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FALLEN GODS (DIOSES CAIDOS) - Capítulo 9

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  3. Capítulo 9 - 9 CAPITULO 3 PARTE 3 Criatura Misteriosa
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9: CAPITULO #3 PARTE 3: Criatura Misteriosa 9: CAPITULO #3 PARTE 3: Criatura Misteriosa Desde su escondite en lo alto del árbol, Loki observaba a Thor y Tyr mientras se preparaban para partir.

Thor levantó su mano al cielo, llamando a los cuervos de su padre.

Loki vio cómo las sombras aladas se materializaban rápidamente, rodeando a los dos dioses con un aire de misticismo.

En un instante, las aves se posaron sobre ellos y, en un destello de magia, Thor y Tyr desaparecieron, teletransportados de vuelta a la cabaña de Odín en Joktldar.

Loki, aún atónito por lo sucedido, quedó solo en la quietud del bosque, reflexionando sobre las tensiones y los misterios que rodeaban a estos poderosos guerreros.

Loki, todavía impactado por lo que acababa de presenciar, salió lentamente de su escondite en el árbol.

Mientras reflexionaba sobre la brutalidad del combate y la salvaje transformación de Tyr, alguien tocó inesperadamente su hombro, haciendo que Loki diera un salto de puro susto.

Volteó rápidamente y se encontró cara a cara con su amigo Eirik, quien también reaccionó de manera graciosa al ver la expresión de terror de Loki.

—¡Qué mierda, Eirik!

—exclamó Loki, aún recuperándose del susto—.

¡Casi me matas del susto!

Lo siento, no sabía que eras tan cobarde —dijo Eirik con una sonrisa burlona, cruzándose de brazos mientras observaba a Loki.

—Me tomaste desprevenido, eso es todo —respondió Loki, tratando de recuperar su compostura.

—Claro, claro —continuó Eirik, sin dejar de reír—.

No creo que le dé buena imagen a Jotkldar tener un rey tan miedoso.

¿Qué dirá el pueblo cuando sepan que su líder salta como un ciervo asustado?

Loki frunció el ceño, pero no pudo evitar sonreír ante la broma de su amigo.

—Ya veremos qué tan miedoso soy cuando sea rey —replicó Loki con un tono juguetón—.

La primera orden que daré será que te den mil azotes por insolente.

—Mil azotes, ¿eh?

—Eirik fingió horror—.

¿Lo harás mientras te escondes detrás de los árboles?

Loki sacudió la cabeza, riéndose a pesar de sí mismo.

—Debería ahorcarte ahora mismo por ser tan estupidamente molesto.

—¿Qué haces tan apartado del pueblo?

—preguntó Eirik, arqueando una ceja mientras miraba a su alrededor.

—Primero estaba entrenando —respondió Loki con un leve encogimiento de hombros—, pero luego algo llamó mi atención.

—¿Y qué fue eso?

—insistió Eirik.

—Los asgardianos —dijo Loki, con un tono de admiración en su voz—.

Estaban entrenando.

Fue increíble verlos en acción.

La fuerza de Thor, la agilidad de Balder, y Tyr…

—Loki hizo una pausa, su expresión se ensombreció un poco—.

Tyr perdió el control de sí mismo en medio del combate y atacó brutalmente a Thor.

Eirik frunció el ceño.

—¿Brutalmente?

¿Cómo?

—Fue como si se transformara en una bestia —explicó Loki, recordando la escena con asombro—.

Se volvió salvaje, imparable.

Pero, sorprendentemente, a pesar de la ferocidad de Tyr, Thor apenas sufrió daño alguno.

Eirik lo miró con asombro.

—Eso suena…

increíblemente aterrador.

¿Y cómo terminó todo?

—Tyr finalmente volvió en sí mismo —Loki se quedó pensativo—.

Pero verlos entrenar fue un espectáculo impresionante y un recordatorio de lo peligrosos que pueden ser los dioses.

—Escuché algo sobre Tyr —dijo Eirik, bajando la voz y acercándose un poco más a Loki, como si compartiera una confidencia—.

