FRAGMENTS OF WILL - Capítulo 53
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Capítulo 53: Capítulo 52 – El legado de la estrella
FRAGMENTS OF WILL
Capítulo 52 – El legado de la estrella
Kairós dejó atrás la tumba de Elyra.
El pasillo se extendía más allá de lo que había imaginado. Ya no cojeaba tan mal—el dolor seguía ahí, pero la urgencia lo empujaba. Pasó junto a más grabados, más inscripciones, más historia grabada en piedra. Batallas. Victorias. Derrotas. Todo el legado de una era que ya no existía.
El pasillo se abrió a una sala.
Era enorme. Imponente. Columnas altísimas se perdían en la penumbra del techo. El suelo era de un mármol blanco y dorado que brillaba incluso bajo esa luz grisácea. Y en el centro, suspendida en el aire como si el tiempo mismo la sostuviera, una tela colgaba.
Era hermosa.
Kairós se acercó lentamente, casi sin respirar. La tela era enorme, de unos tres metros de largo, y sus colores… platino, rojo, azul. Se mezclaban en patrones que no entendía, pero que hipnotizaban. Parecía hecha de luz y sombra al mismo tiempo.
—Es la bandera de Elyra —murmuró—. O del imperio. O de los dos.
Puede ser. Es… impresionante. Pero no sé para qué sirve.
—Quizás no sirve para nada. Quizás solo es bonita.
Bonita es. Muy bonita.
Bajo la bandera, apoyada contra un pedestal, había una armadura.
Kairós se acercó. Era de cuerpo completo, de un material que no reconoció. Etérea, casi translúcida en algunas partes, pero sólida al tacto. Tenía alas plegadas a los costados, grandes, transparentes. Y estaba llena de marcas. Rasgaduras profundas. Abolladuras. Rayones. Cicatrices de mil batallas.
—Es preciosa —dijo, casi sin aliento.
No es por nada —intervino el Diario—, pero es una pieza inútil ahora mismo.
—¿Cómo?
Bonita, sí. Para mujer, también. Protege para cosas sencillas, seguro. Pero el aura no circula en esa armadura. No puedes usar sus beneficios como debería. Es como un coche sin motor. Bonito, pero no te lleva a ningún lado.
Kairós la tocó. El material era suave, casi cálido. Pero notó lo que el Diario decía. No había flujo. No había energía.
—Quizás para alguien más…
Quizás. Pero no para ti. No ahora.
Junto a la armadura, en un pequeño pedestal, descansaba un objeto diminuto. Un fragmento. Pero no como los otros. Este era blanco, puro, casi cegador. Palpitaba con una luz propia, como un corazón diminuto.
Kairós lo cogió con cuidado. El calor era intenso. Pero no quemaba. Era como sostener un pedazo de sol.
En ese instante, sintió algo extraño en el pecho. Ese vacío que siempre llevaba dentro, ese hueco que no sabía de dónde venía, de repente… se movió. Como si el fragmento llamara a algo que llevaba mucho tiempo dormido. Algo que siempre había estado ahí, desde el principio.
—Esto… esto es diferente —susurró.
Sí. Es especial. Muy especial.
—¿Qué hago con esto?
No lo sé. Pero sea lo que sea, no es un fragmento normal. Contiene… algo. Una pizca de lo que fue Elyra, quizás.
Kairós iba a responder cuando el aire cambió.
La temperatura cayó. La luz de la sala se atenuó. Y delante de él, sobre el pedestal de la armadura, una figura empezó a formarse.
Era una mujer.
Su cabello, blanco como la luz de la luna, caía sobre sus hombros en ondas suaves que parecían brillar con luz propia. Cada hebra reflectaba destellos plateados, como si llevara un cielo estrellado en la cabeza. Su piel, blanca como la porcelana, absorbía la luz y la devolvía más suave. Sus ojos, grises como los suyos, brillaban con una intensidad que no era de este mundo.
Por un instante, Kairós juró que veía la luna y las estrellas bailando a su alrededor.
—Vaya —dijo, y su voz era como el viento—. Un hombre fuerte y herido. Mi tipo favorito.
Kairós parpadeó, aturdido.
—¿Acaso te estoy alumbrando? —preguntó ella, con una sonrisa pícara—. Porque tienes cara de estar viendo algo muy brillante.
—Yo… —Kairós no supo qué responder.
