Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

[Fútbol] Me retirare a los 21 - Capítulo 2

  1. Inicio
  2. [Fútbol] Me retirare a los 21
  3. Capítulo 2 - 2 Capítulo 2
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

2: Capítulo 2 2: Capítulo 2 —¡Goooooool!

¡Gol de Neymar en el último suspiro!

¡El Barcelona toca el cielo en Berlín!

¡La Champions es culé!

El grito eufórico del narrador deportivo rebotaba contra las paredes blancas de mi habitación en el hospital.

En la pequeña pantalla suspendida frente a mi cama, Neymar Jr.

se quitaba la camiseta para celebrar el definitivo 3-1 contra la Juventus.

Mis ojos seguían el confeti cayendo sobre el césped del Estadio Olímpico, pero mi mente estaba a kilómetros de distancia, sumida en un torbellino de confusión y negación.

Era el 6 de junio de 2015.

Había pasado un par de días desde que desperté en este cuerpo tras el accidente.

Al principio creí que me estaba volviendo loco, pero los calendarios de las enfermeras, los periódicos en la sala de espera y la mismísima final de la Champions League en vivo me obligaron a aceptar la cruda realidad: había viajado en el tiempo y había reencarnado.

Ya no era Esteban, el oficinista de treinta años.

Ahora habitaba el cuerpo de un adolescente de quince años llamado Carlos.

Un chico que, según mis padres en esta vida, era la gran promesa local del fútbol en nuestra ciudad.

Suspiré pesadamente, hundiendo la cabeza en la almohada.

Mientras Messi, Suárez y Neymar levantaban la “Orejona”, yo solo podía pensar en que los Golden State Warriors de Stephen Curry estaban a punto de jugar las finales de la NBA contra los Cavaliers de LeBron James, y yo estaba aquí, atrapado en una cama, rodeado de revistas de fútbol que mis supuestos amigos me habían traído para “animarme”.

Las siguientes veinticuatro horas fueron un ejercicio de paciencia.

Cuando el médico finalmente firmó mi alta, sentí que me quitaban cadenas de plomo de encima.

El viaje en auto hacia mi nueva casa fue silencioso; miraba por la ventanilla las calles soleadas, sintiendo la brisa tibia de junio chocar contra mi rostro, intentando asimilar que esta era mi nueva vida.

Al llegar a casa y entrar a mi habitación, el alma me volvió al cuerpo por un instante.

Aunque había un par de trofeos de fútbol en una estantería, las paredes estaban adornadas con lo que realmente importaba: un póster gigante de Kobe Bryant, un banderín de los Lakers y, lo más hermoso de todo, un balón de baloncesto de cuero genuino descansando sobre mi escritorio.

A este “Carlos” también le gustaba el básquetbol.

Éramos almas gemelas en ese sentido.

En cuanto escuché a mi madre bajar a la cocina para prepararme algo de comer, cerré la puerta con seguro, tomé el balón entre mis manos y sentí la textura rugosa acariciar mis yemas.

Una sonrisa involuntaria se dibujó en mi rostro.

El accidente, el cambio de cuerpo, el año 2015…

todo eso dejaba de importar.

Si tenía una segunda oportunidad en la vida con un cuerpo joven, atlético y lleno de energía, iba a usarla para cumplir mi verdadero sueño.

Llegaría a la NBA.

Salí por la puerta trasera hacia el pequeño patio de la casa, donde un aro con red de cadenas colgaba de una pared de ladrillos.

El sol de la tarde iluminaba el cemento desgastado.

—Muy bien, Carlos.

Veamos qué tal se mueve este cuerpo —murmuré para mí mismo.

Me situé en la línea imaginaria de tiros libres.

Separé las piernas a la anchura de los hombros, flexioné las rodillas y preparé el tiro.

En mi mente, el movimiento era perfecto, una réplica exacta de la mecánica de Klay Thompson.

Pero en el momento en que mi cerebro envió la orden a mis brazos para soltar el balón…

algo se rompió.

Mis codos se abrieron de forma antinatural.

Mis muñecas se tensaron como si estuvieran hechas de madera oxidada.