Dicen que tiene recuerdos traumáticos de las guerras en las que participó, algo que lo afecta de formas…

oscuras.

Loki lo miró con sorpresa, su interés despertado por el tono serio de Eirik.

—¿Recuerdos traumáticos?

—repitió Loki, inclinándose ligeramente hacia adelante—.

¿Qué tipo de recuerdos?

Eirik se cruzó de brazos y suspiró, mirando hacia el suelo por un momento antes de volver a levantar la vista.

—No conozco todos los detalles —respondió Eirik—, pero se rumorea que Tyr vio cosas en las guerras que ningún ser debería haber presenciado.

Cosas que lo marcaron tan profundamente que, a veces, esos recuerdos resurgen y lo hacen…

perder el control.

Se dice que en esos momentos, no es el Tyr que todos conocemos, sino una especie de bestia.

Inhumano, imparable.

Loki asintió lentamente, sus pensamientos volviendo a la escena que había presenciado.

—Eso explicaría lo que vi hoy —murmuró Loki, aún con una expresión de asombro—.

Fue aterrador, Eirik.

Nunca había visto a alguien pelear de esa forma, con tanta furia descontrolada.

Era como si…

se hubiera transformado en otra persona.

Eirik lo observó, notando la seriedad en la voz de su amigo.

—Es perturbador pensar que alguien con el poder de Tyr pueda perderse de esa manera en sus propios demonios —dijo Eirik, con una mezcla de temor y admiración en su tono—.

Pero supongo que eso nos recuerda que, no importa cuán fuertes sean, incluso los dioses tienen sus propios monstruos internos con los que luchar.

—Bueno, dejando de lado los dioses y sus monstruos —dijo Eirik con una sonrisa, tratando de aligerar el ambiente—, hay algo de lo que quería hablarte.

¿Cómo te sientes sabiendo que en una semana te convertirás en rey?

Loki exhaló profundamente, sus hombros se tensaron un poco mientras sus pensamientos se dirigían al inminente día.

—Estoy nervioso, para ser honesto —admitió Loki, bajando la mirada por un momento antes de volver a encontrar la de Eirik—.

No es solo la responsabilidad, es…

todo.

Mi padre fue un gran rey, dejó un legado inmenso.

Y me pregunto si podré estar a la altura de todo lo que él fue.

Eirik lo observó con empatía, viendo la preocupación genuina en los ojos de su amigo.

—Es normal sentirte así —respondió Eirik, con un tono de apoyo—.

Pero recuerda que tu padre también comenzó en algún momento, y con el tiempo, se convirtió en ese gran rey que todos admiramos.

Tienes la capacidad, Loki.

Solo necesitas creer en ti mismo.

Loki asintió, aunque la incertidumbre aún se reflejaba en su rostro.

—No te preocupes tanto, Loki —dijo Eirik, dándole una palmada en la espalda—.

Sé que serás un gran rey.

Loki lo miró con curiosidad, arqueando una ceja.

—¿Y cómo puedes estar tan seguro de eso?

—preguntó.

Eirik sonrió y se cruzó de brazos, recordando un momento en particular.

—Recuerdo la batalla contra Nictofer.

Él era un rival muy superior a ti, sin duda alguna.

Pero tú, Loki, te mantuviste firme.

Usaste todo lo que tenías a tu alcance para darle problemas al ser más poderoso que hemos visto hasta ahora.

Y todo lo hiciste con una meta clara: proteger a tu pueblo.

Loki, sin embargo, dejó escapar un suspiro y desvió la mirada, su expresión se volvió seria.

—Te equivocas en dos cosas, Eirik —dijo Loki, con un tono más sombrío—.

Primero, un rey no se mide por lo poderoso que sea.

Y segundo…

en esa batalla, yo nunca peleé por mi pueblo.

Eirik frunció el ceño, sorprendido por las palabras de su amigo.

—¿Entonces…?

—Mi padre estaba allí, observándome —continuó Loki, su voz cargada de una mezcla de arrepentimiento y honestidad—.

