Fragmento de lo Infinito - Capítulo 23
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23: Capítulo 23: Biel contra Guardian 23: Capítulo 23: Biel contra Guardian La oscuridad del bosque se espesaba con cada segundo transcurrido.
Como si intentaran expulsar a los intrusos, los árboles centenarios parecían inclinarse sobre ellos mientras el aire se cargaba de una tensión palpable.
Bajo la nublada luz de la luna, que apenas lograba filtrarse entre el denso follaje, Biel y Raizel permanecían en guardia; sus cuerpos estaban tensos, reaccionando al crujido de las ramas que anunciaba una presencia inminente.
De entre las sombras emergió una silueta imponente y de puerta solemne.
Era el Guardián: una figura envuelta en una armadura rúnica que irradiaba un aura espectral mientras avanzaba con pasos decididos.
Aunque su rostro permanecía oculto tras un yelmo grabado con intrincados patrones, sus ojos brillaban con una intensidad capaz de perforar el alma de quien se atreviera a mirarlo.
—He venido hasta aquí porque unos elfos me dijeron que un humano los atacó —sentenció con una voz grave y resonante que parecía emanar del mismísimo bosque—.
Los humanos no tienen derecho alguno aquí.
Este es un plano sagrado, y tu presencia es un ultraje.
Solo vienes aquí para enfrentar el juicio.
Pero tu pecado es claro: morirás bajo mis manos.
No irás ni al cielo ni al infierno.
Serás polvo espiritual.
Biel entrecerró los ojos con expresión endurecida.
A pesar de que la amenaza era clara y el miedo intentaba abrirse paso en su pecho, su determinación se mantuvo firme.
El ambiente se tornaba cada vez más opresivo, cargado de una energía pesada que amenazaba con aplastarlos.
—No tengo otra alternativa, ¿verdad?
—respondió Biel, adoptando de inmediato su postura de combate.
Sus palabras sonaron firmes, pero Raizel se alarmó al instante.
—¡Biel, huye!
Este guardián es demasiado fuerte.
No tienes posibilidad contra él —gritó ella, dando un paso al frente con una mezcla de terror y resolución en la mirada.
Biel sacudió la cabeza sin apartar la vista de su oponente.
Sabía que ella hablaba desde la preocupación, pero sentía que aquel enfrentamiento era inevitable.
—No te preocupes —dijo, esbozando una leve sonrisa para calmar a su compañera—.
Ya se enfrenta a seres más fuertes.
El recuerdo de Lip, el rey vampiro, cruzó fugazmente por su mente.
Aquel enemigo al que ya se había enfrentado dejó una huella en su memoria; sus palabras resonaban ahora con una claridad renovada: “La vida es efímera, pero la voluntad la trasciende” .
Inspirado por ese mantra, Biel se preparó para lo inevitable.
El guardián soltó una carcajada profunda que hizo vibrar los troncos de los árboles circundantes.
—Tienes agallas, humano.
Por tu valentía, te concederé el honor de conocer mi nombre: soy Remus, uno de los cuatro guardianes de este plano espiritual —sentenció con solemnidad—.
Pero no te confundas; morirás aquí.
Le ahorraré el trabajo a mi señora.
—Eso lo veremos —replicó Biel, lanzándose al combate con determinación ciega.
De inmediato, activó su habilidad Ráfaga Ágil , permitiéndole desplazarse con una velocidad cegadora.
En un parpadeo, acortó la distancia y descargó un golpe directo contra Remus.
El impacto fue seco y poderoso, pero el guardián lo recibió con el brazo desnudo, sin inmutarse lo más mínimo.
La fuerza del choque liberó una onda de energía que sacudió el suelo bajo sus pies.
— ¿Eso es todo?
Me decepcionas, humano —remarcó Remus con un tono cargado de desdén.
Sin darle tregua, el guardián contraatacó con su técnica Espejo del Vacío .
El ataque de Biel fue devuelto con una fuerza doblemente devastadora, lanzándolo violentamente contra el suelo.
Un jadeo de dolor escapó de sus labios al sentir el peso de su propio poder volviéndose en su contra.
A un lado, Raizel observaba con horror; su respiración era agitada mientras luchaba internamente contra el impulso de intervenir.
—Eres débil —declaró Remus, alzando una mano envuelta en llamas azules—.
Este es tu fin.
El fuego creció rápidamente hasta transformarse en un círculo espectral que iluminó el bosque con una intensidad cegadora.
La Llama Espectral fue lanzada hacia Biel, formando una columna ígnea que pareció consumirlo por completo en un instante.
