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Fragmento de lo Infinito - Capítulo 26

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26: Capítulo 26: Melodía 26: Capítulo 26: Melodía En el majestuoso palacio de la diosa de los espíritus, Yael, todo estaba sumido en una calma sobrenatural.

La luz que emanaba de los cristales colgantes bañaba con suavidad las paredes de jade y ámbar, consolidando un ambiente de absoluta paz y armonía.

En el centro de la gran sala del trono, Maelista, un espíritu de rango superior y el sirviente más fiel de la diosa, acariciaba las teclas de un piano etéreo forjado de luz pura.

Cada nota que brotaba del instrumento resonaba en la estancia, transportando una sensación de serenidad que envolvía no solo a los presentes, sino también a los mismos cimientos del palacio.

La melodía fluía como un río cristalino, conectando el plano de los espíritus con la esencia misma de la armonía universal.

La diosa Yael, con su figura radiante y serena, disfrutaba del concierto mientras observaba la brisa danzar entre las cortinas de luz que adornaban su morada.

Sin embargo, la calma se rompió de golpe.

La tierra comenzó a temblar y vibraciones violentas recorrieron el palacio entero.

Las luces parpadearon momentáneamente y los ecos del piano se desvanecieron, ahogados por el estrépito del sismo.

Yael se incorporó de su trono con rapidez; su mirada reflejaba una creciente inquietud y un atisbo de temor.

—¿Qué está pasando, Maelista?

—preguntó la diosa con voz firme, a pesar de que los últimos remanentes de la música aún vibraban en el aire.

Maelista detuvo sus manos y alzó la vista; sus ojos plateados brillaban con una mezcla de respeto y preocupación.

Con un gesto suave, extendió su mano y una serie de pantallas de energía se materializaron frente a ellos.

Las imágenes eran caóticas: una batalla feroz se libraba en un terreno hostil.

La diosa observó con atención al joven humano que se enfrentaba a un guardián.

La lucha era violenta; cada golpe resonaba como un eco en el tejido espiritual del mundo.

Yael sintió un escalofrío cuando las pantallas mostraron el clímax del combate: el humano, cubierto de heridas pero con una mirada llena de determinación, emergió victorioso.

Sin embargo, lo que ocurrió a continuación la dejó sin aliento.

El vencedor comenzó a transformarse.

La energía oscura y caótica que lo rodeaba tomó forma, deformando sus rasgos hasta convertirlos en los de un Rey Demonio.

La presencia del humano ahora desprendía un aura similar a la de aquellos que habían causado estragos y destrucción en el pasado de su mundo.

—¿Un Rey Demonio?

—murmuró Yael, con los ojos nublados por el horror y la tristeza —.

¿Cómo es posible que un humano haya alcanzado ese estado?.

Maelista bajó la cabeza ligeramente, como si se disculpara por la gravedad de las imágenes.

—Ese humano murió hace poco en una lucha contra el rey vampiro Lip —explicó con voz calmada—.

Era un humano especial, pero lamentablemente falleció en batalla y ahora anda haciendo alborotos en este lugar, mi señora.

Además, esa fuerza que lo consume proviene de un Rey Demonio sellado en su interior.

Parece que su voluntad fue superada por el caos que lo llevó a la victoria.

Yael permaneció en silencio, contemplando las pantallas con una expresión que se endurecía por momentos.

—Debemos intervenir.

Ese poder no debe liberarse en nuestro mundo.

Llama a los guardianes restantes, Maelista.

Este desequilibrio amenaza con destruir todo lo que hemos protegido.

Maelista respondió con una serenidad imperturbable: —No se preocupe, mi señora.

Algo inesperado llegará a este plano y arreglará las cosas.

En ese instante, las pantallas volvieron a enfocarse en Biel, quien gritaba de dolor mientras una luz brillante emergía a su alrededor.

La intensidad de su grito resonaba no solo en el campo de batalla, sino también en el plano espiritual, perturbando la energía milenaria que hasta entonces había permanecido estable.

Justo cuando el caos amenazaba con consumirlo por completo, una luz pura y radiante atravesó la realidad hasta llegar al Jardín.

De aquella luz emergió una figura serena y majestuosa: la hermana de Biel.

Con un aura que irradiaba calma y compasión, ella se acercó al joven, quien permanecía arrodillado luchando contra las sombras que intentaban devorar su ser.

La figura lo abrazó con una ternura infinita y, en ese segundo, el grito de dolor cesó.

Biel comenzó a respirar con calma mientras la oscuridad se disipaba como niebla al amanecer.

Yael observaba la escena desde su palacio con los ojos llenos de asombro.

—¿Quién es esa persona?

—preguntó, dirigiéndose a Maelista sin apartar la vista de la imagen.

Maelista esbozó una leve sonrisa, como si hubiera anticipado aquella pregunta desde el primer segundo.

—Es un protector, mi señora.

Un fragmento de luz enviado para equilibrar la balanza.

