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Forzado a salvar a las princesas de Disney - Capítulo 15

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15: Capitulo 15 15: Capitulo 15 En lo mas profundo de un bosque En el centro, oculto de todos, se encontraba una enorme torre que, Al parecer, servia para ocultar alguien especial —¡Ajá…!

Gritó una mujer mientras abría de golpe las puertas de la torre.

Pero no había nadie.

Frunció el ceño.

—Mmm…

vaya.

Creo que Pascal se escondió en otro lado —dijo con fingida ironía.

La pequeña lagartija, oculta detrás de una maceta, sonrió aliviada.

Pero antes de que pudiera celebrar su posible victoria…

Un mechón de cabello rubio se deslizó sigilosamente por el suelo y se enredó en una de sus patas.

—Te tengo.

La voz de la chica resonó desde arriba.

Ella estaba de cabeza, suspendida del techo, sostenida únicamente por su larguísimo cabello.

—Con esto ya son veintidós a mi favor —anunció orgullosa—.

¿Qué tal si jugamos a veintitrés de cuarenta y cinco?

Pascal la miró con evidente cansancio.

Ya habían jugado tanto a las escondidas que el juego empezaba a perder la gracia.

Ella notó su expresión y bajó lentamente, soltándolo con suavidad.

—Oh…

está bien.

Se dejó caer sentada en el suelo, cruzando las piernas.

—Entonces, ¿qué quieres hacer?

Pascal se animó al instante y, con un pequeño salto, señaló con su cola hacia la ventana…

hacia el exterior.

El mundo más allá del bosque parecía inmenso.

Rapunzel siguió la dirección de su mirada.

Por un segundo, sus ojos brillaron.

Pero luego dudó.

—Yo…

creo que no —respondió con una sonrisa nerviosa—.

Es lindo estar aquí dentro.

Y a ti también te gusta…

¿verdad?

Pascal la miró en silencio, serio, casi cuestionándola.

¿De verdad crees eso?

Rapunzel desvió la mirada.

—Ah, no te enfades, Pascal.

No está tan mal estar aquí…

Se levantó rápidamente, como queriendo cortar el tema, y lo tomó con cuidado entre sus manos antes de llevarlo de nuevo al interior de la torre.

Mientras tanto…

En un reino que estaba cerca de ese bosque, había tres ladrones que saltaban por el techo del castillo.

Sus movimientos eran muy acrobáticos y silenciosos, como si fueran unos ninjas.

Al llegar al centro del techo del castillo, se detuvieron.

Ya que en ese lugar era donde se guardaba la corona de la princesa.

En ese momento, el tercer ladrón comenzó a admirar la vista.

—¿A quién no le gusta una vista así?

Habló impresionado.

—Raiden, ¿qué esperas?

Dijo uno de los grandulones.

—Espera un segundo…

Respondió mientras contemplaba una vez más la vista.

—Sí…

ya me gustó.

Chicos, quiero un castillo.

Habló con una sonrisa.

Los otros dos ladrones, al escucharlo, solo asintieron con malicia.

—Luego de este robo, te comprarás tu castillo.

Dijo uno de ellos, para después tomar a Raiden y obligarlo a ingresar al castillo.

Empezaron a bajarlo con una cuerda para que llegara hasta la corona y…

Extrañamente, no había ningún guardia alrededor.

O, más específicamente, no había ningún guardia despierto.

Normalmente habría unos cuantos guardias fuertes vigilando algo tan importante, ¿no?

Ahí fue donde Raiden se dio cuenta de que la corona que buscaban…

No estaba.

—¿Qué?

Habló fuerte y sorprendido.

—No, no, no…

no me puede estar pasando esto.

¿En dónde está?

Mientras procesaba eso, un guardia que estaba en el suelo se había levantado, apenas tambaleándose de un lado a otro.

La paliza que ese sujeto había recibido fue absurdamente fuerte.

