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FALLEN GODS (DIOSES CAIDOS) - Capítulo 8

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  3. Capítulo 8 - 8 CAPITULO 3 PARTE 2 Tensiones Oscuras
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8: CAPITULO #3 PARTE 2: Tensiones Oscuras 8: CAPITULO #3 PARTE 2: Tensiones Oscuras Loki escuchó unos sonidos fuertes que rompían la serenidad del lago, interrumpiendo su meditación.

La preocupación se dibujó en su rostro mientras se transformaba en águila, elevándose rápidamente hacia el cielo.

Las alas extendidas le permitieron sobrevolar el lago con facilidad, dirigiéndose hacia el origen del ruido.

Al llegar al lugar, Loki se posó en lo alto de un robusto árbol, manteniéndose en la sombra de sus frondosas ramas mientras volvía a su forma normal.

Desde su posición elevada, observó la escena que se desarrollaba en el claro.

Thor, Balder y Tyr estaban inmersos en un entrenamiento intenso.

Thor, con su imponente figura y su martillo Mjolnir en mano, ejecutaba poderosos golpes en el aire, su fuerza evidente en cada movimiento.

Balder, con su destreza y agilidad, se movía rápidamente, esquivando los ataques y contraatacando con precisión.

Tyr, con su aspecto serio y decidido, parecía concentrado en técnicas de combate avanzadas, sus movimientos meticulosos y calculados.

El sonido de los choques de armas y el rugido de los dioses en combate resonaban a través del bosque.

Loki observó cómo Thor lanzaba potentes golpes a Balder, quien a su vez respondía con una habilidad ágil que solo un dios podría tener.

Tyr, por su parte, entrenaba con una intensidad que reflejaba tanto su experiencia como su determinación.

Loki notó que el entrenamiento era más que una simple práctica.

La forma en que los dioses se movían y luchaban indicaba que estaban preparándose para algo significativo.

La intensidad del ejercicio reflejaba una preparación para posibles conflictos o desafíos futuros.

Sin poder evitarlo, Loki sintió una mezcla de admiración y inquietud al observar a los dioses en acción.

La destreza y fuerza que demostraban eran impresionantes, y la dedicación con la que se preparaban para lo que pudiera venir no pasaba desapercibida para él.

Desde lo alto, en el árbol que le ofrecía una vista estratégica, Loki observó con atención el entrenamiento de los dioses.

Mientras veía a Thor, Balder y Tyr perfeccionar sus habilidades, su mente se sumió en una profunda reflexión.

Loki se preguntaba si, al igual que él, los dioses compartían una inquietud constante sobre su propia fortaleza.

En su interior, se cuestionaba si los dioses también sentían la presión de prepararse para amenazas futuras, aquellas que podrían ser equivalentes o incluso superiores a Nictofer.

La visión de los dioses entrenando con tal intensidad le hizo pensar en la posibilidad de que ellos también tenían que enfrentarse a peligros que podrían poner en riesgo no solo a su pueblo, sino a los propios reinos.

El entrenamiento feroz y meticuloso que observaba parecía indicar que los dioses estaban conscientes de la gravedad de la situación, y su esfuerzo por mantenerse en la mejor forma posible era prueba de ello.

Loki no podía evitar preguntarse si existían amenazas tan formidables que incluso ellos, con toda su fuerza y habilidad, debían prepararse con tanto esmero.

El pensamiento de que podía haber enemigos tan poderosos como Nictofer, o incluso más, lo hizo reflexionar sobre la fragilidad de su propia existencia y la de aquellos que protegía.

Sabía que la fuerza no solo se medía en la capacidad de infligir daño, sino en la habilidad de anticipar y prepararse para lo inesperado.

Y al observar a los dioses, Loki se dio cuenta de que, a pesar de su papel como rey, su responsabilidad no solo era proteger a su pueblo, sino también mantenerse vigilante y listo para cualquier amenaza que pudiera surgir.

Mientras la escena de entrenamiento continuaba ante él, Loki sintió una mezcla de admiración y preocupación.

Los dioses estaban comprometidos con su preparación, y esa dedicación reflejaba un entendimiento profundo de la amenaza que representaban las fuerzas que podían estar en movimiento.