Elyra se rió. Una risa ligera, como campanillas de viento. Dio una vuelta a su alrededor, observándolo con curiosidad.
—Has llegado hasta aquí. Seguramente con muerte y sangre, ¿no? Mucha muerte. Mucha sangre.
—Sí.
—Triste. —Lo miró de arriba abajo otra vez, deteniéndose en sus heridas, en su postura, en la forma en que sostenía la espada—. Pero viéndote… impresionante. ¿Sabes que cientos de iluminados han intentado llegar a esta sala?
Kairós frunció el ceño.
—¿Cientos?
—Cientos. Quizás miles. A lo largo de los siglos. Todos fracasaron.
—¿Por qué?
Elyra sonrió, como si la pregunta fuera obvia.
—Porque no cualquiera puede entrar. Se necesitan condiciones. Primero, entrar solo. Nada de grupos, nada de compañías. Esto es un viaje personal. Segundo, ser un Grado I. Los más fuertes no pueden cruzar ciertas puertas; el lugar las cierra para ellos. Tercero… —se acercó un paso, y sus ojos grises se clavaron en los de él—. Tercero, tener una conexión con las estrellas y la luna. No cualquiera la tiene. Es algo que se lleva en la sangre, o en el alma, o en los dos.
Kairós tragó saliva.
—¿Yo… yo tengo esa conexión?
—Parece que sí. —Elyra inclinó la cabeza, divertida—. Y además… —hizo una pausa teatral—. Además, debías ser atractivo. Al menos para mí.
Kairós parpadeó.
—¿Qué?
—Es mi sala, pequeño. Mis reglas. Si iba a recibir a alguien después de muerta, al menos que fuera agradable a la vista. —Se encogió de hombros con una sonrisa—. ¿Qué? Una diosa tiene sus estándares.
Kairós no supo si reírse o sonrojarse. Optó por cambiar de tema.
—Esto… esto es tuyo.
Señaló los objetos. La bandera. La armadura. El fragmento en su mano.
—Era mío. —Elyra asintió—. La bandera, la armadura, mi fragmento. Todo lo que queda de mí.
—¿Y por qué están aquí? ¿Por qué los has protegido con… con todo eso? Las moles, los lanzadores… ¿eran tuyos?
—Mis sirvientes. Mis guardianes. —Elyra suspiró—. Se quedaron después de que yo muriera. No sé si por lealtad o por maldición. Pero protegían este lugar.
—Y yo los maté.
—Lo sé. —Elyra no parecía enfadada. Al contrario, había algo de admiración en su mirada—. Y no fue fácil, ¿verdad?
—No.
—Bien. Porque si hubiera sido fácil… —se inclinó hacia él—. Cualquier persona de Grado III podría haberlo hecho. ¿Y sabes qué? No habría sido digno de esto.
Kairós sintió un escalofrío.
—¿Digno de qué?
Elyra señaló el fragmento en su mano.
—Eso que tienes… es una pizca de lo que fui. Mi esencia. —Hizo una pausa, y una sonrisa juguetona cruzó sus labios—. Pero es una sorpresa. No te voy a decir qué hace exactamente.
Kairós frunció el ceño.
—¿Una sorpresa?
—Así es. La vida está llena de sorpresas, pequeño. —Elyra se inclinó ligeramente hacia él—. Puedes devorarlo ahora mismo. Tienes suficientes fragmentos acumulados, con eso llegarás al Grado II. Serás más fuerte. Más rápido. Más resistente. Tus probabilidades de sobrevivir a lo que viene aumentarán.
—¿Y si espero?
—Si esperas al momento adecuado… si lo guardas para cuando estés más cerca de la muerte… te dará algo más. Algo que no se consigue con fragmentos. —Elyra sonrió con picardía—. Otra sorpresa.
Kairós miró el fragmento. Palpitaba en su mano.
—Pero si lo como ahora… ¿qué pasa con ese “algo más”?
—Lo pierdes. Para siempre. —Elyra se encogió de hombros—. Así funcionan las sorpresas. O las abres ahora, o esperas. No hay término medio.
—¿Y si lo como ahora y luego… no sé, sigo acumulando fragmentos?
Elyra negó con la cabeza. Su expresión se volvió más seria.
