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FALLEN GODS (DIOSES CAIDOS) - Capítulo 46

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  3. Capítulo 46 - Capítulo 46: CAPITULO #13 PARTE 1: La Ultima Oportunidad Perdida
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Capítulo 46: CAPITULO #13 PARTE 1: La Ultima Oportunidad Perdida

El frío viento de Jottunheim cortaba la piel de Loki mientras corría entre las ruinas de Joktldar. Sus ojos seguían cada sombra, cada movimiento extraño, pero su corazón latía más rápido por otra razón: su madre estaba en peligro. Furcas avanzaba hacia el refugio arrastrándola, y con cada paso sentía que la línea entre la desesperación y la ira se difuminaba. Esta no era solo una batalla por supervivencia; era un enfrentamiento que definiría quién gobernaría realmente sobre los caídos y los vivos

Loki apretó los puños, sintiendo cómo la runa que llevaba sobre su pecho vibraba con un poder contenido, recordándole la promesa que había hecho a su padre y a Odín. Cada segundo contaba; si tardaba demasiado, su madre podría desaparecer en las sombras. Sin pensarlo, dio un salto hacia adelante, dejando que la furia y el miedo se mezclaran en cada movimiento. No había margen para la duda: salvar a Laufey sería su primer acto como rey, aunque aún no entendiera del todo lo que significaba portar ese manto.

Mientras Loki corría tras su madre, Thor, Tyr y Balder se encontraban inmersos en un combate que desafiaba cualquier previsión. Los tres atacaban al unísono, moviéndose con precisión casi coreográfica, pero Astaroth no era un enemigo común: cada uno de sus movimientos estaba calculado, anticipando cada golpe, cada embestida. Balder avanzó con rapidez, confiado en su agilidad y fuerza, pero Astaroth levantó una enorme roca y la lanzó con exactitud brutal. El impacto contra la cabeza de Balder lo hizo retroceder, tambaleándose y con la visión borrosa, mientras el sabor metálico de la sangre se mezclaba con el polvo del campo de batalla.

Tyr cargó con furia, dispuesto a acabar con el demonio de un solo golpe, pero apenas se acercó, Astaroth abrió la boca y un torrente de llamas surgió, envolviendo al dios en un calor abrasador. La piel de Tyr se quemó y su grito resonó sobre el estruendo de la lucha, obligándolo a retroceder para no perder la compostura. Thor, viendo la oportunidad, invocó un torbellino de relámpagos que giró como un huracán a su alrededor, buscando desorientar al demonio y abrir una brecha. Por un instante, Astaroth pareció confundido, pero pronto volvió en sí, con ojos fríos y calculadores que reflejaban la astucia de un ser que había enfrentado siglos de guerras.

Sin perder un segundo, Astaroth lanzó su guadaña desde la derecha con una precisión mortal. Thor apenas tuvo tiempo de reaccionar, pero la hoja atravesó su abdomen, arrancando un gruñido de dolor y dejando claro que ningún dios era invulnerable ante aquel adversario. Los tres guerreros se miraron un instante, evaluando patrones, adaptando movimientos, coordinando ataques con aún más cautela. Cada golpe que lanzaban era contrarrestado o anticipado, y el choque de armas y poderes hacía temblar el suelo bajo sus pies. Era una danza mortal, un juego de reflejos y estrategia, donde cada segundo podía ser la diferencia entre la vida y la muerte.

El aire estaba cargado de electricidad, fuego y polvo. Cada respiración era un esfuerzo, cada golpe una apuesta arriesgada. Balder, sangrando pero decidido, saltó nuevamente, desviando la atención de Astaroth, mientras Tyr reunía fuerzas para un ataque combinado con Thor. Sin embargo, el demonio ya había descifrado el patrón de sus ataques. Con movimientos fluidos y letales, lanzó la guadaña una vez más, golpeando con precisión quirúrgica y recordándoles que enfrentaban no solo fuerza bruta, sino inteligencia y astucia concentrada en forma de enemigo.

Thor cayó de rodillas, jadeando, con la sangre escurriendo por la herida en su abdomen. El suelo bajo él temblaba con cada respiración entrecortada. Astaroth, erguido como una sombra colosal, avanzó lentamente hacia el dios debilitado. Cada paso suyo resonaba como un tambor de guerra en la penumbra. Al llegar frente a Thor, le sujetó la cabeza con una sola mano, inclinándola hacia arriba para que lo mirara directamente a los ojos.

—Primitivos y simples —susurró con una voz grave, profunda, como un eco que emanaba desde lo más oscuro de los abismos.

Pero antes de que pudiera rematarlo, Tyr, aún humeante por las quemaduras, lanzó su hacha con una fuerza brutal. El arma giró en el aire como una extensión de su furia y se incrustó en el ligamento del brazo derecho de Astaroth, inmovilizándolo momentáneamente. Un rugido de sorpresa y dolor escapó del demonio mientras se giraba con violencia hacia su agresor.