Fue mi oportunidad de probar mi valía, de demostrar que podía estar a la altura de las expectativas.

Peleé por impresionar a mi padre, no por proteger a mi gente.

Fueron motivaciones egoístas, Eirik.

No las de un verdadero rey.

Eirik lo miró con seriedad, pero también con una chispa de confianza en sus ojos.

—No puedo asegurar que serás mejor que tu padre —dijo Eirik—.

Nadie puede hacerlo.

Pero sí puedo decirte que estarás a la altura de él.

Tienes la capacidad, la determinación y el corazón para ser un gran rey.

Tu padre fue formidable, y aunque te enfrentas a un camino difícil, no tengo dudas de que lo recorrerás con la misma fuerza y valentía.

Loki, agradecido por las palabras de Eirik, estaba a punto de responder cuando Eirik, con una expresión de pánico en el rostro, le dijo: —¡Oh no, casi lo olvido!

Tu madre está furiosa porque estás retrasado con el ensayo de tus juramentos.

¡Tienes que ir ya mismo!

Loki, al darse cuenta de la gravedad de la situación, exclamó: —¡Mierda, lo olvidé!

Antes de que pudiera hacer algo, una voz enojada resonó desde el otro lado del bosque: —No será necesario.

Loki y Eirik se dieron vuelta, y vieron a Laufey aparecer frente a ellos, su expresión tan furiosa que parecía casi tangible.

La presencia de Laufey hizo que Eirik se alejara un paso involuntariamente, y Loki, pasmado y con la boca abierta, murmulló con terror: —Hola, mamá…

Sin previo aviso, Laufey agarró a Loki por la oreja con una fuerza que hizo que él saltara y emitiera un gemido de dolor.

Con una voz que combinaba autoridad y desaprobación, le dijo: —No te voy a estar esperando.

Loki, tratando de liberar su oreja mientras contorsionaba su rostro en gestos divertidos de dolor, gritó: —¡Mamá, ya iba para allá!

Laufey, con una expresión de firmeza que dejaba claro que no aceptaría excusas, teletransportó a Loki a donde necesitaba estar, dejándo solo en medio del bosque ca Eirik.

Una vez que se fueron, Eirik, con una mezcla de alivio y diversión, se quedó allí, mirando el lugar vacío.

—Está bien, no se preocupen por mí —dijo Eirik en voz alta, encogiéndose de hombros—.

¡Siempre es emocionante estar en el lugar equivocado en el momento equivocado!

Se quedó allí, riéndose para sí mismo mientras se alejaba, disfrutando del absurdo de la situación y aliviado de haber escapado de la furia de Laufey.

Laufey y Loki aparecieron en el salón donde se llevaría a cabo el ensayo.

Sin soltar su expresión severa, Laufey lo dejó caer de la oreja con un gesto brusco, empujándolo hacia adelante.

Su furia era palpable mientras lo miraba fijamente.

—¿Por qué desperdicias tiempo en esas tonterías, Loki?

—le espetó con una voz cortante y llena de irritación—.

Estás a punto de convertirte en rey, y aún te comportas como un niño irresponsable.

¡Deberías estar concentrado en tus deberes, no vagando por ahí como si no tuvieras nada mejor que hacer!

Loki, con la cabeza gacha, apenas se atrevía a mirarla, sabiendo que cualquier excusa solo empeoraría la situación.

Pero el sermón de su madre continuó, como un torrente incesante.

—No tienes idea de la responsabilidad que tienes sobre tus hombros —continuó Laufey, su voz aumentando de intensidad—.

Este reino necesita un líder fuerte, decidido, alguien que inspire respeto y miedo si es necesario.

¡Y tú andas por ahí perdiendo el tiempo, como si nada de esto importara!

Loki levantó la mirada, enfrentando a su madre con una mezcla de determinación y respeto.

—Madre, no he olvidado mi responsabilidad —dijo con firmeza—.

Pero si quiero ser un buen líder, debo tener la fuerza para proteger a nuestro pueblo, incluso más de la que tuvo mi padre.

