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FALLEN GODS (DIOSES CAIDOS) - Capítulo 7

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  3. Capítulo 7 - 7 CAPITULO 3 PARTE 1 Lo que Debo Ser
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7: CAPITULO #3 PARTE 1: Lo que Debo Ser 7: CAPITULO #3 PARTE 1: Lo que Debo Ser Han pasado dos semanas desde que Loki aceptó su destino como rey de Jotunheim.

Durante ese tiempo, la imponente figura de Laufey, madre del nuevo monarca, se había volcado por completo en los preparativos para la ceremonia de coronación, una celebración que no solo marcaría el inicio de un nuevo reinado, sino que también simbolizaría la esperanza de un futuro próspero para su pueblo.

Laufey, con la serenidad que solo los años de experiencia podían otorgarle, comenzó por seleccionar el lugar más sagrado de Joktldar para llevar a cabo la ceremonia.

El Gran Salón de Hielo, un vasto recinto esculpido en la roca y hielo más antiguos del reino, fue escogido para esta ocasión tan especial.

Sus paredes translúcidas, que reflejaban la luz de las antorchas en un juego de sombras y destellos, serían testigo de la coronación de su hijo.

El salón fue adornado con los más finos tapices de seda azul y plateada, que narraban las gloriosas leyendas de Jotunheim.

Cada uno de estos tapices había sido tejido por las manos más hábiles del reino, y en ellos se podía ver a los antiguos reyes, a los dioses y a las criaturas míticas que habitaban el mundo desde tiempos inmemoriales.

Los suelos de hielo pulido brillaban como un espejo bajo la luz de miles de velas, que fueron colocadas meticulosamente en candelabros de cristal que colgaban del techo en hileras interminables.

En el centro del salón, sobre una plataforma elevada, se encontraba el trono de hielo tallado con la magia más poderosa del reino, un asiento digno de un rey, donde Loki recibiría su corona.

A su alrededor, Laufey había dispuesto un círculo de runas antiguas, grabadas en el suelo con la ayuda de la sacerdotisa, para invocar la protección de los antiguos dioses y garantizar que el reino prosperara bajo el mandato de su hijo.

Las puertas del Gran Salón fueron decoradas con guirnaldas de hojas perennes y flores de invierno, traídas desde los rincones más lejanos de Jotunheim.

Estas plantas, conocidas por sus propiedades mágicas, habían sido bendecidas por los druidas del reino para garantizar que la fuerza vital de la tierra acompañara al nuevo rey en cada paso que diera.

En los días previos a la ceremonia, Laufey supervisó personalmente la elaboración de las vestiduras reales.

El atuendo de coronación de Loki debía ser majestuoso y lleno de simbolismo, reflejando tanto la herencia de los gigantes de hielo como su nuevo estatus como rey.

Los sastres reales trabajaron día y noche para confeccionar una capa de piel de oso polar, bordeada con hilos de plata, que se posaría sobre los hombros de Loki como un recordatorio de su fortaleza y su conexión con las tierras heladas de Jotunheim.

El resto de su vestimenta estaba compuesta de tonos azules profundos y blancos inmaculados, adornados con joyas y runas protectoras.

Además de los aspectos visuales, Laufey también organizó un banquete digno de la ocasión.

Se ordenaron manjares exquisitos, como carne de reno asada, pescados traídos de los ríos más prístinos, y frutas conservadas con magia para resistir las inclemencias del invierno.

Cada plato estaba pensado para resaltar los sabores únicos de Jotunheim, mientras que los calderos se llenaron con el hidromiel más fino, fermentado durante décadas en las profundidades de las cuevas heladas.

Finalmente, la música, otro aspecto fundamental de la ceremonia, fue cuidadosamente planeada.

Los bardos más talentosos del reino fueron convocados para tocar las melodías ancestrales que acompañarían la coronación.

Estas canciones, transmitidas de generación en generación, eran cantos de poder que resonarían en los corazones de todos los presentes, recordándoles las glorias del pasado y alentándolos hacia un futuro prometedor.

Laufey, con un ojo atento y un corazón lleno de determinación, se aseguró de que todo estuviera perfecto para el gran día.

Sabía que la coronación de su hijo no solo sería un evento monumental en la historia de Jotunheim, sino también una declaración de poder y esperanza que resonaría en todos los rincones de los nueve reinos.

Eirik, el mejor amigo de Loki, avanzaba por los pasillos helados de Jotunheim, donde los ecos de los preparativos para la coronación resonaban en el aire.