Para Loki, era un recordatorio de que la fuerza y la preparación eran esenciales, no solo para enfrentar a los enemigos conocidos, sino también para estar listo para los desafíos que aún estaban por venir.

Thor y Tyr, aún de pie tras su combate previo, se enfrentaban a Balder, quien se movía con la agilidad de un felino, sus espadas luminosas cortando el aire con destellos cegadores.

Thor, con su martillo en alto, y Tyr, blandiendo sus hachas de combate, sabían que enfrentarse a Balder requería una combinación de fuerza y estrategia.

Balder atacó primero, lanzándose hacia Thor con una velocidad que desafiaba la vista.

Sus espadas destellaban mientras cortaban el aire, buscando las aberturas en la defensa del dios del trueno.

Thor bloqueó el ataque con Mjolnir, el choque de las armas resonando en todo el lago.

Pero Balder no se detuvo; su agilidad le permitió girar rápidamente y lanzar un segundo ataque antes de que Thor pudiera contraatacar.

Tyr, viendo una oportunidad, cargó hacia Balder desde un lado, sus hachas girando en un torbellino mortal.

Sin embargo, Balder, con una destreza asombrosa, esquivó el ataque y respondió con un corte preciso que Tyr apenas logró desviar.

Los tres dioses estaban en un intenso intercambio de golpes, cada uno mostrando su maestría en el combate.

Balder, usando su velocidad, logró posicionarse detrás de Thor y Tyr, lanzando un golpe que casi alcanzó a Thor.

Sin embargo, el dios del trueno, con sus reflejos rápidos, giró y bloqueó el ataque con Mjolnir, lanzando a Balder hacia atrás.

Tyr aprovechó el momento para lanzar una de sus hachas, obligando a Balder a retroceder aún más.

El combate continuó con una furia impresionante.

Balder tomaba ventaja en varios momentos, su agilidad le permitía golpear y esquivar con precisión milimétrica.

Sin embargo, la combinación de la fuerza bruta de Thor y los reflejos afilados de Tyr comenzó a inclinar la balanza.

Balder se encontró acorralado, sus ataques siendo contrarrestados con mayor eficacia a medida que Thor y Tyr coordinaban mejor sus movimientos.

El combate se intensificó cuando Balder, en un último esfuerzo, se lanzó hacia Thor con la velocidad de un rayo, sus espadas brillando con una energía casi cegadora.

Pero Thor, con su fuerza inquebrantable, interceptó el ataque con Mjolnir, creando una onda de choque que resonó por todo el lago.

Balder se tambaleó, pero antes de que pudiera recuperarse, Tyr se lanzó hacia él con una velocidad sorprendente, sus hachas girando en un torbellino mortal.

Balder intentó esquivar, pero la coordinación entre Thor y Tyr fue impecable.

Con un golpe contundente, Thor golpeó a Balder con Mjolnir, lanzándolo al aire.

En ese preciso momento, Tyr, con una precisión mortal, lanzó una de sus hachas, que impactó en el hombro de Balder, desarmándolo completamente.

Balder cayó al suelo con fuerza, sus espadas soltadas, y antes de que pudiera levantarse, Tyr lo alcanzó, asestando un golpe con la empuñadura de su hacha que lo dejó fuera de combate.

El cuerpo de Balder quedó inmóvil en el suelo, inconsciente.

Thor y Tyr, ambos respirando con dificultad, se acercaron para asegurarse de que su compañero no estuviera gravemente herido.

Thor, con una mirada de respeto, levantó a Balder y lo colocó con cuidado a un lado, mientras Tyr recogía las espadas caídas.

Loki, desde su posición elevada, observó cómo Thor y Tyr se mantenían en pie, los únicos vencedores en una batalla que había demostrado no solo la fuerza de los dioses, sino también su lealtad y determinación para proteger su mundo.

Aunque sus pensamientos seguían centrados en las futuras amenazas, no pudo evitar sentirse orgulloso de sus compañeros.

Después de semejante ataque, Thor se muestra emocionado, una chispa de desafío en sus ojos mientras esboza una sonrisa salvaje.

Sin perder tiempo, ambos guerreros corren a la carga, el sonido de sus pasos retumba como truenos.

