Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Hasta los dioses se arrodillan - Capítulo 14

  1. Inicio
  2. Hasta los dioses se arrodillan
  3. Capítulo 14 - 14 La emboscada y los Titanes
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

14: La emboscada y los Titanes 14: La emboscada y los Titanes Konrrac, con su nuevo cuerpo de Ander aún irradiando un aura extraña y prestada, señaló hacia las murallas distantes de Omega.

Su voz, ahora con un doble tono—el grave original y un eco metálico del general caído—cortó la noche.

—Las murallas no son sólo piedra.

Son un organismo de defensa: campos electromagnéticos entrelazados, cañones de energía con autonomía táctica, sensores que leen la intención hostil.

Un asalto frontal sería un baño de sangre, incluso para nosotros.

—Hizo una pausa, sus ojos verdes brillando con astucia—.

Pero todo organismo tiene sus orificios.

En el ala norte, un ducto de desagüe principal, blindado pero no infalible.

Un grupo pequeño, silencioso, podría infiltrarse.

Y desde dentro… abrir las puertas al caos.

El debate estalló de nuevo, un eco cansado de la discusión anterior.

—¿Infiltración?

¿Como ratas?

—bufó Dante, limpiando una mota de polvo invisible de su hombro—.

Prefiero derribar la puerta principal, aunque me cueste un brazo.

—Tu brazo regenera, nuestra oportunidad no —replicó Wiber, su mirada calculadora—.

La infiltración tiene lógica.

Pero la pregunta es: ¿quién?

Y ¿qué hacemos los demás?

¿Esperar como señuelos?

—¡Exacto!

¡Somos diez, no un comando de saboteadores!

—Arianna se estremeció—.

Además, ese túnel debe estar sucio.

Arruinaría mi único vestido decente que queda.

Teresa, sin apartar los ojos de Feral —quien permanecía en silencio, observando las luces de la ciudadela—, lanzó la pregunta con una sonrisa torcida: —¿Y tú, cachorro?

¿Te sientes con ánimos de arrastrarte por las alcantarillas como una rata?

Podría ser tu estilo, después de todo… Feral abrió la boca para responder.

No llegó a emitir sonido.

El cielo se rasgó.

No fue un sonido.

Fue una presión repentina que aplastó el aire contra el suelo.

Luego, una figura impactó en el centro de su campamento con la fuerza de un asteroide.

Era una mujer.

Lissa.

Su llegada no fue una caída; fue un anuncio.

El impacto no produjo un cráter.

Produjo un evento geológico.

La tierra, en un radio de cinco kilómetros, se levantó en un anillo de fuego y roca fundida antes de colapsar sobre sí misma.

La onda de choque fue un muro sólido de fuerza que arrancó árboles centenarios, pulverizó ruinas y lanzó escombros a la estratósfera.

El territorio mismo de los ALIADOS tembló como un animal herido.

Los Diez Terrores, tomados completamente por sorpresa, fueron dispersados como hojas en un huracán.

Konrrac, Dante y Feral, los más cercanos al epicentro, sólo lograron reaccionar con un instinto primario de supervivencia: Konrrac se envolvió en un capullo de energía oscura, Dante se desmaterializó en un suspiro de niebla, y Feral cruzó los brazos instintivamente, sus Garras Negras parpadeando en defensa automática antes de ser arrojado hacia atrás.

A kilómetros de distancia, en una torre de observación fortificada, Leo observó a través de un visor de largo alcance.

Una sonrisa leve, casi de pesar, tocó sus labios.

—Cielos, Lissa —murmuró—.

Creo que se te pasó un poco la mano.

Llevándose el intercomunicador a la boca, su voz se volvió fría y clara: —Objetivo logrado.

Están dispersos y desorientados.

Inicien la cacería.

Repito: la cacería está autorizada.

Teresa no fue alcanzada por el impacto directo.

En el último segundo, dos de sus mutantes restantes se abalanzaron sobre ella, formando un caparazón viviente de carne y hueso que absorbió la peor parte de la onda expansiva.

Cuando se despejó el polvo, la bioquímica vio la verdad al instante: no era un ataque aleatorio.

Era una trampa de división.

—¡Idiotas!

—escupió, sacando cinco frascos de cristal llenos de un líquido verde fluorescente de los pliegues de su bata rasgada—.

¡Nos separaron!

¡Tomen esto, mis bellos!

¡Y hagan ESTRAGOS!

Sus mutantes, bestias ya deformes de tres metros, bebieron el líquido.

Lo que siguió fue una transformación grotesca y aterradora.

Huesos creciendo y crujiendo, músculos inflándose como globos, piel estirándose hasta casi rasgarse.

En segundos, donde había cinco engendros, ahora había cinco titanes de ciento veinte metros de altura, que avanzaban hacia la ciudadela con pasos que hacían temblar la tierra, rugiendo con voces que eran el sonido de la pesadilla hecha carne.

En la torre de mando, Leo vio aparecer los titanes en sus monitores.

Su ceño se frunció, pero no por miedo, sino por fastidio.

—Pensé que ya habíamos limpiado esa plaga.

No importa.

—Se volvió hacia su equipo de élite—.

Trass, Mark, Vikthor, Lissa.

Los colosos son suyos.

El resto, conmigo.

Busquen a los Terrores principales.

