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Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 434

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Capítulo 434: Juramentos Bajo Tierra

Eddie respiraba como si cada inhalación fuera una montaña y cada exhalación un valle que se desmoronaba.

La pata monstruosa que lo había atravesado había desaparecido cuando Sholan derribó a Pennywise, pero la herida seguía abierta.

La sangre empapaba sus dedos.

Richie sostenía su rostro, llorando sin hacerlo en voz alta.

Los demás se arrodillaban alrededor, con las linternas temblando en sus manos.

El ruido lejano de Pennywise retorciéndose se mezclaba con el eco de la respiración de Eddie.

La caverna parecía aguantar la respiración.

Bill, con la voz rota, fue el primero:

—Eddie… ¿por qué hiciste eso? ¿Por qué te lanzaste así?

Eddie sonrió. Una sonrisa débil, casi transparente.

—Porque… soy doctor… y cuando… alguien está en peligro…

—Soltó un jadeo corto—. Se salva. Se ayuda. Se actúa. No… no se piensa tanto…

Miró a cada uno de ellos, pero su mirada se detuvo en Richie.

—Además… ustedes… son mi familia.

Richie apretó los dientes, agarrando la camisa ensangrentada de Eddie.

—Eds… no hables como si te fueras.

—Todos nos vamos algún día —susurró Eddie—. Pero… pero yo… yo no quería que ese… hijo de perra los tocara… no enfrente de mí. No otra vez. No más.

Su cuerpo tembló.

Beverly tapó su boca con una mano.

Ben bajó la cabeza.

Stan apretó las manos como si intentara evitar que temblaran.

Un silencio denso cayó sobre ellos… y entonces Hela dio un paso adelante.

Vestida con blanco puro, un blanco que no pertenecía a ninguna caverna, a ningún mundo humano, parecía una figura salida de una leyenda nórdica perdida.

Sus ojos brillaban con una mezcla extraña de solemnidad y una compasión que solo alguien que ha visto toda la muerte del cosmos puede sentir.

Se arrodilló al lado de Eddie.

—Valiente guerrero… —dijo con una voz suave que no tenía nada de frío—. Descansa. Que tu alma, guiada por el valor y por la convicción… encuentre el lugar reservado para aquellos que entregan su vida por amor.

Colocó su mano sobre su pecho.

Un pulso silencioso atravesó la caverna.

No luz.

No sonido.

Solo… calma.

Como si un río invisible se llevara algo precioso lejos del alcance del monstruo que los acechaba.

Hela abrió los ojos con seriedad.

—Ya no puede tocarlo —anunció—. Su alma está más allá de su hambre.

Richie rompió en llanto.

Ben apretó la frente contra el suelo.

Bill abrazó a Beverly.

Stan y Mike cerraron los ojos al mismo tiempo, como si hubieran decidido compartir el dolor.

Sholan observó todo desde unos metros más atrás.

La muerte le era familiar: la había visto, la había combatido, la había desafiado.

Pero esta… esta tenía un peso distinto.

Porque no era un soldado.

No era un enemigo.

Era un hombre común que eligió ser héroe sin pedir permiso.

Sholan apretó los puños.

—Hela —dijo con un tono grave—. Protégelos.

Ella asintió y una barrera de viento verdoso envolvió a los perdedores, suave como un abrazo, pero tan firme como un escudo asgardiano.

Sholan se acercó al cuerpo ya inmóvil de Eddie.

Se inclinó.

Colocó una mano sobre la tierra, a su lado.

—No pude salvarlo —murmuró—. Pero les juro… que lo vengaré.

—

Pennywise se retorcía al otro extremo de la caverna, intentando recomponer su mandíbula destrozada.

Cada vez que un diente caía, el monstruo chillaba con furia.

Pero entonces… algo más fuerte que su dolor lo invadió.

Un escalofrío.

Un pánico puro.

Una memoria del pasado, de veintisiete años atrás, cuando un joven desconocido había golpeado el mural y lo había herido sin explicación posible.

Ese mismo poder… ahora era más fuerte.

Mucho más.

Sholan se puso de pie.

El aire cambió.

Como si la caverna entera hubiera recordado algo que temía.

Como si cada piedra supiera que estaba a punto de presenciar algo que no debía ser visto por los humanos.

Y entonces lo liberó.

Su haki del emperador.

No gritó.

No rugió.

Solo dejó que su voluntad, pura e implacable, se expandiera.

La caverna entera tembló.

Grietas recorrieron las paredes.

El agua vibró.

Las luces parpadearon.

Los perdedores, incluso protegidos por Hela, sintieron que el aire se volvía tan pesado que parecía líquido.

Richie se aferró al cuerpo de Eddie.

Bill apretó los dientes.

Beverly casi cayó de rodillas.

Ben sintió cómo su corazón se aceleraba.

Stan sintió un impulso ancestral de correr.

Mike sintió un instinto que decía: “esto no pertenece a este mundo”.

Y Pennywise…

Pennywise retrocedió sin poder evitarlo.

Los ojos del monstruo se abrieron con terror real.

El mismo terror que él causaba.

El mismo terror que había usado contra niños, contra hogares enteros, contra generaciones.

Y ahora lo sentía él.

—Tú otra vez… —dijo con voz quebrada—. Tú… NO…

Sholan giró el cuello, dejando caer el polvo de su ropa.

Se puso en posición.

Una postura que mezclaba firmeza terrenal y una furia tranquila.

Miró al monstruo, sin vacilar.

Y su voz reverberó en la caverna como un martillazo celestial:

—Vamos a bailar, payaso.

Hizo una pausa mínima, solo para inclinar la cabeza hacia un lado con una sonrisa helada.

—Yipi Ka Yei… Hijo de perra.

La caverna respiraba como un animal atrapado.

Goteos, ecos, sombras que parecían retorcerse solas.

Y en medio de todo ese silencio contenido… Pennywise retrocedía.

Ese retroceso lo decía todo.

El monstruo que devoraba almas, que moldeaba terrores, que se reía de los gritos, el devorador de mundos, ahora tenía un temblor en las piernas largas y delgadas que se arqueaban como un insecto quebrado.

Ese temblor… era miedo.

Un miedo que jamás había conocido.

Sholan avanzó con pasos tranquilos.

Ni apresurado.

Ni exaltado.

Solo… decidido.

Su aura no explotaba en colores espectaculares—no necesitaba hacerlo. Todo su poder estaba contenido en una calma asesina.

El Haki del Emperador aún vibraba en el aire como electricidad después de una tormenta, pero ahora era el Haki de Armadura el que envolvía sus extremidades.

Un negro profundo y mate que no brillaba: absorbía la luz.

Pennywise tragó saliva.

Un sonido repugnante.

—Tú… no deberías existir… —susurró con un chillido agudo—. Tú rompes mi ciclo… tú rompes mis reglas…

Sholan levantó una ceja.

—Estoy aquí para romperte a ti. Eso es lo único que importa.

Pennywise chilló, un grito desgarrado que hizo vibrar las piedras, y su cuerpo comenzó a mutar.

Se estiró.

Creó brazos extra.

Ojos por todos lados.

Dientes como guadañas.

Su forma final de niño artesano del terror.

—¡MUEREEEEEE…! —rugió.

Saltó como una araña rabiosa.

Sholan lo vio venir.

Cuando Pennywise levantó una garra gigantesca, intentando atravesarlo, Sholan simplemente levantó un brazo cubierto con Haki de Armadura y dejó que la garra chocara contra él.

El sonido fue como metal contra metal…

…pero solo un cuerpo sufrió daño.

La garra explotó desde dentro, fragmentándose en pedazos viscosos.

—¿QUE…? —gimió Pennywise mirando su extremidad destrozada.

Pennywise retrocedió sin control.

Sholan no le dio tiempo para pensar.

Apareció a su lado en un parpadeo y le plantó un puñetazo en la mandíbula.

El impacto fue brutal.

Un estallido como un trueno rebotó en la caverna.

El cuerpo entero del monstruo se dobló como tela mojada.

Se estrelló contra la pared con tanta fuerza que el eco viajó por kilómetros de túneles.

Pennywise intentó transformar su rostro, multiplicando bocas y ojos para intimidar.

Sholan le plantó una patada giratoria en el pecho.

El monstruo salió despedido rodando como un muñeco roto.

Las arañas gigantes comenzaron a brotar de su espalda.

Criaturas deformes con los rostros de los niños que alguna vez devoró.

Sholan caminó hacia ellas.

—¡Hoy No! —gruñó.

El aire se deformó a su alrededor.

Una onda invisible pura, emisión de Haki, salió despedida como una bala.

Al tocar las criaturas… las desintegró desde adentro, convertidas en polvo oscuro.

Pennywise chilló de dolor.

—¡DEJA DE USAR ESO! ¡NO ES JUSTO! ¡NO ES JUSTO!

Sholan estiró los hombros.

—¿Justo? Te metiste con niños. Ese argumento no te queda.

Pennywise adoptó su forma de araña grotesca, la que combinaba cuerpo arácnido con torso humanoide y cabeza de payaso.

—¡TE COMERÉ! ¡TE DEVORARÉ ENTERO! ¡TE VOY A MORDER DESDE ADENTRO!

Saltó.

Sus colmillos tintineaban como cuchillas.

Sholan lo esperó con un puño cargado de Haki preparando la técnica de destrucción interna.

Cuando la criatura cayó sobre él…

…Sholan simplemente golpeó su mandíbula.

El impacto no fue ruidoso.

No fue dramático.

Fue… definitivo.

La piel del monstruo se agrietó como porcelana rota.

Una onda de destrucción interna viajó desde el golpe hacia todo su cuerpo.

Las patas se doblaron.

El torso se contrajo.

El grito se convirtió en un gorgoteo agonizante.

Pero entonces, algo extraño ocurrió.

Pennywise dejó de moverse.

Lo que estaba sintiendo… lo quebró.

El terror.

El monstruo que se alimentaba del miedo… ahora se alimentaba de su propio miedo.

Y eso no debía suceder.

—No… no… no… —susurró—. Esto… no… es…

Comenzó a retorcerse.

A doblarse.

Tentáculos con bocas y colmillos filosos en la punta salieron de forma abrupta de su espalda y empezaron a morderse entre ellas… y al cuerpo de Pennywise.

Primero un dedo.

Luego un brazo.

Luego un pedazo de su propio torso.

Era una paradoja viviendo en carne.

El depredador se estaba devorando a sí mismo.

Sholan dio un paso atrás y su aura cambió.

No era el Haki.

No era el ki.

Era… una preparación.

Una quietud absoluta antes del nacimiento de una tormenta.

Hela lo miró desde atrás, con los ojos muy abiertos.

Ella podía sentirlo, la misma sensación que cuando entrenaban en la dimensión de bolsillo.

Pennywise gritó, hundiendo sus dientes en su propio cuello.

El monstruo estaba en su máxima vulnerabilidad.

Sholan cerró los ojos un instante.

Sus músculos se tensaron.

El aire vibró con un pulso que no pertenecía a la Tierra.

Y al abrir los ojos…

…su aura explotó.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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