Tyr, con una agilidad inesperada para alguien de su tamaño, se lanza hacia Thor con una embestida brutal, chocando contra él con la fuerza de un vendaval y lanzándolo hacia los árboles cercanos.

Thor apenas tiene tiempo de recuperar el equilibrio cuando Tyr, en un despliegue de velocidad, ya está sobre él.

Con una fuerza titánica, Tyr le asesta un potente golpe directo al rostro de Thor, el impacto resonando por todo el bosque.

Thor sale disparado hacia un árbol, rompiendo su corteza en pedazos al chocar contra él.

El estruendo del choque deja un silencio temporal en el aire, mientras Thor, con sangre en la boca y una risa vibrante, se prepara para el siguiente asalto, demostrando que aún le queda mucho por dar en esta feroz batalla.

Loki, desde su escondite, observa con asombro la brutalidad del entrenamiento entre los asgardianos.

La intensidad del combate lo hace darse cuenta de lo formidables que son estos guerreros, superando con creces lo que había imaginado.

Mientras Loki sigue atento, el enfrentamiento entre Thor y Tyr continúa con una ferocidad implacable.

Tyr, aprovechando un momento de apertura, se mueve con rapidez y trata de inmovilizar a Thor aplicando un candado por detrás del cuello, usando toda su fuerza para someterlo.

Sin embargo, la poderosa musculatura de Thor hace que este esfuerzo sea en vano.

Con un rugido de esfuerzo, Thor agarra a Tyr y lo lanza al suelo con un impacto que sacude la tierra.

Tyr se reincorpora rápidamente, pero Thor no pierde tiempo y le asesta otro golpe directo que lo deja aturdido.

A pesar de esto, Tyr no se da por vencido y responde con un puñetazo, que Thor logra bloquear con facilidad.

Tyr intenta golpear con su otro brazo, pero Thor también lo detiene, atrapando ambos brazos con una fuerza que parece inquebrantable.

Thor aprieta con tal intensidad que parece que Tyr no tiene escapatoria.

Desesperado, Tyr abre una mano, y sus hachas, respondiendo a su llamado, vuelan hacia él con velocidad.

Thor, viendo que las hachas vienen directamente hacia ellos, se ve obligado a apartarse ligeramente para evitar el impacto directo.

Sin embargo, en el proceso, una de las hachas logra darle un ligero corte en la mejilla antes de que Tyr atrape sus armas, listo para continuar la batalla.

Tyr tomó impulso, lanzándose hacia Thor con un cabezazo feroz que resonó como un trueno.

Pero Thor, con reflejos de un guerrero consumado, lo sujetó de los brazos antes de que Tyr pudiera apartarse.

Con un movimiento poderoso, Thor levantó su martillo y lo estrelló brutalmente en la cara de Tyr.

El impacto fue devastador, enviando a Tyr tambaleándose hacia atrás, su rostro distorsionado por el dolor.

Pero ese golpe fue más que físico; algo oscuro y profundo se quebró dentro de Tyr.

De repente, sus recuerdos de las guerras más sangrientas se agolparon en su mente, como si un río de sangre y terror inundara su conciencia.

Los gritos de los caídos y el rugido de las batallas resonaron en sus oídos, y su mirada, antes clara y resuelta, comenzó a cambiar.

Las pupilas de Tyr se contrajeron, volviéndose puntiagudas, y sus ojos adquirieron un brillo salvaje, casi inhumano.

Su respiración se volvió errática, como si estuviera luchando por mantenerse en control, pero el dolor y la ira eran demasiado poderosos.

Su mandíbula se tensó, y un gruñido bajo y gutural surgió de su garganta.

El sonido creció, transformándose en un rugido aterrador, el grito de una bestia liberada de sus cadenas.

El cambio fue aterrador y repentino.

Tyr, consumido por sus propios demonios, dejó de ser un guerrero racional.

Su cuerpo se encorvó ligeramente, como un depredador a punto de lanzarse sobre su presa.

Sus movimientos se volvieron erráticos, descontrolados, pero también increíblemente rápidos y peligrosos.

Con un rugido que helaba la sangre, Tyr se lanzó nuevamente hacia Thor.

Pero esta vez, su ataque no tenía ninguna estrategia ni control; era pura furia y brutalidad.

