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[Fútbol] Me retirare a los 21 - Capítulo 15

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15: Capítulo 15 15: Capítulo 15 —¡Señoras y señores, qué gusto saludarlos!

¡Bienvenidos a la transmisión estelar de esta mañana!

¡El sol brilla en todo su esplendor sobre el majestuoso Estadio Akron, que hoy viste sus mejores galas para recibir la Gran Final del torneo Sub-17!

¡Es el Clásico de Clásicos!

¡Chivas contra América!

¡El orgullo, la pasión y el título están en juego!

»A mi lado, en los comentarios, el gran analista táctico, Paco.

Paco, ¿cómo estás?

El estadio está a reventar y todos los ojos están puestos en una sola figura: el número 42 del Guadalajara, ese chico del que todo el país está hablando.

Carlos Vela.

—¡Hola, qué tal!

Un saludo a todos en casa.

Así es, estamos ante un fenómeno rarísimo.

Este chico de Chivas tiene unos números que no tienen sentido.

Mas de treinta goles en el torneo regular.

Pero lo que más asusta no es su talento, es su actitud.

El América viene hoy con línea de cinco en el fondo, una muralla de puro músculo, con una sola misión: que Vela no toque la pelota.

Va a ser un choque de trenes.

—¡Pues agárrense de sus asientos porque el árbitro mira su cronómetro, se lleva el silbato a la boca y…

¡Aaaaarrrrrrrancan los primeros cuarenta y cinco minutos!

¡Rueda la pelota en la cancha del Akron!

»Primer balón que va buscando el Guadalajara por el centro, la tiene el mediocampista, levanta la cabeza, busca al genio, le manda el pase a Vela.

¡Vela la recibe de espaldas y…!

¡UFFF!

¡Tremendo leñazo!

¡Criminal el impacto!

El central americanista le ha llegado por la espalda como un camión sin frenos apenas al segundo cincuenta.

Vela cae al pasto.

El árbitro se acerca, pero solo hay advertencia.

—El América está marcando territorio, mi estimado.

Quieren intimidarlo desde el vestidor.

Quieren que sienta el rigor de una final.

—¡Pero mira la repetición, Paco!

Vela ni siquiera se queja.

Se levanta, se sacude el pasto y camina a su posición.

¡Este muchacho tiene horchata en las venas!

»Avanza el cronómetro, minuto quince.

Chivas ataca por la pradera derecha.

Vela recibe, recorta hacia el centro, ¡deja a uno en el camino, acelera!

¡Viene el cruce del central y…!

¡Tómala!

¡Patada voladora de tijera directo a los tobillos!

Vela alcanza a saltar lo justo para que no le rompan la pierna, pero sale volando espectacularmente.

¡El estadio estalla en abucheos!

El árbitro ahora sí no perdona: ¡Cartón amarillo para la defensa del América!

La primera de la mañana.

—Es una cacería descarada.

No pueden quitarle la pelota limpiamente.

El control de balón que tiene este chico en espacios reducidos es una barbaridad.

—¡Minuto veinticinco!

Vela toma el esférico en tres cuartos de cancha.

¡Atención que hace un sombrerito maravilloso, qué elegancia!

¡Supera al contención, se enfila al área, le sale el líbero!

¡Cuidado con el codo!

¡Falta clarísima!

¡El americanista le tira el cuerpo y lo derriba con saña!

¡El árbitro corre y le muestra otra tarjeta amarilla!

¡La línea defensiva de las Águilas ya está pintada de amarillo por todos lados!

—Está jugando con ellos.

Vela no está huyendo de los golpes, está atrayendo la marca a propósito.

Los está cargando de tarjetas.

Es un desgaste psicológico brutal para el América.

—¡Nos acercamos al final del primer tiempo, minuto cuarenta y tres!

La tensión se corta con cuchillo.

El partido sigue cero a cero, pero el América tiene a cuatro defensas amonestados.

Vela conduce por el centro.

¡Le sale el central por la izquierda, el único que faltaba!

¡Se barre con todo, va a romperlo!

¡Pero qué me estás contando!

¡Vela pisa el balón y salta sobre la barrida como si fuera un atleta olímpico!