No pertenece completamente a este mundo, pero su presencia era necesaria en este momento crucial.

La diosa frunció el ceño ligeramente, con sus pensamientos sumidos en una mezcla de intriga y preocupación.

—Si esto es cierto, entonces nuestra intervención deberá esperar.

Observaremos y aguardaremos a que este protector haga su movimiento.

Pero no podemos ignorar el riesgo que supone la presencia de un Rey Demonio.

Maelista asintió con solemnidad.

En las pantallas, la figura luminosa ayudaba a Biel a levantarse, susurrándole palabras inaudibles que parecían envolverlo en una serenidad renovada.

De pronto, las pantallas de energía se apagaron de forma abrupta, dejando la sala del trono sumida en un silencio inquietante.

La diosa Yael, consumida por la inquietud de ver a otro Rey Demonio en su dominio, murmuró para sí misma: —Ese humano debe ser…

En ese instante, un dolor intenso le atenaceó la cabeza, interrumpiendo sus palabras.

Yael se llevó una mano a la sien con una mueca de agonía y terminó cayendo al suelo, incapaz de soportar la presión.

—¿Por qué…?

¿Por qué siento este dolor?

—susurró, tambaleándose mientras intentaba recuperar el equilibrio.

Maelista, que observaba desde su lugar junto al piano, no hizo el menor ademán de acercarse para ayudarla.

En cambio, volvió a sentarse frente al instrumento y comenzó a tocar una melodía suave y calmante.

Las notas fluyeron por la sala, llenando el espacio con una paz artificial, pero terriblemente efectiva.

Yael suspiró aliviada; el dolor en su cabeza se desvaneció como si nunca hubiera existido.

—Tranquila, mi señora.

Todo estará bien —dijo Maelista con una sonrisa serena mientras sus dedos seguían recorriendo las teclas.

La diosa cerró los ojos, dejando que la música la envolviera por completo.

Sin embargo, al abrirlos de nuevo, su expresión había cambiado radicalmente.

Su mirada era ahora dura, fría y determinada.

—El humano…

debe morir —declaró Yael, aunque su voz sonaba distante, como si las palabras no fueran totalmente suyas.

Maelista se detuvo por un momento y levantó una ceja con una expresión de falsa sorpresa, para luego soltar una carcajada baja que llenó cada rincón de la estancia.

—Jajajaja…

Pensé que mi manipulación había llegado a su límite, pero parece que siempre hay espacio para mejorar.

Yael dio un paso hacia él, pero se detuvo en seco al procesar sus palabras.

Una chispa de duda brilló en sus ojos antes de apagarse nuevamente bajo el influjo de la música.

—¿Qué…

estás diciendo?

—preguntó ella, con el tono quebrado por la confusión.

Maelista dejó de tocar definitivamente y se levantó con lentitud.

Sus ojos plateados brillaban ahora con una malicia contenida.

—Oh, mi querida diosa, ¿acaso creías que eras tú quien gobernaba este plano?

—dijo con voz burlona—.

Sabes que nunca podrás salir de mi control.

Tu debilidad hizo que cayeras ante mí, y ahora no eres más que una herramienta para mis planes.

Yael retrocedió un paso, pero sus piernas temblaban violentamente.

Intentó convocar su poder divino, pero sintió una barrera invisible que la bloqueaba por completo.

La sonrisa de Maelista se ensanchó al disfrutar de su lucha interna.

—Ahora, mi señora, volvamos al plan de consumir la vitalidad de este plano para que Él regrese.

Para lograrlo, el humano debe acabar con todos los espíritus y razas de este lugar.

Haremos que se maten entre sí; después de todo, el humano debe morir, y tú serás quien lo declare.

El eco de su risa resonó en la sala mientras Yael, atrapada en las cadenas invisibles de la manipulación, trataba desesperadamente de recuperar el control de su propia voluntad.

Por otro lado, en el campo de batalla donde se encontraba Biel, el joven humano, tras fundirse en un abrazo con su hermana, preguntó con voz entrecortada: —Hermana, ¿qué haces aquí?

Charlotte le respondió con una sonrisa tierna: —Vine a buscarte, hermanito, y ya jamás me separaré de tu lado.

Charlotte lo miraba con una mezcla de alivio y devoción.

—Te estuve buscando por todos lados, pero no había indicios de ti ni de Bastián.

Entonces recibí una llamada que me dijo que ustedes fueron vistos por última vez en esa tienda.

Fui para allá y el dueño me explicó que tú estabas en otro mundo y…

que habías muerto.

Los ojos de Charlotte se inundaron de lágrimas ante el recuerdo, pero se obligó a continuar: —Eso me llenó de un dolor que no podía soportar.

Desapareciste sin decir nada solo para que luego me dijeran que habías muerto.

Pero entonces, el dueño me dijo que estabas en el plano espiritual tratando de volver a la vida.

Me enseñó lo que estaba pasando y vi cómo te habías convertido en un monstruo.