El balón salió despedido de mis manos, pero no en una suave parábola hacia el aro, sino en un ángulo completamente ridículo, estrellándose torpemente contra la pared a tres metros de distancia del tablero.

Fruncí el ceño, soltando una risa nerviosa.

—Tranquilo, Esteban.

Llevas días en cama.

Es solo óxido.

Corrí a recoger el balón.

Esta vez, decidí empezar con algo más básico: botar.

Me agaché ligeramente y empujé la pelota de cuero contra el suelo con la mano derecha.

El balón rebotó, pero mi mano bajó a destiempo, golpeándolo torpemente con los nudillos y enviándolo directo hacia mi pie derecho.

Antes de que pudiera detenerlo, mi pie reaccionó por puro instinto…

y pateó el balón de básquetbol con la técnica de un pase de primera intención, mandándolo a volar por encima de la cerca hacia el patio del vecino.

Me quedé congelado, mirando mi propio pie con horror.

Fui por el balón, me disculpé con el vecino de forma apresurada y regresé a mi patio.

Durante las siguientes dos horas, viví el infierno en la tierra.

Intenté hacer bandejas, pases de pecho, fintas, tiros de tres puntos.

El resultado era siempre el mismo: una humillación absoluta.

Cada vez que intentaba un movimiento técnico con las manos, mis brazos parecían desconectarse de mis hombros.

Mi coordinación ojo-mano era inexistente.

Sin embargo, si el balón caía al suelo, mis pies danzaban a su alrededor con una agilidad felina y perturbadora.

Podía dominar el balón de baloncesto con los pies durante minutos sin que tocara el suelo, pero era incapaz de encestar una canasta a un metro de distancia.

Era una barrera física, un bloqueo insuperable anclado en lo más profundo de mi sistema nervioso.

Terminé tirado en el suelo de cemento, bañado en sudor, con las palmas de las manos raspadas y el pecho agitado.

El balón de baloncesto rodó hasta detenerse a mi lado, casi como si se burlara de mí.

—No…

no puede ser —jadeé, con la vista clavada en el cielo anaranjado del atardecer.

La frustración me quemaba la garganta como ácido—.

Un cuerpo bendecido por los dioses del deporte…

y no puedo botar una maldita pelota.

Me pasé las manos por la cara, sintiendo unas inmensas ganas de llorar por la impotencia.

De repente, mi mirada se desvió hacia una esquina del patio, medio oculta bajo un arbusto.

Había una pelota de fútbol de cuero sintético, descolorida y gastada por el uso.

Me levanté despacio, con las piernas temblando por el esfuerzo inútil que acababa de hacer.

Caminé hacia el balón de fútbol.

No lo pensé.

Simplemente dejé que el cuerpo actuara.

Con un suave toque de la punta del pie izquierdo, levanté la pelota del suelo.

En cuanto el cuero tocó mi empeine, una sensación de paz y fluidez recorrió mi espina dorsal.

Era eléctrico.

Sin esfuerzo alguno, empecé a hacer dominadas: pie derecho, pie izquierdo, muslo, pecho, cabeza, y de vuelta al pie.

El balón parecía estar atado a mí por un hilo invisible.

Sentía su peso, su giro, su centro de gravedad con una claridad asombrosa.

Detuve el balón durmiéndolo en el empeine de mi pie derecho.

Miré la pared de ladrillos frente a mí.

Elegí visualmente un pequeño ladrillo astillado en la esquina superior izquierda.

Tomé un metro de distancia y pateé.

El sonido del impacto fue seco y perfecto.

El balón trazó una curva bellísima en el aire y golpeó exactamente el ladrillo que había mirado, rebotando mansamente de regreso a mi pecho.

Lo atrapé con las manos, sintiendo un nudo en el estómago.

El veredicto era irrefutable.

Mi mente, mi alma y mis recuerdos pertenecían al básquetbol, pero este cuerpo, esta carne, mis músculos y mis nervios…

habían nacido exclusivamente para gobernar sobre el césped.

Dejé caer el balón de fútbol al suelo y lo pisé suavemente, apoyando mi peso sobre él.

Sabía que los próximos meses definirían mi vida.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo