Hasta los dioses se arrodillan - Capítulo 56
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
56: La Diosa De La Anarquía 56: La Diosa De La Anarquía Feral la miró con los ojos ardientes.
El rencor que llevaba dentro era un volcán a punto de estallar.
—El precio ya está pagado —dijo, y su voz era un trueno contenido—.
La destrucción de mi mundo…
el rapto de Retza…
eso es más que suficiente.
Mi retribución será implacable.
La diosa de la anarquía inclinó la cabeza, sus ojos azules brillando con curiosidad.
—¿Y qué pasa si no te ayudo?
Feral no dudó ni un segundo.
—Que se aparte de mi camino —respondió—.
Y que no me haga perder más tiempo.
Yami lo miró de reojo.
En sus ojos vacíos podía leerse un pensamiento claro: ¿La patada que le di no fue suficiente escarmiento para este insolente?
Pero Muhō, la diosa de la anarquía, extendió su mano con una alegría que desarmaba cualquier hostilidad.
—Creo que nos llevaremos muy bien —dijo, y su sonrisa era un amanecer—.
Mucho gusto en conocerte, pequeño lobo.
Puedes llamarme Muhō.
Feral miró su mano con recelo.
Dudó un segundo, dos, tres.
Finalmente, la tomó.
El apretón fue firme, pero lo que más le sorprendió fue la calidez de su piel.
No era el frío de Yami, ni el misterio de María.
Era…
humana.
Cálida.
Viva.
María sonrió con su enigmática expresión de siempre.
—Bueno, Muhō —dijo—.
Te dejamos con él.
Nosotras iremos a la reunión de los dioses.
Feral frunció el ceño.
—¿Tú no eres una diosa?
—preguntó, mirando a Muhō.
Ella soltó una risa musical.
—Es complicado —respondió, enganchándose de su brazo con una familiaridad que lo tomó por sorpresa—.
Ven conmigo.
María y Yami se perdieron por el pasillo grisáceo, sus siluetas desvaneciéndose en la penumbra metálica.
Feral se quedó solo con la diosa de la anarquía, que lo tomó del brazo como si fueran viejos amigos.
—Oye, está fuerte —dijo ella con una alegría desbordante, mientras sus manos recorrian sus pectorales y brazos con total libertad—.
Muy fuerte.
Feral sintió que las mejillas le ardían.
Desde que Retza había sido capturada, nadie lo había tocado así.
Nadie se había acercado con esa confianza, con esa calidez.
Era…
incómodo.
Pero también, de alguna manera, reconfortante.
—Sí, bueno —murmuró, tratando de ocultar el rubor que delataban sus mejillas—.
Supongo.
Muhō lo miró con esos ojos azules que parecían ver a través de él.
—Debes sentirte muy extraño, ¿verdad?
—preguntó, y por un instante su voz perdió la alegría superficial—.
Todo esto es muy nuevo para ti.
Los dioses, las dimensiones, las reglas que no entiendes…
—Más que extraño —la interrumpió Feral, y su voz recuperó la dureza—.
Solo tengo rabia.
Quiero…
—¿Quieres salvarla?
—completó Muhō—.
¿Y vengar tu mundo?
Feral la miró a los ojos.
—Es lo que más deseo —dijo, y cada palabra era un juramento—.
A Omega, ese maldito dios, lo voy a destruir.
Y me voy a tomar mi tiempo.
Va a sentir cada gramo de dolor que sintieron mis amigos.
Y al Inquisidor…
—apretó los puños— lo voy a vencer.
Para que ella ya no tenga que temerle.
Para que sea libre.
Muhō lo observó en silencio por un momento.
Luego, una sonrisa lenta se dibujó en sus labios.
—Fascinante —susurró—.
Sabes, quiero ayudarte con eso.
Feral la miró, esperanzado a pesar de sí mismo.
—¿En serio?
—preguntó—.
Dime por dónde empiezo.
¿Dónde la tienen encerrada?
¿Cómo la saco de ahí?
—Calma, calma —Muhō levantó una mano, riendo—.
Ya te diré.
Pero primero…
Caminaron hasta el final del pasillo.
Una puerta más, la enésima puerta en aquel laberinto de metal gris, se abrió ante ellos.
Y Feral contuvo el aliento.
El lugar que se desplegaba ante sus ojos no se parecía a nada que hubiera visto jamás.
Era un paisaje de colores imposibles, donde la lógica no existía y la belleza reinaba sin competencia.
Había árboles de cristal que cantaban con el viento, montañas que flotaban sobre nubes sólidas, y ríos que serpenteaban por el cielo como serpientes de agua líquida.
Las nubes cumplían la función de ríos, arrastrándose perezosas por el suelo.
Y los ríos, en el cielo, parecían nubes ingrávidas que cambiaban de forma constantemente.
—¿Qué te parece?
—preguntó Muhō, con orgullo evidente.
—Es…
extraño —admitió Feral.
—No es extraño —ella negó con la cabeza, y su cabello dorado brilló como si estuviera hecho de luz—.
Es la libertad.
Aquí no hay reglas.
Nada impone lo que algo debe hacer o cómo debe comportarse.
Es la libertad sin compromiso…
y sin consecuencia.
Feral frunció el ceño.
—Libertad —repitió—.
Igual que Aelar.
Muhō se detuvo en seco.
—¿Aelar?
—preguntó, y por primera vez su voz perdió toda frivolidad.
Feral se dio cuenta de lo que había dicho.
Las palabras de su padre resonaron en su mente: “Cuando vengan por ti, no les menciones nada sobre mí.” —No —respondió rápido—.
Nada.
No dije nada.
Muhō lo miró largamente.
Sus ojos azules, tan brillantes, parecían escudriñar su alma.
Pero no presionó.
En lugar de eso, una sonrisa cómplice se dibujó en sus labios.
—Me gusta ese nombre —dijo, como si no hubiera pasado nada—.
Aelar.
Suena a libertad.
Feral exhaló, sin saber que ella había decidido fingir que no había oído nada.
Muhō se sentó en el suelo, sobre una nube que flotaba a ras de tierra, y con un gesto materializó una bebida de colores imposibles.
Un líquido multicolor que cambiaba de tonalidad con cada movimiento.
—Siéntate, mi pequeño lobo —dijo, palmeando el lugar a su lado.
Feral no se movió.
—¿Qué vamos a hacer aquí?
—preguntó, y su voz era un cuchillo—.
Te dije que me llevaras con ella.
¿Dónde la tienen cautiva?
Eso es lo que quiero.
No quiero perder el tiempo.
Muhō suspiró, pero su sonrisa no se borró.
—Cálmate —dijo, con una paciencia que parecía infinita—.
¿Al menos sabes en qué te estás metiendo?
¿O quieres un poco de información antes de empezar a lanzar puñetazos a ciegas?
Feral refunfuñó.
Sus puños se abrieron y cerraron varias veces.
Pero sabía que ella tenía razón.
—Muy bien —concedió—.
Pero que sea rápido.
Muhō sonrió, satisfecha.
Dio un sorbo a su bebida multicolor y señaló el horizonte imposible de su reino.
—Bien —dijo—.
A ver, por dónde empiezo…
—se quedó pensando un instante, sus ojos brillando con diversión—.
Así, ya sé…
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com