Fue entonces cuando Balder entró en acción. Corrió a toda velocidad, su capa ondeando tras él como el estandarte de un dios que no conocía el miedo. Astaroth, aún sujetando a Thor con el brazo libre, lanzó otra llamarada de fuego en dirección a Balder, pero el dios de la luz giró sobre sí mismo en el último instante, esquivando la ráfaga con una elegancia casi imposible. No redujo su velocidad ni un solo paso.

Con un grito de guerra, Balder hundió su espada en el costado del abdomen del demonio, rompiendo la piel endurecida y haciendo que un líquido oscuro y espeso salpicara el suelo congelado. Astaroth emitió un rugido ensordecedor que hizo vibrar el aire. Balder trató de apartarse, pero apenas había retirado la espada cuando Mjölnir surcó el aire como un rayo.

Con un impacto seco y devastador, el martillo golpeó directamente en el rostro de Astaroth. La fuerza fue tal que su cuerpo se ladeó violentamente, liberando a Thor de su agarre. El dios del trueno, ahora de pie, respiraba pesadamente, pero en sus ojos había un fuego renovado: la batalla estaba lejos de terminar, y la furia de Asgard se alzaba de nuevo.

El humo se arremolinaba sobre el campo de batalla, cubriendo cada grieta y cada charco de escarcha derretida. Los hermanos se pusieron de pie, el aliento visible en el aire gélido, conteniendo la respiración mientras esperaban comprobar si su ataque había surtido efecto. Thor permanecía alerta, cada músculo tenso, la mirada fija en cualquier movimiento; ni un instante de descuido, ni una sombra de duda.

Cuando el humo finalmente comenzó a disiparse, un silencio inquietante se apoderó del lugar. Para sorpresa de todos, Astaroth yacía tendido en el suelo, la parte superior de su cabeza destrozada, y su cuerpo completamente paralizado por el choque eléctrico. Cada fibra de los dioses presentes se tensó: el momento de rematarlo había llegado, y todos sabían que cualquier error ahora podría significar la diferencia entre la victoria y la derrota.

Thor dio un paso al frente, su martillo chispeando con energía residual, mientras Balder y Tyr se preparaban para un golpe final conjunto. El aire vibraba con electricidad y tensión, y el mundo parecía contener la respiración… aguardando el desenlace de un enfrentamiento que marcaría el destino de Joktldar y los Nueve Reinos.

Tyr gritó con todas sus fuerzas:

—¡Hazlooo! ¡Aplástale la maldita cabeza!

Thor sostuvo firmemente Mjölnir, levantándolo con un rugido de furia, listo para terminar con aquella pesadilla de una vez por todas. Cada centímetro que separaba el martillo del cráneo de Astaroth parecía eternidad…

Pero entonces, la hoja de la guadaña de Astaroth se movió con vida propia, ondulando como una serpiente, interceptando el golpe con un chasquido metálico que hizo vibrar el aire. Los tres hermanos se quedaron atónitos, sin creer lo que acababan de presenciar.

—¡No es posible! —gritó Thor, su voz cargada de incredulidad y rabia—. ¡Esta estúpida guadaña tiene vida propia!

Sin detenerse, Thor arremetió con una serie de golpes más rápidos, cada uno dirigido a la cabeza de Astaroth. Pero la guadaña bloqueaba cada intento, deslizándose y girando con movimientos imposibles, como si tuviera mente propia. La batalla, que parecía estar a punto de terminar, se convertía ahora en un juego de reflejos y pura fuerza de voluntad: Thor, Balder y Tyr contra un arma que desafiaba toda lógica.

El aire estaba cargado de electricidad, la escarcha se derretía bajo la tensión de cada golpe, y el suelo temblaba con el estruendo de la batalla. Cada instante que pasaba hacía evidente que esta guerra estaba lejos de un final.

Thor, con el rostro contraído por la ira y el agotamiento, gritó furioso:

—¡DEBE SER UNA PUTA BROMA! ¡NI SIQUIERA PORQUE TU DUEÑO ESTÁ HECHO MIERDA DEJAS DE SER UN MALDITO FASTIDIO!

Pero sus palabras apenas habían resonado cuando el tiempo pareció detenerse: Astaroth, herido y destrozado momentos antes, se levantó lentamente. Sus manos golpearon el suelo con tal fuerza que el suelo tembló y grietas comenzaron a abrirse bajo su poder. Un rugido de furia salió de su garganta, reverberando por todo el campo de batalla.

La energía oscura que emanaba de él era abrumadora, un pulso creciente que empujaba hacia atrás a Thor, obligándolo a retroceder con pasos tambaleantes. Cada instante que pasaba, la fuerza de Astaroth crecía como una tormenta que no podía ser contenida, envolviendo a Balder y Tyr en una presión que amenazaba con aplastarlos.

—¡No! —gritó Tyr, intentando resistir la onda de fuerza—. ¡No puede ser!

Pero incluso los dioses más poderosos de Asgard sentían el peso de aquella energía, y por primera vez, la batalla parecía irrealmente perdida, como si Astaroth hubiera trascendido de enemigo a catástrofe viviente. El campo de hielo y escarcha vibraba bajo su furia, y la guadaña, ahora inmóvil a un lado, parecía observar con silencio ominoso… esperando el siguiente movimiento.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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