Laufey frunció el ceño, todavía con la ira latente en su mirada.

—Los tiempos de guerra han terminado, Loki.

—Su voz era fría y cortante—.

La gente no necesita un guerrero, necesita un rey.

Alguien que los guíe en tiempos de paz, que mantenga la estabilidad del reino.

Loki apretó los puños, sintiendo que la pasión en su pecho crecía con cada palabra.

—El peligro siempre acecha, madre.

—Su tono era serio, casi sombrío—.

Debo estar preparado para la próxima amenaza, no voy a esperar a que el enemigo toque nuestras puertas.

No quiero ser un rey que solo reaccione cuando ya es demasiado tarde.

Laufey intentó responder, pero Loki la interrumpió, recordándole las palabras de su padre.

—Recuerda lo que siempre decía mi padre: “Un rey sabio jamás busca la guerra, pero debe estar preparado para ella siempre.” —Loki tomó un respiro, y continuó—.

Quiero ser un rey que pueda garantizar la paz, pero también uno que esté listo para protegerla cuando sea necesario.

Laufey lo miró en silencio, sus ojos reflejando una mezcla de emociones.

Sabía que Loki tenía razón, pero la preocupación por su hijo era difícil de ignorar.

Laufey soltó un suspiro pesado, su mirada se suavizó un poco mientras miraba a Loki con preocupación.

—Solo hago el trabajo de una madre, Loki —dijo en un tono más calmado, aunque aún con firmeza—.

Sé que Jotunheim necesita un líder en quien creer, alguien fuerte y digno de seguir.

Pero en el fondo, tengo miedo, como cualquier madre lo tendría.

Cuando enfrentaste a Nictofer, mi corazón casi se detuvo.

Ya perdí a tu padre, y fue una carga muy difícil de llevar.

No quiero ni imaginar lo que sería perderte a ti.

Loki se acercó, tomando la mano de su madre con una suave sonrisa.

—No tienes por qué preocuparte tanto por mí, madre.

Después de todo, soy el hijo de uno de los jotnar más poderosos que ha existido —dijo, tratando de aliviar la tensión en su rostro—.

He aprendido mucho de ti y de padre.

Y sé que haré lo necesario para proteger a nuestro pueblo…

y para que puedas estar tranquila.

Laufey lo miró por un momento, con los ojos llenos de una mezcla de orgullo y preocupación.

—Eso es lo que me asusta, Loki.

No solo quiero un rey fuerte para Jotunheim, quiero que mi hijo siga vivo.

Loki apretó ligeramente su mano, tratando de transmitirle una sensación de seguridad.

—Lo estaré, madre.

—¿Quieres que ensaye mis juramentos ahora?

—preguntó Loki, con una sonrisa suave, intentando calmar a su madre.

Laufey lo miró durante unos segundos, suspirando.

A pesar de la dureza que había mostrado antes, se podía ver un atisbo de preocupación maternal en sus ojos.

—Sí, hazlo —respondió ella con tono firme, pero no tan furiosa como antes—.

La sacerdotisa no te esperará todo el día.

Loki se encogió de hombros ligeramente, tratando de mantener el humor a pesar de la tensión.

—Muy bien, vamos a ello entonces —dijo, preparándose para lo que sería un ensayo que sabía, al menos, le otorgaría algo de calma a su madre.

El agua del lago reflejaba la luz del atardecer, creando un ambiente tranquilo y sereno.

Eirik, después de haber entrenado, se inclinó para beber un poco del agua cristalina, sintiendo la frescura en su rostro mientras respiraba profundamente.

El bosque alrededor de él estaba en completo silencio, solo el ocasional sonido de las hojas moviéndose con la brisa rompía la calma.

Pero, de repente, algo cambió.

Un ruido sutil, como el crujir de una rama rota, vino desde los árboles a su derecha.

Eirik levantó la vista, con el ceño fruncido.

El sonido no era el de un animal común.

Era algo más…

extraño.

