Forzado a salvar a las princesas de Disney - Capítulo 8
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8: Capitulo 8 8: Capitulo 8 Al día siguiente.
En un elegante carruaje.
León estaba sentado junto a la reina.
Ella mantenía la cabeza agachada, pero sus ojos…
sus ojos lo miraban con un odio imposible de disimular.
-¿Qué pasa?
-preguntó León con una sonrisa ladeada-.
¿Soy demasiado hermoso como para que no puedas dejar de mirarme?
-Jódete, maldito plebeyo.
León soltó una risa baja.
Así pasaron todo el camino, entre silencios tensos y miradas cargadas de veneno, hasta llegar a la vieja cabaña del bosque.
-¡Ya llegamos!
-gritó el conductor mientras detenía a los caballos.
En ese momento, las trompetas sonaron, anunciando que alguien de la realeza había venido de visita.
Dentro de la cabaña, Blancanieves y Gruñón escucharon el llamado.
Ambos salieron para ver qué ocurría.
Y ahí la vio.
A la reina.
Su madrastra.
La puerta del carruaje se abrió, y ella descendió con elegancia calculada, extendiendo los brazos como si estuviera en una obra de teatro.
-Blancanieves, mi querida hija…
¿te encuentras bien?
Su sonrisa era perfecta.
Demasiado perfecta.
Pero no era lo que sentía.
En realidad, quería matarla.
Destruirla.
Arrancarla de este mundo.
Pero no podía.
Por culpa de ese plebeyo que la había obligado a interpretar el papel de madre amorosa.
Mientras tanto, Blancanieves estaba confundida.
No sabía qué decir.
Era la primera vez que su madrastra le hablaba con esa dulzura.
Se quedó inmóvil.
Sin reaccionar.
La reina se acercó y la abrazó con suavidad forzada.
-Me da gusto que estés bien -susurró.
Pero sus ojos se desviaron hacia el carruaje.
Y entonces…
Una figura apareció.
Un chico de cabello rojizo.
Mirada afilada.
Rostro hermoso.
Pero para Blancanieves…
Era una pesadilla.
-Tú…
tú eres…
Sus palabras salieron entrecortadas.
Su rostro palideció.
-¿Eh?
¿Qué pasa?
-dijo León mientras caminaba hacia ella, acercándose con calma.
-Tú…
e-yo…
Sus piernas cedieron.
Y se desmayó.
-¿Eh?
¿Qué-?
De la nada, Blancanieves cayó inconsciente.
-¡¿Qué le hiciste?!
-exclamó la reina, apresurándose a cargarla.
-Solo le di un pequeño susto.
No creo que deje secuelas -contestó León con indiferencia mientras avanzaba hacia la cabaña.
En la entrada estaba Gruñón, haciéndole señas discretas para hablar en privado.
Al parecer, tenía algo importante que decir.
-Regresa al castillo -ordenó León sin siquiera mirar a la reina.
Ella se inclinó ligeramente.
-Como usted ordene…
Amo.
Sus ojos brillaban con humillación contenida.
-Ah, y no olvides mi ceremonia de reconocimiento.
Viste a Blancanieves con un hermoso vestido.
Quiero celebrar mi ascenso como se debe.
Dicho eso, León entró en la cabaña.
Gruñón lo esperaba.
Y…
¿estaba llorando?
-¿Por qué lloras?
-preguntó León, frunciendo el ceño.
Gruñón lo saludó primero, como siempre.
Luego comenzó a contarle lo que había visto la noche anterior.
Cada palabra hizo que la expresión de León cambiara ligeramente.
Lo que escuchó…
Lo dejó impresionado.
Si eso era cierto, entonces…
Blancanieves es clave.
____ En el lujoso castillo.
Blancanieves despertó en una gran cama.
-¿Eh…?
¿Qué está pasando…?
Murmuró mientras miraba a su alrededor.
Todo era…
brillante.
La cama con bordes dorados.
Las paredes decoradas con detalles de oro.
Los espejos altos.
Las cortinas de seda.
Estaba en su antigua habitación.
La que tenía cuando aún era reconocida como princesa.
Cuando sus padres todavía vivían.
Al notarlo, se incorporó lentamente.
Su corazón comenzó a latir más rápido.
Si estaba aquí…
¿significaba que todo había vuelto a ser como antes?
Bajó de la cama y caminó hacia la puerta con una pequeña esperanza creciendo en su pecho.
Tal vez…
tal vez ellos estaban allí.
Tal vez todo lo del bosque había sido un sueño.
Pero al abrir la puerta- Un grupo de empleadas entró de inmediato.
Todas vestían como mucamas y sostenían un hermoso vestido entre sus brazos.
-Oh, princesa Mary, ya despertó.
La más anciana habló con una sonrisa respetuosa.
-Eso es perfecto.
La ceremonia de su héroe está a punto de comenzar.
-¿Eh…?
¿Mi…
héroe?
Preguntó Blancanieves con inocencia, completamente ajena a lo que ocurría.
Estaba confundida.
Hace poco estaba en la pequeña cabaña del bosque, con un amable señor…
Y ahora estaba rodeada de lujo.
Sin darle más explicaciones, las mujeres comenzaron a vestirla.
El vestido era precioso con detalles dorados.
Cuando terminaron, la guiaron hacia el gran salón.
La música comenzó a sonar en cuanto entró.
Todos se voltearon.
-¡Brindemos por la hermosa Blancanieves!
-gritaron algunos caballeros.
-¡Un brindis por la princesa!
Los nobles alzaron sus copas.
Blancanieves solo pudo sonreír con timidez.
No estaba acostumbrada a eso.
No le gustaba ser el centro de atención.
Los nervios la invadieron.
Pero entonces…
Lo vio.
El chico de cabello rojizo.
Él era el segundo centro de atención del salón.
Vestía elegante.
su sonrisa cautivaba a todas las doncellas de lugar.
Cualquiera diría que estaba feliz.
Pero ella no veía felicidad en sus ojos…
había algo más.
Cansancio y…
¿un profundo dolor?
No…
no…”Tengo que huir…
tengo que…” Fue lo primero que pensó.
Hasta que él la miró.
No había amenaza en su mirada.
No había frialdad.
Había…
un profundo arrepentimiento.
Eso la confundió aún más.
¿Por qué parece que está sufriendo…?
¿Por qué me mira así…?
Las horas pasaron.
León sonrió durante toda la ceremonia.
Todos reían y bailaban.
Él no bailó ni una sola vez.
No tomó vino.
Ni siquiera parecía interesado en su propia celebración.
Y en un momento del baile…
Simplemente se retiró al balcón.
¿Le pasó algo malo…?
Blancanieves recordó lo que había visto en el bosque.
La sangre.
La forma en que él…
había matado a alguien frente a ella.
Su corazón se aceleró.
El miedo regresó.
Pero…
Algo no encajaba.
Si él fue tan cruel…
¿Por qué ahora parece estar sufriendo?
¿Por qué sus ojos temblaban…?
Esas preguntas comenzaron a dar vueltas en su mente.
Sin darse cuenta, empezó a caminar.
Al principio con miedo.
Con pasos pequeños.
Cruzó el pasillo silencioso.
Su corazón latía fuerte.
Y entonces lo encontró.
En el balcón.
Bajo la luz de la luna se encontraba un chico de cabello rojizo.
Estaba sentado en el suelo, apoyado contra la baranda de piedra.
Miraba sus manos.
Parecía angustiado y aterrado.
-¿Pero qué es lo que hice…?
-murmuró al aire-.
Yo no quería asesinar a ese hombre…
¿por qué…?
Su voz temblaba.
-Nunca quise convertirme en un asesino.
Cerró los ojos con fuerza.
-Pero tuve que hacerlo…
Si no lo hacía…
esa chica estaría…
Dejó la frase incompleta.
Un suspiro largo escapó de sus labios.
Se abrazó a sí mismo, como si intentara sostener algo que se estaba rompiendo por dentro.
-Me arrepiento…
-susurró-.
Me arrepiento de lo que me estoy convirtiendo…
Y entonces, salio una lagrima.
-Soy patético, dijo con una voz apagada mientras agachaba la cabeza atrás de el.
Blancanieves sintió un nudo formarse en su pecho.
Si no hubiera sido por ella…
Él nunca habría…
-¡NO ERES PATETICO!
La voz de Blancanieves rompió el silencio de la noche.
El chico se sobresaltó y giró la cabeza.
-¿Eh…?
P-Princesa…
¿qué hace aquí…?
Se apresuró a secarse las lágrimas con el dorso de la mano, como si le avergonzara que lo vieran así.
-No…
no lo eres -refutó Blancanieves de inmediato.
Su voz temblaba, pero era firme.
-Tú solo…
solo hiciste lo que pensaste que era correcto.
Así que no lo lamentes…
no es tu culpa…
Sus manos se cerraron sobre su vestido.
-Es mi culpa.
Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas.
-Si no hubiera sido por mí…
tú nunca…
-su voz se quebró-.
Lo siento…
lo siento mucho…
Durante todo ese tiempo le había tenido miedo.
Y ahora eso le parecía cruel.
Injusto.
Él no solo la había salvado…
Había hecho algo que jamás habría querido hacer.
el se había convertido en un asesino por su culpa.
-No tenía idea de lo que estabas sufriendo…
-continuó entre sollozos-.
Así que soy yo quien debería disculparse…
-Lo siento…
lo siento mucho…
El viento sopló suavemente entre ambos.
-Yo…
le tuve miedo -confesó, bajando la mirada-.
Si hubiera sido más fuerte…
si no hubiera sido tan ingenua…
El chico guardó silencio.
Luego habló con suavidad.
-Es normal…
Yo también me tengo miedo ahora.
Eso fue lo que la rompió por completo.
Blancanieves dio unos pasos y se arrodilló frente a él.
Todavía temblaba un poco.
Pero no retrocedió.
Tomó sus manos entre las suyas.
-lo siento mucho.
Él levantó la mirada.
Por un instante, sus ojos parecieron realmente vulnerables.
Ella le dedicó una pequeña sonrisa, aunque estaba llorando.
-Si manchaste tus manos por protegerme…
entonces, déjame ayudarte .
Y sin pensarlo más, lo abrazó.
Con cuidado.
Con sinceridad.
Como si estuviera abrazando a alguien que necesitaba ser salvado.
La luna brillaba sobre ambos.
Dentro del salón, la música seguía sonando.
El mundo celebraba.
Aquí, en el balcón, parecía nacer algo más profundo.
El chico guardó silencio.
Y mientras Blancanieves lloraba aferrada a él…
Una leve sonrisa se dibujó en su rostro.
Genial…
ya cayó.
Pensó.
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