—No funcionaría. Si lo devoras ahora, ascenderás al Grado II. Pero después de eso… no podrás seguir escalando. No con fragmentos comunes. Este no es un fragmento cualquiera. Es parte de mí. Si lo usas ahora para un ascenso rápido, estarás yendo contra la naturaleza. Contra el universo. Y el universo no perdona esas cosas.
—¿Entonces?
—Entonces decides. —Elyra lo miró fijamente—. Poder ahora, con un techo. O esperar, arriesgarte, y quizás obtener algo que ningún fragmento común podría darte. Tu elección.
Silencio.
Kairós apretó el fragmento en la mano. Sintió su calor. Su poder. Su promesa. Y en su pecho, ese vacío que siempre lo había acompañado, latió al mismo ritmo.
—¿Y cuál es el momento adecuado? —preguntó—. ¿Cómo voy a saberlo?
—Cuando estés más cerca de la muerte. Cuando no te quede nada. Cuando el abismo te mire a los ojos y sonría. —Elyra sonrió—. Entonces lo sabrás. Créeme.
—Eso no me ayuda mucho.
—No, ¿verdad? —Elyra se rió—. Pero es lo que hay. La vida no viene con instrucciones, pequeño.
Kairós suspiró. Miró la armadura, la bandera, el fragmento.
—¿Y esto? —señaló la armadura—. ¿Para qué sirve?
—Es bonita, ¿no? —Elyra la admiró un momento—. Pero ahora mismo es una pieza de museo. No circula aura en ella. Protege de cosas sencillas, como una armadura normal. Nada más.
—¿Entonces es inútil?
—Para ti, sí. Para quien sepa repararla… quizás no. —Elyra le guiñó un ojo—. Pero eso ya no es mi problema.
—¿Y la bandera?
—Bonita. Muy bonita. No sirve para nada. —Elyra se encogió de hombros—. Pero alegra la vista.
Kairós negó con la cabeza. Una sonrisa se le escapaba a pesar de todo.
—Eres… diferente a lo que esperaba.
—¿Esperabas a una heroína solemne, hablando de deber y sacrificio? —Elyra puso voz grave—. “Oh, el peso de la corona, el honor de la batalla…” —Volvió a su tono normal—. Aburrido. La vida es demasiado corta para ser aburrida. Y la muerte también.
Kairós la miró un momento. Luego, casi sin querer, preguntó:
—Oye… ¿por qué te fuiste tan joven? En la tumba, quiero decir. Pareces de treinta. Pero el Historiador dijo que moriste de vieja.
Elyra sonrió. Una sonrisa más suave, más melancólica.
—La vejez me alcanzó, pequeño. Pero decidí envejecer con estilo. —Se encogió de hombros—. Ser extremadamente fuerte tiene sus ventajas. Puedes elegir cómo quieres que te recuerden. Y yo… yo elegí esto.
—Es… hermoso.
—Gracias. —Elyra inclinó la cabeza. Su mirada se volvió más profunda, más íntima—. Ya que tú y yo hemos formado un vínculo… rezaré por ti.
Kairós la miró, sin palabras.
—Admiraré cada una de tus batallas —continuó ella, con una sonrisa que era pura luz—. Y te apoyaré desde donde sea que esté.
Se rió. Una risa ligera, como un susurro de estrellas.
—Suena cursi, ¿verdad? Pero es cierto.
Iba a desvanecerse, cuando de repente se detuvo. Un gesto cómico, como si hubiera olvidado algo importante.
—¡Ah! Casi se me olvida. —Su tono se volvió divertido, pero con un trasfondo serio—. Ya que tienes mi fragmento y mis objetos… para poder salir de aquí con ellos, debes lograr repetir mis logros. ¿Viste los grabados, no?
Kairós frunció el ceño.
—Espera… ¿me estás diciendo que…?
—Sí. Exactamente lo que estás pensando. —Elyra asintió, y su sonrisa se volvió más afilada—. Debes defender y sobrevivir los siete días y siete noches. Tal cual lo hice yo. En dado caso que no puedas… morirás.
Kairós sintió un escalofrío.
—¿Y si lo intento y fallo?
—Pues no estarías leyendo esto. —Elyra se encogió de hombros con una naturalidad que helaba—. Y no, no es broma. ¿Crees que estos objetos estaban aquí de gratis? Han estado protegiendo y dando energía a la barrera durante siglos. Si te los llevas, la barrera se debilita. Y si la barrera se debilita… —señaló hacia el horizonte, aunque no podía verlo desde allí—. Bueno, ya viste lo que está pasando fuera.