Se puso de pie lentamente, dejando el lago atrás mientras sus ojos escudriñaban la espesura del bosque.

Decidió caminar hacia donde provenía el ruido, su respiración se volvió más lenta mientras se adentraba en la sombra de los árboles.

Cada paso que daba resonaba en el suelo cubierto de hojas, y mientras más avanzaba, más sentía que algo no estaba bien.

Los árboles aquí eran más oscuros, con ramas que se extendían como dedos retorcidos, y la luz del sol se filtraba débilmente, creando sombras inquietantes.

Eirik observaba a su alrededor con atención, pero con cada paso, la sensación de estar siendo observado se hacía más fuerte.

El viento se detuvo por completo, y el bosque, que antes parecía lleno de vida, ahora estaba envuelto en un silencio opresivo.

El corazón de Eirik comenzó a latir más rápido, pero no se detuvo.

Su curiosidad, y quizás su deber, lo impulsaban a continuar.

Mientras caminaba, vio algo en el suelo.

Se inclinó para examinarlo, y lo que encontró lo desconcertó: una figura pequeña de madera, tallada toscamente, que parecía representar a un hombre con ojos alargados.

No era algo que perteneciera a este lugar.

Eirik la recogió, sintiendo la textura rugosa de la madera, antes de dejarla en el suelo.

Su instinto le decía que algo estaba mal, muy mal.

Más adelante, un olor extraño llegó a su nariz.

No era el dulce aroma de los árboles o las flores del bosque, sino algo más pesado, como el metal y la humedad combinados.

El aire se volvió más denso, y entonces escuchó un susurro, apenas audible, como si el bosque mismo hablara entre sus hojas.

Pero no había nadie.

A medida que se internaba más, la atmósfera se volvía más extraña.

Vio marcas en los árboles, arañazos profundos que parecían recientes.

No era obra de un animal, eso lo sabía.

Había un patrón en esos arañazos, como si alguien o algo hubiera dejado una señal.

De repente, se detuvo.

Frente a él había un árbol más grande que los demás, y detrás de él, sombras más densas parecían moverse.

El corazón de Eirik dio un vuelco cuando, de la nada, una figura alta y delgada emergió desde detrás del árbol.

Era imposible distinguir sus rasgos, pero su silueta parecía alargada y siniestra.

La figura se movió con una fluidez antinatural, y antes de que Eirik pudiera reaccionar, su cuerpo entero se tensó.

Sin pensarlo dos veces, desenfundó su gran martillo de guerra, el metal pesado brillando con la poca luz que quedaba.

Pero antes de que pudiera levantarlo por completo, la figura se lanzó hacia él con una velocidad aterradora.

Eirik apenas alcanzó a esquivarla, dando un salto hacia atrás mientras la figura pasaba como una sombra negra, desapareciendo en la espesura del bosque tan rápido como había aparecido.

La respiración de Eirik se aceleró, su corazón martilleaba en su pecho mientras observaba a su alrededor, buscando algún rastro de la figura.

Pero no había nada.

Solo el silencio mortal del bosque, roto solo por el sonido de sus propios pasos.

Todavía con el martillo en la mano, permaneció alerta durante unos segundos más, pero la figura no volvió a aparecer.

Confundido y en tensión, Eirik finalmente enfundó su arma, manteniendo sus ojos en las sombras por si acaso.

Fue entonces cuando algo llamó su atención.

En el suelo, justo donde la figura había desaparecido, había algo inusual.

Se inclinó y recogió el objeto, sorprendiéndose al ver que era una pluma.

No era una pluma común, sino una de gran tamaño y de un profundo color negro, más grande que cualquier pluma que hubiera visto antes.

La sostuvo entre sus dedos, sintiendo la suavidad de sus filamentos, pero al mismo tiempo, la extrañeza de su presencia en ese lugar.

Con el ceño fruncido y el martillo nuevamente en mano, Eirik se quedó inmóvil, preguntándose qué clase de criatura había estado acechándolo…

y por qué había dejado esa pluma como único rastro de su paso.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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