó el caos que había provocado.
Su habilidad para manipular los ataques de Loki de tal forma era más allá de cualquier expectativa.
Loki, a pesar del dolor y el agotamiento que comenzaba a pesar en su cuerpo, se levantó rápidamente, enfocado y dispuesto a continuar la lucha.
Pero no podía ignorar la creciente sensación de que el campo de batalla ya no estaba a su favor.
La batalla había alcanzado un nuevo nivel, y Loki sabía que tenía que redoblar esfuerzos, pero ahora también era consciente de algo más: no podía subestimar a este enemigo.
La guerra mental entre ellos había comenzado de verdad, y esta vez, sería a muerte.
Loki se movió a una velocidad vertiginosa, convirtiéndose en un torbellino de ataques.
Sus golpes eran precisos, rápidos, casi imposibles de seguir.
Cada impacto resonaba con una fuerza brutal, sacudiendo el aire a su alrededor.
Sin embargo, el ser no se inmutó.
De repente, su cuerpo se desvaneció en la penumbra como si nunca hubiera estado ahí.
Manto de las Sombras.
Loki frenó en seco.
Su instinto lo alertó del peligro, su mirada escaneó cada rincón, cada sombra al acecho.
No podía confiar en sus ojos.
El silencio se volvió insoportable.
La presión en el ambiente se intensificó.
Entonces, en una fracción de segundo, un destello.
¡Apareció de la nada!
Antes de que pudiera reaccionar, un golpe demoledor impactó su rostro con la fuerza de un martillo.
El cráneo de Loki crujió, su visión se distorsionó, el dolor estalló como un relámpago en su cabeza.
Su cuerpo salió disparado a gran velocidad, rebotando contra el suelo con violencia, dejando una estela de polvo y escombros a su paso.
El eco del impacto retumbó en el aire.
Mientras se incorporaba, Loki escupió sangre y respiró agitadamente.
Ese maldito no solo era rápido…
sino que su fuerza también era monstruosa.
El ser se alzó imponente entre las sombras, con su siniestra sonrisa intacta.
Como si aquella batalla no fuera más que un juego.
Loki, jadeante y con el cuerpo maltrecho, intentó moverse, pero sus músculos se negaban a responder.
El agotamiento y las heridas lo mantenían paralizado, mientras la energía oscura del enemigo se acumulaba en el aire.
Una ominosa luz violácea iluminó el campo de batalla, proyectando sombras deformes en los escombros.
El ser alzó su guadaña y de su filo surgió un torrente de energía concentrada, un rayo de oscuridad pura que rasgó el aire con un silbido infernal.
Loki apenas tuvo tiempo de ensanchar los ojos antes de que el ataque lo impactara de lleno.
El golpe fue devastador.
Un estallido de poder descomunal envolvió su cuerpo en una explosión de energía negra.
El suelo bajo él se quebró al instante, esparciendo rocas y polvo en todas direcciones.
El impacto lo levantó del suelo, su silueta distorsionada dentro del resplandor malévolo.
Cuando la explosión finalmente se disipó, Loki salió despedido, su cuerpo golpeando el suelo con brutalidad.
Rebotó una, dos, tres veces antes de deslizarse por los escombros y quedar inmóvil.
Su ropa estaba hecha jirones, su piel mostraba quemaduras profundas y una herida abierta en su costado sangraba sin control.
Sus pulmones ardían, cada respiración era un tormento.
Desde su posición, apenas podía ver a través de la neblina de polvo.
El sonido de pasos resonó en la distancia.
El ser se acercaba, implacable.
Loki intentó moverse… pero su cuerpo no respondía.
El filo de la guadaña descendió con una velocidad aterradora, cortando el aire con un silbido mortal.
Loki, apenas consciente, sintió cómo su cuerpo se movía por puro instinto, una reacción nacida del deseo de sobrevivir.
Rodó a un lado, esquivando el primer golpe, y luego saltó hacia atrás justo cuando el enemigo desataba otro tajo feroz.
Las chispas saltaron cuando la hoja impactó contra la roca en la que había estado un segundo antes.
Pero no fue suficiente.
Un destello carmesí cruzó su visión y un ardiente dolor le atravesó el brazo.
Loki contuvo un grito cuando sintió la guadaña abrir su carne, dejando una herida profunda en su antebrazo derecho.
La sangre brotó al instante, teñiendo de rojo su túnica desgarrada.
Su respiración se volvió errática, su visión se nubló por un instante.
Su cuerpo gritaba de dolor, pero su mente se negaba a ceder.
No podía caer aquí.
No ahora.
El ser sonrió levemente al ver la sangre de Loki goteando sobre las ruinas.
