FRAGMENTS OF WILL - Capítulo 50
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Capítulo 50: Capítulo 49 – La cacería ha comenzado
FRAGMENTS OF WILL
Capítulo 49 – La cacería ha comenzado
Las calles de la ciudadela pasaban a su lado como un borrón de piedra y sombras.
Kairós corría.
No era una huida desesperada. Era otra cosa. Sus pies encontraban los huecos, los recovecos, los atajos que había memorizado en sus exploraciones anteriores. Cada esquina, cada callejón, cada edificio derruido era una herramienta. Un arma.
Detrás, a cincuenta metros, las tres moles rugían y aplastaban todo a su paso.
El Diario, en su bolsillo, explotó.
¿¡QUÉ!? ¿¡CÓMO!? ¿¡CUÁNDO!?
Kairós esquivó una columna caída sin disminuir la velocidad.
Me fui CUATRO DÍAS. CUATRO. Y vuelvo y te encuentro MATANDO MOLES COMO SI NADA. ¿¡Qué pasó!?
—El chico —respondió Kairós, la voz entrecortada por la carrera—. Del campo de entrenamiento.
¿Qué chico?
—El que no habla. El que me corrigió.
Kairós giró bruscamente, metiéndose en un callejón estrecho. Las moles, demasiado grandes, tuvieron que rodear. Ganó unos segundos.
—Dijo que mis golpes carecían de espíritu. Que no era técnica. No era fuerza. No era movimiento. Era… espíritu.
¿Espíritu?
—No lo entendí entonces. Pero ahora sí.
Saltó sobre un montón de escombros, aterrizó al otro lado y siguió corriendo.
—Todas estas veces… estaba motivado por la curiosidad. Por el miedo. Por la rabia. Por querer saber. Por querer sobrevivir.
¿Y ahora?
—Ahora lo tengo claro.
Se detuvo un instante, solo un instante, para escuchar. Las moles se acercaban. Podía sentir sus pasos en el suelo.
—Sé por qué peleo, Diario. Sé cuál es mi deber. Mi espíritu de lucha.
El Diario se quedó en silencio un momento. Luego:
…me fui cuatro días. CUATRO. Y en cuatro días te volviste un guerrero con filosofía y todo. ¿Dónde quedó el idiota que fallaba ataques épicos y se reía de sí mismo?
—Sigue aquí —dijo Kairós, y casi podía oír su sonrisa bajo la máscara—. Pero ahora también sabe lo que quiere.
¿Y qué quiere?
Kairós no respondió. En lugar de eso, se lanzó a correr otra vez.
Las moles aparecieron al final del callejón. Lo vieron. Rugieron.
Él sonrió.
—A cazar —susurró—. A cazar.
Y se perdió entre las ruinas.
Las moles lo siguieron.
—
Kairós lo sintió antes de verlo. El temblor del suelo, antes único y poderoso, se dividió en tres direcciones distintas. Una hacia la izquierda. Otra hacia la derecha. La tercera siguió de frente.
Exactamente lo que quería.
Se detuvo en medio de una plaza en ruinas, jadeando. Aprovechó el momento para evaluarse. El cuerpo le dolía, pero podía más. Sacó el Diario del bolsillo, lo abrió con una mano mientras vigilaba las sombras.
VIDA: 75%
—Suficiente —murmuró.
AURA: 10%
—Justo lo que necesito.
Guardó el libro. Miró hacia el templo. Allí estaba, al fondo, imponente. El mismo donde había matado a la primera mole. El mismo donde había comenzado todo.
Hoy llegaría al final. Hoy vería qué había dentro.
Pero primero…
Una de las moles apareció al fondo del callejón. La más rápida. La que había ido de frente. Sus ojos brillaron al verlo.
Kairós no huyó.
La mole cargó.
Él esperó. Sintió sus pasos en el suelo. Sintió su furia. Y también… sintió algo más.
Miedo.
No el suyo. El de ella.
Esa comprensión extraña, ese don que había adquirido sin saber cómo, se activó. Podía sentirlos. Podía sentir lo que era ser un monstruo. El hambre. La rabia. La confusión. Y sí, el miedo.