Pero eso no importaba ahora.

Él tenía un deber.

Y ese deber era alertar que la corona fue robada.

En ese momento, tocó un botón y comenzaron a sonar las alarmas.

—Rim…

Rim…

Fue un fuerte sonido que hizo que muchos guardias lo escucharan.

En cuestión de segundos, ya estaban en la puerta de la habitación.

Con una patada, derribaron la puerta y…

Ahí estaba un hombre colgado por una soga, quien, al verlos, solo sonrió.

—Hola…

¿y cómo les va?

Habló nerviosamente mientras tiraba de la soga para que lo subieran.

—¡Atrápenlo!

Gritó el comandante de los guardias.

Todos se posicionaron en combate y atacaron.

Pero antes de siquiera tocarlo, la soga se tensó y rápidamente salió disparado hacia el techo.

—¡Se está escapando!

¡Síganlo!

Gritó el comandante mientras saltaba hacia el techo.

Los demás guardias lo siguieron.

Acumularon su magia en los pies y, con un salto, llegaron al techo.

Pero al llegar…

no había nadie.

En ese momento, uno de los guardias señaló la ubicación de los tres ladrones.

—¡Comandante, ahí están!

Gritó el soldado.

—¡Bien, vamos!

Y, en cuestión de segundos, ya estaban en el suelo persiguiendo a los ladrones.

Mientras corrían, uno de ellos le preguntó.

—¿Y la corona dónde está?

—No estaba.

—¿Qué?

¿Cómo que no estaba?

—Sí.

De hecho, cuando bajé, todos los guardias estaban noqueados.

—¿Acaso quieres decir que alguien se nos adelantó con el robo?

—Sí, eso parece…

Te dije que la robáramos antes.

—Pero no…

Mi estreñimiento es más importante.

—No puedo robar bien sin antes cagar bien.

Habló Eujin con una sonrisa molesta.

Los otros dos, al escucharlo, solo se miraron fijamente.

En ese momento, una lanza apareció en el aire.

A gran velocidad pasó cerca del rostro de Raiden.

La lanza siguió su camino, perforando árboles y rocas.

Al mirar atrás, ahí estaban los guardias.

—Vaya, vaya…

al parecer no tienen a dónde huir.

Dijo el comandante.

Los tres ladrones, al verse acorralados, simplemente asintieron entre ellos.

Se estaban preparando para unir fuerzas.

Iban a luchar contra los guardias para poder escapar los tres juntos.

Ellos entraron en esto juntos y saldrían como un equipo.

O eso pensaron.

Porque, de un momento a otro, Raiden ya no estaba en el lugar.

—¿Qué?

—Ese maldito se escapó.

Hablaron enojados.

El comandante, al notar eso, frunció el ceño.

Habían perdido a uno.

Pero, por ahora, solo podían capturar a esos dos.

Por otro lado, en el bosque…

Estaba Raiden corriendo desesperadamente.

—¡Ja, ja, ja…!

—Logré escapar con éxito.

Habló mientras saltaba de árbol en árbol con una sonrisa.

Pero mientras sonreía como un tonto, en ese momento de confianza…

Unos zapatos aparecieron frente a su vista.

—¿Eh?

¡Pam!

La patada fue tan fuerte que lo tumbó y lo hundió contra el suelo.

—Auch…

eso dolió.

—¿Quién fue?

Preguntó al aire, pero alrededor no había nadie.

—Bien, eres muy gracioso, pero ¿sabes?

Estoy algo ocupado ahora mismo.

—¿Qué tal si hacemos esto en otro momento?

Preguntó nuevamente al aire.

Nadie respondió.

No pasó ni medio segundo cuando lo atacaron otra vez.

Raiden logró esquivarlo con un rápido movimiento de cabeza.

—Y…

¿quién eres tú?

Preguntó a la figura que salió disparada hacia adelante.

Ahí estaba un chico pelirrojo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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