—¡Biel, no mueras ahora!
—gritó Raizel con la voz quebrada por la angustia ante aquella escena devastadora.
Mientras el humo cubría el campo de batalla, la risa del guardián se alzó entre las sombras, cargada de una burla cruel.
—Solo eras un humano débil, como todos.
Nada más que polvo espiritual —sentenció el guardián con desprecio.
De pronto, un estruendo seco interrumpió su risa.
Desde el corazón de la nube de humo, una explosión de energía oscura estalló con violencia, disipando las cenizas y el fuego residual.
Biel emergió de la columna de humo, pero su apariencia ya no era la misma: su cuerpo estaba envuelto en una energía negra y densa, mientras que sus ojos brillaban con un rojo intenso y sobrenatural.
Era su forma de Rey Demonio , aunque todavía se manifestaba de manera imperfecta.
—No puedo morir aquí —murmuró con una voz cargada de poder—.
Tengo que regresar con mis amigos.
Remus retrocedió ligeramente, sorprendido por el cambio, aunque recuperó la compostura al instante.
Su sorpresa se transformó en un odioso antiguo.
—Otra vez ustedes, demonios inmundos —escupió el guardián—.
Siempre regresan para intentar corromper este lugar.
Biel apretó los puños.
En ese momento, las palabras de Monsfil, el Rey Demonio de la Destrucción Eterna, acudieron a su mente.
Aunque las dudas intentaron asaltarlo, su determinación terminó por imponerse.
—Si realmente cometió errores…
entonces los arreglaré.
Pero no aquí.
¡No ahora!
Con un grito de guerra, Biel liberó su habilidad Rugido Demoníaco .
Una onda expansiva de energía pura sacudió el campo de batalla con tal fuerza que Remus, incapaz de reaccionar a tiempo, recibió el impacto de lleno y cayó de rodillas sobre el suelo sagrado.
La tensión alcanzó un punto crítico mientras Biel avanzaba.
Sus pasos dejaban un rastro de energía oscura que impregnaba el ambiente, marchando la pureza del bosque a su paso.
El guardián, aunque debilitado, se negó a rendirse.
—¡La corrupción demoníaca no prevalecerá aquí!
—bramó Remus, levantándose con lentitud mientras sus ojos brillaban con una intensidad renovada.
Con un gesto solemne, invocó una barrera etérea adornada con runas brillantes.
Al mismo tiempo, la energía espiritual comenzó a condensarse en su espada, forjando un arma de luz pura que irradiaba un poder celestial abrumador.
Biel sintió la presión opresiva que emanaba del guardián, pero no retrocedió ni un milímetro.
Al contrario, su transformación pareció intensificarse; las sombras que lo envolvían se alargaron y ondularon como si cobraran vida propia.
En su mente, el eco de Monsfil resonó una vez más: “El poder no define al portador; sus acciones lo hacen” .
El combate alcanzó un nuevo nivel de intensidad.
Biel y Remus intercambiaron golpes tan devastadores que el terreno mismo comenzó a resquebrajarse bajo sus pies.
La espada de luz del guardián trazaba estelas luminosas en el aire, cortando la penumbra, mientras los ataques de Biel generaban ondas de energía oscura que parecían devorar la luz a su paso.
Desde la distancia, Raizel observaba con el corazón en un puño, atrapada en la impotencia de no poder intervenir en un duelo de tal magnitud.
A pesar de sus heridas, Biel no cedió ni un solo palmo de terreno.
Cada uno de sus movimientos era una declaración muda de su voluntad inquebrantable; Sin embargo, era consciente de la realidad: la transformación demoníaca estaba consumiendo su energía vital a un ritmo alarmante.
Necesitaba asestar el golpe final, y necesitaba hacerlo ya.
Remus, por su parte, comenzó a mostrar los primeros signos de agotamiento.
Aunque su poder era inmenso, el combate prolongado contra un oponente tan impredecible y feroz lo estaba desgastando particularmente.
Aun así, su convicción se mantenía intacta.
—Eres persistente, humano —jadeó el guardián—.
Pero tu corrupción jamás podrá superar la pureza del juicio divino.
—Y yo te demostraré que no soy solo un humano —rugió Biel, lanzándose hacia adelante con un grito de guerra que hizo eco en todo el plano espiritual.
El clímax era inevitable.
Ambos combatientes prepararon sus ataques definitivos, plenamente conscientes de que el próximo movimiento decidiría quién quedaría en pie.
En el corazón del bosque, las energías opuestas chocaron una vez más, iluminando la noche con un destello cegador que selló el destino de ambos.
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