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Forzado a salvar a las princesas de Disney - Capítulo 14

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14: Capitulo 14 14: Capitulo 14 En el el Reino de Astheria La reina Sara Grimhilde se encontraba en su habitación con algunos documentos Después de la partida de León, literalmente un día después, él vino afirmando que el estaba muerto.

Eso era imposible, por no decir que era una estupidez.

No le hice caso y lo dejé fuera del reino.

Solo por si las dudas, llamé a León muchas veces, aunque él no contestaba.

Estoy segura de que está vivo; después de todo, aún tengo este collar de esclavitud.

Además, mala hierba nunca muere.

Suspiró.

Bueno, después de la llamada con León, fue extraño lo que me mencionó.

Quiere que el príncipe Fart Edge sea ¿feliz?

Me pregunto qué maldades estará pensando —habló la reina, algo emocionada—.

Ella ya quería ver cómo León lo aplastaba; de hecho, eso era lo que más la emocionaba.

Blanca Nieves es una tonta por no darse cuenta del verdadero encanto de León.

Además, según lo que una vez me dijo, Blanca Nieves es solo una herramienta.

En realidad, yo soy la elegida para él.

Habló, pero después se golpeó la cabeza.

No debería alegrarme por eso; después de todo, es natural que le guste.

Soy la más hermosa de este mundo.

Es natural que el chico más guapo esté con la más hermosa, ¿no?

Mientras la Reina pensaba en eso, ya era la hora del desayuno, por ende…

La reina caminó por largos pasillos hasta llegar al comedor.

Hay encontró a Blanca Nieves, quien estaba decaída.

Al parecer, ella se creyó el cuento de que León murió.

Es tan gracioso verla así.

Al lado de Blanca Nieves estaba el príncipe Fart Edge.

Su ropa estaba desordenada por la fiesta que organizó con todo el pueblo.

Al parecer, también van a organizar otra fiesta.

Él ya se veía preparado para otra celebración.

Lo bueno es que el pueblo sigue ignorante.

Ellos aún no saben que León ha muerto.

Todo está en confidencialidad, solo para la gente del palacio de mucha confianza.

Este loco en serio pensó que León moriría a sus manos.

Pero qué estúpido es.

La reina se sentó en el asiento más elegante del comedor.

—Muy buenos días, Blanca Nieves y príncipe Fart Edge del reino Edge.

Ese tipo sonrió.

—¿Cómo estás, querida suegra?

—habló con bastante informalidad.

La reina, al escucharlo, solo quería darle un golpe.

Este príncipe es demasiado irritante.

Habla de forma informal y se la pasa de fiesta en fiesta.

Blanca Nieves solo asintió a mi saludo.

Después de eso, hubo un silencio que fue interrumpido por el estúpido príncipe.

—Blanca Nieves, ¿qué tal si por fin te dignas a venir a esta fiesta?

—¿Qué?

—Así te olvidarás de ese tipo —habló con molestia.

—No, gracias —respondió ella con amabilidad.

El príncipe se enojó.

Por impulso, tomó la muñeca de Blanca Nieves con fuerza.

—Tienes que ir por lo menos una vez para que olvides a…

—No quiero —habló esta vez Blanca Nieves con más severidad.

—Como tú quieras —habló el príncipe con molestia, para después levantarse.

—Nos vemos luego, querida suegra —dijo antes de marcharse.

La puerta se cerró.

Pasó un minuto de silencio antes de que la reina decidiera hablar.

—Blanca Nieves, sé más respetuosa con tu prometido.

Su voz fue firme, autoritaria.

—Es que no puedo…

—¿Cómo que no puedes?

Blanca Nieves bajó la mirada, aferrando sus manos con nerviosismo.

—No puedo asumir la idea de que tenga que casarme…

después de que León haya muerto.

La reina soltó una pequeña risa seca.

—No te preocupes por él.

Estoy segura de que ahora mismo debe de estar revolcándose muy bien en el infierno.

—Eso no es verdad —respondió Blanca Nieves con firmeza inesperada—.

Estoy segura de que él estaría en el cielo.

Es una persona pura.

—Sí, cómo no…

—murmuró la reina con ironía.

—Es verdad.

Y para que lo entiendas…

De pronto, Blanca Nieves sacó un enorme libro titulado Hazañas de León.

La reina abrió ligeramente los ojos, sorprendida.

—Esto no es necesario…

Pero ya era tarde.

Blanca Nieves comenzó a leer.

Básicamente, estaba repasando su diario: aventuras, recuerdos, momentos compartidos con León.

Cada palabra estaba cargada de nostalgia y una devoción casi dolorosa.

Los minutos pasaron.

Y pasaron.

Y pasaron.

La voz de Blanca Nieves seguía, emocionada, como si el mundo entero desapareciera mientras hablaba de él.

Para la reina, aquello era insoportablemente aburrido.

Así que decidió usar la vieja confiable.

—Blanca Nieves…

mira.

Señaló con delicadeza su copa de vino rojo.

El líquido brilló bajo la luz del salón.

Parálisis.

En un instante, el cuerpo de Blanca Nieves se tensó.

Sus palabras se cortaron a la mitad.

Sus ojos se tornaron blancos, y quedó completamente inmóvil, con el libro aún abierto entre sus manos.

La reina exhaló con alivio.

—Por fin estás callada.

Se levantó con elegancia y caminó a su alrededor, observándola como si fuera una estatua.

—No sé por qué, de la nada, tienes esa condición…

pero debo admitir que es un alivio.

Se inclinó levemente hacia su oído inmóvil.

—Así, al menos, puedo soportar tu presencia.

El salón quedó en silencio.

Solo el sonido lejano del viento contra los vitrales acompañaba la sonrisa satisfecha de la reina.

La reina dio un suave aplauso.

El sonido resonó en el comedor vacío.

—Sirvientas.

Dos jóvenes entraron apresuradas.

Al ver a Blanca Nieves inmóvil, con los ojos en blanco y el cuerpo rígido, se miraron entre sí con evidente impresión.

—Otra vez le llegó la garrotera…

—¿Acaso vio sangre?

—susurraron en voz baja, creyendo que la reina no las escuchaba.

La reina rodó los ojos, impaciente.

—Solo llévensela.

Ahora.

—S-sí, majestad.

Con cuidado, pero visiblemente nerviosas, las sirvientas sostuvieron a Blanca Nieves por los brazos y la sacaron del comedor.

El libro cayó al suelo con un golpe seco antes de que una de ellas lo recogiera apresuradamente.

Cuando la puerta se cerró, el silencio regresó.

La reina se acercó a la mesa y tomó la copa de vino, observando el líquido rojo girar lentamente.

—Como León dijo…

no mataría a Blanca Nieves.

Una sonrisa fina casi divertida se dibujó en su rostro.

—Pero tampoco dijo que no pudiera divertirme con ella.

Se apoyó en el respaldo de la silla, pensativa.

Sus ojos brillaron con una mezcla peligrosa de emoción.

Luego se llevó la copa a los labios.

—Creo que en estos siete días, no estaré aburrida.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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