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FALLEN GODS (DIOSES CAIDOS) - Capítulo 5

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  3. Capítulo 5 - 5 CAPITULO 2 PARTE 3 Ecos del Pasado
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5: CAPITULO #2 PARTE 3 Ecos del Pasado 5: CAPITULO #2 PARTE 3 Ecos del Pasado Mientras tanto, en una cabaña remota, Odin descansaba en una cama sencilla.

A su lado, sentado en una silla de madera, estaba Thor, vigilando y cuidando a su padre con una expresión de preocupación.

De repente, un dolor agudo aquejó a Odin, quien se quejó del dolor, apretando los dientes mientras una mueca de sufrimiento cruzaba su rostro.

—Padre, ¿estás bien?

—preguntó Thor, alarmado y con los ojos llenos de preocupación, inclinándose hacia Odin para examinarlo mejor.

Odin respiró hondo, intentando controlar el dolor y ofrecer una sonrisa tranquilizadora a su hijo.

—Estoy bien, hijo mío —respondió Odin con voz ronca pero firme—.

No te preocupes, esto pasará pronto.

Thor asintió lentamente, aunque la preocupación no abandonaba del todo su mirada.

Volvió a sentarse, intentando relajarse, pero manteniéndose alerta por si Odin necesitaba algo más.

Al fondo de la habitación, Balder estaba sentado en silencio, perdido en sus pensamientos.

Algo lo inquietaba profundamente, una duda que no lo dejaba tranquilo desde la batalla contra Nictofer.

Finalmente, incapaz de contenerse más, se levantó y se acercó a la cama de su padre.

—Padre —dijo Balder, su voz cargada de incertidumbre—.

Hay algo que no tiene sentido para mí.

En la batalla contra Nictofer, cuando estabas inmovilizado, él te dijo algo que apenas pude escuchar…

mencionó algo sobre las mentiras de su padre.

¿Por qué dijo eso?

¿Acaso él tiene algún parentesco contigo?

Simplemente no puedo entenderlo.

Odin se levantó lentamente de la cama, cada movimiento era una manifestación del peso de los años y las innumerables batallas que había librado.

Con pesar en sus ojos, miró a Balder y a Thor, quienes lo observaban con una mezcla de preocupación y respeto.

—No lo sé —susurró Odin, su voz resonando con una tristeza profunda—.

Poseo la misma información que tú, hijo mío.

También me tomó por sorpresa que Nictofer dijera algo así.

No tengo la respuesta para eso.

No recuerdo ni siquiera a mi propio padre.

Todo está en blanco.

Thor y Balder intercambiaron miradas de incredulidad.

Era raro ver a su padre, el poderoso Odin, admitir su desconcierto sobre algo tan crucial como su propio linaje.

—Es como si nunca hubiera tenido niñez, ni juventud —continuó Odin, su mirada perdida en recuerdos difusos—.

Siento que toda mi vida ha sido una serie interminable de batallas y conflictos, sin descanso ni respiro.

Balder dio un paso adelante, su voz temblorosa por la preocupación y la curiosidad.

—Pero padre, ¿cómo es posible?

¿No hay ningún rastro de tus recuerdos de antes?

¿Nada que pueda ayudarte a entender lo que Nictofer dijo?

—preguntó Balder, buscando desesperadamente respuestas en los ojos cansados de Odin.

Odin negó con la cabeza con pesar, sus ojos llenos de una melancolía que sus hijos rara vez habían visto.

—Nada, Balder.

Mi vida ha sido un torbellino de guerras y destinos entrelazados.

He conocido la gloria y el dolor, pero los detalles de mi pasado más lejano son un misterio para mí.

Es como si hubieran sido borrados, dejándome solo con la sensación de haber luchado siempre.

Thor frunció el ceño, apretando el mango de su martillo Mjölnir con fuerza.

Tyr llegó a la cabaña, empujando suavemente la puerta de madera que crujió al abrirse.

Thor, que aún vigilaba a su padre, levantó la vista al escuchar los pasos de Tyr.

—Tyr, ¿dónde has estado?

—preguntó Thor, su voz resonando con un matiz de preocupación.

Tyr evitó el contacto visual, sus pensamientos aún enredados en lo que había presenciado.

Con un tono seco y evasivo, respondió: —Solo salí a tomar aire, Thor.

Necesitaba un momento para despejar mi mente.

Balder, que estaba cerca de la cama de Odin, se volvió hacia Tyr.

—¿Cuánto tiempo estaremos aquí en Jotunheim?

—preguntó Tyr, con una inquietud visible en sus ojos.

Balder miró a su padre, que descansaba en la cama, antes de responder.

—Hasta que nuestro padre recupere sus fuerzas.

No podemos movernos hasta que esté lo suficientemente fuerte.

Tyr asintió distraídamente, su mirada recorriendo la habitación hasta detenerse en las heridas visibles de Thor, Balder y Odin.

Al ver las cicatrices y los vendajes, una serie de imágenes invadieron su mente.

Recuerdos de batallas pasadas, escenas traumáticas llenas de sangre y muerte.

Vio a sus compañeros y amigos cayendo a su alrededor, escuchó los gritos desgarradores y sintió la desesperación y el dolor de esos momentos.

—No…

otra vez no…

—murmuró Tyr, llevándose las manos a la cabeza, tratando de ahuyentar las visiones.

Balder se acercó rápidamente a él, con preocupación en su rostro.

—Tyr, ¿está pasando otra vez?

—preguntó Balder, intentando conectar con su hermano.

Tyr comenzó a temblar, sus ojos desenfocados, atrapado en las alucinaciones.

—Las voces, los gritos…

todo se está repitiendo…

—dijo Tyr, su voz llena de terror y desesperación.

Thor se acercó, intentando calmar a Tyr.

Colocó una mano firme pero gentil en su hombro.

—Tyr, escúchame.

Estamos aquí, estás en el presente, no en el pasado.

Concéntrate en nosotros, en este momento.

No dejes que esos recuerdos te arrastren.

Pero las palabras de Thor parecían no llegar a Tyr, que seguía atrapado en sus visiones.

Los gritos y los rostros de los muertos lo rodeaban, y su mente era un torbellino de dolor y caos.

—¡No puedo!

¡No puedo escapar de ellos!

—gritó Tyr, su voz llena de desesperación.

Thor apretó los labios, sabiendo que debía encontrar una manera de traer a su hermano de vuelta a la realidad.

—Tyr, respira hondo.

Míranos a los ojos.

Estamos aquí contigo.

No estás solo —insistió Thor, con una voz firme pero calmada.

Balder se unió a Thor, sosteniendo la mano de Tyr.

—Estamos aquí, hermano.

Juntos podemos superar esto.

No dejes que el pasado te consuma.

Pero Tyr seguía atrapado en sus alucinaciones, los recuerdos de las batallas y las pérdidas eran demasiado fuertes para ignorar.

Su respiración era rápida y errática, sus ojos vidriosos y llenos de miedo.

Odin, que había estado escuchando todo desde su cama, abrió los ojos lentamente.

Aunque débil, hizo un esfuerzo por hablar.

—Tyr, hijo mío…

escucha a tus hermanos.

El presente es lo único que importa ahora.

No dejes que los fantasmas del pasado te roben la paz de hoy —dijo Odin, su voz débil pero cargada de sabiduría y amor.

Las palabras de Odin parecieron llegar a Tyr de alguna manera.

Aunque todavía temblaba y sudaba, empezó a respirar más lentamente, intentando concentrarse en las voces de su familia.

—Estamos aquí, Tyr.

No estás solo —reafirmó Balder, apretando la mano de su hermano con fuerza.

Thor mantuvo su mano en el hombro de Tyr, su mirada firme y llena de apoyo.

—Respira, hermano.

Respira y vuelve a nosotros.

Finalmente, Tyr comenzó a calmarse, aunque el dolor de sus recuerdos no desaparecía por completo, la presencia y el apoyo de su familia le ofrecían un ancla al presente.

—Gracias…

—susurró Tyr, con la voz quebrada—.

Gracias por estar aquí.

Odin abrió los ojos lentamente y miró a sus hijos con preocupación.

—¿Qué fue lo que pasó?

—preguntó, su voz débil pero llena de inquietud.

Thor respondió con un tono grave: —Son los traumas de Tyr, padre.

Se manifiestan en imágenes de las batallas pasadas.

Odin frunció el ceño, sorprendido y angustiado.

—¿Por qué nunca me enteré de esto?

Thor suspiró, su expresión reflejando el peso de la decisión.

—No queríamos preocuparte, padre.

Ya tienes suficientes cargas sobre tus hombros.

Odin, con una mirada de comprensión y compasión, hizo un gesto para que Tyr se acercara.

—Tyr, acércate, hijo mío.

Tyr, todavía temblando y con los ojos llenos de miedo, se acercó lentamente a la cama de su padre.

Odin tomó su mano con firmeza y ternura.

—Dime, Tyr, ¿con qué frecuencia se manifiestan estas visiones?

—preguntó Odin, sus ojos buscando los de su hijo.

Tyr bajó la cabeza, sus palabras llenas de pesar.

—Padre, tengo miedo hasta de dormir.

Pueden manifestarse en cualquier momento.

Recuerdo el miedo, ver a mis compañeros ser asesinados, toda esa destrucción…

es como si no pudiera escapar de esos recuerdos.

Odin apretó la mano de Tyr, tratando de transmitirle su fuerza.

—Tyr, escúchame bien.

Lo que has vivido es algo que ningún guerrero debería soportar.

La guerra deja cicatrices profundas, no solo en el cuerpo, sino también en el alma.

Pero debes recordar que esas cicatrices no te definen.

Eres mucho más que las batallas que has librado y las pérdidas que has sufrido.

Odin hizo una pausa, asegurándose de que Tyr lo estuviera escuchando.

—La fortaleza no se mide solo por la habilidad en combate, sino también por la capacidad de enfrentar y superar nuestros miedos.

Cada vez que esas visiones te asalten, recuerda que no estás solo.

Tienes a tus hermanos, a mí, y a todos aquellos que te aman y te apoyan.

No cargues con este peso solo, deja que compartamos tu carga.

Odin tomó aire, buscando las palabras adecuadas para inspirar a su hijo.

—La grandeza de un guerrero no se mide solo en sus victorias en el campo de batalla, sino también en su capacidad de sanar y encontrar la paz dentro de sí mismo.

Tú eres un hijo de Asgard, un dios, y dentro de ti reside una fuerza que puede superar cualquier oscuridad.

No permitas que los fantasmas del pasado roben tu presente y futuro.

Tyr miró a su padre, sus ojos brillando con lágrimas.

—Pero, padre, ¿cómo puedo encontrar esa paz cuando todo lo que veo es muerte y destrucción?

Odin sonrió débilmente, con sabiduría en sus ojos.

—La paz no es algo que se encuentra fácilmente, hijo mío.

Es una batalla constante, pero es una batalla que puedes ganar.

Cada día que luchas por superarte, cada momento que eliges vivir en el presente y no en el pasado, estás ganando esa batalla.

Usa esos recuerdos como una fuente de fortaleza, no de debilidad.

Recuerda a tus compañeros no por cómo murieron, sino por cómo vivieron y lo que significaron para ti.

Odin apretó la mano de Tyr una vez más, transmitiendo todo el amor y el orgullo que sentía.

—Eres más fuerte de lo que crees, Tyr.

Y siempre estaré aquí para recordártelo.

No estás solo en esto.

Juntos, enfrentaremos cualquier sombra que amenace con oscurecer tu corazón.

Levanta la cabeza y sigue adelante, no por la guerra que has conocido, sino por la paz que aún puedes encontrar.

Tyr, sintiendo la calidez y el amor en las palabras de su padre, dejó que las lágrimas corrieran por su rostro, pero también sintió una chispa de esperanza encenderse en su interior.

Sabía que el camino sería difícil, pero con su familia a su lado, estaba decidido a encontrar la paz que tanto anhelaba.

Tyr, un poco aliviado por las palabras de su padre, se puso de pie lentamente.

Respiró hondo y miró a Odin con determinación.

—Lo haré, padre.

No es propio de un dios de la guerra tener miedo de la guerra —dijo Tyr, tratando de sonar firme.

Odin sonrió con ternura, notando la lucha interna de su hijo.

—Tyr, no lo hagas por tu estatus como dios de la guerra —dijo Odin, con una voz llena de sabiduría y compasión—.

Hazlo por ti mismo.

La valentía no es la ausencia de miedo, sino la capacidad de enfrentarlo.

Todos los dioses, incluso los más grandes, tienen sus propias batallas internas.

No hay deshonra en admitirlo.

Odin se incorporó ligeramente en su cama, haciendo un esfuerzo para transmitir la importancia de sus palabras.

—La verdadera fortaleza viene de reconocer nuestras debilidades y trabajar para superarlas.

No te definas solo por tu título o tus victorias en el campo de batalla.

Define tu vida por las elecciones que haces, por el amor que das y por la paz que encuentras en tu corazón.

Tyr asintió lentamente, procesando las palabras de su padre.

Odin continuó, su voz adquiriendo un tono aún más profundo.

—Cada batalla que has librado te ha enseñado algo, y cada cicatriz que llevas cuenta una historia de resistencia y superación.

No dejes que el miedo te controle.

Encuentra la fuerza en tu interior para sanar y crecer.

No estás solo en esto, Tyr.

Nos tienes a nosotros, y juntos enfrentaremos cualquier adversidad.

Tyr, con los ojos llenos de lágrimas, se arrodilló junto a la cama de su padre y tomó su mano.

—Gracias, padre.

Haré todo lo posible por encontrar esa paz y vivir cada día con valentía y propósito.

Odin apretó la mano de Tyr con cariño.

—Esa es la verdadera esencia de un dios, hijo mío.

No la invencibilidad, sino la capacidad de seguir adelante a pesar de los desafíos.

Estoy orgulloso de ti, Tyr.

Y sé que, con el tiempo, encontrarás la paz que tanto mereces.

Thor y Balder se acercaron, colocando sus manos sobre los hombros de Tyr en un gesto de apoyo.

La unidad y el amor de la familia resonaron en la habitación, dando fuerza a Tyr para enfrentar su dolor y seguir adelante.

Odin tosió un poco, su rostro pálido y con signos de malestar.

Tyr, preocupado, se acercó rápidamente.

—¿Qué pasa, padre?

¿Qué necesitas?

—preguntó Tyr con urgencia.

Odin respiró hondo, tratando de calmarse.

—Solo necesito un poco de agua, estoy algo sediento —respondió Odin con voz débil.

Balder, siempre atento, intervino de inmediato.

—No te preocupes, padre.

Yo iré a traer un poco de agua.

Sin esperar respuesta, Balder salió de la cabaña con rapidez.

Afuera, el aire fresco y el sonido de la naturaleza contrastaban con la tensión dentro de la cabaña.

Balder se dirigió hacia el pozo cercano, su mente ocupada en los recientes eventos y en la evidente debilidad de Odin.

Mientras tanto, dentro de la cabaña, Thor y Tyr se quedaron junto a Odin, compartiendo una mirada de preocupación.

—Padre, ¿estás seguro de que solo es sed?

—preguntó Thor, tratando de ocultar su inquietud.

Odin asintió lentamente.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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