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Heredero del origen. El principio - Capítulo 12

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  3. Capítulo 12 - 12 Capítulo 12- Cuando el lobo blanco muerde
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12: Capítulo 12- Cuando el lobo blanco muerde 12: Capítulo 12- Cuando el lobo blanco muerde La noche cayó sobre los bosques de Luna Rossa con una rapidez antinatural.

No hubo crepúsculo, ni tonos rosados sobre las montañas.

Solo un apagón repentino del cielo, como si alguien hubiera soplado la luz.

Pierina sintió el cambio antes de que ocurriera: la marca en su vientre se enfrió de golpe, como si un dedo helado la hubiera tocado desde adentro.

Liora levantó la cabeza desde el círculo de piedras donde estaba preparando un ritual.

—Él viene —dijo.

Pedro, que estaba a unos metros, se transformó a medias sin pensarlo.

Sus ojos se volvieron negros, sus colmillos asomaron, sus músculos se tensaron.

—¿Aldric?

—preguntó Pierina, aunque ya sabía la respuesta.

Liora asintió.

—Y no viene solo.

La oscuridad que avanza El bosque empezó a vibrar.

No con viento.

No con animales.

Con pasos.

Muchos pasos.

Pierina retrocedió.

—¿Qué es eso?

Liora extendió un brazo, protegiéndola.

—Los Sombra de hielo—susurró—.

Criaturas que solo obedecen al Lobo Blanco.

No son lobos.

No son humanos.

Son… restos.

Pedro gruñó.

—No pueden entrar a nuestro territorio.

Liora lo miró con una sonrisa amarga.

—Pueden si él los guía.

Un aullido atravesó el bosque.

Largo.

Profundo.

Inconfundible.

Aldric.

Pierina sintió que la marca ardía, pero no como antes.

No era un llamado.

Era una advertencia.

El ataque Los árboles se abrieron como si algo los empujara desde adentro.

Y entonces aparecieron.

Criaturas altas, delgadas, con piel grisácea y ojos vacíos.

Caminaban como sombras vivas, sin sonido, sin respiración.

Sus dedos eran largos, afilados, como garras de hielo.

Pedro se puso delante de Pierina.

—No te acerques —le dijo sin mirarla.

Liora levantó ambas manos.

Un círculo verde brilló bajo sus pies.

—No los mires a los ojos —ordenó—.

Te roban el aliento.

Pierina tragó saliva.

—¿Qué quieren?

Liora la miró de reojo.

—A vos.

Siempre a vos.

Las criaturas avanzaron.

Una de ellas se lanzó hacia Pedro.

Él la esquivó y la golpeó con una fuerza brutal, pero la criatura no cayó.

No sangró.

No gritó.

Solo se enderezó… y volvió a avanzar.

—No se mueren —gruñó Pedro.

—No están vivos —respondió Liora.

Pierina sintió que el pánico la ahogaba.

—¿Dónde está Aldric?

Liora apretó los dientes.

—Esperando a que te desesperes.

El lobo blanco aparece Un silencio repentino cayó sobre el claro.

Las criaturas se detuvieron.

El bosque dejó de moverse.

Y entonces, entre los árboles, apareció él.

Aldric.

Vestido de negro, con el cabello blanco cayéndole sobre los hombros, los ojos dorados brillando como brasas.

Caminaba con una calma inquietante, como si la noche le perteneciera.

Como si el mundo entero le perteneciera.

Pedro rugió.

—¡No te acerques!

Aldric lo ignoró.

Sus ojos estaban fijos en Pierina.

—Te lastimaste —dijo, como si fuera una observación íntima—.

Puedo sentirlo.

Puedo sentir tu dolor.

Pierina retrocedió.

—No te acerques.

Aldric sonrió.

—No vine a lastimarte.

Vine a ayudarte.

Jamás lastimo lo que es mio.

Liora levantó una barrera verde entre ellos.

—No vas a tocarla.

Aldric la miró con desdén.

—Bruja… no te metas en lo que no entendés.

Liora apretó los dientes.

—Entiendo más de lo que creés.

Aldric dio un paso adelante.

La barrera tembló.

—Ella me pertenece.

Pedro se lanzó hacia él.

El choque inevitable El impacto fue brutal.

Pedro y Aldric chocaron como dos tormentas.

Garras.

Colmillos.

Magia.

Fuerza.

El suelo se abrió bajo ellos.

Los árboles se inclinaron.

Las criaturas rodearon el claro.

El aire se espeso y hasta su composición química parecia cambiar.

Pierina gritó.

—¡Pedro!

Aldric lo empujó contra un tronco.

Pedro cayó de rodillas, sangrando.

—No podés protegerla —dijo Aldric—.

No podés detener lo que ya empezó.

Pierina sintió que la marca ardía.

La luz dorada empezó a brillar bajo su piel.

Liora la tomó del brazo.

—¡No!

¡Todavía no sabés controlarlo!

Pierina la apartó.

—No voy a dejar que lo mate.

Aldric la escuchó.

Se volvió hacia ella.

Sus ojos brillaron.

—No voy a matarlo —dijo suavemente—.

No si venís conmigo.

Pedro gruñó.

—¡No lo escuches!

Pierina dio un paso adelante.

La luz dorada creció.

El aire vibró.

Aldric sonrió.

—Eso es… Despertá.

La explosión La luz estalló desde Pierina como un rayo.

Las criaturas fueron arrojadas hacia atrás.

Los árboles se doblaron.

El suelo tembló.

Aldric levantó un brazo para protegerse.

Pedro cayó al suelo.

Liora gritó un conjuro para no ser arrastrada.

Pierina quedó en el centro del claro, brillando como una luna viva.

Aldric la miró, fascinado.

—Perfecta…tal como te imaginaba.

Pedro se levantó tambaleando.

—Pierina… detenelo… Ella lo miró.

Sus ojos eran dorados.

Su voz, un susurro.

—No puedo.

Aldric dio un paso hacia ella.

—Sí podés.

Conmigo.

Pierina sintió que el mundo se partía en dos.

Y entonces, algo dentro de ella se quebró.

La luz se apagó.

Pierina cayó al suelo.

Aldric dio un paso para tomarla.

Pedro rugió.

Liora lanzó un hechizo.

Y el bosque entero gritó.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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