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Fragmento de lo Infinito - Capítulo 6

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  3. Capítulo 6 - 6 Capítulo 6Sombras y Revelaciones
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6: Capítulo 6:Sombras y Revelaciones 6: Capítulo 6:Sombras y Revelaciones El amanecer trajo consigo un aire denso, cargado de una incertidumbre que el brillo del sol no lograba disipar.

Tras el enfrentamiento con Kurusume, el grupo se había refugiado en un claro del bosque para recuperar fuerzas, pero la tranquilidad del entorno era un espejismo; una tensión silenciosa envolvía a todos.

Easton y Xantle se encargaron de organizar el campamento.

La joven se movía de forma mecánica, con la mirada perdida.

La lógica de su propio poder se le escapaba: su último ataque se había manifestado sin siquiera terminar el conjuro y, lo más inquietante, el fuego no había brotado de su bastón, sino de su propia voluntad.

Easton, notando el peso de su silencio, rompió el hielo: —¿Qué ocurre, hermana?

Estás en otro mundo.

Xantle sacudió la cabeza, tratando de enfocarse.

—No es nada…

es solo que todavía no encuentro lógica a lo que pasó.

Mi magia de fuego fue diferente esta vez, y no entiendo el porqué.

—No te atormentes por eso —respondió Easton con una sonrisa ligera, intentando restaurarle gravedad—.

Tal vez solo desbloqueaste un nuevo nivel de fuego.

A veces el poder se adelanta al conocimiento.

Mientras tanto, Acalia vigilaba el perímetro.

La advertencia de Kurusume aún resonaba en sus oídos como un eco frío.

Cerca de la fogata, Biel permanecía sentado, observando cómo las brasas se consumían.

En su mente, el nombre del “Gran Señor Gard” pesaba más que el cansancio.

No podía evitar preguntarse qué clase de entidad era esa y por qué el destino de todos parecía estar marcado por su búsqueda.

—¿No puedes dormir?

—preguntó Acalia, acercándose con pasos tan ligeros que apenas crujieron las hojas secas.

Biel levantó la vista, sorprendido.

-No.

Hay demasiadas cosas en mi cabeza.

Acalia se sentó a su lado, cruzando los brazos con una calma autoritaria.

—Es normal.

Ha pasado por mucho en poco tiempo.

Además, tu poder aún no se manifiesta del todo; deja las preocupaciones a un lado o terminarán por nublarte la mente en el momento en que más necesitas claridad.

—No es solo el poder —replicó Biel, apretando los puños hasta que sus nudillos palidecieron—.

Me preocupa lo que dijo Kurusume.

¿Por qué Gard nos quiere muertos?

Apenas entiendo qué está pasando aquí y ya tengo el precio de un dios sobre mi cabeza.

Acalia mantuvo la mirada de Biel en silencio, dejando que el crepitar de la fogata fuera lo único que se escuchara por un momento.

Sus ojos, profundos y analíticos, parecían estar pesando el alma del joven antes de hablar.

—Gard no es alguien que actúe por capricho o sin un motivo calculado —sentenció ella con voz gélida—.

Si ha puesto sus ojos en ti, significa que representa una amenaza real para sus aviones, aunque tú mismo todavía ignora el porqué.

—¿Una amenaza?

—Biel soltó una risa amarga, cargada de frustración—.

Mírame, Acalia.

Ni siquiera sé cómo invocar mis habilidades de forma consistente.

Soy más un estorbo que un peligro para alguien como él.

—Por eso estoy aquí —replicó ella, su firmeza cortando cualquier asomo de autocompasión en Biel—.

Para obligarte a descubrir ese potencial antes de que él lo arranque de raíz.

Biel abrió la boca para rebatir, pero las palabras se murieron en su garganta.

Un crujido seco, el lamento de una rama rota entre los arbustos cercanos, rompió la quietud del bosque.

La atmósfera cambió al instante; el aire parecía volverse más pesado, más frío.

Ambos se pusieron en pie en un solo movimiento.

El acero de la espada de Acalia siseó al salir de su vaina, reflejando el último brillo de las brasas.

Alertados por el cambio de energía, Easton y Xantle salieron de sus tiendas con la guardia en alto.

— ¿Qué fue eso?

—susurró Xantle, apretando su bastón con manos temblorosas y escudriñando la negra que rodeaba el claro.

—No lo sé, pero no estamos solos —respondió Acalia, sin pestañear, con los ojos fijos en un punto donde las sombras parecían espesarse de forma antinatural.

De la oscuridad más profunda emergió una figura.

No tenía la presencia errática de Kurusume; Esta vez, el hombre que avanzaba hacia la luz vestía ropajes de un blanco inmaculado que contrastaban violentamente con la penumbra del bosque.

Era un hombre de mediana edad, de cabello gris perfectamente peinado y una serenidad que resultaba casi inquietante dadas las circunstancias.

Antes de que Acalia diera un paso al frente, el desconocido levantó las manos en un gesto de paz, manteniendo una expresión neutra que no revelaba ni hostilidad ni miedo.

—Por favor, no ataquen.

No estoy aquí para luchar —dijo el hombre.

Su voz era ronca, como si no la hubiera usado en mucho tiempo.

Acalia no bajó su espada; la punta de acero seguía fija en la garganta del desconocido.

—¿Quién eres y qué quieres?

El hombre dio un paso adelante, permitiendo que la luz de la fogata revelara un rostro surcado por cicatrices antiguas.

—Mi nombre es Kael .

Trabajaba a las órdenes de Gard, pero renuncié al ver sus verdaderas intenciones para con este mundo.

Abandoné sus filas cuando comprendí la naturaleza de sus acciones…

Pensé que él era “esa persona” de la cual me hablaron una vez.

—”Esa persona”?

—preguntó Easton, con el ceño fruncido y la mano cerca de su arma.

Kael se movió vagamente, con la mirada perdida por un instante.

—Olvídalo, joven.

Son delirios de un viejo.

Peron escuche bien: Gard no es solo un tirano.

Está buscando los Sellos del Rey Demonio .

Si lo consigue, tendrá el poder de esas aberraciones que una vez devastaron este mundo.

Un escalofrío recorrió la espalda de Biel.

Miró a Acalia, quien mantenía una expresión gélida, sin conceder un milímetro de confianza.

— ¿Por qué deberíamos confiar en ti?

—cuestionó ella.

Kael bajó la mirada, cargada de una vergüenza genuina.

—Por una promesa que hice en el pasado.

La promesa de encontrar a la persona indicada.

Acalia dio un paso al frente, su presencia se volvió más dominante.

—¿Por una promesa?

No vamos a arriesgar nuestras vidas por una palabra dada hace años.

Además, si viste sus intenciones, ¿por qué no lo detuviste?

¿Por qué lo ayudaste a encontrarlos?

—No lo ayudé —sentencia Kael con amargura—.

Cuando llegué a su lado, él ya poseía dos sellos.

Es por eso que quiero ocultar el tercero; se encuentra en un lugar que llevo años investigando.

Es justamente lo que Gard busca ahora, y si llega a unir los cinco sellos, sentenciará a este mundo al caos absoluto.

Xantle cruzó los brazos, pensativa, aunque su voz delataba su miedo.

—Y ¿qué se supone que hagamos nosotros?

Apenas logramos sobrevivir al enfrentamiento con Kurusume.

Kael no respondió de inmediato.

En su lugar, clavó su mirada en Biel con una intensidad eléctrica.

Sus ojos se abrieron con asombro.

—Chico…

¿qué es eso que tienes en el cuello?

No me digas que es…

no, es imposible.

No creo que tú también compartas eso que tenía “esa persona”.

Biel se llevó la mano al cuello, protegiendo el objeto instintivamente.

—¿A qué te refieres?

¿Sabes qué es esto que llevo conmigo?

—No sé exactamente si es igual al que él poseía —murmuró Kael, casi para sí mismo—, pero lo que sé es que contiene un poder incalculable.

Kael sacudió la cabeza, recuperando la compostura.

—Esa conversación la dejaremos para más adelante.

Por ahora, la prioridad es clara: debemos encontrar el tercer Sello del Rey Demonio y ocultarlo antes de que los rastreadores de Gard den con él.

— ¿Cómo puedes estar tan seguro?

—preguntó Acalia, manteniendo el tono sospechoso y la mano aún cerca de su arma.

Kael, sin inmutarse, buscó en su cinturón y extrajo un pequeño pergamino amarillento, atado con un cordón de cuero gastado.

Se lo expandió a la guerra con solemnidad.

—Esto es todo lo que logró rescatar.

Es un mapa que conduce directamente al tercer sello.

Si logran encontrar antes que los hombres de Gard, el mundo aún tendrá una oportunidad.

Acalia tomó el pergamino y lo examinó con ojo experto bajo la luz moribunda de la fogata.

Tras unos segundos de tensión, acerque brevemente.

—El pergamino es auténtico; la firma mágica de los registros antiguos no miente —declaró, guardándolo con cuidado—.

Está bien.

Te seguiremos.

Además, esta será la oportunidad perfecta para que Biel se adapte finalmente a este mundo ya lo que se espera de él.

Pero te advierto, Kael: si descubres que nos conduce a una trampa, te juro por mi acero que será lo último que hagas.

Kael asintió con una gravedad que rozaba la tristeza.

—Lo entiendo.

Mi vida ya no tiene valor comparado con lo que está en juego.

Los registros prohibidos dicen que se pagó un precio de sangre inimaginable para sellar a esas aberraciones en el pasado; si son liberadas de nuevo, será el fin de todo lo que conocemos.

El grupo pasó el resto de la noche discutiendo la ruta y los peligros del trayecto.

A medida que el sol comenzaba a teñir el horizonte de oro y púrpura, Biel sintió cómo la presión en su pecho se transformaba en algo distinto: una determinación que crecía desde su interior.

Comprendió que el camino por delante sería una pesadilla, pero ya no podía permitirse el lujo de rendirse.

—Vamos a encontrar ese sello —dijo Biel, mirando a sus compañeros con una chispa nueva en sus ojos.

Acalia esbozó una media sonrisa, la primera en mucho tiempo.

—Esa es la determinación que necesitas, Biel.

Si logras dominar ese fuego interno, terminarás por dominar tu mente y tu poder por completo.

Con el equipo recogido y el mapa trazando su destino, el grupo se preparó para partir hacia lo desconocido.

Ignoraban que, más allá del bosque, el destino les tenía reservados desafíos que pondrían a prueba no solo su fuerza, sino los lazos que apenas comenzaban a forjar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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