Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 445
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Capítulo 445: Forjado en el Dolor, Sellado en la Sombra
Nidavellir aparecía ante ellos como una herida abierta en el tejido del cosmos.
La gigantesca estructura en forma de anillo flotaba alrededor de una estrella que no brillaba. No pulsaba. No rugía. Estaba congelada, atrapada en un estado imposible, como si incluso el corazón de la forja hubiera sido obligado a guardar silencio. Rocket redujo la velocidad de la nave mientras los sensores devolvían lecturas erráticas, incapaces de procesar un lugar que, por definición, no debería estar muerto.
—Esto… esto no tiene sentido —murmuró, ajustando los controles—. Nidavellir nunca duerme. Aquí se forjan las armas que hacen temblar a los imperios.
Thor observaba en silencio desde la cabina. Sus ojos recorrían la estructura con una mezcla de reconocimiento y un presentimiento oscuro que le oprimía el pecho. Había estado allí antes, en tiempos mejores, cuando el sonido de los martillos y el fuego eterno de la estrella llenaban el vacío con propósito.
Ahora solo había quietud.
Demasiada.
Aterrizaron en una de las plataformas exteriores. Groot descendió primero, apoyando los pies en el metal helado, inclinado ligeramente hacia adelante como si pudiera sentir, a su manera, la ausencia de vida. Rocket saltó después, bláster en mano, mientras Thor avanzaba con paso lento, pesado, como si cada metro que recorría confirmara un temor que aún no quería nombrar.
El taller central se abrió ante ellos en toda su magnitud: moldes colosales, yunques del tamaño de edificios, herramientas diseñadas para manos gigantescas. Todo estaba intacto. Demasiado intacto. No había señales de lucha, ni cuerpos, ni ruinas recientes.
Y entonces Thor lo vio.
En uno de los moldes, aún anclado a los sistemas de la forja, estaba el diseño incompleto del Guantelete del Infinito.
El aire pareció volverse más denso.
—Rocket… —dijo Thor con voz grave—. Saca a Groot de aquí. Ahora.
Rocket frunció el ceño, siguiendo la dirección de su mirada.
—¿Qué? ¿Por qué? Solo es un molde. Un molde muy malo, eso sí, pero—
No terminó la frase.
Algo enorme y furioso emergió de las sombras y los atacó por detrás con una fuerza brutal. Rocket fue lanzado contra una pared, rebotando antes de caer al suelo con un gruñido de dolor. Groot fue arrojado varios metros, clavándose en el metal con un crujido de madera viva.
Thor se giró de inmediato, invocando el trueno por instinto, pero se detuvo al reconocer a la figura que avanzaba hacia él.
Eitri.
El Rey de los Enanos era más grande de lo que Thor recordaba, pero también estaba encorvado, como si el peso de lo ocurrido lo hubiera deformado por dentro. Sus ojos ardían con una mezcla de furia, culpa y desesperación. Sus manos, antaño instrumentos de creación incomparable, eran ahora masas quemadas, inútiles, marcadas por un castigo deliberado.
—¡ASGARDIANO! —rugió Eitri, su voz retumbando en la forja vacía—. ¡VIENES TARDE!
Se abalanzó sobre Thor, estrellándolo contra un pilar con una fuerza que habría destrozado a cualquier mortal. Thor no respondió con violencia. No levantó un arma. Solo se incorporó lentamente, aceptando el golpe como si lo mereciera.
—Eitri, detente —dijo—. No vengo como enemigo.
—¡MENTIROSO! —Eitri volvió a embestirlo—. ¡Cuando Thanos vino! ¡Cuando mis hermanos murieron gritando en este lugar! ¿Dónde estaba Asgard? ¿Dónde estabas tú?
Thor cayó de rodillas.
Y no se levantó de inmediato.
El silencio que siguió fue espeso, cargado de reproches no dichos. Thor respiró hondo antes de hablar, como si cada palabra fuera una confesión.
—Odin… ya no existe.
Eitri se detuvo.
Solo un paso hacia atrás, pero fue suficiente para que toda su furia se fracturara.
—…¿Qué?
—Odin falleció y A<sgard hasta hace poco tiene una nueva regente, además Thanos mató a mi hermano y a muchas de nuestras guerreras valkyrias —continuó Thor, alzando la mirada—. Thanos sacó a Asgard del juego. En este momento mi pueblo a duras penas puede proteger a su gente de forma precaria.