Como aquel niño —susurró el Diario en su mente—. Aprendiste a ser monstruo para esconderte de ellos.
Sabía que le tenían miedo.
Y eso lo hizo sonreír.
Cuando la mole estuvo a diez metros, Kairós se movió. No hacia atrás. Hacia un lado. Se pegó a la pared, y entonces… desapareció.
No literalmente. Era como si las sombras lo hubieran envuelto. Un manto oscuro, una sábana de negrura que difuminaba su silueta. Se notaba que algo estaba ahí, pero no qué. No dónde exactamente.
La mole frenó en seco. Sus ojos buscaron. Nada.
Kairós, desde las sombras, sacó del bolsillo un pequeño reloj despertador. El que siempre llevaba. El de las alarmas.
Lo lanzó.
El reloj describió un arco y cayó al otro lado del callejón.
PIPIPIPIPI.
La mole se giró instintivamente hacia el sonido.
Una fracción de segundo. Nada más.
Pero suficiente.
Kairós salió de las sombras. Toda su aura—ese 10%—se derramó por la espada. La hoja brilló con una luz blanca y cegadora. El tajo fue limpio. Perfecto.
La cabeza de la mole voló por los aires.
Su cuerpo se desplomó.
Silencio.
Kairós se quedó quieto un momento, jadeando. El aura se había ido. Pero la mole había caído.
En ese instante, algo extraño ocurrió.
La luna, allá arriba en el cielo de la ciudadela, pareció brillar con más intensidad. Las estrellas, antes tenues, destellaron como si alguien hubiera avivado una llama. Y en su pecho, sentía algo latir bajo su piel, Kairós sintió un calor diferente. No era el ardor de la batalla. Era otra cosa. Más suave. Más… expectante.
Como si alguien, desde muy lejos, hubiera contenido el aliento y estuviera esperando.
Kairós frunció el ceño. No tenía tiempo para pensar en eso.
Se acercó al cuerpo. Entre los restos, algo brillaba. Seis fragmentos. Los cogió, los lanzó al Diario sin ceremonia. El libro se los tragó.
Luego recuperó su reloj. El despertador seguía sonando, PIPIPIPIPIPI, hasta que lo apagó con un golpe.
—Diario —dijo, la voz tranquila—. Es fácil cuando sabes su debilidad. Y la forma en que cazan.
…¿Desde cuándo sabes todo esto?
—Desde que vine aquí. Sabía lo que harían. Sabía cómo reaccionarían. Solo tenía que esperar.
Eso es… aterrador.
—Es necesario.
Guardó el reloj. Se preparó para seguir.
Pero entonces lo sintió. El suelo tembló. Pero no era un temblor. Eran dos. Juntos. A la vez.
Las dos moles restantes no se habían separado más. Habían aprendido. Ahora venían juntas, pegadas, una al lado de la otra.
Kairós sonrió bajo la máscara.
—Claro —murmuró—. También son inteligentes.
Suerte -1, pensó. Ya no me rio el universo. Ahora solo me pone a prueba. Pero si voy a fallar, que sea por intentarlo.
Y corrió hacia el templo.
Las moles lo siguieron.
La cacería continuaba.
….
Kairós corría.
No como antes. No con desesperación. Ahora sus pasos eran más calculados, más precisos. Se movía entre las ruinas como si las conociera de toda la vida, aprovechando cada columna caída, cada muro derruido, cada sombra.
Detrás, a menos de cien metros, las dos moles avanzaban juntas. Sus pasos retumbaban al unísono, creando un ritmo aterrador que se extendía por toda la ciudadela.
El Diario no podía callarse.
Oye.
—¿Mmm?
¿Acaso no tienes miedo por tu vida?
Kairós esquivó una columna, rodó sobre el suelo y salió corriendo al otro lado.
—Claro que tengo miedo, idiota.
¿Entonces? ¿Por qué te lanzas de manera tan temeraria? ¿Por qué buscas el peligro como si fuera tu puta novia?
Kairós sonrió bajo la máscara. Se detuvo un instante, pegó la espalda a una pared, y escuchó. Las moles se acercaban. Calculó distancias.
—El aura se regenera con el peligro, ¿no?
Sí, pero…
—Mis heridas se curan con aura. Duele, gasta, pero se recuperan. —Se lanzó a correr otra vez—. Entonces, si me pongo en peligro de manera constante, si mantengo el riesgo en el punto justo… puedo recuperarme más y más rápido.
El Diario gruñó mentalmente. “Técnicamente… es cierto. Los iluminados más antiguos lo llamaban ‘el filo de la navaja’. Vivir al borde. Pero ellos tenían siglos de práctica. Tú tienes dos meses y una puta obsesión.”
Y después de escuchar bien lo que dijo Kairos, el diario…
explotó.
¡ERES IDIOTA! ¿TE OYES? ¡UN SOLO ERROR! ¡UNA SOLA VEZ QUE CALCULES MAL Y TE MATAN! ¡ESAS COSAS TE HARÁN INSTAKILL!
Kairós frunció el ceño mientras saltaba sobre un montón de escombros.
—¿Instakill? ¿Qué es eso?
¡MUERTE INSTANTÁNEA, IGNORANTE! ¡QUE NO TE DA TIEMPO A REGENERARTE NI A REZAR NI A NADA! ¡PUM! ¡A LA MIERDA!
Kairós se rió. Una risa baja, casi inaudible, pero real.
—Suena divertido.
¡NO ES DIVERTIDO! ¡ES ATERRADOR! ¡ES TODO LO CONTRARIO A DIVERTIDO!
—Tranquilo, Diario. —Se detuvo en una esquina, miró a ambos lados—. Sé lo que hago.
¿LO SABES? ¿DE VERDAD LO SABES? PORQUE A MÍ ME PARECE QUE ESTÁS IMPROVISANDO SOBRE LA MARCHA CON UNA TEORÍA QUE TE SACASTE DE LA MANGA HACE CINCO MINUTOS.
—Improvisar es mi especialidad.
¡TU ESPECIALIDAD ERA FALLAR ATAQUES ÉPICOS Y QUE SE RIERAN DE TI!
—Eso también. Pero ahora soy un improvisador con espíritu de lucha.
El Diario se quedó en silencio un momento. Luego:
…me voy a tomar otros cuatro días. O cinco. O un año.
—No puedes. Me necesitas.
¿PARA QUÉ? ¡SI YA ERES UN PUTO GUERRERO FILOSÓFICO QUE MATA MOLES Y HABLA DE ESPÍRITU!
Kairós sonrió. Se asomó por la esquina. Las dos moles estaban a cincuenta metros, avanzando lentamente, buscándolo. Sus cabezas giraban en todas direcciones.
—Te necesito para que me recuerdes quién soy cuando me olvide.
Silencio.
…eso fue casi bonito.
—No lo fue.
Sí lo fue. No me hagas decirlo otra vez.
Kairós se preparó. Las moles estaban demasiado juntas. No podía enfrentarlas de frente. Necesitaba separarlas otra vez.
—Vale —susurró—. Vamos a hacerlo difícil.
¿Difícil? ¿No era ya difícil?
—Más difícil.
Y salió corriendo, directo hacia ellas.
El Diario gritó:
¡ESTO ES INSTAKILL! ¡TE LO DIJE! ¡INSTAKILL!
La última vez que te enfrentaste a unos Grados III de frente—o no tan de frente—te robaron un día. Un día de tu lamentablemente y triste vida, la cual parece que hasta hoy en día le restas importancia.
Kairós no frenó. Pero su voz llegó clara a la mente del Diario, tranquila, casi divertida.
—No te preocupes. Si de verdad me lo robaron, entonces significa que lo puedo reclamar. Después cazaré al bastardo que me lo quitó.
El Diario se quedó en silencio un segundo. Luego:
…Eres idiota. Pero idiota con iniciativa.
Kairós sonrió bajo la máscara y siguió corriendo.
Hacia el peligro. Hacia el aura. Hacia la victoria.
Por : Hanzonex
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