Las paredes, esculpidas con runas antiguas, parecían vibrar con la actividad que las rodeaba.

Al final del corredor, Laufey, la reina madre, supervisaba todo con una mirada atenta, asegurándose de que cada detalle estuviera en su lugar para el gran día.

Al llegar al salón principal, Eirik se detuvo un momento para observar a Laufey, quien, a pesar del caos a su alrededor, mantenía un porte majestuoso y sereno.

Con un paso firme, Eirik se acercó a ella, inclinando ligeramente la cabeza en señal de respeto.

—Reina madre —saludó Eirik, su tono cordial, pero firme, mientras se detenía junto a ella.

Laufey, percibiendo su presencia, giró para mirarlo, esbozando una ligera sonrisa.

—Eirik —respondió, con una mezcla de afecto y curiosidad—.

Qué bueno verte aquí.

—Eirik, tú siempre has sido un amigo fiel de mi hijo.

¿Qué es lo que te trae hasta aquí?

—Laufey —respondió Eirik, usando un tono más personal—, he estado observando a Loki desde que todo esto comenzó.

Desde la batalla hasta su reciente ascenso como rey.

Siempre supe que tenía un destino grandioso, pero incluso para él, esto es un gran paso.

No puedo evitar preocuparme por él.

Gobernar no es tarea fácil, y Loki…

bueno, sabes cómo es.

Es brillante, pero también impulsivo.

Esta responsabilidad lo cambiará, pero no sé si está preparado.

Laufey suspiró, mostrando un destello de preocupación en sus ojos.

—Loki siempre ha sido un espíritu libre, Eirik.

Desde pequeño mostró una gran habilidad para la magia, y su ingenio lo distinguía entre los demás.

Pero tienes razón, el trono trae consigo una carga que nunca ha tenido que llevar.

Es cierto que ha demostrado su valentía, pero gobernar no solo se trata de ser valiente en el campo de batalla.

Debe aprender a ser sabio, a tomar decisiones difíciles por el bien de su pueblo, y a anteponer sus propios deseos por el bienestar de Jotunheim.

Eirik asintió, reflexionando sobre las palabras de Laufey.

—He visto cómo Loki enfrenta desafíos imposibles, cómo supera obstáculos que otros considerarían insalvables.

Pero también he visto cómo, a veces, se deja llevar por su orgullo y su deseo de probarse a sí mismo.

Ahora que es rey, tendrá que aprender a controlar esos impulsos.

La gente mirará hacia él no solo como un líder, sino como un símbolo de esperanza.

Debe estar a la altura.

Laufey miró a Eirik con un afecto maternal.

—Siempre supe que este día llegaría, pero nunca imaginé que sería tan pronto.

Loki debe practicar sus juramentos, aprender a hablar no solo con el poder de un rey, sino con la sabiduría de un líder que entiende el peso de sus palabras.

Pero, una vez más, está retrasado.

Un destello de furia cruzó el rostro de Laufey.

—¿Dónde está ahora?

—preguntó, claramente molesta por la falta de puntualidad de su hijo.

Eirik no pudo evitar sonreír, sabiendo que Loki probablemente estaba en algún lugar causando alguna travesura o evitando la responsabilidad.

—Buscaré a Loki, Laufey.

No se preocupe, me aseguraré de que esté listo.

Laufey lo observó con una mezcla de gratitud y frustración.

—Hazlo, Eirik.

Y dile que, si no aparece pronto, tendrá que enfrentarse a una furiosa madre.

Cerca del tranquilo pueblo de Joktldar, Loki se encontraba al pie de un lago cristalino, en una zona apartada de la vista de los demás.

El agua era tan clara que reflejaba las montañas nevadas y el cielo gris, creando una atmósfera de serenidad.

Loki, sentado en una postura meditativa, cerraba los ojos y se concentraba profundamente.

El entorno estaba en silencio, roto solo por el suave susurro del viento y el ocasional chapoteo de un pez.

A medida que Loki respiraba profundamente, sentía cómo su energía interna se alineaba con la naturaleza que lo rodeaba.

La calma que lo envolvía era casi palpable, como si el tiempo se hubiera detenido en aquel rincón del mundo.

Después de un momento de absoluta quietud, Loki se levantó lentamente, manteniendo su equilibrio con una gracia innata.

Su rostro mostraba una expresión de paz profunda, como si hubiera encontrado un centro inquebrantable dentro de sí mismo.

Lentamente, extendió sus manos en dirección al lago, concentrando toda su energía en ellas.

De repente, una ráfaga invisible de poder se disparó de sus palmas, surcando el aire y alcanzando la superficie del agua.

En ese instante, el lago entero se agitó violentamente, como si una fuerza titánica hubiera sacudido sus profundidades.

El agua se elevó en una ola poderosa, que luego se dispersó en mil direcciones, creando una sinfonía de gotas relucientes bajo la luz tenue del día.

El poder de Loki había crecido de manera exponencial en las últimas semanas.

Sus habilidades, que una vez fueron meras chispas de magia incontrolada, ahora eran torrentes de energía pura que respondían a su voluntad con una precisión letal.

Cada día que pasaba, sentía cómo su conexión con las antiguas artes se fortalecía, alimentada por su deseo inquebrantable de proteger a su pueblo.

Loki no era un rey que ansiara el poder por el poder mismo; su ambición no residía en la dominación política o en los juegos de intriga que tanto fascinaban a otros.

Para él, la verdadera fuerza de un líder se medía por su capacidad de salvaguardar a aquellos bajo su protección.

Loki, desde joven, observaba cómo su padre gobernaba con firmeza y astucia.

Aunque respetaba la manera en que Farbauti manejaba la política, Loki nunca se sintió del todo cómodo con las intrigas y los juegos de poder que venían con el título de rey.

Veía cómo su padre se enfrentaba a interminables reuniones y decisiones que, aunque necesarias, a menudo se alejaban de lo que realmente importaba: la seguridad y el bienestar de su gente.

Con el tiempo, esos recuerdos moldearon su perspectiva.

A pesar de que su poder se había incrementado significativamente, y su deseo de proteger a su pueblo era más fuerte que nunca, Loki no encontraba satisfacción en los aspectos políticos del liderazgo.

Para él, la verdadera esencia de ser un líder no estaba en las palabras cuidadosas o en las alianzas estratégicas, sino en el acto de proteger, de ser el escudo que mantuviera a su pueblo a salvo.

Mientras su padre navegaba las complejidades de la política, Loki observaba desde las sombras, prometiéndose a sí mismo que, cuando llegara su turno, su enfoque sería diferente Loki sentado junto al borde del lago, sumido en una profunda reflexión.

La superficie del agua, tranquila y reflejante, parecía un espejo para su mente agitada.

El sonido suave del agua que se movía con el viento le ofrecía una calma momentánea, permitiéndole centrar sus pensamientos.

Mientras observaba las ondas que se formaban en el agua, Loki no podía evitar recordar cómo su padre, el antiguo rey, había manejado el reino con una mezcla de poder y sabiduría.

“Mi padre entendía cómo equilibrar el poder y la política,” pensaba Loki.

“Ahora que soy yo quien llevara la corona, veo que el desafío sera mucho mayor de lo que imaginaba.” El sol estaba alto en el cielo, proyectando reflejos dorados en el lago, pero para Loki, el calor del sol no era suficiente para disipar la frialdad de sus dudas.

“Antes, estaba a distancia, observando las decisiones de mi padre sin realmente comprender el peso que conllevaban.

Ahora, ese peso estará sobre mis hombros.” Loki se levantó lentamente, extendiendo las manos hacia el lago.

Las ondas en el agua se volvían más intensas, como si reflejaran sus emociones.

“El deseo de proteger a mi pueblo es lo que me impulsa, pero la política y la diplomacia…

eso es algo que aún estoy tratando de dominar.

Mi padre sabía cómo hacer que todo funcionara sin que la gente sintiera el peso de las decisiones más duras.

¿Podré yo hacer lo mismo?” Mirando su reflejo en el agua, Loki pensaba en cómo su enfoque en la protección había sido en parte un refugio.

“Quizás mi inclinación hacia la protección es una manera de evitar enfrentar la complejidad de la política y el gobierno.

Pero este reino necesita más que solo buenas intenciones.

Necesita dirección y estabilidad.” Con un suspiro profundo, Loki volvió a sentarse junto al lago, sintiendo el peso de sus responsabilidades más claramente.

“No solo debo tomar decisiones.

Debo ser un símbolo de esperanza y fortaleza para mi gente.

Quizás mi camino como rey no sea solo gobernar, sino también encontrar la manera de unir y fortalecer a mi pueblo.” Loki se levantó con renovada determinación, dispuesto a enfrentar los retos del día y a buscar el equilibrio entre el liderazgo y la protección que tanto anhelaba ofrecer.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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