Giró la guadaña y avanzó con calma, como si supiera que su victoria era inminente.
Loki, con los músculos ardiendo y la respiración entrecortada, apretó los dientes.
Sus ojos se iluminaron con un destello de furia.
Aún no había terminado.
La atmósfera parecía volverse más densa, como si todo el aire alrededor de Loki se estuviera congelando a medida que el demonio avanzaba.
Loki ya no podía moverse con la misma velocidad, sus músculos ardían de agotamiento y el dolor de sus heridas lo tenía al borde de la desesperación.
Cada intento de levantarse le parecía un sacrificio titánico, y aunque su mente aún luchaba por mantenerse alerta, el cuerpo se estaba rindiendo ante la inevitable fatiga.
El demonio, sin prisa, se acercó lentamente, sus ojos fijos en Loki como si estuviera saboreando cada segundo de su sufrimiento.
No había piedad en su mirada, solo una satisfacción cruel, como si todo lo que había hecho hasta ahora fuera simplemente un juego.
—¿Te has dado cuenta, Loki?
—su voz resonó, profunda y ominosa, llenando el aire con una tensión palpable—.
Tus esfuerzos son inútiles.
Todo lo que has hecho, todo lo que has intentado, no ha servido de nada.
Loki, con la respiración entrecortada, apenas pudo articular una respuesta.
¿Por qué?
¿Por qué todo había sido en vano?
Había usado su máximo poder, había dado todo de sí, y sin embargo, el demonio seguía allí, de pie, como si nada.
—Lo que no entiendes, es que tu resistencia solo está retrasando lo inevitable.
—El demonio se acercó aún más, su voz llena de desdén, como si hablarle fuera una simple cortesía.
La presencia del ser comenzaba a aplastar el aire alrededor de Loki, envolviéndolo en una oscuridad palpable.
Loki, a duras penas, levantó la cabeza para mirar al demonio, sus ojos llenos de furia y desesperación.
No podía ser cierto.
Había peleado con todo lo que tenía, y aún así… este ser seguía siendo imparable.
—Sigue luchando, Loki.
Al menos te daré crédito por tu tenacidad.
—El demonio se detuvo frente a él, su figura imponente dominando la escena.
Loki apenas podía mantenerse en pie, sus piernas tambaleando, pero su ira lo mantenía despierto, su mente aún llena de pensamientos frenéticos.
—Pero sé que todo esto ha sido inútil, no te engañes.
Lo que has visto hasta ahora, todo lo que has sufrido, ha sido nada más que un juego, un pasatiempo.
—Dio un paso más hacia él, el eco de sus palabras dejando una sensación de vacío absoluto en el aire.
Loki, a pesar de su dolor y fatiga, apretó los dientes.
¿Qué más podía hacer?
¿Cómo enfrentarse a un enemigo que no solo parecía poseer una fuerza imparable, sino que además, parecía estar disfrutando de cada segundo de su sufrimiento?
Y entonces, el demonio dejó caer la última revelación, una que hizo que el corazón de Loki se detuviera por un momento, una revelación que retumbó en su pecho como un golpe mortal.
—De hecho…
—La sonrisa del demonio se ensanchó de manera peligrosa, su tono se hizo más grave, como si estuviera pronunciando una sentencia final—.
Apenas he usado el 30% de mi poder.
Loki, al escuchar esas palabras, se quedó completamente paralizado.
El 30%.
Todo lo que había soportado, toda la agonía y el sufrimiento que había sufrido hasta ahora, no era más que una fracción de lo que su oponente era capaz de hacer.
30% de su poder.
La revelación fue como un golpe directo al corazón de Loki.
Su cuerpo, ya exhausto, parecía desmoronarse bajo el peso de esa verdad.
Todos sus esfuerzos, sus ataques, su estrategia, no significaban nada.
El demonio apenas había comenzado a mostrar lo que era capaz de hacer.
El silencio se hizo profundo entre ambos, mientras Loki, atónito, intentaba procesar la magnitud de lo que acababa de escuchar.
Pero el demonio no se detuvo ahí.
Aprovechando el desconcierto de Loki, sus palabras continuaron con una cadencia lenta y aterradora.
—Me pregunto…
¿qué tan rápido caerás si decido usar el 40% de mi poder?
—La pregunta flotó en el aire como una amenaza inminente, y el peso de esas palabras pareció aplastar el poco aliento que le quedaba a Loki.
Loki sintió cómo el suelo parecía desmoronarse bajo él.
40% de su poder.
¿Qué significaba eso?
¿Qué podía hacer él contra una fuerza tan imparable?
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