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Fragmento de lo Infinito - Capítulo 22

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22: Capítulo 22: El punto de inicio 22: Capítulo 22: El punto de inicio El silencio que siguió a la batalla era más pesado que el acero.

Habían pasado tres horas desde que el último eco del combate se desvaneció, dejando tras de sí una atmósfera cargada de dolor y un desconcierto asfixiante.

Acalia permanecía inmóvil junto al cuerpo inerte de Biel.

Sus rodillas estaban clavadas en la tierra, y sus ojos, enrojecidos y secos, se negaban a apartarse del rostro pálido del joven portador.

Su mente era un bucle de negación, incapaz de aceptar la cruel realidad que yacía frente a ella.

Sin embargo, la quietud fúnebre fue interrumpida abruptamente.

Una luz brillante surgió de la nada, no como un relámpago, sino como una fractura en la misma realidad, iluminando el espacio con una intensidad celestial que no proyectaba sombras.

De esa radiación pura emergió una figura.

Era Kaito.

Un hombre de porte majestuoso y un aura tan imponente que el aire parecía apartarse para darle paso.

Vestía una túnica que no parecía tejida con hilo, sino hecha de la misma esencia cambiante del universo, con galaxias tenues arremolinándose en los pliegues de la tela.

Caminó lentamente hacia Acalia, y sus pasos, aunque suaves, resonaban con un eco profundo en el vacío.

Acalia se tensó, protegiendo instintivamente el cuerpo de Biel, y su voz salió como un hilo tembloroso entre la sorpresa y la cautela extrema.

—¿Quién eres tú?

Kaito detuvo su avance y esbozó una leve sonrisa, una expresión que transmitía una paz incomprensible.

—Mi nombre es Kaito, y soy uno de los tres Rifilser —su tono era sereno, casi solemne.

El corazón de Acalia dio un vuelo violento contra sus costillas.

Rifilser .

Había escuchado historias, susurros en los textos más antiguos sobre entidades míticas de las que incluso los dioses hablaban con reverencia y temor.

Pero tener a uno frente a ella era algo que su mente apenas podía procesar.

—¿Los Rifilser?

—repitió, incrédula, sintiéndose repentinamente pequeña—.

¿Qué hijo?

Kaito alzó la vista hacia el cielo, como si pudiera ver a través de las capas de la realidad, antes de volver a clavar sus ojos en ella.

—Somos la autoridad suprema del universo y el Megaverso.

Los que hacemos las reglas en este mundo, por encima de los mismos dioses.

Lo que los dioses consideran leyes inviolables, nosotros las escribimos.

El impacto de sus palabras golpeó a Acalia, dejándola sin aliento.

La idea de que existieran entidades con tal magnitud de poder, arquitectos de la existencia por encima de las deidades que ella conoció, era un concepto que desbordaba su comprensión.

—¿Por encima de los dioses…?

—murmuró, intentando asimilar la blasfemia y la verdad al mismo tiempo—.

Esto…

no lo sabía.

Kaito agitó una mano despreocupadamente, restándole peso al asunto con una naturalidad pasmosa.

—Bueno, pero eso no es importante por ahora.

Acalia lo observó con atención, buscando alguna señal de amenaza, pero solo percibió una mezcla de determinación absoluta y compasión en su semblante.

Sabía que la llegada de un ser de ese calibre no podía ser casualidad.

Una chispa de esperanza, dolorosa y frágil, se encendió en su pecho.

La posibilidad de que Biel pudiera regresar se entrelazaba ahora con el misterio de esta figura suprema.

Kaito, notando la confusión y el torbellino de preguntas en la mente de la chica, decidió aclarar el panorama.

Dio un paso más cerca, su presencia llenando todo el espacio.

—Escucha con atención, Acalia —su voz resonó con una autoridad innegable que vibró en los huesos de la guerrera—.

Este mundo, como todos los mundos del Megaverso, tiene reglas.

Incluso la muerte no es un fin definitivo, sino un paso hacia un juicio.

Acalia levantó la cabeza, sus ojos buscando desesperadamente una respuesta.

—¿Un juicio?

¿De qué estás hablando?

Kaito avanza lentamente, la paciencia reflejada en su gesto.

—Después de la muerte, las almas humanas son llevadas al Plano Espiritual, también conocido como el Jardín de Enit.

Es un lugar donde las almas son juzgadas para determinar su destino final: el cielo o el infierno.

Esto no siempre fue así, pero todo cambió debido a un evento catastrófico.

Acalia frunció el ceño, su mente de estratega intentando conectar los puntos a pesar del dolor.

— ¿Qué tipo de evento?

¿Por qué fue necesario un juicio?

Kaito hizo una pausa.

Su mirada se perdió en el horizonte, como si estuviera viendo el pasado desarrollarse frente a él en tiempo real.

—Hace mucho tiempo, los humanos podían entrar libremente al Jardín de Enit.

Pero debido a un conflicto entre los Reyes Demonios y un humano excepcionalmente ambicioso, la Diosa de los Espíritus, conocida como Yael, decretó que los humanos solo podrían ingresar tras la muerte para ser juzgados.

Fue su forma de proteger ese lugar sagrado de futuras amenazas.

Acalia inclinó la cabeza, captando un matiz peculiar en sus palabras.

—¿Yael?

Me suena ese nombre, pero…

hay algo más que no estás diciendo, ¿cierto?

—Acalia entrecerró los ojos, buscando la verdad en el rostro del ser supremo.

Kaito esbozó una leve sonrisa, un gesto que parecía contener secretos más antiguos que el mismo tiempo.

—Yael es solo uno de los nombres que utiliza.

En el Jardín, ella se presenta como Yael, la Reina y Soberana de ese dominio.

Pero su verdadero nombre es Enit, y fuera del plano utiliza esta identidad.

Es una forma de distinguir su rol como diosa de los espíritus de su verdadera esencia.

La revelación cayó sobre Acalia como un manto pesado, dejándola momentáneamente sin palabras.

Saber que incluso los dioses ocultaban aspectos de su identidad y operaban bajo capas de nombres era una muestra vertiginosa de lo complejo que era realmente el mundo que habitaban.

—Entonces, ¿qué significa esto para Biel?

—preguntó finalmente, su voz apenas un susurro cargado de ansiedad.

Kaito se acercó al cuerpo de Biel, que ahora lucía completamente restaurado, las heridas cerradas gracias a los meticulosos cuidados curativos de Acalia.

—Significa que su alma está ahora en el Sendero de la Vida.

Si deseas regresar al mundo terrestre, deberás enfrentarte al juicio de Enit y convencerla de que merece otra oportunidad.

Es la única manera.

El silencio que siguió fue casi insoportable, denso y asfixiante.

Acalia miró a Kaito con una mezcla desgarradora de esperanza y temor.

Las palabras del Rifilser habían dejado claro que el destino de Biel ya no dependía de la magia curativa, sino de una prueba espiritual donde el regreso del joven no estaba garantizado.

Sin embargo, la presencia inquebrantable de Kaito y su determinación parecían ser el único faro que iluminaba el oscuro camino por delante.

Mientras Kaito se inclinaba sobre el cuerpo inerte, una calma antinatural envolvió el lugar, congelando el viento.

Acalia observó, con los nervios a flor de piel, cómo el Rifilser colocaba una mano elegante sobre el Fragmento que reposaba en el pecho de Biel.

El cristal emitía un brillo tenue al principio, pero pronto comenzó a resonar, vibrando con una energía cada vez más intensa que hacía zumbar el aire.

— ¿Qué estás haciendo?

—preguntó Acalia, tensando cada músculo, lista para intervenir.

Sin apartar la vista del Fragmento, Kaito respondió con una serenidad imperturbable: —El Fragmento del Infinito es mucho más que un simple artefacto.

Dentro de él habita una esencia poderosa: Monsfil, el Rey Demonio de la Destrucción Eterna.

Él tiene un papel crucial que desempeñar.

Acalia frunció el ceño, los recuerdos de las interacciones previas con la entidad demoníaca inundando su mente.

—Ya lo sabemos.

Monsfil nos ayudó en el pasado, pero ¿por qué necesitaría involucrarse de nuevo?

¿Qué planeas?

Kaito apartó la mano bruscamente.

En respuesta, el Fragmento se estalló en un brillo de tal intensidad que bañó todo el lugar en una luz cegadora.

La energía que emanaba comenzó a arremolinarse y tomar forma, proyectando una figura imponente y etérea frente a ellos: Monsfil.

Su armadura destellante y sus ojos rojizos, brillando como brasas en la oscuridad, inspiraban tanto temor como respeto.

—Monsfil —pronunció Acalia con un tono firme, plantándose frente a él—.

¿Estás dispuesto a ayudarte otra vez?

La proyección de Monsfil inclinó ligeramente la cabeza hacia ella, reconociendo la familiaridad en su voz y en su postura desafiante.

—Nos volvemos a encontrar, Acalia.

Mi esencia sigue unida al destino de este Fragmento y, por ende, al de Biel.

Esta vez, mi intervención será diferente.

Kaito intervino, su voz resonando con autoridad: —Monsfil es el único que puede guiar a Biel en el Sendero de la Vida.

En ese lugar, la fortaleza física es irrelevante; lo que importa es la fuerza del alma.

Monsfil tiene la sabiduría y el poder necesario para ayudarle a superar el juicio de Enit.

Monsfil dirigió su atención hacia Kaito, sus ojos entornándose con una expresión de curiosidad analítica.

—Hablas como alguien que conoce mucho más de lo que dice.

Sin embargo, acepto la tarea, no por ti, sino porque creo que Biel es capaz de lograr lo que yo no pude.

Acalia observa la interacción en silencio, reflexionando sobre las palabras del Rey Demonio y la extraña dinámica entre estas dos poderosas entidades.

Finalmente, dio un paso adelante, tomando su decisión.

—Si esto es lo que necesita para regresar, entonces hazlo.

Pero ten cuidado, Monsfil.

Biel no es solo un portador; es alguien que merece una segunda oportunidad.

Monsfil sonar ligeramente, una mueca que, por primera vez, no parecía siniestra, sino llena de una férrea determinación.

—Entonces no hay más que hablar.

Prepare su camino.

El Fragmento brilló una vez más, un pulso vibrante de energía pura, y la figura de Monsfil se desvaneció en un destello de luz que fue absorbido por el cristal.

Kaito dio un paso atrás con elegancia, dejando espacio para que la magia del artefacto hiciera su trabajo sin interferencias.

Acalia, que había observado todo con los puños apretados hasta blanquear sus nudillos, finalmente exhaló, soltando el aire que había estado reteniendo en sus pulmones.

Una mezcla vertiginosa de alivio y tensión recorrió su cuerpo.

—¿Y ahora qué?

—preguntó en voz baja, con la mirada fija en el pecho de su compañero.

Kaito se giró hacia ella.

Su expresión era un equilibrio perfecto entre determinación absoluta y una tranquilidad que no pertenece a este mundo.

—Ahora, esperamos.

El destino de Biel está en sus propias manos…

y en las de Monsfil.

Pero ten fe, Acalia.

A veces, incluso las almas más atribuladas se encuentran el camino de regreso.

(…) Mientras tanto, más allá del cielo físico, en las alturas inalcanzables del Umbral de los Dioses —un lugar reservado únicamente para las entidades más poderosas del cosmos—, una reunión llena de tensión se llevaba a cabo.

Las energías primordiales fluctuaban en el aire, chocando entre sí mientras los dioses debatían sobre la perturbación que acababan de sentir.

El Dios del Tiempo, Chronasis, observaba una proyección etérea del plano terrestre que mostraba a Kaito junto al cuerpo de Biel.

Sus ojos, caleidoscopios que reflejaban infinitas posibilidades temporales, se entrecerraron.

—Esto altera las probabilidades.

Uno de los Rifilser, interviniendo directamente…

Este evento no es menor.

Nyxaris, la Diosa de las Sombras, emergió de un rincón donde la oscuridad parecía tener vida propia.

Su voz, sedada y calculada, llenó el recinto: —¿No era de esperar algo así?

Los Rifilser siempre han sido implacables en su búsqueda del equilibrio.

Sin embargo, que tomen partido es…

perturbador.

Elaris, la Diosa de la Vida, se inclinó hacia adelante desde su trono de raíces y luz, con una expresión de genuina preocupación marcando su rostro inmaculado.

—Si Kaito intervino, debe ser porque considera que el equilibrio del universo está en peligro.

Biel no es solo un mortal; su conexión con el Fragmento del Infinito podría cambiarlo todo.

Solaryon, el Dios de la Luz, golpeó su cetro contra el suelo de nubes doradas.

El impacto resonó como un trueno, proyectando un destello cegador que obligó a las sombras de Nyxaris a retroceder.

—¡Esto no puede ser tolerado!

Si los Rifilser han decidido involucrarse, nosotros también deberíamos hacerlo.

Este mortal no puede cargar con tal responsabilidad.

Chronasis alzó una mano, y el tiempo pareció detenerse por un microsegundo, pidiendo calma.

—Intervenir sin comprender las intenciones de los Rifilser podría ser un error fatal.

He visto lo que podría suceder: en algunas líneas temporales, Biel se convierte en un salvador; en otras, desata un caos inimaginable.

Debemos observar con cuidado.

Veyrith, el Dios del Caos, soltó una risa suave y discordante, disfrutando del conflicto evidente entre sus iguales.

— ¿Y no es eso lo emocionante?

El caos siempre trae oportunidades.

Quizás, esta vez, los Rifilser han subestimado las ramificaciones de sus acciones.

Arselturín, el Dios de la Muerte, rompió su silencio.

Su voz grave y fría resonó por todo el Umbral, bajando la temperatura del lugar.

—Biel se enfrenta al Sendero de la Vida, un dominio donde incluso nuestra influencia es limitada.

Solo Enit, la soberana de ese plano, puede decidir su destino.

Y si los Rifilser han confiado en él, deberíamos cuestionarnos por qué.

El Umbral cayó en un silencio tenso y pesado.

Finalmente, Sylvaran, el Dios de la Naturaleza, habló con la firmeza de un roble antiguo: —Entonces, esperemos.

Pero recordemos que, si el equilibrio se rompe, será nuestra responsabilidad restaurarlo, sin importar las consecuencias.

Mientras los dioses deliberaban, ajenos a ser vigilados, una figura encapuchada observaba desde las sombras de una dimensión superior.

Kaito, con una expresión inescrutable, susurró para sí mismo, sus palabras perdiéndose en el vacío: —Los dioses también son piezas en este tablero.

Pero esta vez, el juego no lo deciden ellos.

En el plano terrestre, el fragmento brilló con una intensidad renovada, marcando el inicio de una era que cambiaría el curso del destino.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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