Kairós recordó la barrera desmoronándose, las sombras acumulándose en el horizonte.
—Así que ahora eres responsable —concluyó Elyra, con un tono que mezclaba diversión y advertencia—. Haste responsable, pequeño. Los objetos son tuyos. La barrera, también. Y los siete días… bueno, esos son el precio.
Silencio.
Kairós apretó el fragmento en su mano. Sintió su peso. Su calor. Su promesa.
—Lo haré —dijo.
Elyra sonrió. Una sonrisa orgullosa, como la de una madre que ve a su hijo dar el primer paso.
—Eso quería oír.
Y entonces, antes de que Kairós pudiera decir nada más, empezó a desvanecerse.
—Adiós, Kairós.
Su figura se hizo más tenue, más etérea, hasta que solo quedó un destello de luz en el aire.
Y luego, nada.
Kairós se quedó solo en la sala. El fragmento en una mano. La armadura y la bandera, a sus pies. Y un silencio absoluto.
Pero en su pecho, ese vacío que siempre lo había acompañado… ya no se sentía tan vacío.
—Diario.
…lo sé.
—¿Qué hago?
No lo sé. Pero sea lo que sea, date prisa. Porque…
No terminó la frase.
Kairós salió cojeando de la sala. Cuando llegó a la entrada del templo, miró al cielo.
Los portales. Esas grietas brillantes en el cielo gris que conectaban este lugar con otros mundos… estaban desapareciendo. Uno a uno. Como velas que se apagan. La luz se desvanecía.
Y más lejos, al fondo del horizonte, algo que no había visto antes: una barrera. Como un arcoíris tenue, hermoso, frágil. Estaba perdiendo su brillo, deshaciéndose lentamente.
—La barrera —murmuró—. La que contenía a las sombras.
Sí. Y ahora… ahora está cayendo.
Kairós miró el fragmento en su mano. Luego el horizonte donde la barrera se desmoronaba. Un destello de humor negro cruzó su mente.
—Vaya —dijo en voz alta—. Al final sí era de mi incumbencia.
El Diario soltó una risa amarga en su mente.
Siempre lo es, idiota. Siempre lo es.
Las primeras sombras ya se recortaban en el horizonte.
…
Kairós salió cojeando del templo. El cielo gris seguía ahí, inmutable, pero algo había cambiado. Los portales se cerraban. La barrera se desmoronaba. Y en el horizonte, las sombras ya se movían.
Tenía treinta minutos. Quizás menos.
Se apoyó en una columna derruida y sacó el Diario del bolsillo. Las manos le temblaban. El cuerpo le ardía. Pero necesitaba saber.
—Diario. Mi vida. ¿Cuánto me queda?
El libro se abrió solo. Las páginas pasaron hasta la interfaz.
VIDA: 42%
—Cuarenta y dos —murmuró—. Casi la mitad.
Podría ser peor —dijo el Diario—. Podrías estar muerto.
—Mis estadísticas.
La ficha apareció.
—
DIARIO VIVIENTE – REGISTRO DE PORTADOR
NOMBRE: Kairós Elinan Thornen
NÚMERO DE IDENTIFICACIÓN: 3333
ESTADÍSTICAS FÍSICAS Y MENTALES
Atributo Valor Rango Descripción del Diario
FUERZA 12 Humano normal-alto “Igual. Pero después de lo de esta noche, debería subir. En fin.”
AGILIDAD 13 (+1) Humano normal-alto “Has ganado un punto. Tanto esquivar, tanto correr, tanto bailar con la muerte… algo tenía que mejorar.”
DESTREZA 14 (+1) Humano normal-alto “Otro punto. Tus manos ya no son solo de relojero. Son de asesino. Bonita combinación.”
VITALIDAD 11 Humano normal-alto “No ha subido. Pero que sigas vivo después de todo es un milagro.”
INTELIGENCIA 19 Humano muy alto “Igual. Pero la usarás, supongo.”
SUERTE -1 Negativa “Sigue igual. Aunque con todo lo que ha pasado, debería haber bajado a -5. Milagro.”
ESTADO GENERAL
· Vida: 42% (has perdido un 9% desde que te desmayaste. La recuperación fue mínima. Estás hecho mierda.)
· Aura: 1% (lo que has regenerado. Una miseria. No te servirá de mucho.)
