[Fútbol] Me retirare a los 21 - Capítulo 33
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33: Capítulo 33 33: Capítulo 33 —¡Estamos de regreso, amigas y amigos de toda la República Mexicana!
¡El sol sigue fundiendo los metales aquí en las instalaciones de Coapa, pero la temperatura en la cancha está que arde!
¡Arrancan los segundos cuarenta y cinco minutos de esta ida de semifinales!
¡Las Águilas del América pierden uno por cero en su propio nido ante las Chivas Rayadas del Guadalajara!
»A mi lado, el profesor de las tácticas, mi querido Paco.
Paco, el América tiene que salir a matar o morir.
Han hecho dos cambios al medio tiempo, metieron toda la carne al asador.
Tienen a tres delanteros nominales en la cancha.
—Así es, mi estimado.
El técnico americanista sabe que irse a Guadalajara con desventaja es una sentencia de muerte.
Tienen que presionar desde la salida.
Pero, por favor, fíjate en la toma de la cámara sobre el número 42 de Chivas.
Carlos Vela.
En la primera mitad corrió lo que no había corrido en toda la temporada.
Está empapado en sudor, tiene la camiseta sucia por las barridas.
¿Le aguantará el tanque de oxígeno para el segundo tiempo?
Las piernas a esta altura de la Ciudad de México y con este calor suelen traicionar hasta al más pintado.
—¡Vamos a averiguarlo, Paco!
¡Mueve la pelota el conjunto azulcrema!
¡Se van con todo al frente!
¡El mediocampista filtra el balón buscando al delantero americanista en la media luna!
¡Pero adivinen quién bajó a defender como si fuera un central más!
¡Sí, señores!
¡Carlos Vela!
¡Se barre con todo, ensucia el uniforme, recupera la esférica y le tiran un pisotón cuando está en el pasto!
»¡El árbitro marca la falta a favor del Guadalajara!
¡Y mira la cara de Vela, Paco!
Se levanta jalando aire, con el rostro enrojecido por el esfuerzo, pero sus ojos están clavados en el cronómetro del estadio.
¡Este muchacho está jugando con un físico impresionante!
—Esa es la nueva versión de este jugador, y déjame decirte que es aterradora.
Antes, si le pegaban, se escondía o caminaba para que el balón corriera por él.
Hoy no.
Hoy se está fajando.
Parece que entendió que si a su talento cerebral le suma un despliegue físico brutal, no hay manera humana de detenerlo.
Y lo hace sin abrir la boca, sin reclamar, solo aprieta los dientes y sigue trabajando.
—¡Minuto cincuenta y cinco del encuentro!
¡El asedio americanista es asfixiante!
Tienen acorralado al Guadalajara, pero la defensa tapatía, comandada por Valdés, es un muro de concreto.
¡Tiro de esquina para las Águilas!
¡Sube todo el mundo, las gradas de Coapa rugen pidiendo el empate!
»¡Viene el centro, el remate de cabeza!
¡Al poste!
¡Se salva el Rebaño de milagro!
¡El rebote sale disparado hacia la banda derecha, muy lejos del área!
»¡Pero Vela ya va por él!
¡Arranca desde su propia área!
¡Un pique de treinta metros solo para evitar que la pelota salga de la cancha!
¡La alcanza a salvar con la punta del botín derecho justo sobre la línea de cal!
¡El lateral del América, frustrado por no poder ganar el rebote, llega con fuerza desmedida y lo empuja contra el letrero de publicidad!
»¡Vela se estrella contra el metal!
¡Cae al piso doliéndose del hombro!
¡La afición local le grita de todo!
¡El árbitro llega corriendo y saca la tarjeta amarilla para el jugador de las Águilas!
—El América quiere ensuciar el partido, mi estimado.
Saben que a Vela le gusta el control, la estadística limpia.
Quieren desesperarlo a base de golpes.
Pero el chico de Chivas se levanta.
Mira cómo le tiemblan las piernas por el esfuerzo, está respirando por la boca, pero pide el balón de inmediato.
No tiene ego, no se va a pelear con la tribuna.
Él solo quiere que la pelota vuelva a rodar para seguir facturando.
—¡Cobran la falta!
Minuto sesenta y cinco.
Chivas por fin logra salir de su campo.
¡La tiene Vela en el círculo central!
¡Los americanistas le respiran en la nuca!
¡Tres hombres se le dejan ir!
¡La consigna es clara: destruirlo!
»¡Vela no suelta el balón, lo pisa, lo cubre con el cuerpo!
¡El primer contención americanista le tira una patada a la pantorrilla!
¡Vela trastabilla pero no cae, aguanta el impacto como un roble!
¡Sigue conduciendo!
¡Llega el segundo jugador del América y le mete un rodillazo artero en el muslo!
»¡Vela cae al césped, y ahora sí, con un grito de dolor que se escucha hasta nuestra cabina!
¡El árbitro pita la falta!
¡El partido se detiene!
¡Las asistencias médicas del Guadalajara entran corriendo al campo!
—¡Le dieron con todo!
Esa fue una cacería infame.
El árbitro le muestra la amarilla al infractor, pero eso era de color naranja, Paco.
Las piernas de Vela ya están marcadas.
Fíjate cómo el médico le echa spray congelante en el muslo.
El técnico de Chivas voltea a la banca, parece que va a pedir el cambio.
Vela ha corrido kilómetros enteros bajo este sol, y con esos golpes, el cuerpo humano tiene un límite.
—¡Atención, que Vela rechaza el cambio!
¡Se pone de pie apartando al médico!
¡Cojeará un poco, pero no va a soltar su turno de trabajo!
¡Se acomoda el balón para el tiro libre a treinta y cinco metros de la portería americanista!
»Paco, está lejísimos.
Las piernas no le deben dar para meter un centro decente, mucho menos para tirar a gol.
El portero americanista acomoda a tres hombres en la barrera casi por mero trámite.
»¡El árbitro hace sonar el silbato!
¡Vela toma distancia!
Respira profundo, cierra los ojos un segundo.
¡Corre hacia el balón!
¡Le mete todo el empeine, sacando energía de donde no hay!
¡Un zapatazo infernal, brutal, violento!
»¡La pelota no gira!
¡Hace el efecto del nudillo, el famoso “knuckleball”!
¡Sube y de repente cae como una piedra!
¡El portero del América reacciona tarde, vuela desesperado, pero el balón se clava pegado a la base del poste izquierdo!
»¡Goooooooooooooooooooooool!
¡Goooooooolazo de las Chivas Rayadas del Guadalajara!
¡Goooool de Carlos Vela!
¡Desde treinta y cinco metros, con la pierna molida a patadas, saca un misil tierra-aire y clava el dos por cero en Coapa al minuto sesenta y ocho!
—¡No me lo puedo creer!
¡Apaguen todo y vámonos!
¡Paco, ese no fue un tiro libre, fue una declaración de guerra!
Con el muslo entumecido, sacó la fuerza de la rabia, pero una rabia fría, calculada.
América intentó sacarlo del partido a golpes y él les contesta rompiéndoles el arco.
Vela no celebra, solo aprieta los puños, se limpia el sudor que le escurre por toda la cara y vuelve a su campo trotando pesado.
Es un empleado ejemplar cobrando horas extras.
—¡El estadio de Coapa es un cementerio, señoras y señores!
¡La afición azulcrema está enmudecida!
¡El América se desploma anímicamente!
Ya no es un partido de fútbol, ¡es un ejercicio de supervivencia para el equipo local!
»¡Minuto ochenta!
América ataca con la desesperación del que se sabe ahogado.
Un centro al área de Chivas es despejado por Valdés.
¡El rebote le cae a Vela!
»Apenas controla el balón, el último defensor del América, cegado por la frustración y la rabia del resultado, se lanza en una barrida criminal.
¡Con los dos tacos por delante, directo al tobillo de Vela!
»¡Vela alcanza a puntear el balón una fracción de segundo antes, pero recibe el impacto de lleno!
¡Rueda por el pasto, dando tres vueltas completas por la inercia del golpe!
»¡El árbitro no duda!
¡Saca la tarjeta roja directa!
¡Expulsión para el América!
¡Se quedan con diez hombres y con el honor destrozado!
—Esa entrada es de cárcel, mi estimado.
La frustración total.
Pero mira a Vela…
se levanta apoyándose en Sánchez.
No reclama.
Su camiseta está rota, su pantalón lleno de tierra, el sudor le empapa el cabello.
Pero tiene una mirada de satisfacción absoluta.
Acaba de asegurar la eliminatoria forzando el error del rival.
—¡Últimos minutos del partido!
Chivas, con un hombre más, simplemente pasea la pelota.
Vela no deja de moverse, ofreciéndose como opción de pase, exigiendo a su cuerpo el último gramo de glucógeno que le queda.
¡El América corre detrás de la pelota, humillados, sin pulmones, sin ideas!
»¡Llegamos al minuto noventa y dos!
¡El árbitro levanta los brazos al cielo y se lleva el silbato a la boca!
¡Se acabó!
¡Termina el partido de ida de las semifinales!
»¡Las Chivas Rayadas del Guadalajara asaltan Coapa, vencen dos goles por cero al América con una exhibición monumental, física y táctica de Carlos Vela!
¡El número 42 no caminó hoy, hoy fue un guerrero de asfalto que dejó la piel en la cancha, recibió los golpes de toda la defensa rival y los castigó en el marcador!
»Las cámaras se van directo con él.
Camina hacia el centro del campo cojeando ligeramente.
Respira agitado, su pecho sube y baja con fuerza.
Sus compañeros van a abrazarlo, saben que hoy él fue el escudo del equipo.
Vela recibe los abrazos, choca el puño con su entrenador y camina directo al túnel.
Hoy cumplió con la cuota, hoy reventó el tabulador.
¡La final está a un paso!
¡Nos vemos en Verde Valle para la vuelta, señoras y señores!
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