Sus hachas se movían en un frenesí caótico, golpeando con una fuerza destructiva que hacía temblar el suelo bajo sus pies.

Thor, aunque impresionado y momentáneamente desconcertado, levantó su martillo para bloquear los ataques, pero cada golpe de Tyr era tan impredecible y salvaje que parecía imposible de detener.

Tyr, ahora en su estado más primitivo y salvaje, luchaba como un animal acorralado, sus ojos desorbitados, su boca desencajada en una mueca de pura rabia.

La batalla se transformó en un caos absoluto, un torbellino de violencia en el que Tyr se había convertido en una fuerza de la naturaleza, imparable e implacable.

Tyr, ahora completamente dominado por su estado salvaje, se lanza hacia Thor con la fuerza y agilidad de una bestia desatada.

En un instante, embiste a su hermano y lo estrella contra una enorme roca, desencadenando una serie de golpes implacables que retumban en todo el lugar.

Cada puñetazo de Tyr es más feroz que el anterior, hasta que la roca finalmente se parte en dos, cediendo ante su furia.

Thor, sintiendo el poder incontrolable de su hermano, intenta alcanzarlo a través de las palabras, hablando con voz firme mientras recibe los golpes.

—¡Tyr, debes controlarte!

¡Esto no es quien eres!—exclama Thor, tratando de apelar a la razón de su hermano.

Sin embargo, los ataques de Tyr no cesan.

Sus puños caen como martillos implacables, cada vez más rápidos y violentos.

Sin recibir respuesta alguna, Thor entiende que no hay otra opción.

Con un movimiento rápido, llama al Mjolnir a su mano.

Espera el momento adecuado, y en una pequeña brecha en la defensa de Tyr, Thor lanza el martillo con toda su fuerza, golpeándolo en el pecho.

El impacto resuena como un trueno, y Thor sigue con dos golpes más, asegurándose de que Tyr caiga al suelo, aparentemente derrotado.

Thor permanece en guardia, observando con preocupación a su hermano, mientras el polvo y la energía de la batalla aún flotan en el aire.

Balder recupera la conciencia lentamente, sus ojos abriéndose a un mundo de confusión y dolor.

Lo primero que ve es a Thor, de pie, aunque claramente lastimado, y a Tyr desplomado en el suelo.

Con el cuerpo aún adolorido, Balder se incorpora y, observando las heridas en Thor, pregunta con preocupación: —¿Qué pasó?

Thor, con la voz cargada de gravedad y fatiga, responde: —Tyr perdió el control.

Balder observa a su hermano menor con preocupación mientras Thor se acerca a Tyr, ahora inmóvil en el suelo.

Con una mezcla de firmeza y compasión, Thor comienza a hablar: —Tyr, sé que las cicatrices de las guerras pasadas aún arden en tu mente.

Todos llevamos marcas de batallas que no se borran con el tiempo, pero no podemos permitir que esos demonios nos controlen.

Somos más que nuestras pesadillas, más que las bestias que enfrentamos en nuestro interior.

Debemos encontrar la fuerza para ser quienes somos en verdad, no lo que el miedo o la ira nos dictan.

Como hermanos, estamos aquí para apoyarnos, para recordarnos el bien que hay en cada uno de nosotros, incluso cuando el dolor parece demasiado grande para soportarlo.

Por un momento, parece que las palabras de Thor llegan a Tyr.

Sin embargo, en un súbito y brutal giro, Tyr extiende su mano y llama a su hacha.

Antes de que Thor pueda reaccionar, Tyr ataca con una precisión despiadada, cortando el talón de Thor con un golpe devastador.

Thor grita de dolor, cayendo de rodillas mientras la sangre brota de la herida, tiñendo de rojo el suelo bajo él.

Con los ojos llenos de furia descontrolada, Tyr se pone de pie.

En un instante, se abalanza sobre Thor, golpeándolo brutalmente en el rostro una y otra vez, cada puñetazo acompañado de un rugido que retumba en los oídos de Balder.

—¡Tyr, ya basta!—grita Balder, su voz desesperada mientras ve cómo su hermano menor sigue atacando sin piedad.

Pero Tyr no se detiene.

La locura en sus ojos es palpable, y con un grito salvaje, empuña su hacha con ambas manos.

Thor, apenas consciente, jadea de dolor, incapaz de defenderse.

En un movimiento aterrador, Tyr levanta el hacha y la hunde profundamente en el pecho de Thor, atravesándolo con una fuerza descomunal.

El sonido de carne desgarrada y huesos quebrados se mezcla con el grito desgarrador de Balder: —¡Tyr, nooooo!—su voz llena de horror y desesperación.

Thor jadea, su aliento se vuelve irregular mientras la sangre empapa su armadura.

Su cuerpo tiembla mientras sus manos intentan, inútilmente, aferrarse al hacha que lo ha atravesado.

La vida parece desvanecerse de sus ojos, dejando un silencio mortal en el aire mientras Balder mira impotente, su corazón roto ante la brutalidad del acto de su hermano.

Loki, desde su escondite en lo alto de un árbol, quedó atónito ante la brutalidad que acababa de presenciar.

Ver a Tyr, uno de los guerreros más respetados y equilibrados, descontrolarse de esa manera lo llenó de un temor profundo.

La escena de la batalla aún resonaba en su mente, cada golpe de Tyr y el sonido del hacha penetrando el pecho de Thor parecían repetirse en su cabeza.

En el campo de batalla, Tyr, con las manos aún firmemente aferradas al mango de su hacha, comenzó a recuperar la conciencia de sus actos.

Sus ojos, antes llenos de furia descontrolada, ahora reflejaban puro terror.

No podía creer lo que había hecho.

Con manos temblorosas, retiró el hacha del cuerpo de Thor y retrocedió unos pasos, perplejo y horrorizado por sus propias acciones.

Thor, jadeando de dolor, se levantó lentamente, el peso de la situación evidente en su expresión.

Balder, quien había presenciado todo desde el momento en que recobró la conciencia, se acercó a Thor con evidente preocupación.

Los dos hermanos se arrodillaron junto a Thor, observando con asombro cómo la herida en su pecho comenzaba a cerrarse ante sus ojos.

—Lo que no me mata, solo me hace más fuerte —pronunció Thor con voz firme, su rostro aún tenso por el dolor, pero con una determinación inquebrantable.

Balder y Tyr intercambiaron miradas de confusión.

No comprendían cómo era posible que Thor hubiera sobrevivido a un ataque tan devastador.

Balder fue el primero en hablar, su voz cargada de preocupación y asombro: —¿Cómo es esto posible, hermano?

Thor, aún recuperándose del dolor, respondió: —Nuestro padre me bendijo con un encantamiento.

Me hizo inmune a todos los ataques físicos.

Sin embargo, hay algo que no me reveló…

algo que podría afectarme, pero nunca dijo qué era.

Tyr, aún con la mirada fija en el suelo, sintió una profunda culpa que lo consumía por dentro.

Aunque el ataque no había afectado a Thor como pensaba, el peso de sus acciones era una carga insoportable.

Sus hombros se hundieron mientras murmuraba en voz baja: —Lo siento…

Sin esperar una respuesta, se dio la vuelta y comenzó a alejarse del campo de batalla, sus pasos pesados reflejando la carga emocional que llevaba.

Balder, al ver a su hermano marcharse, le gritó con desesperación: —¡Tyr, regresa!

¡No es tu culpa!

Pero Tyr no se detuvo.

Su mente estaba enredada en recuerdos dolorosos y en la realidad de lo que casi había hecho.

No podía enfrentar a sus hermanos ni a sí mismo en ese momento.

Thor, con una calma que contrastaba con la intensidad de lo que acababa de suceder, puso una mano en el hombro de Balder y dijo con voz firme: —Déjalo irse, Balder.

Necesita estar a solas.

Cuando has vivido lo que él ha vivido, esos traumas no te abandonan fácilmente.

Balder miró a Thor con preocupación, pero asintió lentamente, entendiendo las palabras de su hermano.

Sabía que Tyr necesitaba tiempo para procesar lo que había pasado, y aunque quería ayudarlo, comprendió que, en ese momento, lo mejor era darle espacio.

Thor y Balder se quedaron en el campo, observando a Tyr desaparecer entre los árboles, mientras una sensación de melancolía y comprensión se asentaba entre ellos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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