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FALLEN GODS (DIOSES CAIDOS) - Capítulo 45

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  3. Capítulo 45 - Capítulo 45: CAPITULO #12 PARTE 2: El Éxodo de los Jotuns
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Capítulo 45: CAPITULO #12 PARTE 2: El Éxodo de los Jotuns

Loki deseaba permanecer un instante más en los brazos de Angrboda, aferrarse a esa calidez que parecía arrancada de un mundo que ya no existía. Pero sabía que no había tiempo. Con un suspiro pesado, se apartó ligeramente, aunque sus manos temblaban al soltarla.

—Angrboda… —dijo con voz grave, casi quebrada—. Nuestro hogar ya no es seguro. Joktldar… Jotunheim entero… ha dejado de pertenecernos.

Ella lo miró fijamente, sin comprender del todo, como si las palabras no terminaran de tener sentido. Loki se obligó a continuar.

—Debemos partir —añadió, la voz endureciéndose—. No queda otra salida… tenemos que realizar un éxodo. Iremos a Midgard.

Angrboda dio un paso atrás, sorprendida, casi sin poder articular respuesta. Sus ojos se abrieron con incredulidad, como si lo que había escuchado fuera una traición al suelo que los había visto nacer.

—¿Un éxodo…? ¿A Midgard? —murmuró, apenas logrando pronunciarlo, el desconcierto reflejado en su rostro.

El silencio se hizo entre ambos, pesado, insoportable, cargado de preguntas sin respuesta.

Angrboda frunció el ceño, sus labios temblaban entre la incredulidad y la rabia contenida. Dio un paso hacia él, alzando la voz como pocas veces lo hacía.

—¿Un éxodo? ¿Loki… por qué? —lo miró directamente a los ojos, buscando alguna respuesta que pudiera darle sentido a aquella decisión—. ¿Cómo puedes siquiera pensar en algo así? ¡Jotunheim es nuestro hogar, nuestro reino! Ha sido nuestro refugio desde siempre… el suelo que nos vio nacer, el lugar por el que nuestros ancestros dieron su vida.

Su tono se quebró, cargado de dolor.

—No podemos simplemente abandonarlo porque atravesamos tiempos difíciles… ¿Qué dirá nuestra gente, Loki? ¿Qué dirán de nosotros? ¿Qué será de quienes no puedan seguirnos?

Angrboda apretó los puños, su voz se volvió un susurro lleno de reproche.

—¿Acaso piensas que el miedo basta para desterrar nuestras raíces?

El silencio que siguió fue como un filo invisible que separaba a ambos, mientras Loki contenía la respuesta en su pecho, sabiendo que cada palabra que dijera podía romper más que las paredes de un reino: podía romper la fe de la mujer que más amaba.

Loki la sujetó de los hombros, con la voz quebrada por la urgencia.

—¡No, Angrboda, no entiendes! —su respiración era agitada, como si cada palabra fuera un rayo desgarrando la noche—. Esto no es un simple momento de dificultad, ¡es el fin de nuestro pueblo si no actuamos!

Sus ojos, enrojecidos por la angustia, buscaron los de ella con la fuerza de alguien que ya había visto demasiado dolor.

—Sé lo que significa este lugar… sé lo difícil que es siquiera pensar en dejar atrás el suelo donde crecimos, donde yacen nuestros muertos, donde aprendimos a ser lo que somos. Pero si nos aferramos a estas ruinas por orgullo… nuestra gente desaparecerá, Angrboda. ¡Se extinguirán todos!

Apretó con fuerza sus manos, casi suplicando.

—Prefiero cargar con la culpa de arrancarlos de su hogar que cargar con la culpa de verlos morir aquí, uno por uno, hasta que no quede nada.

La voz de Loki tembló, y por primera vez ella pudo verlo sin su máscara de ingenio y firmeza: solo un hombre desesperado por salvar a los suyos, incluso si eso significaba perderlo todo.

Los ojos de Angrboda se clavaron en la runa que colgaba en el cuello de Loki, brillando débilmente como si se burlara de todo lo que habían sufrido. Su voz se quebró, una mezcla de enojo y angustia que había intentado contener demasiado tiempo.

—¡Todo esto… todo lo que hemos perdido ha sido por esa maldita runa! —exclamó, y sus palabras resonaron como un látigo en el silencio del refugio—. Tal vez… tal vez nunca debiste cargar con un peso tan cruel, Loki.

Sus manos temblaban, no de rabia hacia él, sino de la impotencia de ver a su pueblo, a su familia, a todo lo que amaba, desmoronarse por una carga que parecía no tener fin.

Loki apretó los puños, su voz cargada de un peso que parecía quebrarle la garganta:

—Si tomara otro camino… quizás salvaría a mi pueblo —dijo con amargura, bajando la mirada—. Pero al hacerlo… condenaría a todos los demás reinos.

Se llevó una mano al pecho, como si la runa colgando de su cuello ardiera.

—Y aunque eso asegurara la seguridad de los nuestros, ¿cómo podría yo vivir sabiendo que fui yo quien entregó la llave para que devoren los mundos? —sus ojos brillaban con un fuego entre la furia y el dolor—. Cargaría para siempre con la culpa de miles de millones de inocentes muertos… y ni siquiera la victoria sabría a nada.

El silencio se extendió entre ambos, pesado como un juicio. Angrboda lo observaba, sin atreverse a interrumpir, viendo a un Loki desgarrado entre su deber y el amor por los suyos.

Loki la miró a los ojos con una intensidad que le temblaba en la voz.

—Sé que duele… —dijo en un susurro áspero, cargado de cansancio—. Pero un reino no son sus murallas ni su tierra helada. Nuestro hogar… siempre será donde estén nuestra gente, y las personas que amamos.

Angrboda apretó los labios, luchando contra las lágrimas.

—¿Y si lo perdemos todo, Loki? ¿Y si ya no queda nada? —preguntó con un hilo de voz, como si temiera la respuesta.

Él negó lentamente con la cabeza y levantó su mano para entrelazarla con la de ella.

—Mientras estemos juntos, nunca lo perderemos todo. Mi madre es mi hogar, mi gente es mi hogar… —hizo una pausa, y con suavidad añadió—. Tú eres mi hogar.

Angrboda sollozó al escucharlo. El peso de sus palabras quebró la coraza de dolor que había contenido durante toda la noche. Hundió su rostro contra su pecho, y por un instante el ruido de la guerra, los gritos y el olor a sangre desaparecieron. Solo quedaron ellos dos, aferrándose como náufragos que se prometen no soltarse jamás.

—No me dejes… —murmuró ella, temblando.

—Nunca —respondió Loki sin titubear, acariciando su cabello con ternura—. Ni aunque los nueve reinos ardan.

Loki respiró hondo, apartándose de Angrboda con una expresión grave. Caminó hasta ponerse en el centro del refugio, donde la multitud de jotuns heridos y agotados lo miraba con ojos cargados de temor y esperanza. Con voz firme, que retumbó en las paredes de piedra, gritó:

—¡Todos escúchenme! ¡Reúnanse aquí, ahora!

El murmullo de confusión se alzó como un eco sombrío. Familias enteras se acercaron lentamente, algunos todavía con la sangre de la batalla manchando sus rostros, otros con la mirada perdida, sin entender qué más podía sucederles esa noche. Loki esperaba ese silencio que precede a la verdad, y cuando al fin lo obtuvo, su expresión se endureció.

—Lo que voy a decirles no es fácil —continuó, dejando que cada palabra pesara en el aire—. Sé que muchos de ustedes no querrán escucharlo, pero ya no podemos seguir engañándonos. Jotunheim… nuestro hogar… ya no es seguro.

Un murmullo inquieto recorrió a la multitud, como un viento helado que recorriera sus espaldas. Loki apretó el puño contra su pecho, donde la runa colgaba brillando tenuemente, y prosiguió con la mirada firme, sabiendo que estaba a punto de decir lo que nadie quería aceptar.

Loki alzó la voz, pero esta vez no con la fuerza de un comandante, sino con la sinceridad de alguien que compartía el mismo dolor que todos ellos:

—Mis hermanos y hermanas… no puedo imaginar cómo se están sintiendo en estos momentos. Todo el miedo que nos envuelve, toda la incertidumbre que amenaza con quebrarnos. Ninguno de nosotros imaginó que esta noche se tornaría tan oscura. Hoy hemos perdido a más jotuns de los que podríamos contar… y sé que nada de lo que diga podrá devolverlos.

Su mirada se desvió por un instante, como si buscara fuerza en la memoria de su padre. El brillo de la runa en su pecho parecía pesarle más que nunca.

—La verdad… —continuó, tragando saliva con dificultad— es que yo no soy tan fuerte como lo fue mi padre. Y a causa de esa debilidad… no pude proteger a los caídos. He fallado como hijo y como líder.

Un murmullo se alzó entre los jotuns, mezcla de sorpresa y desconcierto: nadie esperaba escuchar esas palabras de Loki, el que siempre se mostraba astuto, orgulloso e inquebrantable.

Pero él apretó el puño y alzó la voz con más firmeza:

—Pero juro por su memoria, y por cada uno de ustedes que aún respira, que no volveré a fallar. No dejaré que sus muertes hayan sido en vano.

De entre la multitud, una voz temblorosa rompió el silencio:

—¿Q-Quienes son estos monstruos? —preguntó un joven jotunn, con los ojos aún abiertos por el terror.

Otro guerrero, con el rostro manchado de sangre y hollín, gritó desde más atrás:

—¡Son seres de fuego! ¡Tienen que provenir de Muspelheim, no hay duda!

Un tercero, una mujer mayor envuelta en harapos y con la mirada llena de rabia y confusión, alzó la voz por encima de todos:

—¿Pero por qué? ¡¿Por qué nos están atacando a nosotros?!

Loki cerró los ojos por un instante, inhaló profundamente y, con un nudo en la garganta, respondió con firmeza:

—…Tendré que decirles la verdad. —Su voz resonó en el refugio, y poco a poco las conversaciones cesaron—. La batalla que se libró en Midgard hace tiempo… aquella en la que mi padre entregó su vida para sellar a Nictofer… no terminó aquella noche.

Se adelantó un par de pasos, dejando que la luz de las antorchas delineara su figura.

—Los pecados de Midgard nos siguieron hasta aquí. Aquellos que juraron lealtad a Nictofer no han olvidado… y ahora han venido a reclamar a su amo.

Un murmullo inquietante recorrió a la multitud como una ráfaga de viento frío. Loki apretó los puños y continuó, elevando la voz:

—No es una simple invasión… es el inicio de algo más grande. Y todos nosotros estamos en medio de ello.

Un murmullo inquietante recorrió el refugio como un viento helado. Las miradas se cruzaban con confusión y temor.

De entre la multitud, una voz grave se alzó:

— ¿Desde cuándo Muspelheim formó esta oscura alianza? —preguntó un anciano jotunn, con el rostro marcado por las guerras de antaño.

Loki respiró hondo, consciente de que cualquier palabra mal elegida podía encender el pánico. Dio un paso al frente y alzó la voz para que todos lo escucharan.

— Piensen por un momento —comenzó con firmeza—. Jotunheim y Muspelheim han tenido un tratado de paz durante milenios. Sí… hubo disputas, hubo guerras en tiempos remotos… pero al final prevaleció la diplomacia. Hemos compartido fronteras en calma durante incontables eras.

Sus ojos recorrieron a cada jotunn presente, intentando que la razón se impusiera sobre el miedo.

— Entonces, pregúntense… —continuó con un tono más grave— ¿por qué habrían de atacar ahora? ¿Qué fuerza podría romper un pacto tan antiguo y empujar a un reino entero a traicionar la paz?

Un silencio tenso se apoderó del lugar. Se podían oír los suspiros temblorosos, el crujir de dientes, la respiración agitada de quienes comprendían que la respuesta no sería sencilla… ni tranquilizadora.

—Tal vez esperaron un momento de debilidad como este para atacarnos. Nuestro rey ha muerto —gritó alguien desde la multitud.

Loki frunció el ceño; no le parecía lógico.

—Jotunheim ha perdido reyes antes —respondió con firmeza—. Por generaciones, hemos enfrentado cambios de liderazgo, y jamás algo así ocurrió. Escuchen con atención: esos seres parecen habitantes de Muspelheim, sí… pero hay algo en su naturaleza que no encaja. No sabría explicarlo con certeza, es una corazonada… pero estoy convencido de algo: el líder de esas legiones no es de ningún reino conocido.

—He viajado a cada rincón de los Nueve Reinos y jamás vi un ser como el que enfrenté esta noche. Su poder… su presencia… solo se asemejan a una entidad que ya conocemos: Nictofer. Eso me hace pensar que ese ser y Nictofer provienen del mismo lugar… quizá de la misma raza. Y si eso es cierto… —Loki alzó la voz para que todos lo escucharan— ninguno de nosotros está realmente a salvo aquí.

—He visto de cerca de lo que es capaz. Lo enfrenté… y no pude igualar su fuerza. Nuestros aliados asgardianos también lo desafiaron: Thor, Tyr, Balder… incluso ellos alzaron sus armas contra él, y para esa criatura fue como un juego de niños. Incluso el Padre de Todo, el mismo Odin… su poder frente al de este monstruo apenas se iguala, y quizás, incluso, se vea superado.

Loki hizo una pausa, observando los rostros temblorosos de su gente.

—Si Odin no puede contenerlo, temo que nadie podrá hacerlo. Ahora mismo, él y sus hijos están dando su vida para ganarnos tiempo. Tiempo que debemos aprovechar, porque esta amenaza no es como ninguna otra.

Alguien de la multitud gritó desesperado:

—¡¿Para hacer qué?!

Loki respiró hondo, sabiendo que lo que diría desataría un torbellino de emociones.

—Tenemos que abandonar Jotunheim.

Las palabras cayeron como un martillazo. De inmediato, el refugio se llenó de voces airadas.

—¡Eso es una locura! —gritó uno.

—¡Somos jotuns! ¡Un pueblo de guerreros! —exclamó otro.

—¡Morir luchando sería un honor! —añadieron varios más, golpeando el suelo con sus lanzas.

Loki levantó las manos, imponiendo silencio con firmeza.

—Entiendo cómo se sienten, amigos míos. Créanme… si dependiera de mí, también tomaría mi espada y pelearía hasta el último aliento. Daría mi vida sin dudarlo.

Su mirada se endureció, pero no había arrogancia, sino un profundo amor por su gente.

—Pero jamás les pediría que entregaran sus vidas en vano. Aunque reuniéramos cada guerrero, cada hechicero y cada aliado… apenas tendríamos una ínfima posibilidad de vencerlo. No lideraré a mi pueblo hacia una muerte segura.

La multitud se aquietó poco a poco. Algunos bajaron la mirada, otros fruncieron el ceño con impotencia.

—Mi padre —continuó Loki— no sacrificó su vida para que la gente que protegió terminara así. Eso no es lo que él habría querido… y no es lo que yo quiero.

Sus palabras se tornaron más suaves, pero más firmes que nunca.

—Hoy perderemos esta batalla, y lo aceptaré con gusto si eso significa que ustedes vivirán un día más. Los días que vienen serán oscuros, de eso no hay duda… pero también les prometo que volveremos a ver el amanecer. El sol volverá a brillar sobre nosotros.

Loki alzó la voz, resonando en cada rincón del refugio:

—No puedo prometerles que saldremos ilesos. No puedo asegurar que estaré allí para cada uno de ustedes… pero sí puedo prometer que sus vidas siempre me importarán más que la mía.

Loki dio un paso al frente, su mirada encendida con una mezcla de furia y determinación. Su voz retumbó en cada rincón del refugio:

—Y escúchenme muy bien… no descansaré hasta que la hoja de mi daga esté bañada con la sangre del maldito que redujo nuestro hogar a cenizas.

La multitud contuvo el aliento. Loki apretó el puño alrededor del mango de su arma, como si ya lo tuviera frente a él.

—Lo último que ese miserable sentirá será mi pie sobre su cuello… mientras le rebano la garganta.

Un murmullo de aprobación recorrió el lugar, como un fuego encendiéndose en los corazones de todos.

—Hasta que llegue ese día —continuó Loki con tono firme— deberemos mantenernos ocultos. No habrá tregua; seremos cazados sin descanso. Dejaremos atrás nuestras raíces… pero mientras estemos juntos, estaremos bien.

Alzó la voz por última vez, con autoridad de rey y ferocidad de guerrero:

—¡Preparen todo lo que necesiten! ¡Partiremos ya!

Loki no se quedó de brazos cruzados; caminaba entre su gente, ayudando a levantar bultos, a cargar niños pequeños, a vendar heridas y asegurar los pocos víveres que les quedaban. Se inclinaba, escuchaba, daba indicaciones… cada gesto suyo era un hilo más que lo unía a su pueblo. Por primera vez, muchos lo miraban no solo como al hijo de un rey, sino como a alguien en quien podían depositar su fe.

Pero en medio de aquella precaria organización, una sensación extraña se apoderó de él. Algo no encajaba. Giró la cabeza en todas direcciones, buscando un rostro entre la multitud… y no lo encontró.

—¿Dónde está mi madre? —preguntó, primero en voz baja. Nadie respondió. Su pecho comenzó a apretarse. Se giró bruscamente hacia Angrboda—. ¿Dónde está mi madre?

Angrboda frunció el ceño, notando el temblor en su voz.

—Loki… yo… —dijo vacilante.

—¡Respóndeme! —exclamó él, con la voz quebrada, avanzando hacia ella.

Angrboda bajó la mirada. Esa sola acción fue como un golpe directo a su estómago.

—No… —susurró él, dando un paso atrás—. No… no me digas eso.

—No está aquí, Loki —respondió ella finalmente, con tono serio.

—¿CÓMO QUE NO ESTÁ AQUÍ? —gritó, tomándola por los hombros con desesperación—. ¿¡DÓNDE CARAJOS ESTÁ!? ¡DIME QUE AL MENOS ALGUIEN LA VIO!

—Desde que comenzó el ataque a Joktldar no he tenido noticias de ella —contestó Angrboda, conteniendo la angustia—. Nadie la ha visto regresar…

Loki sintió cómo la sangre le hervía.

—¡No… no puede ser! Ella está viva, ¿me escuchas? ¡ESTÁ VIVA! —dijo con furia, empujando una mesa que tenía al lado, la cual se estrelló contra la pared.

Sin pensarlo un segundo más, giró sobre sus talones.

—Ella sigue afuera… y voy a encontrarla.

—¡Espera! ¡Voy contigo! —gritó Angrboda, corriendo tras él.

Loki se detuvo y, aunque sus ojos estaban llenos de rabia, su voz salió firme y cortante:

—No. Necesitan a alguien que los guíe hacia la grieta. Ese alguien eres tú. Si no los llevas… todo esto habrá sido para nada.

—¡No me pidas que te deje ir solo! —replicó ella, con lágrimas en los ojos.

—No te lo pido… te lo ordeno —respondió Loki con voz temblorosa, más por dolor que por autoridad. Se acercó, tomó su rostro entre las manos y susurró—: Confío en ti… protégelos.

Antes de que ella pudiera decir algo más, Loki montó sobre Fenrir. El lobo lanzó un rugido que retumbó en las cavernas, y partieron a toda velocidad hacia un Joktldar en ruinas. Angrboda lo vio alejarse, con el corazón encogido, mientras a su alrededor la gente comenzaba a moverse bajo sus órdenes. Afuera, la neblina helada cubría el camino de Loki como un velo siniestro… pero nada lo detendría. No esta vez.

Mientras tanto, entre los restos ennegrecidos de Joktldar, una figura avanzaba con paso firme. Era Furcas. A pesar de las heridas visibles en su cuerpo, su caminar transmitía una calma perturbadora, casi como si la destrucción a su alrededor fuera un mero telón de fondo para su crueldad.

En su mano derecha sostenía con fuerza un puñado de cabello azul oscuro, y tras él, arrastrándose por la nieve teñida de sangre, iba Lauffey, la madre de Loki. Su cuerpo presentaba golpes y cortes, su respiración era débil, y sus ojos, entrecerrados, apenas lograban mantenerse abiertos. Cada paso de Furcas la hacía deslizarse un poco más sobre el suelo helado, dejando un rastro inconfundible tras de sí.

Con un hilo de voz, quebrada por el dolor y el frío, sus labios apenas alcanzaron a pronunciar una única palabra:

—…Loki…

La ventisca aumentó, ocultando el rastro de ambos mientras el eco de su voz se perdía entre los escombros.

Y así, sin que Loki lo supiera aún, el destino de su madre pendía de un hilo, y las sombras que se cernían sobre Jotunheim acababan de marcar el inicio de un conflicto mucho más profundo que una simple invasión.

La verdadera guerra apenas comenzaba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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