El anciano me advirtió que solo yo podía salvarte, pues era el único lazo verdadero que te quedaba.

Biel, asombrado por el relato de su hermana, preguntó con incredulidad: —Entonces, ¿ese anciano nos mandó a este lugar?

¿Podremos volver a nuestro mundo?

Charlotte negó con la cabeza, su expresión se volvió sombría.

—No.

El anciano me dejó claro que no había manera de regresar; no hay punto de retorno.

Me dio a escoger entre dos opciones: salvarte o aceptar la realidad y olvidarme de ti para siempre.

Elegí salvarte y vivir en este nuevo mundo.

Después de todo, ya no quería estar sola en esa casa…

quería volverte a ver, hermanito.

Biel reflexionó por un momento, procesando el peso del sacrificio de su hermana.

—Así que todo esto pasó por ese anciano…

¡Ese anciano!

—exclamó, aunque luego suavizó el tono—.

Pero bueno, este mundo no está tan mal.

Charlotte lo miró totalmente incrédula.

—¿Cómo que no está tan mal?

¡Estás muerto!

Y, además, te habías convertido en un monstruo de pesadilla.

Biel esbozó una ligera sonrisa, intentando calmarla.

—Sí, jejeje, pero estoy tratando de regresar.

Para ello debo ir a la ciudad central y pedírselo formalmente a la diosa.

—¿Diosa?

—repitió Charlotte con curiosidad—.

¿Acaso dijiste diosa?

¿En este lugar existen de verdad los dioses?

—Sí, en este mundo existen dioses, reyes demonios, reyes vampiros…

—explicó Biel con naturalidad.

Charlotte asintió, tratando de asimilar las reglas de su nueva realidad.

—Ahora que lo mencionas, cuando el anciano me enseñó todo lo que habías vivido, también lo mencionó.

Este mundo es una locura.

—De pronto, recordó algo más—.

¿Y Bastián?

¿No está contigo?

Biel negó con la cabeza, ensombrecido.

—No, desapareció y no sé dónde estará.

Pero cuando regrese al mundo terrenal, juro que lo buscaré.

Charlotte suspiró con comprensión, aceptando que aún quedaban cabos sueltos.

—Entiendo.

Bueno, ¿y ahora qué vamos a hacer?

—Debemos ir hacia esa ciudad que se ve a lo lejos —respondió Biel señalando el horizonte.

—Entendido —dijo Charlotte, pero de repente se detuvo al notar algo entre los escombros—.

Antes de irnos…

¿Quién es ella, la que está tirada en ese lugar?

Biel siguió su mirada y vio a Raizel, quien yacía inconsciente en el suelo tras el brutal combate.

—Tenemos que ayudarla —dijo Biel con urgencia—.

Ella es una chica que encontré en este lugar; me estaba ayudando a llegar a la ciudad.

—Entiendo —asintió Charlotte mientras se acercaba a Raizel.

Observó que las heridas eran graves y, con determinación, extendió las manos sobre ella.

—Sanar —ordenó con firmeza.

Un brillo cálido emanó de sus palmas y las heridas de Raizel comenzaron a cerrarse lentamente.

Biel la miró completamente sorprendido.

—Hermana, ¿acaso tienes magia sanadora?

Charlotte asintió con una sonrisa leve y satisfecha.

—Sí.

El anciano me dijo que me otorgaría habilidades especiales para poder serte de ayuda.

—Entiendo —murmuró Biel, agradecido por el nuevo apoyo.

En ese momento, Raizel abrió los ojos con dificultad y miró a su alrededor.

Con voz débil, preguntó: —¿Se terminó…

la batalla?

—Sí, se terminó —respondió Biel acercándose a ella.

Raizel, recordando la aterradora imagen que vio antes de desmayarse, se incorporó ligeramente y preguntó con una preocupación evidente en sus ojos: —¿Eres tú, Biel?

¿O sigues siendo ese demonio?

Biel bajó la cabeza por un momento, sintiendo el peso de sus actos.

—Me disculpo.

Tuve que usar esa transformación para poder derrotar al guardián.

Raizel lo miró con un reproche cargado de tristeza.

—Pero no debías matarlo.

Charlotte interrumpió de inmediato con un tono firme que no admitía discusión.

—¡Él debía morir!

Eso fue lo que me dijo el anciano, pues su alma era corrupta.

Biel hizo lo correcto.

Raizel, menos preocupada por la seguridad pero aún más confundida por la presencia de la desconocida, preguntó: —¿Y tú quién eres?

Biel explicó con calma, presentando a su nueva aliada: —Ella es mi hermana y viene de otro mundo.

Raizel se quedó petrificada, con los ojos abiertos de par en par.

—¿Hermana?

¿Otro mundo?

¿Quiénes son realmente ustedes?

Biel solo sonrió, ayudándola a levantarse mientras miraba hacia el camino que tenían por delante.

—Ya más tarde te explicaré todo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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