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[Fútbol] Me retirare a los 21 - Capítulo 20

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20: Capítulo 20 20: Capítulo 20 El segundo día de entrenamiento con la Sub-20 comenzó con un ambiente que se podía cortar con un cuchillo.

Si el primer día fue una declaración de guerra, el segundo era la guerra fría.

En el vestidor, nadie me hablaba.

Cuando pasaba cerca de los grupos, las risas se apagaban.

Valdés, el “Toro”, ni siquiera me miró; estaba demasiado ocupado poniéndose las vendas con una fuerza que hacía que sus venas parecieran cables a punto de reventar.

Me senté en mi lugar y me puse el uniforme.

Mi mente no estaba herida por el vacío que me hacían.

Como ex-oficinista, sabía que cuando un empleado nuevo llega con un sueldo más alto y mejores resultados, el resentimiento de los “veteranos” es una reacción natural del mercado.

El problema no era el silencio, sino la eficiencia.

Si mis compañeros decidían no pasarme el balón en la cancha para “bajarme los humos”, mi promedio de goles caería, y con ello, mis bonos trimestrales.

—«Tengo que arreglar este departamento si quiero que las cuentas cuadren» —pensé mientras me ajustaba las calcetas.

Salimos al campo.

El Profe Coyote ordenó un ejercicio de posesión y ataque rápido.

En los primeros minutos, mi teoría se confirmó.

Recibía el balón, lo devolvía, pero cuando me desmarcaba y quedaba solo frente al arco, mis compañeros preferían intentar una jugada individual imposible antes que darme el pase.

Era un sabotaje operativo en toda regla.

El Profe Coyote pitó, deteniendo la práctica.

Se dio cuenta de inmediato, pero no dijo nada; se quedó observando para ver cómo resolvía yo el conflicto.

En el siguiente bloque del entrenamiento, cambié mi estrategia.

Si ellos no querían hacerme brillar a mí, yo los haría brillar a ellos.

En el baloncesto, un gran base armador como Magic Johnson o John Stockton no se ganaba el respeto encestando todo el tiempo, sino haciendo que el resto del equipo pareciera de nivel All-Star.

Empecé a jugar para ellos.

Recibí un balón difícil en la media cancha.

Tenía espacio para arrancar y humillar de nuevo a Valdés, pero en lugar de eso, atraje la marca de dos defensas.

En cuanto sentí la presión, filtré un pase sutil de “no mirar” hacia el delantero centro, un tipo llamado Sánchez que estaba desesperado por anotar.

Sánchez solo tuvo que empujar el balón.

—¡Buena, Sánchez!

¡Qué movimiento!

—le grité, dándole un pulgar arriba.

Sánchez, que esperaba que yo fuera un niño arrogante, se quedó un segundo confundido, pero terminó chocando la mano conmigo.

Hice lo mismo con los extremos y los volantes.

Les ponía balones “con ventaja”, de esos que te dejan solo frente al portero con un simple toque.

Al cabo de media hora, el humor del equipo había cambiado.

Se dieron cuenta de que tener un genio en el equipo no significaba que ellos iban a dejar de destacar; al contrario, con mis pases, sus propias estadísticas estaban subiendo.

Pero faltaba el jefe de la oficina: Valdés.

El momento llegó en el último interescuadras de la mañana.

Valdés cometió un error raro en él; se confió en una salida y un delantero suplente le robó el balón, enfilándose directo a nuestra portería.

Valdés corría desesperado, pero no llegaba.

Iba a quedar en evidencia frente al Profe Coyote.

Yo, que estaba trotando cerca, metí el acelerador.

No por amor al equipo, sino porque un error del capitán bajaba la moral de toda la plantilla.

Alcancé al delantero, hice una barrida limpia —de esas que rara vez hacía para no ensuciarme— y recuperé el balón.

Me levanté rápido y, en lugar de salir jugando yo solo, se la entregué a Valdés, que venía llegando jadeando.

—Asegúrala tú, Capi.

Salgamos por la derecha, ellos están mal parados —le dije con voz tranquila, como si estuviéramos discutiendo un reporte de ventas.

Valdés tomó el balón, dio el pase y la jugada terminó en un ataque exitoso para nuestro lado.

Al terminar la jugada, Valdés se me acercó.

Tenía la cara roja, pero ya no era de rabia, sino de una mezcla extraña de vergüenza y reconocimiento.

—¿Por qué no te la llevaste tú?

—me preguntó, recuperando el aliento—.

Tenías todo el campo libre.

—Porque tú eres el que tiene la visión desde atrás, Valdés.

Mi trabajo es definir arriba, el tuyo es organizar la salida.

Si tú te ves mal, el equipo se ve mal.

Y si el equipo se ve mal, yo no cobro mis premios por victoria.

Así de simple.

Valdés me miró durante unos segundos.

Sus ojos, que antes me veían con ganas de mandarme al hospital, ahora me evaluaban con un respeto profesional.

No éramos amigos, pero acabábamos de firmar un pacto de mutua conveniencia.

—Eres un bicho muy raro, Vela —gruñó, pero esta vez me dio una palmada en la nuca, no tan fuerte como para doler, pero sí lo suficiente para sellar el trato—.

Pero juegas un mundo.

Está bien, vamos a sacar este torneo adelante.

Al finalizar la sesión, el Profe Coyote nos reunió en el círculo central.

Por primera vez en la semana, no había bandos divididos.

Estábamos todos escuchando.

—Me gusta lo que vi hoy —dijo el técnico, mirándome de reojo—.

Finalmente entendieron que el fútbol es un negocio colectivo.

La pretemporada oficial arranca el lunes.

Vamos a viajar a una zona de montaña para trabajar la resistencia.

Quiero que todos estén listos, porque este 2016 el objetivo no es solo competir; es que el primer equipo ponga los ojos en esta categoría.

Regresamos a los vestidores.

El ambiente era totalmente distinto.

Los chicos bromeaban, hablaban de los planes para el fin de semana y, por primera vez, me incluyeron en la plática.

—Oye, Carlos, ¿es cierto que te compraste un sillón que da masajes con lo que ganaste en la Sub-17?

—me preguntó Sánchez mientras se quitaba los zapatos.

—Es un modelo ergonómico de alta gama, Sánchez.

Si vas a pasar horas analizando tácticas o viendo partidos, necesitas un soporte lumbar adecuado —respondí, lo que provocó risas en todo el vestidor.

—Neta que hablas como mi contador, pero me caes bien —dijo otro de los defensas.

Terminé de cambiarme y me puse mi mochila.

Había logrado el objetivo de la semana: paz operativa.

Tenía al capitán de mi lado, el respeto del grupo y el visto bueno del jefe.

El equipo estaba unido, no por un lazo romántico de hermandad, sino porque todos entendían que conmigo en la cancha, ellos también ganarían más dinero y tendrían más fama.

Caminé hacia la salida de Verde Valle, sintiendo el aire frío de enero.

El 2016 estaba listo para empezar de verdad.

La pretemporada sería dura físicamente, pero con el vestidor bajo control, el camino hacia mis bonos del año estaba despejado.

Llegué a casa, me tiré en mi reclinable y encendí la televisión.

Los Lakers jugaban en una hora.

Suspiré con satisfacción.

Un buen líder no es el que más grita, sino el que hace que todos trabajen mejor para que él pueda descansar tranquilo.

Y yo estaba listo para descansar muy, muy tranquilo antes de que el nuevo año de fútbol comenzara.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Raymon_Gomez Me gustaría decirles que como autor es un poco extraño ya que llevo años leyendo fan fics ahora que estoy escribiendo uno es bastante complicado además como nota esta historia esta escrita por mi pero la base luego lo paso por una IA en especifico Gemini para que corrija mis errores de ortografía y gramática pero el marco general como las cosas que pasa en cada uno de los capítulos es escrito y dirigido por mi espero que les haya gustado la primera parte no se cuando actualizare la segunda parte pero tratare de hacerlo lo antes posible ya que no tengo tanto tiempo para escribir ya que trabajo por la mañana y estudio en la universidad los fines de semana y bueno solo me queda la noche para escribir y bueno al ser mi primer novela me esta costando mucho a veces tardo más de dos noches para hacer un capitulo asi que bueno gracias por leer o escuchar esta novela.

PD: esta novela la subiré en Web Novel y en YouTube en un canal que se llama Novelas Web nos vemos en la siguiente parte que no la subiré hasta terminarla si quieren algún tipo de escritura o consejos por favor dejarlo en los comentarios desde ya muchas gracias por leer esta historia.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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