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Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 436

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Capítulo 436: Los testigos del terror

Retrocediendo un poco el reloj, para los Perdedores el mundo se estaba rompiendo.

No era solo el temblor de las piedras, ni los ecos sordos que vibraban como bestias durmiendo; era la sensación de que todo lo que había debajo de Derry—tuberías, túneles, cloacas, recuerdos—estaba empezando a colapsar alrededor de ellos.

Y en el centro de ese derrumbe emocional estaba Eddie, retorciéndose entre sus brazos.

Ese fue el primer golpe.

El dolor que grabó en ellos fué el inicio de lo que vendría.

Stan sujetaba a Eddie, acariciando su cabeza como si así pudiera evitar el sangrado.

Richie temblaba como un niño al que le habían arrancado una mitad del alma.

Beverly lloraba en silencio, con esa mezcla imposible de rabia y culpa.

Bill no podía evitar apretar los dientes para no gritar.

Ben respiraba como si sus pulmones fueran a partirse.

Y entonces la vieron.

Era una mujer vestida de blanco, una luz limpia en un mundo sucio.

Y cuando posó su mano sobre Eddie, hablaron el dolor y la belleza al mismo tiempo.

—Descansa, valiente guerrero… que tu alma guiada por el valor encuentre el descanso de quienes dan su vida por amor.

Fue como si las palabras se clavaran en la piel del mundo entero.

Los Perdedores sintieron—sin saber cómo—que algo importante había ocurrido.

Algo que les robaba la posibilidad de llorar con desesperación.

Eddie murió sin que el payaso pudiera tocar su alma.

Y eso… eso, sin que nadie lo supiera, fue el segundo golpe.

Un alivio amargo.

Un respiro de dignidad.

Pero la herida quedó abierta.

Ben fue el primero en levantarse. No habló. No podía.

Richie estaba arrodillado, con el rostro desencajado, murmurando cosas entre dientes que nadie pudo descifrar.

Bill y Beverly se abrazaron tan fuerte que temieron romperse las costillas.

Stan, por primera vez desde niño, sintió que el mundo era demasiado grande incluso para él.

Y entonces el aire cambió.

Los sentidos de todos se encogieron de golpe.

Una presión.

Un rugido silencioso.

Un latido que no venía del pecho de nadie.

La caverna se oscureció por un instante… y luego se inundó de una presencia tan poderosa que los Perdedores sintieron que se les doblaban las rodillas.

Sholan.

Pero para ellos era el hombre etéreo que habían visto de niños.

El hombre que golpeó el mural.

El hombre que voló.

El hombre que ellos creyeron—sin saberlo—un superhéroe.

El hombre que había vivido en sus recuerdos como una silueta imposible.

Ahora estaba frente a ellos.

No como un recuerdo distorsionado.

Como una fuerza viva.

El Haki del Emperador se liberó en un estallido que ellos solo pudieron sentir como un pánico instintivo, pero sin que fuera contra ellos. Era como estar frente a un tigre hambriento que no te mira a ti, pero cuya existencia basta para congelarte la sangre.

Pennywise gritó en algún lugar frente a ellos.

Un chillido deformado, cargado de miedo puro.

Los Perdedores lo escucharon y… no lo reconocieron.

Por primera vez desde que eran niños,

Pennywise sonaba asustado.

Ese fue el tercer golpe.

La inversión absoluta de todo lo que habían creído.

Sholan avanzó, pero lo que ellos percibieron no fue un movimiento: fue un cambio en el aire, una ausencia de sonido, un desplazamiento que la vista no captaba bien, como si el mundo mismo no estuviera diseñado para seguirlo.

Pennywise se transformó.

Pennywise chilló.

Pennywise rugió, mutó, creó monstruosidades.

Pero cada ataque chocaba contra algo invisible que reducía todo a pedazos.

Cada golpe de Sholan era…

Una implosión.

Un quiebre.

Una aniquilación desde dentro.

Richie lo describió después, nerviosamente:

—Era como si… como si cada golpe fuera un ‘NO’ del universo.

Stan, que tenía el vocabulario emocional de un explorador, lo dijo mejor:

—Era como ver a alguien pelear contra el miedo mismo… y ganarle.

Bill estaba paralizado.

En parte por el terror.

En parte por la esperanza.

Porque la forma en que ese hombre se enfrentaba a Pennywise…

era la forma en que Bill siempre soñó hacerlo con Georgie en brazos.

Ben no podía dejar de pensar que estaban ante un guerrero que hacía que todo lo demás en la vida pareciera… pequeño.

Insignificante.

Humano.

Beverly, con la piel erizada, sintió algo extraño:

ese hombre trasmitía la misma clase de coraje que ardió dentro de ellos cuando eran niños.

Como si fuera la fuente original.

O la chispa inicial.

La batalla se volvió demasiado rápido para que ellos pudieran seguirla.

Pennywise cambiaba de forma de manera grotesca.

De araña.

De monstruo.

De pesadilla.

Pero cada intento terminaba con un golpe que hacía que la criatura perdiera más que carne…

…perdía esencia.

Y luego ocurrió lo más aterrador que jamás imaginaron.

De la espalda de Pennywise grotescos tentáculos con bocas afiladas emergieron.

Y empezaron a devorarlo y devorarse entre ellos.

Se mordió un dedo.

Un brazo.

El hombro.

Pedazos de su propio torso.

Los Perdedores estaban petrificados.

Beverly gritó.

Bill la atrapó para evitar que se desmayara.

Richie dio un paso atrás.

Stan sintió que se le vaciaba el estómago.

Ben cayó de rodillas.

Mike miraba casi sin pestañear

Pennywise estaba devorándose a sí mismo.

Y no era locura.

No era histeria.

Era miedo.

Un miedo tan profundo que se había convertido en hambre.

El depredador había probado su propio veneno.

Eso, para los Perdedores, fue algo… indescriptible.

El mundo completo parecía estar presenciando una paradoja deshaciéndose.

Y entonces lo vieron.

Sholan retrocedió un poco.

Respiró.

Su aura cambió.

Y por un instante…

aunque no entendían nada…

sentían que algo estaba por suceder.

Que algo que no pertenecía a este mundo iba a caer sobre Pennywise.

Una sensación de fatalidad.

De destino.

De final.

Los Perdedores no lo sabían, pero ese instante era algo que recordarían por el resto de sus vidas.

No lo que Sholan hizo—ellos no alcanzaron a verlo completo.

Sino lo que sintieron:

Que estaban presenciando el fin de algo antiguo.

Algo que había marcado sus infancias.

Sus miedos.

Sus vidas.

Y ahora…

por primera y última vez… ese miedo estaba acorralado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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