Aíslenlos y acaben con ellos.

—¡¡A la orden!!

—la respuesta fue un coro de voces decididas.

Leo se teletransportó frente al primer titán.

El monstruo, una masa informe de tentáculos y bocas, intentó aplastarlo.

Leo no se inmutó.

Sus manos se movieron con la elegancia de un director de orquesta, dibujando símbolos geométricos en el aire.

Un cubo dorado de energía pura encapsuló al titán, inmovilizándolo por completo.

Luego, otro gesto.

Del interior del cubo brotaron espadas de luz, que comenzaron un movimiento rítmico y mortal: entraban, giraban, salían.

No era un ataque; era una disección metódica.

En menos de un minuto, el titán de ciento veinte metros fue reducido a cubos perfectos y sangrantes de carne mutilada que cayeron al suelo con un sonido húmedo.

A pocos kilómetros, Trass, el General de Alfa, un hombre ancho como un toro con una sonrisa perpetua de combate, se enfrentaba a otro titán.

—¡Ja, ja, ja!

—su risa retumbaba—.

¡Monstruo feo!

¡Te voy a dar una lección de anatomía acelerada!

Sus movimientos eran un contraste brutal con la precisión de Leo.

Era pura fuerza cinética.

Se lanzó contra el titán, golpeándolo con una velocidad que creaba afterimages.

Cada impacto sonaba como una explosión sónica.

El titán, aturdido, giraba torpemente, intentando alcanzar al mosquito que lo destrozaba desde dentro.

—¡Lento!

¡Torpe!

¡Aburrido!

—se burlaba Trass, volando alrededor suyo.

Finalmente, se colocó bajo la bestia.

Con un grito de esfuerzo que hizo vibrar el aire, levantó al titán de 120 metros sobre su cabeza, en un despliegue de fuerza absurda y aterradora.

Lo lanzó hacia el cielo, y antes de que comenzara a caer, sus ojos destellaron.

De ellos salieron dos rayos de calor blanco, tan intensos que cortaron el aire con un silbido.

Los rayos se cruzaron en el torso del titán, partiéndolo limpiamente en dos mitades que cayeron en direcciones opuestas, ya inertes.

Cerca de allí, Mark, de Beta, observaba con los brazos cruzados.

—Fanfarrón —murmuró, pero una sonrisa jugueteaba en sus labios.

Otro titán se acercaba a él.

Mark no adoptó una pose elaborada.

Simplemente juntó sus manos formando un triángulo frente a su pecho.

El aire a su alrededor comenzó a crepitar, y una energía roja, densa como lava, brotó de él, envolviéndolo en un manto de poder crudo.

La concentró entre sus manos hasta formar una esfera perfecta de unos treinta centímetros, que palpitaba con luz propia.

—Así se hace —dijo, y su voz tenía una calma terrible.

—DESTELLO SOLAR —pronunció, y lanzó la esfera.

No hubo explosión ensordecedora.

Hubo un estallido de luz que borró todo en un radio de quinientos metros.

Cuando la retina se recuperó, donde estuvo el titán no quedaba nada.

Ni cenizas.

Sólo un cráter vitrificado y humeante.

Una figura aterrizó suavemente a su lado.

Era Lissa, su cabello plateado ondeando por la energía residual, sus ojos grises brillando con admiración y competencia.

—¡Whaoo!

¡De un solo golpe!

¡Qué genial!

—exclamó, su entusiasmo desentonando con el campo de batalla.

Mark la miró, un desafío en la mirada.

—Te reto a que hagas lo mismo.

Lissa sonrió, un destello de pura alegría salvaje.

Sin una palabra, se impulsó.

Su velocidad fue tal que dejó una estela de aire ionizado.

Apareció frente al pecho del cuarto titán y lanzó un solo golpe, directo y aparentemente sencillo.

El efecto fue grotesco.

El impacto no se detuvo en la piel.

La onda de fuerza viajó a través del cuerpo del titán, y salió por su espalda en una explosión de costillas, órganos y fragmentos de columna vertebral.

La criatura se desplomó, con un agujero del tamaño de una casa en su torso.

Lissa aterrizó, sacudiéndose un poco de sangre de los nudillos.

—¿Viste?

Sí se puede.

Con estilo.

Mark soltó una risa genuina.

—Nunca dudé de ti.

Ella se abalanzó sobre él, lo agarró de la armadura y lo besó con una pasión que era a la vez feroz y tierna.

Mark, al separarse, exclamó: —¡No podría esperar menos de mi futura esposa!

Mientras, en el flanco opuesto, Vikthor encaraba al último titán.

No corrió, no saltó.

Se elevó en el aire, llamando a la tormenta.

Nubes negras se arremolinaron sobre él en segundos.

Con un gesto de concentración absoluta, canalizó todos los relámpagos, todos los voltios de la tormenta, en un único rayo primordial.

Cayó sobre el titán como la lanza de un dios.

Fue tan rápido que el ojo sólo registró un destello azul blanquecino.

Cuando desapareció, el titán estaba partido en dos mitades simétricas y perfectamente carbonizadas, que cayeron con un crujido seco.

En menos de cinco minutos, los cinco titanes de Teresa, su último recurso desesperado, habían sido aniquilados.

La cacería, en efecto, había comenzado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo