FALLEN GODS (DIOSES CAIDOS) - Capítulo 6
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- Capítulo 6 - 6 CAPITULO 2 PARTE 4 El Deber de un Rey
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6: CAPITULO #2 PARTE 4 El Deber de un Rey 6: CAPITULO #2 PARTE 4 El Deber de un Rey Balder caminó hacia el río más cercano, el sonido del agua fluyendo proporcionaba un momento de tranquilidad.
Se arrodilló junto a la orilla y llenó sus baldes con agua fresca y cristalina.
Mientras trabajaba, escuchó unos pasos acercándose y, al levantar la vista, vio a Loki también acercándose al río.
—Buenos días, majestad —dijo Balder respetuosamente, inclinando ligeramente la cabeza.
Loki, esbozando una sonrisa divertida, respondió: —Buenos días, Balder.
Pero, por favor, no me llames majestad.
Suena muy formal y, francamente, un poco incómodo.
Balder sonrió, relajándose un poco.
—Como desees, Loki.
¿Qué te trae por aquí tan temprano?
Loki se arrodilló al lado de Balder y comenzó a llenar su propio recipiente de agua.
—Solo necesitaba un poco de agua fresca para empezar el día.
Además, necesitaba despejar mi mente después de los eventos recientes.
Balder asintió, comprendiendo perfectamente.
Mientras ambos continuaban llenando sus recipientes, el silencio fue interrumpido solo por el murmullo del agua y el canto de los pájaros.
—Loki —dijo Balder después de un momento de reflexión—, lo que hiciste ayer fue increíble.
Tu poder es…
asombroso.
Loki levantó la vista, su expresión se suavizó por un momento.
Mientras llenaban sus recipientes de agua en el río, Balder miró a Loki con una expresión de seriedad y compasión.
—Loki, lamento mucho lo de tu padre.
Sin duda, fue uno de los jotnar más valientes que ha habido —dijo Balder, su voz cargada de sinceridad.
Loki, conmovido por las palabras de Balder, hizo una pausa en su tarea.
Su rostro reflejaba una mezcla de tristeza y gratitud.
—Gracias, Balder.
Aprecio mucho tus palabras.
Mi padre fue un gran líder y un guerrero formidable.
Su pérdida aún duele, pero trato de honrar su memoria en cada acción que tomo.
Balder asintió, comprendiendo el peso que Loki llevaba consigo.
—Es admirable cómo llevas esa carga, Loki.
Y todos podemos ver la fuerza que heredaste de él.
Loki sonrió débilmente, regresando a llenar su recipiente.
—Trato de hacer lo mejor que puedo.
Pero hay días en los que siento que su ausencia es abrumadora.
Balder puso una mano en el hombro de Loki, ofreciéndole un apoyo silencioso.
—No estás solo, Loki.
Todos estamos aquí para apoyarte.
Y estoy seguro de que tu padre estaría orgulloso de ver en lo que te has convertido.
Loki asintió, sintiéndose reconfortado por las palabras de Balder.
—Gracias, Balder.
Eso significa mucho para mí.
Mientras continuaban llenando los recipientes con agua fresca del río, Balder miró a Loki con una expresión de preocupación y empatía.
—Loki, también lamento que no podamos traer los cuerpos de nuestros compañeros caídos en la batalla —dijo Balder con voz grave, su mirada perdida en el agua—.
Ellos también merecían un funeral digno.
De por sí ya fue difícil para Odin transportarnos a Jotunheim.
Creo que se hubiera puesto peor si también transportaba los cuerpos.
Loki asintió, la tristeza en sus ojos reflejando el dolor de esas pérdidas.
—Sí, Balder, es una carga pesada de llevar.
Cada uno de esos guerreros dio su vida por nuestra causa, y es injusto que no puedan recibir el honor que merecen.
Balder apretó el hombro de Loki en un gesto de solidaridad.
—Lo sé.
Pero al menos podemos recordar su valentía y sacrificio.
Honraremos su memoria de otras maneras, incluso si no podemos darles un entierro apropiado.
Loki respiró hondo, tratando de encontrar consuelo en las palabras de su hermano.
—Tienes razón.
Siempre llevaremos sus memorias con nosotros.
Su valentía no será olvidada.
Balder asintió, con una expresión reflexiva en su rostro.
—A veces me pregunto si estoy haciendo lo suficiente para honrar sus sacrificios.
Cada día, cuando empuño mi espada, pienso en ellos.
En sus rostros, en sus historias, no solo de ellos, sino de todos los compañeros que he perdido a lo largo del tiempo.
Me pregunto si estoy siendo lo suficientemente valiente, lo suficientemente fuerte.
Loki miró a Balder con comprensión.
—No es fácil, Balder.
Llevar el peso de tantas vidas, de tantas esperanzas.
Pero cada acción que tomamos en su nombre, cada batalla que luchamos, es un tributo a su sacrificio.
Balder dejó escapar un suspiro, sus ojos llenos de una mezcla de determinación y tristeza.
—Recuerdo a cada uno de ellos.
Sus risas, sus miedos, sus sueños.
Eran más que guerreros.
Eran amigos, hermanos.
Y perdimos a tantos…
A veces, en las noches más oscuras, siento que sus espíritus me visitan, preguntándome si estamos haciendo lo correcto.
Loki colocó una mano en el hombro de Balder, ofreciendo su apoyo silencioso.
—Esas dudas son naturales, Balder.
Pero lo que importa es que seguimos adelante, que seguimos luchando.
Cada decisión que tomamos está influenciada por su memoria, por su valentía.
No estamos solos en esto.
Luchamos por ellos, y con ellos en nuestros corazones.
Balder asintió, su expresión endureciéndose con una renovada resolución.
—Tienes razón, Loki.
No podemos permitir que sus sacrificios sean en vano.
Debemos seguir adelante, por ellos, por nuestro pueblo.
Y aunque no podamos darles el funeral que merecen, podemos asegurarnos de que su legado perdure.
Loki sonrió, sintiéndose reconfortado por las palabras de su hermano.
—Así es, Balder.
Su legado vive en cada acción que tomamos, en cada batalla que enfrentamos.
Y mientras sigamos adelante, ellos nunca serán olvidados.
Después de llenar sus recipientes, Loki y Balder comenzaron a caminar de regreso hacia Jotkdalr.
El sol brillaba sobre el paisaje nevado de Jotunheim, creando un contraste entre la blancura del hielo y los colores intensos de sus vestimentas.
Loki sacó la runa con la que habían aprisionado a Nictofer, observándola detenidamente mientras caminaban.
La runa brillaba con una luz tenue, irradiando una energía antigua y poderosa.
—El objeto más peligroso de los nueve reinos está en mis manos —dijo Loki, su voz llena de asombro y reverencia—.
Jamás imaginé que el amuleto que mi padre siempre llevaba consigo era una runa de aprisionamiento de tan alto poder.
Balder miró la runa, impresionado por su resplandor y la energía que emanaba.
—Es increíble pensar que un objeto tan pequeño pueda contener un hechizo de aprisionamiento tan fuerte —respondió Balder—.
¿Tu padre te habló alguna vez sobre esta runa?
Loki negó con la cabeza, su expresión se tornó pensativa.
—No, nunca mencionó su verdadero propósito.
Siempre pensé que era un simple amuleto de protección.
Ahora me doy cuenta de que su silencio fue una forma de protegerme.
Sabía que revelar su verdadero poder podría ponerme en peligro.
Mientras seguían su camino hacia Jotkdalr, Loki miró la runa una vez más, su expresión era una mezcla de curiosidad y asombro.
—Balder, no recuerdo cómo fue que mi padre obtuvo esta runa.
¿Tienes alguna idea de dónde proviene?
Balder asintió, su mirada se volvió nostálgica mientras recordaba el pasado.
—Sí, Loki.
Recuerdo claramente el día que tu padre recibió esta runa.
Fue Odin quien se la entregó.
Yo estaba ahí, y la escena aún está grabada en mi memoria.
Loki levantó una ceja, intrigado.
—¿Odin?
¿Mi padre recibió la runa de Odin?
Cuéntame más, Balder.
¿Cómo sucedió?
Balder respiró hondo, organizando sus pensamientos antes de comenzar su relato.
Balder y Loki caminaban por el sendero hacia Jotkdalr, sus recipientes llenos de agua reflejando la luz del sol.
Loki seguía mirando la runa con fascinación, su mente llena de preguntas.
—No recuerdo cómo fue que mi padre obtuvo esta runa —dijo Loki, su voz llena de curiosidad—.
¿Tú sabes algo, Balder?
Balder asintió, con una sonrisa nostálgica en su rostro.
—Sí, Loki.
No lo recuerdas porque apenas eras un niño en ese entonces.
Fue durante una reunión de consejo entre Asgard y Jotunheim.
Aunque te cueste creerlo, nuestros padres eran hermanos de armas y buenos amigos.
Loki levantó una ceja, sorprendido.
—¿Hermanos de armas?
¿Mi padre y Odin?
Balder asintió, recordando aquellos días.
Balder y Loki continuaban su camino hacia Jotkdalr, y el ambiente estaba cargado de la serenidad del atardecer.
Mientras avanzaban, Loki no podía evitar dejar que su mente siguiera girando en torno a las historias del pasado que Balder había compartido.
Finalmente, su curiosidad lo llevó a hacer preguntas más personales sobre sus padres.
—Balder —dijo Loki, con un tono de voz que reflejaba tanto curiosidad como anhelo—, ¿cómo eran realmente mis padres, aparte de lo que has mencionado?
Siempre escuché historias fragmentadas, pero nunca supe mucho sobre ellos como personas.
¿Qué recuerdos tienes de mi padre, Farbauti, y de mi madre, Laufey?
Balder se detuvo un momento, reflexionando antes de responder.
Sus ojos se perdieron en el horizonte mientras evocaba los recuerdos.
—Farbauti era un hombre de gran fortaleza y coraje —empezó Balder—.
Era un guerrero formidable, conocido por su habilidad en el combate y su lealtad inquebrantable.
No era un hombre de muchas palabras, pero su presencia imponía respeto y admiración.
Siempre estaba dispuesto a defender a los suyos y a luchar por lo que creía justo.
Recuerdo cómo lideraba a su gente con una determinación que no conocía descanso.
Loki escuchaba atentamente, absorbiendo cada palabra.
—Y tu madre, Laufey —continuó Balder—, era la encarnación de la sabiduría y la serenidad.
A pesar de su fuerza como gigante, tenía una delicadeza en su manera de ser que la hacía destacar.
Era una figura protectora, no solo para ti, sino para todos los que la rodeaban.
Su amor y cuidado eran palpables.
La forma en que te miraba, cómo te mantenía cerca, era un reflejo de su devoción y su esperanza para un futuro mejor.
Loki asintió, una mezcla de emociones en su rostro.
Balder y Loki estaban casi en la entrada de Jotkdalr, y el río a sus espaldas ya no era más que un recuerdo lejano.
Mientras caminaban, Balder continuó con su relato sobre el pasado, ofreciendo a Loki una visión más completa de los eventos que habían llevado a la creación de la runa de aprisionamiento.
—Odin no quería hacerles perder el tiempo, así que condujo a tus padres al Gran Salón de Asgard —dijo Balder—.
Era un lugar majestuoso, donde se llevaban a cabo los asuntos más importantes y donde el destino de los reinos a menudo se decidía.
Fue allí donde se planteó la inquietud más grave que enfrentaba Asgard y Jotunheim.
Loki escuchaba con atención, imaginando el ambiente solemne del Gran Salón.
—Mi padre, Odin, habló sobre una amenaza que había llegado desde los cielos: Nictofer —continuó Balder—.
Describió a Nictofer como una entidad de poder inconmensurable, una fuerza que había descendido del firmamento en forma de una bola de fuego.
La devastación que había causado en Midgard era inmensa; había masacrado a incontables mortales, y su poder era tal que superaba el de cualquier enemigo conocido, incluso el de Odin.
Loki frunció el ceño, procesando la magnitud de la amenaza descrita.
—Mi padre advirtió que Nictofer no era una amenaza que pudiera enfrentarse sin preparación —dijo Balder—.
La magnitud de su poder era tal que un ataque directo sería un suicidio.
Era necesario idear un plan meticuloso y reunir una armada gigantesca para tener alguna posibilidad de éxito.
Nictofer tenía la capacidad de destruir a diez mil hombres en un abrir y cerrar de ojos, una fuerza imparable que requería una estrategia de combate igualmente formidable.
Balder hizo una pausa, mirando a Loki con seriedad.
—Fue en ese momento cuando Odin tomó una decisión crucial.
Decidió confiar a tu padre, Farbauti, la runa de aprisionamiento —dijo Balder—.
Esta runa era un artefacto de un poder inmenso, diseñado para contener a entidades tan poderosas como Nictofer.
Pero usarla no era una tarea sencilla ni sin riesgos.
El hechizo de aprisionamiento, inscrito en textos antiguos, requería el uso de entidades extremadamente poderosas, entidades que a menudo no estaban al alcance de los mortales.
Loki asintió lentamente, entendiendo la gravedad de la situación.
—Odin advirtió a tu padre que el uso de la runa implicaría un gran sacrificio —continuó Balder—.
La activación del hechizo requeriría la vida de quienes lo usaran.
Los textos antiguos no especificaban claramente la naturaleza del sacrificio, pero se entendía que era un precio muy alto, uno que involucraba la vida de los invocadores.
A pesar de la advertencia, tu padre aceptó la runa con la determinación de proteger a su gente y a los reinos.
Comprendió el sacrificio requerido y estaba dispuesto a asumirlo si eso significaba detener a Nictofer y evitar una mayor destrucción.
Loki miró el amuleto en su mano, el peso de la historia y la responsabilidad de la runa más palpable que nunca.
—Así que mi padre tomó la runa sabiendo que el sacrificio sería inevitable —dijo Loki—.
Era una decisión llena de valentía y de una determinación que solo los verdaderos héroes poseen.
Agradezco que me hayas contado esto, Balder.
Ahora entiendo mejor el contexto de todo, y me doy cuenta del sacrificio que mi padre hizo en su lucha contra el mal.
Balder asintió, satisfecho de que Loki comprendiera el significado detrás de la runa.
—Es un legado complicado, pero uno que está lleno de coraje y sacrificio.
Tus padres, al igual que muchos otros héroes y líderes, enfrentaron desafíos monumentales y tomaron decisiones difíciles en nombre del bien mayor.
Ahora, tú también llevas esa responsabilidad.
Tu comprensión de su sacrificio te fortalecerá en tu propia misión.
Loki y Balder continuaron caminando, el paisaje de Jotunheim extendiéndose ante ellos mientras avanzaban hacia Jotkdalr.
Aunque la conversación anterior había arrojado luz sobre muchos aspectos del pasado, Loki aún tenía una inquietud que no podía ignorar.
—Balder —dijo Loki, rompiendo el silencio—, todavía tengo una duda que no me deja tranquilo.
¿Crees que esta runa será realmente capaz de contener a Nictofer?
La batalla contra él fue un infierno, y temo que vuelva a ser liberado.
Balder, notando la preocupación en la voz de Loki, se detuvo por un momento y lo miró a los ojos.
—Entiendo tus temores, Loki —dijo Balder, tratando de tranquilizarlo—.
El único método para romper el hechizo de aprisionamiento de la runa requiere dos cosas específicas.
La primera es un conjuro con palabras específicas, un conocimiento que Odin mismo destruyó el mismo día que entregó la runa a tu padre.
Lo hizo para asegurarse de que no hubiera ningún riesgo, ninguna posibilidad de que alguien pudiera liberar a Nictofer por accidente o con malas intenciones.
Loki asintió lentamente, procesando la información, pero aún con una pregunta en mente.
—¿Y cuál es la segunda cosa?
—preguntó Loki, su voz un poco más firme.
—La sangre del que realizó el hechizo —respondió Balder—.
Ahora que tu padre está muerto, es prácticamente imposible que Nictofer escape.
No hay forma de replicar el conjuro sin su sangre.
Loki dejó escapar un suspiro de alivio, pero su mente seguía llena de preguntas.
—Entonces, esta runa…
¿cuántas veces se ha usado a lo largo de la historia?
—inquirió Loki.
Balder sonrió ligeramente, apreciando la curiosidad de Loki.
—Farbauti, tu padre, fue el primero en usarla —dijo Balder—.
Fue un riesgo enorme.
Odin, a pesar de su poder, nunca logró dominar la runa por completo.
Pero tu padre tenía un dominio de la magia superior al de Odin en ciertos aspectos.
Por eso le confió la runa.
Farbauti era el más capacitado para manejarla y activar el hechizo de aprisionamiento.
Fue un acto de gran valentía y sacrificio, pero también de increíble habilidad y conocimiento.
Loki asimiló estas palabras, comprendiendo la magnitud del legado que había heredado.
—Entonces, mi padre no solo era un gran guerrero, sino también un maestro de la magia —dijo Loki con orgullo en su voz.
—Exactamente —respondió Balder—.
Y ahora ese legado recae sobre ti.
Tu padre confió en tu capacidad para continuar su misión y proteger a los reinos.
Conocer su sacrificio y el poder de esta runa debería darte la fortaleza para enfrentar cualquier desafío que se te presente.
Con una nueva comprensión de su padre y el peso de la responsabilidad que ahora cargaba, Loki se sintió un poco más tranquilo.
Mientras ellos avanzaban hacia Jotkdalr, la conversación les había dado no solo respuestas, sino también una renovada determinación para enfrentar el futuro.
Loki, con una expresión de curiosidad en su rostro, notó algo inusual y preguntó: —¿Y por qué Odin no usó a sus cuervos para transportarnos a todos?
Así hubiera evitado el desgaste excesivo de energía.
Balder, mientras caminaban hacia Jotkdalr con los recipientes llenos de agua, suspiró antes de responder: —No funciona así, Loki.
Los cuervos de Odin, Huginn y Muninn, en efecto tienen el poder de transportar personas a otros espacios, pero hay un límite en cuanto a cuántas personas pueden llevar.
—Balder hizo una pausa, el sonido del agua del río aún resonaba en sus oídos mientras ordenaba sus pensamientos—.
Estos cuervos pueden transportar a un número muy limitado de individuos, exactamente diez.
Es un poder formidable, pero con restricciones claras.
Loki frunció el ceño, procesando la información.
—¿Diez personas?
—repitió, pensativo—.
Entonces, solo pudieron traer a mi padre, a mi madre, y a su guardia más cercana.
Balder asintió.
—Así es.
Y en aquella ocasión, la situación era crítica.
No había tiempo que perder, y transportar a más de diez personas habría requerido un método diferente, uno que no era seguro en ese momento.
Además, Odin quería asegurarse de que los representantes de Jotunheim llegaran a salvo y sin demora.
Loki asintió lentamente, comprendiendo mejor la situación.
Cuando Loki y Balder llegaron a las imponentes puertas de Jotkdalr, Loki sonrió agradecido.
—Gracias por la charla, Balder —dijo Loki con una ligera inclinación de cabeza.
—De nada, Loki.
Siempre es bueno hablar —respondió Balder con una sonrisa.
Loki se volvió hacia los centinelas y les hizo un gesto.
—¡Abrid las puertas!
—ordenó con la autoridad de un rey.
Los centinelas obedecieron de inmediato, las enormes puertas comenzaron a abrirse lentamente con un chirrido que resonaba en el aire.
Apenas se abrió un espacio suficiente, Loki se quedó helado al ver quién estaba esperándolos del otro lado.
Ahí, en el umbral, estaba su madre, Laufey, con una expresión de enojo inconfundible en su rostro.
A su lado, la sacerdotisa del pueblo, una mujer de mirada severa y cejas fruncidas, sostenía un libro de hechizos antiguo en sus manos.
—¡Madre!
—exclamó Loki, sorprendido y asustado, dando un paso atrás instintivamente—.
¿Qué… qué estás haciendo aquí?
Laufey cruzó los brazos, mirándolo con un ojo entornado.
—¿Qué estoy haciendo aquí?
—replicó con un tono gélido—.
La pregunta correcta es, ¿qué estabas haciendo tú, Loki?
¡Eres el rey de Jotunheim!
¡No puedes desaparecer así nomás sin avisar!
Loki tragó saliva, nervioso.
Balder, a pesar de ser un dios, intentó contener una sonrisa al ver la escena.
Loki levantó las manos en un gesto de apaciguamiento.
—Madre, yo… solo fui a buscar agua.
¿Qué podría haber pasado?
—dijo Loki, tratando de sonar despreocupado, pero su voz temblaba ligeramente.
La sacerdotisa intervino, su mirada perforante sobre Loki.
—Y a juzgar por tu apariencia, parece que te has metido en más problemas de los que quieres admitir, joven rey.
Loki miró a Balder en busca de apoyo, pero Balder simplemente se encogió de hombros, disfrutando la escena.
—Balder, ¿podrías…?
—intentó Loki.
Balder sonrió abiertamente ahora.
—Loki, creo que esto es algo que debes resolver tú mismo —dijo con un tono divertido, conteniendo la risa.
Loki suspiró, resignado.
Luego, en un intento por desviar la atención y quizás suavizar la situación, levantó los recipientes de agua que había llenado en el río.
Laufey lo miró fijamente durante un largo momento antes de soltar un suspiro profundo.
—Entra, Loki.
Tenemos mucho de qué hablar —dijo finalmente, girando sobre sus talones y entrando al pueblo, la sacerdotisa siguiéndola de cerca.
Loki soltó un suspiro de alivio y miró a Balder, quien le dio una palmada en la espalda.
—Buena suerte, majestad —dijo Balder, sonriendo.
Loki puso los ojos en blanco mientras seguía a su madre y a la sacerdotisa dentro de Jotkdalr, preparándose mentalmente para lo que seguramente sería una larga conversación.
Loki, como nuevo rey de Jotunheim, hay ciertas tradiciones que no podemos simplemente pasar por alto —dijo Laufey con un tono firme—.
Una de ellas es la ceremonia de coronación.
No solo es una formalidad; es un símbolo para nuestra gente.
—Madre, con todo respeto, ya tengo bastante con la responsabilidad de ser rey —respondió Loki, tratando de mantenerse calmado—.
No veo la necesidad de perder tiempo con una ceremonia pomposa.
Hay asuntos más urgentes que requieren mi atención.
—Sé que eres reacio a las ceremonias, pero esto es más que una simple formalidad —insistió Laufey, mirándolo con severidad—.
El pueblo necesita ver a su nuevo rey.
Deben verte tomar el trono con dignidad y autoridad.
Necesitan sentir que tienen un líder fuerte y seguro para guiarlos en tiempos de incertidumbre.
—Pero ya he demostrado mi capacidad en la batalla.
¿Acaso no es suficiente con lo que ya he hecho?
—protestó Loki, frunciendo el ceño—.
La gente ya sabe quién soy y de lo que soy capaz.
—Loki, no subestimes el poder de un símbolo —intervino la sacerdotisa, hablando con una calma que contrastaba con la tensión en la habitación—.
Una coronación no es solo para ti, es para todos en Jotunheim.
Es un momento que unirá a nuestra gente y les dará un sentido renovado de esperanza y propósito.
Los tiempos han sido difíciles, y una ceremonia de coronación es una manera de reafirmar que hay un nuevo liderazgo fuerte que guiará a todos hacia tiempos mejores.
—Además, hijo, es importante mostrar que estamos unidos —agregó Laufey con un toque de suavidad en su voz—.
Una ceremonia es también una oportunidad para que nuestros aliados vean que Jotunheim tiene un líder estable y poderoso.
—Entiendo, pero siento que hay problemas más inmediatos que debemos abordar antes de preocuparnos por la ceremonia —respondió Loki, sintiendo la presión de las expectativas.
—Loki, la fuerza de un rey no solo se muestra en la batalla, sino también en cómo une a su pueblo —continuó la sacerdotisa, mirándolo directamente a los ojos—.
Esta ceremonia es una oportunidad para ti de mostrar que estás aquí para todos, y que Jotunheim está listo para enfrentar cualquier desafío bajo tu liderazgo.
—Está bien, entiendo el punto —suspiró Loki, aceptando a regañadientes—.
Si la coronación es lo que se necesita para dar esperanza y estabilidad, lo haré.
Pero espero que esto no se convierta en una distracción de los asuntos que realmente importan.
—Gracias, hijo.
Sé que estás haciendo lo correcto para Jotunheim —concluyó Laufey, sonriendo con aprobación.
Laufey y la sacerdotisa se retiraron, dejando a Loki solo en la entrada de la fortaleza.
Loki miró hacia el cielo, tomó una profunda respiración y murmuró para sí mismo: —Ay, carajo.
Mientras el eco de sus pasos resonaba en la sala vacía, Loki se quedó contemplando el horizonte desde la entrada de Joktldar.
Las palabras de su madre y la sacerdotisa pesaban en su mente.
Aunque había aceptado la necesidad de la ceremonia de coronación, no podía evitar sentir la carga de sus nuevas responsabilidades como rey.
Sabía que el camino por delante estaría lleno de desafíos, tanto internos como externos, y que cada decisión que tomara sería observada con atención.
Sin embargo, en ese momento de soledad, comprendió que la verdadera prueba de liderazgo no era solo enfrentarse a enemigos, sino también ganar la confianza de su gente.
Con un suspiro profundo, Loki se preparó para lo que vendría, dispuesto a demostrar que era digno del título que ahora ostentaba.
El destino de Jotunheim estaba en sus manos, y no pensaba defraudar a quienes confiaban en él.
La era de Loki como rey apenas comenzaba, y con ella, un nuevo capítulo en la historia de los nueve reinos.
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