¡Pero el americanista, desde el suelo, le jala el tobillo!

¡Cae Vela al borde del área!

»¡El árbitro no duda!

¡Cuarta tarjeta amarilla para la zaga visitante!

¡Esto es inaudito!

¡Cuatro amonestados y todos por intentar frenar al número 42!

—Y mira dónde es la falta.

Un metro fuera del área.

Peligro inminente.

—¡Cobra rápido el Guadalajara!

Vela toca en corto con su compañero.

Se quita al contención con una pared hermosa.

¡Entra al área!

¡Le sale el líbero americanista, pero el defensa duda!

¡Tiene miedo de la segunda amarilla!

¡Vela amaga con tirar, el defensa cierra los ojos y se voltea!

¡Vela lo engancha hacia adentro, lo deja sembrado!

¡Sale el portero, achica el ángulo!

¡Vela abre el pie izquierdo y…!

¡Goooooooooooooool!

¡Gooooooool!

¡Golazo, golazo, golazo del Guadalajara!

»¡Qué toque de billarista!

¡Con la parte interna, una caricia, un beso al poste y para adentro!

¡Uno por cero lo gana el rebaño justo antes del silbatazo de medio tiempo!

¡Pero observen esto, Paco!

¡Sus compañeros enloquecen, el estadio se viene abajo y Vela…

Vela ni siquiera celebra!

¡Solo camina hacia el centro del campo con la frialdad de un banquero que acaba de cobrar un cheque!

¡Es de hielo este muchacho!

—No tiene emociones, es una máquina de jugar al fútbol.

Aprovechó el pánico del defensa amonestado y definió como un veterano de treinta años.

—¡Termina la primera mitad!

¡Nos vamos al descanso con la ventaja rojiblanca!

¡Respiremos, que esto es una locura!

—¡Arranca la parte complementaria!

¡América tiene cuarenta y cinco minutos para buscar el empate!

¡Salen como leones heridos!

»Minuto cincuenta.

Error en la salida de Chivas.

Pierde el balón el lateral izquierdo.

¡Se viene el contragolpe de las Águilas!

¡Cuatro contra tres!

La tiene el mediapunta, pisa el área, recorta al centro, ¡le pega un fierrazo espectacular!

¡Goooooooooool!

¡Gol del América!

¡Un balazo imparable pegado al poste!

¡El Clásico se empata a uno!

—Un error garrafal de Chivas que el América no perdona.

Y atención, porque el técnico visitante manda a todos para atrás.

Línea de seis, si es necesario.

Van a poner el camión, la combi y el metrobús frente a la portería.

Quieren los penales a toda costa.

—¡Minuto sesenta y ocho!

El partido está trabado, rocoso, imposible de transitar.

Vela recibe de espaldas.

Lo marca a presión el central que ya tiene amarilla.

¡Vela se apoya en él, lo desespera!

¡Gira sobre su propio eje, le hace una ruleta fantástica!

¡Lo deja viendo visiones!

¡El americanista se vuelve loco, estira los brazos y lo jala de la camiseta por el cuello!

¡Falta clara!

»¡El árbitro no perdona!

¡Segunda amarilla!

¡Tarjeta roja!

¡Se va a bañar temprano el central del América!

¡Lo provocó Vela, lo exhibió, y el América se queda con diez hombres!

—Pura inteligencia emocional, o más bien, la falta de ella por parte de Vela, que desespera a cualquiera con esa tranquilidad pasmosa.

—¡El América se encierra aún más!

Minuto setenta y cinco.

Vela sigue volviendo loca a la contención.

¡Empieza a pisar la pelota, derecha, izquierda, un baile, una grosería técnica!

¡El americanista no aguanta la humillación, suelta la patada directa al empeine!

¡El árbitro saca la preventiva!

¡Es la quinta amarilla del partido para el América, todas sobre Carlos Vela!

¡Y agárrense porque viene lo mejor!

»¡Minuto ochenta y dos!

¡Ocho minutos para el final y el empate persiste!

¡Vela toma la esférica en el círculo central!

¡Arranca como una exhalación!

¡Hace una croqueta para quitarse al primero!

¡Entra al último tercio del campo!

¡Viene a cruzarse el lateral izquierdo del América!