La expresión de Eitri cambió. La rabia dio paso a algo más devastador: la comprensión de que no había justicia, solo pérdida compartida.
—Yo le forjé el guante —confesó, con la voz rota—. Creí que si lo hacía, nos perdonaría. Trescientos enanos. Trescientos artesanos que confiaron en mí. Y cuando terminé… los mató. A todos. Me dejó vivo solo para que recordara.
Alzó sus manos quemadas, temblorosas.
—Esto es lo que queda de Nidavellir.
Thor se puso en pie y caminó hacia él sin hostilidad.
—Mientras tengas el conocimiento, aún hay algo que salvar —dijo—. Forjaremos un arma. Una que pueda matar a Thanos.
Rocket, apoyado contra una consola, soltó una risa seca.
—Claro, sin presión. Solo matar al tipo más peligroso del universo.
Reactivar la estrella fue un acto de desesperación y genio improvisado. Rocket redirigió sistemas imposibles, forzó circuitos que no habían sido tocados en siglos. Groot se ofreció como conductor vivo, extendiendo sus ramas para cerrar circuitos que ningún metal podía sostener.
La estrella de neutrones volvió a latir.
Pero el conducto principal se rompió con un estruendo metálico, desviando la energía antes de que llegara a la forja.
—¡No funciona! —gritó Rocket—. ¡La energía se está perdiendo!
Thor observó la abertura por donde la energía escapaba, sintiendo el calor imposible incluso a la distancia. Supo, en ese instante, lo que debía hacer.
—Sí funciona —respondió con calma—. Solo necesita que alguien la mantenga abierta.
Rocket negó con la cabeza de inmediato.
—No. No, no, no. Eso te va a matar.
Thor sonrió, cansado pero resuelto.
—No moriré hasta que Thanos muera.
Saltó.
Sus manos y su cuerpo mantuvieron el conducto abierto mientras la energía de la estrella lo atravesaba. El dolor fue absoluto. El calor no era fuego, era juicio. Su carne ardió, sus músculos se desgarraron, su grito se perdió en el vacío mientras la forja rugía por primera vez en siglos.
El metal fundido tomó forma.
Un hacha.
No solo un arma, sino un veredicto.
Cuando Thor cayó, carbonizado, inmóvil, Rocket sintió que el corazón se le detenía. Groot avanzó sin dudar y extendió su brazo, que se desgarró para formar el mango del arma.
—Yo… soy… Groot.
La Stormbreaker nació.
Y con ella, el trueno regresó.
Thor inhaló con violencia. La energía recorrió su cuerpo, reconstruyéndolo, llenándolo de rayos. Se incorporó, los ojos brillando con un poder renovado.
Había sobrevivido.
Había sido forjado de nuevo.
—
En Knowhere, la tragedia ya había ocurrido.
Los Guardianes observaban desde la distancia al Coleccionista suplicar mientras Thanos lo torturaba, sin saber que todo aquello era un teatro cuidadosamente construido. Drax temblaba de furia, incapaz de contenerse.
—Ahora —susurró.
Demasiado tarde.
Thanos giró la cabeza lentamente, sonriendo.
Gamora atacó sin dudar. Dos puñaladas precisas. Letales.
El cuerpo de Thanos se desvaneció como polvo.
La ilusión se rompió.
Knowhere estaba destruido desde hacía tiempo. La Gema de la Realidad brillaba en el guante del Titán mientras su sonrisa se ensanchaba.
—Gracias por venir, hija.
Gamora fue capturada. Nébula torturada. Y para salvarla, Gamora habló.
Vormir los recibió con su vacío eterno. Red Skull emergió, anunciando el precio ineludible.
Un alma por otra.
Thanos lloró mientras la lanzaba al vacío.
Pero la sombra se movió.
El soldado sombra de Sholan envolvió a Gamora antes de que cayera al abismo. El intercambio se activó. El fragmento de la piedra filosofal cayó, y el balance fue aceptado. Almas por alma.
Gamora desapareció.
Thanos apareció ante la Gema del Alma y la obtuvo, convencido de su victoria.
En la Tierra, Gamora cayó de rodillas, viva, confundida, respirando.
Y en la sombra del Titán Loco, algo permanecía oculto.
Un soldado sombra observaba en silencio.
Sholan había intervenido.
La guerra avanzaba.
Pero el destino ya no pertenecía solo a Thanos.
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