· Cordura: 70% (sigue bajando. Pero oye, has visto a Elyra y no has perdido la cabeza. Puntos extra.)
GRADO DE ILUMINACIÓN
GRADO ACTUAL: I – El Sensible
COMPRENSIÓN DEL MUNDO: 4.45% (+0.10%)
FRAGMENTOS ACUMULADOS: 41
FRAGMENTOS ESPECIALES:
· 1 Fragmento Puro de Elyra (en el bolsillo. No lo has usado. ¿Para qué lo guardas?)
HABILIDADES CONOCIDAS
• Percepción de Grietas (Pasiva): Ves las fracturas en la realidad. “Ya sabes.”
• Absorción de Aura (Inconsciente): Absorbes restos emocionales. “Funciona.”
• Reparación de Artefactos (Profesión): Tu oficio. “No la quemes.”
• Aprendiz de Espada (Nivel Novato – Mejorado): “Has mejorado. Mucho. Esos movimientos… ya no son de novato. Aunque técnicamente lo sigues siendo. Pero menos.”
• Uso de Aura (Básico): “Sabes imbuir la espada. Sabes curarte. Sabes… lo básico.”
• Nadar en las sombras (superficial): Puedes sumergirte en sombras profundas y desplazarte cortas distancias. Solo funciona en entornos oscuros.
RASGOS ADQUIRIDOS
• Maldición de la Estrella (ACTIVA): Al portar el fragmento de Elyra y su armadura, te has convertido en un faro. Eres visible para todas las criaturas de la fisura. No puedes ocultarte. No puedes camuflarte. Eres una estrella en la oscuridad.
NUEVA HABILIDAD (PASIVA – MALDICIÓN)
• Estrella: Brillante. Deslumbrante. Tu luz atrae a los Disonantes como polillas a la llama. Has hecho que tu luz sea afilada… o quizás deberías aprender a ocultarla. Si es que puedes.
COMPROMISOS PENDIENTES
· Reunión de Iluminados: Almacén 7, distrito sur. Día 31 de Umbral, 11:47 PM. Faltan 3 días. (El tiempo aquí es diferente. Quizás llegues. Quizás no.)
· Pagar impuestos: Día 29 de Umbral. (Sí, eso sigue pendiente. Los Galenos no perdonan. Ni siquiera cuando estás atrapado en una fisura.)
—
Kairós leyó todo en silencio. Cuando llegó a “Nadar en las sombras”, vio la línea tachada.
“Maldición de la Estrella (ACTIVA)”
—Mierda —susurró—. Mi habilidad… bloqueada.
Sí. Por la maldición. No puedes esconderte. Eres una puta estrella.
—¿Y esta nueva? —señaló “Estrella”.
Es la misma maldición, pero puesta bonita. No te ayuda. Te jode. Pero al menos lo sabes.
Kairós guardó el Diario. Miró a su alrededor. La armadura de Elyra seguía ahí, plegada. La bandera, también.
Con esfuerzo, las recogió. La armadura pesaba menos de lo que parecía. La bandera, casi nada.
—Diario. Abre.
El libro se abrió. Kairós dejó caer la armadura y la bandera en sus páginas. Desaparecieron.
Guardadas. ¿Algo más?
—El fragmento no. Eso lo guardo aparte.
Se tocó el bolsillo. El fragmento de Elyra seguía ahí. Caliente. Palpitante. Esperando.
Treinta minutos. Quizás menos.
Miró al horizonte. Las sombras se acercaban. Cientos. Miles. Todas hambrientas. Todas atraídas por su luz.
AURA: 1%
VIDA: 42%
—Sobrevivir siete días —murmuró—. Con esto.
Tienes el fragmento. Puedes usarlo ahora. Subir a Grado II. Tendrías más oportunidades.
—O puedo esperar. Usarlo cuando esté más cerca de la muerte.
Y si esperas demasiado, te mueres. Y el fragmento no te sirve de nada.
Kairós sonrió. Una sonrisa cansada, rota, pero real.
—Siempre tan optimista.
Soy realista. Hay diferencia.
Las primeras sombras ya estaban a la vista. Gritos. Rugidos. Hambre.
Kairós se incorporó. La espada en la mano. El fragmento en el bolsillo. La maldición en la piel.
—Vamos —dijo.
Y el asedio comenzó.
Por : Hanzonex.
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