¡Cuidado!

¡Plancha brutal!

¡Con los tacos por delante directo a la rodilla!

¡Vela alcanza a saltar y encoger las piernas, pero el golpe lo manda a volar!

»¡El silbatazo es ensordecedor!

¡El árbitro llega corriendo!

¡No hay amarilla, la mano va directo al bolsillo trasero!

¡Roja directa!

¡Roja directa y expulsión!

¡Criminal la entrada!

¡El América se queda con nueve hombres en la cancha!

—El técnico americanista patea la hielera, la desesperación es total.

Vela no solo les rompió el esquema táctico, les rompió la disciplina.

Es una quiebra total para el equipo capitalino.

—¡Esto no ha terminado!

¡Minuto ochenta y nueve!

¡El América achica agua del barco como puede!

Rebote en la media luna.

Le cae a Vela.

¡Solo queda el capitán del América frente a él!

¡Vela amaga con disparar, el capitán se tapa el rostro!

¡Y Vela le hace un sombrerito exquisito!

¡Qué pintura!

¡Entra al área!

¡El capitán, desesperado, le echa el cuerpo encima y lo derriba!

»¡Pitazo del árbitro!

¡Último hombre!

¡Evitaba una ocasión manifiesta de gol!

¡Increíble, pero cierto!

¡Tarjeta roja para el capitán del América!

¡La tercera expulsión del partido!

¡Las Águilas se quedan con ocho guerreros en el campo, todos masacrados por la genialidad de un solo muchacho!

—Es el apocalipsis para el América.

Tres expulsados y cinco amonestados.

Vela los ha liquidado.

—¡Llegamos al tiempo de compensación!

Minuto noventa y dos.

¡Podría ser la última jugada del torneo!

Tiro libre a un metro de la frontal del área grande.

¡Todo el estadio de pie!

¡Los ocho americanistas que quedan están todos metidos en el área grande!

¡Forman una barrera de cinco hombres!

Están aterrados, saben que el número 42 no falla de ahí.

»El portero pide barrera, se coloca cubriendo su poste izquierdo.

Sabe que la zurda de Vela hace combas que desafían la gravedad.

¡Vela se perfila!

¡El estadio contiene el aliento!

¡El árbitro pita!

»¡Toma carrera Vela!

¡La barrera americanista salta con desesperación intentando tapar el ángulo superior!

¡Pero no!

¡Vela le pega de parte interna, raso, seco!

¡El balón viaja lamiendo el pasto!

¡Pasa por debajo de los zapatos de la barrera que está en el aire!

¡El portero se queda sembrado como una estatua!

»¡Goooooooooooooooooooooool!

¡Goooooooooool del Guadalajara!

¡Por debajo de la barrera!

¡Los engañó a todos!

¡Los destrozó mental, física y tácticamente!

¡Qué viveza, qué genialidad de Carlos Vela!

¡Con el tiempo cumplido, la manda guardar en el ángulo inferior derecho!

»¡El árbitro levanta las manos al cielo!

¡Se acabó, se acabó, se acabó!

¡Pita el final del partido!

¡Las Chivas Rayadas del Guadalajara son los campeones de la categoría Sub-17 en un partido que pasará a la historia!

¡Sus compañeros lo entierran vivo en una montaña de abrazos!

¡El estadio es un manicomio!

—Paco, me quedo sin palabras.

He visto a miles de jugadores jóvenes en mi carrera, pero nunca, nunca había visto a alguien dominar un partido tan importante con esta sangre fría.

Despidió a tres jugadores rivales, fabricó todas las tarjetas y resolvió la final con un tiro libre de genio puro.

Y míralo…

por fin levanta los brazos.

Apenas se le ve una media sonrisa.

—¡Es un androide, Paco!

¡Parece que acaba de salir de la oficina después de un día de trabajo muy redituable!

¡Carlos Vela es el campeón indiscutible, la joya de la corona, y hoy ha dejado claro que la liga Sub-17 le queda pequeña!

¡Qué cierre de torneo tan espectacular!

¡Quédense con nosotros para la ceremonia de premiación, porque hoy, en el Estadio Akron, ha nacido una verdadera leyenda!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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