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FALLEN GODS (DIOSES CAIDOS) - Capítulo 30

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  3. Capítulo 30 - 30 CAPITULO 8 PARTE 4 La Voluntad que se Niega a Quebrarse
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30: CAPITULO #8 PARTE 4: La Voluntad que se Niega a Quebrarse 30: CAPITULO #8 PARTE 4: La Voluntad que se Niega a Quebrarse Loki, con la sangre bañando su rostro y el cuerpo temblando por el agotamiento y las heridas, se quedó de pie, observando al demonio ante él, un monstruo de pura energía, su enemigo casi indiferente a sus ataques.

La vibración de su dolor recorrió su cuerpo, pero por un momento, todo se detuvo.

En su mente, las preguntas comenzaron a formarse, una tras otra.

¿Qué había fallado?

¿Cómo había llegado tan lejos solo para caer de esta forma, tan rápido, tan fácilmente?

Loki no era tonto.

Sabía que su poder había alcanzado límites inalcanzables para muchos, que su inteligencia y habilidad en el combate lo habían convertido en un maestro del engaño y un temido adversario en toda la extensión de los Nueve Reinos.

Pero aún así, aquí estaba, derrotado, ante algo…

algo mucho más allá de cualquier cosa que hubiera imaginado.

La duda se asentó en su pecho, fría y penetrante.

“Todo lo que he hecho…

todo lo que he sacrificado, y sin embargo, no soy suficiente.” Pensó mientras su cuerpo vacilaba bajo el peso del poder de su oponente.

Cada músculo le dolía, pero no solo por el daño físico.

Había algo más, algo más profundo que lo hacía cuestionarse a sí mismo.

¿Realmente estaba preparado para enfrentarse a las verdaderas amenazas de este mundo?

Había pasado tanto tiempo jugando en las sombras, manipulando a los demás, que nunca se dio cuenta de que su verdadera prueba aún no había llegado.

Y ahora que estaba aquí, ante este ser, entendió algo que le heló la sangre.

“Hay seres como él…

seres que existen más allá de la comprensión mortal, más allá de todo lo que uno pueda entrenar, de todo lo que uno pueda estudiar.

Y yo…

yo soy solo uno más en su camino.” Con cada palabra, con cada pensamiento, sentía el peso de la revelación apoderándose de él.

La furia, la rabia de haberse creído invencible por tanto tiempo…

todo se desvaneció en un suspiro.

El ser frente a él no era solo fuerte; era un abismo de poder que no podía ser alcanzado, que no podía ser superado por la simple voluntad de un mortal, por más astuto o hábil que fuera.

“No importa cuánto entrene, no importa cuántos secretos descubra…

hay fuerzas en este universo que no se pueden vencer, no con astucia, no con poder.

¿Qué significa todo lo que he hecho si no me prepara para esto?

¿De qué sirve todo mi poder si no puedo siquiera comprender la magnitud de los que hay más allá?” El aire se le hizo más denso.

Era el momento de una verdad cruel, una verdad que muchos nunca llegarían a comprender.

El poder, aunque impresionante, tiene límites.

Y mi engaño, mi maestría, es inútil ante algo tan puro y devastador.

Lo peor de todo, pensó, es que en algún rincón de su mente, Loki se sintió…

asombrado.

Era el tipo de asombro que solo el verdadero poder podía inspirar.

Un asombro mezclado con miedo, sí, pero también con una reverencia involuntaria hacia la fuerza que jamás se hubiera imaginado.

Había criaturas que existían fuera de su comprensión, fuera de cualquier dominio, que podían quebrar la realidad misma con solo su presencia.

Por un instante, Loki se olvidó de sí mismo.

Se olvidó de su misión, de su lucha, de sus ambiciones.

Solo pudo sentir el peso de esa magnitud que lo aplastaba, la insignificancia de todo lo que había creído saber.

“Tal vez este es el verdadero desafío”, pensó.

“No se trata solo de ganar o perder…

se trata de reconocer que hay cosas más grandes que nosotros.

Cosas que, incluso si las derrotamos, no podemos comprender del todo.” Y mientras el demonio se acercaba, mientras su sombra oscura se alzaba sobre él, Loki no pudo evitar pensar, con una ironía amarga, que todo lo que había hecho hasta ahora, todo lo que había buscado… había sido solo una preparación para enfrentar algo mucho más allá de su alcance.

Pero aún así…

¿sería esto el final?

¿O habría un camino más?

Loki apenas podía mantenerse en pie, su cuerpo sangrante y agotado.

La batalla había sido brutal, y cada respiración le costaba más que la anterior.

Las ruinas a su alrededor eran la prueba palpable de la lucha que acababa de vivir, un campo de batalla que antes había sido testigo de su poder y ahora solo era un recordatorio de su fragilidad.

El ser se acercó, su figura oscura proyectando una sombra que parecía engullirlo todo.

Loki lo miró fijamente, su cuerpo tembloroso, pero su voluntad seguía intacta, aferrándose a lo poco que quedaba de él.

Con una calma aterradora, el ser habló.

—No tienes que seguir sufriendo, Loki —su voz resonó en la quietud de la batalla—.

Puedes ahorrarte todo esto.

Sólo debes acompañarme y darme lo que quiero.

Loki, luchando por mantenerse erguido, lo miró con odio, su mente aún luchando por encontrar una salida.

—¿Y qué quieres de mí?

—preguntó, apenas logrando articular las palabras.

El ser sonrió con una malicia contenida.

—La runa, Loki.

Esa es la clave.

La llave para liberar a quien está atrapado en el abismo.

Loki frunció el ceño, confundido.

Su mente empezaba a atar cabos, pero no entendía del todo.

¿Por qué esa runa le importaba tanto?

¿Qué era lo que el ser quería exactamente?

—¿Por qué esa runa?

¿Por qué yo?

—preguntó, su voz llena de desconcierto.

El ser dio un paso más hacia él, su presencia pesada y casi palpable, envolviendo a Loki como un manto oscuro.

—Porque la runa que tienes no es una simple piedra.

Fue forjada por alguien que tú conoces muy bien.

Tu padre.

Fue él quien selló a Nictofer.

Esa runa no solo guarda su prisión, también es el único medio para liberarlo.

Solo alguien de su linaje puede romper el hechizo.

Y esa persona, Loki, eres tú.

Loki se quedó en silencio, sus ojos abiertos de par en par ante la revelación.

No podía creer lo que escuchaba.

La verdad golpeó como una ola.

Su padre había sellado a Nictofer, y solo él, su hijo, podía romper ese hechizo.

—No puede ser —murmuró, sus palabras llenas de incredulidad—.

¿Mi padre…?

El ser asintió lentamente, disfrutando del impacto de sus palabras.

—Sí, Loki.

Tu padre.

La magia que utilizó para sellar a Nictofer está vinculada a su propia vida.

Y el sacrificio que se necesita para romper esa prisión solo puede ser pagado con la sangre de quien conjuró el hechizo.

Y esa sangre, solo la tuya puede liberarlo.

Loki sintió cómo el aire se le escapaba de los pulmones.

Su mente no dejaba de dar vueltas a esa revelación.

¿Era realmente esa la razón por la que este ser lo necesitaba?

¿Porque él era la clave para liberar a alguien tan terrible como Nictofer?

El ser se acercó aún más, sus palabras pesando sobre él como una losa.

—Por eso no te he matado, Loki —dijo con una calma perturbadora—.

No tiene sentido hacerlo.

No aún.

¿Qué ganaría yo matándote ahora, cuando te necesito para cumplir mi propósito?

Loki levantó la mirada, el terror y la rabia luchando por salir a la superficie.

—¿Qué propósito?

—preguntó, aunque su voz temblaba ligeramente.

El ser sonrió con una leve satisfacción, sabiendo que había logrado sembrar el miedo en su adversario.

—Liberar a Nictofer, por supuesto —dijo, como si fuera lo más obvio del mundo—.

Pero para hacerlo, debo asegurarme de que no haya obstáculos.

De que tú, Loki, estés dispuesto a entregarme la runa sin resistencia.

La sangre de tu padre me da lo que necesito para liberar al prisionero, pero sólo tu voluntad de entregarla será lo que complete el ritual.

El ser dio un paso atrás, observando a Loki con una mirada que revelaba tanto amenaza como fascinación.

—No te mataré, Loki.

No todavía.

El precio de tu vida vendrá después.

Primero, necesito que seas consciente de lo que está en juego.

Loki intentó mantenerse erguido, su mente luchando por encontrar alguna salida, alguna forma de resistir.

Pero todo lo que escuchaba, todo lo que veía, lo sumía más y más en la desesperación.

El ser lo observó un momento más, luego suspiró, casi como si se sintiera decepcionado de que Loki aún no entendiera todo.

—Cuando llegues a comprender lo que está en juego, cuando sientas el peso de lo que significa liberar a Nictofer, entonces sabrás por qué no tengo prisa por acabar con tu vida.

Yo te daré la oportunidad de elegir.

Pero no te engañes, Loki, tu destino ya está sellado.

No importa cuánto luches.

No importa cuán fuerte sea tu resistencia.

Al final, tendrás que darme lo que quiero.

Y cuando lo hagas, no será tu vida lo único que perderás.

Será mucho más que eso.

Loki, mirando fijamente al ser, supo que lo que decía era cierto.

No era simplemente un enemigo más, no era solo una amenaza común.

Este ser tenía un poder mucho más allá de lo que Loki había enfrentado jamás, y el precio por liberarlo de su prisión parecía un destino mucho más oscuro de lo que jamás hubiera imaginado.

La batalla no había terminado.

De hecho, parecía que recién comenzaba.

Loki, aún con las fuerzas justas para mantenerse erguido, miró al ser con una sonrisa burlona.

Ya no quedaba mucho que perder, y su actitud desafiante era todo lo que podía ofrecer.

Respirando con dificultad, Loki no podía evitar aprovechar la oportunidad para lanzarle una última burla.

—Está bien, te lo diré.

Pero antes, debo decirte que…

la runa está muy bien escondida —dijo, con una sonrisa sarcástica en el rostro, sintiendo que no tenía nada más que perder.

El ser lo miró fijamente, sus ojos chisporroteando de ira contenida, pero no dijo nada.

Se limitó a dar un paso hacia Loki, y su voz resonó en el aire con una calma inquietante.

—¿Dónde está?

—preguntó, su tono más bajo y cargado de amenaza, como si ya supiera que la respuesta no sería lo que esperaba.

Loki, con un brillo de desafío en los ojos, inclinó ligeramente la cabeza y, con una sonrisa irónica, respondió: —Está metida en tu culo.

Un silencio tenso llenó el aire.

El ser, aunque visiblemente molesto por la burla, no perdió la compostura.

De hecho, su rostro permaneció impasible, como si la respuesta de Loki no fuera suficiente para enfurecerlo.

Sin embargo, en sus ojos brillaba una furia contenida, una oscuridad palpable que inundaba el ambiente.

La tensión creció, y en un movimiento casi imperceptible, el ser levantó su brazo hacia el rostro de Loki.

No fue un golpe normal.

Con una rapidez sorprendente, alzó su brazo y, con un gesto de desdén, le dio un golpe con el dorso de la mano, en forma de puño cerrado, directo hacia el rostro de Loki.

El golpe fue seco, brutal, y lo mandó a volar de inmediato.

La fuerza detrás del golpe parecía concentrada en la humillación más que en el daño físico directo, pero aún así Loki sintió cómo el aire le escapaba de los pulmones y su cuerpo se estrellaba contra el suelo.

Loki, tambaleante y con una mezcla de dolor y asombro, se levantó lentamente, limpiándose la sangre de la comisura de los labios.

Miró al ser con una furia creciente, pero no dijo nada más.

Sabía que sus esfuerzos por desafiarlo solo lo ponían en más peligro, y aún con todo lo que había pasado, no iba a rendirse tan fácilmente.

El ser, sin cambiar su expresión, dio un paso atrás, observando cómo Loki se levantaba.

Su voz resonó en el aire, más baja, pero cargada de poder.

—No eres tan gracioso como crees, Loki —dijo con una calma que contrastaba con la furia que emanaba de su figura—.

No sigas con esto.

Si me haces perder más tiempo, te arrepentirás mucho más de lo que imaginas.

Loki, aunque adolorido y claramente herido, no dejó que el golpe lo derrumbara.

En su rostro se dibujó una expresión de desafío renovado, como si la burla del ser solo le hubiera dado más fuerzas para continuar luchando.

La atmósfera era pesada, cargada de la tensión más cruda, y la risa sarcástica de Loki, que había intentado aligerar la situación, resonó en el aire como una burla cruel ante el sufrimiento inminente.

Sin embargo, el ser no parecía impresionado por las palabras de Loki, como si todo aquello fuera irrelevante, un juego de poca importancia para él.

Loki, con su típica sonrisa astuta, continuó burlándose: — ¿Qué pasa, nunca te callas?

Si quieres, puedo dormir mientras terminas tu sermón.

El ser lo observó, su expresión indescifrable, antes de hacer un movimiento tan rápido que Loki no tuvo oportunidad de reaccionar.

Un pie gigante y pesado descendió como una roca sobre su rodilla, aplastándola con una fuerza brutal.

El sonido que acompañó el golpe fue indescriptible, una mezcla espantosa de huesos crujidos, como si todo lo que era su rodilla se desmoronara en un solo segundo.

Loki dio un grito tan desgarrador que reverberó en el aire, un grito tan lleno de dolor puro, que parecía arrancado de las entrañas de su ser.

El impacto de la pisada no solo le rompió la rodilla, sino que también lo destrozó por dentro.

Su pierna quedó doblada de forma antinatural, la carne distorsionada, y la sangre comenzó a brotar con la fuerza de un río que no podía ser contenido.

El ser observó el sufrimiento con una calma inquietante, como si no le sorprendiera en lo más mínimo.

Loki, que había perdido momentáneamente su autocontrol, estaba tirado en el suelo, retorciéndose por el dolor, sus gritos de agonía aún resonando en el aire.

La sangre de su pierna empapaba el suelo, y su rostro reflejaba el tipo de sufrimiento que solo los momentos más oscuros de la vida pueden provocar.

Después de un largo silencio, el ser habló, su voz baja y fría: — ¿Ya no te quedan ganas de hacer comentarios estúpidos?

Loki, luchando por mantenerse consciente entre la ola de dolor, apenas pudo levantar la cabeza.

Su mirada estaba llena de rabia, pero también de una desesperación palpable.

No era solo la física del sufrimiento lo que lo consumía, sino también la sensación de impotencia, el saber que en ese momento estaba completamente a merced de su enemigo.

El ser, con un movimiento de su brazo, lo levantó ligeramente del suelo, sus ojos fijos en los de Loki, esperando una respuesta.

Pero Loki, aunque herido, no era alguien que se dejara doblegar fácilmente.

La tensión en el aire era palpable, la quietud antes de la tormenta.

El ser mantenía su agarre firme sobre la cabeza de Loki, sus dedos cerrados como garras de hierro, haciendo que el cuello de Loki se tensara, pero sin poder moverse.

La atmósfera estaba cargada con una extraña calma, como si el tiempo mismo hubiera decidido ralentizarse para observar el sufrimiento de Loki.

El ser, con una sonrisa irónica que jugaba en sus labios, miró fijamente a Loki.

—Me pregunto qué se romperá primero, —dijo el ser, su voz cargada de burla—.

¿Tu voluntad…?

Hizo una pausa, disfrutando del silencio, del miedo que comenzaba a crecer.

Loki, con su rostro empapado de sudor y los dientes apretados por el dolor, logró decir, aunque con voz temblorosa pero desafiante: —O tu cráneo.

El ser dejó escapar una risa baja, casi como si le divirtiera la idea de que Loki, aún en esa situación, intentara mantener su actitud desafiante.

De repente, apretó con más fuerza.

Los huesos de Loki crujieron de manera aterradora, un sonido seco y desgarrador que resonó en la sala, mientras la presión aumentaba, llevándolo al borde de la desesperación.

Loki, incapaz de contenerse más, gritó, un grito desgarrador que cortó el aire como un cuchillo.

El dolor era indescriptible, una oleada de sufrimiento que invadió su cuerpo, y la sensación de que su cráneo podría desintegrarse bajo la presión le arrancó el alma.

—¿Aún no lo has entendido, verdad?

—dijo el ser, su voz baja y tranquila, como si disfrutara de la agonía de Loki—.

Puedes resistir, pero siempre te rompo a mi voluntad.

Loki, con la mente nublada por el dolor, apenas pudo susurrar: —Te… subestimas… El ser, ante la tenacidad de Loki, apretó con más fuerza.

El crujido de los huesos fue un sonido horrendo, y una presión infernal recorrió la cabeza de Loki, como si su cráneo estuviera al borde de desmoronarse.

La fuerza de la mano del ser lo hizo sentir como si cada parte de su ser estuviera cediendo.

—No sigas con esto —dijo el ser con una calma aterradora, mientras la presión aumentaba—.

Si me haces perder más tiempo, te arrepentirás mucho más de lo que imaginas.

Loki, a pesar de todo, luchaba por mantenerse consciente, por no sucumbir a la desesperación.

Aunque sentía su mente a punto de ceder, algo dentro de él seguía resistiendo.

Sabía que en este momento, su vida pendía de un hilo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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