Heredero del origen. El principio - Capítulo 18
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- Capítulo 18 - 18 Capítulo 18- La grieta que respira
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18: Capítulo 18- La grieta que respira 18: Capítulo 18- La grieta que respira La grieta no era un simple corte en la tierra.
Era un corredor vivo, húmedo, que parecía latir con un pulso lento y profundo.
El aire era espeso, casi líquido, y cada respiración de Pierina se convertía en vapor que se adhería a las paredes como si la grieta quisiera absorberla.
Liora caminaba delante de ella, sosteniendo una esfera de luz verde que flotaba sobre su palma.
La luz no iluminaba demasiado; apenas un metro alrededor.
Más allá, la oscuridad era absoluta, como si la noche hubiera sido comprimida en un espacio demasiado pequeño.
Pierina avanzaba con dificultad.
Sus piernas temblaban.
La marca ardía de forma intermitente, como si intentara encenderse y apagarse al mismo tiempo.
—¿Qué es este lugar?
—preguntó, con la voz ronca.
Liora no se volvió.
—Un refugio.
Un límite.
Un error en el mundo.
Pierina frunció el ceño.
—No entiendo.
Liora suspiró.
—No tenés que entenderlo.
Solo tenés que seguir caminando.
Pero Pierina sí quería entender.
Porque cada paso dentro de la grieta hacía que algo dentro de ella se moviera.
Algo antiguo.
Algo que no era suyo… pero tampoco ajeno.
Las paredes que escuchan La grieta se estrechó.
Las paredes estaban cubiertas de musgo oscuro que parecía moverse cuando la luz verde lo tocaba.
Pierina rozó una de las paredes con la punta de los dedos.
El musgo se contrajo.
Como si hubiera sentido su piel.
Como si hubiera respondido.
Pierina retrocedió de golpe.
—Liora… esto está vivo.
Liora asintió sin detenerse.
—Todo acá está vivo.
Y todo acá escucha.
Pierina tragó saliva.
—¿Escucha qué?
Liora se detuvo.
Giró apenas la cabeza.
—Tu miedo.
Tu magia.
Tu nombre.
Pierina sintió un escalofrío.
—¿Mi nombre?
—Los nombres tienen poder —respondió Liora—.
Especialmente el tuyo.
Pierina bajó la mirada.
—No quiero que este lugar me escuche.
Liora sonrió, amarga.
—Entonces no hables.
No pienses en voz alta.
No invoques nada.
Pierina apretó los labios.
Pero era difícil no pensar cuando el silencio era tan profundo que parecía un pozo sin fondo.
El eco de la luna Después de un rato, Pierina sintió algo extraño.
Un tirón.
Un llamado.
Una vibración en la marca.
—Liora… —susurró—.
La luna… la siento.
Liora se detuvo en seco.
—No.
No la sentís.
Pierina negó.
—Sí.
Está… está tratando de entrar.
Liora se volvió hacia ella, con los ojos muy abiertos.
—Pierina, escuchame.
La luna no puede entrar acá.
Este lugar existe fuera de su luz.
Si sentís algo… no es la luna.
Pierina sintió que la sangre se le helaba.
—Entonces… ¿qué es?
Liora levantó la esfera de luz.
La luz verde tembló.
—Tu linaje.
Pierina retrocedió.
—No quiero escucharlo.
—No podés elegir —respondió Liora—.
Ellas te escuchan a vos.
Pierina sintió un murmullo en su mente.
Una voz femenina.
Luego otra.
Y otra.
Hija… Herencia… Eco… Luna… Pierina se cubrió los oídos.
—¡Callen!
¡No quiero escucharlas!
Liora la tomó por los hombros.
—Pierina, calmate.
Si te desesperás, la grieta te va a tragar.
Pierina respiró hondo.
Las voces se apagaron.
Pero no desaparecieron.
Solo esperaban.
El puente de huesos La grieta se abrió en un espacio más amplio.
Un abismo.
Oscuro.
Profundo.
En el centro, un puente estrecho hecho de huesos blancos cruzaba de un lado al otro.
Los huesos crujían como si estuvieran vivos.
Pierina se detuvo.
—No voy a cruzar eso.
Liora avanzó sin dudar.
—Sí vas a cruzarlo.
Es la única forma de llegar al otro lado.
Pierina negó con la cabeza.
—No.
No puedo.
Liora la miró con dureza.
—Pierina, si te quedás acá, Aldric te encuentra.
Si volvés atrás, la grieta te come.
Si cruzás, vivís.
Pierina tragó saliva.
—¿Y si me caigo?
Liora sonrió.
—No te caigas.
Pierina respiró hondo.
Puso un pie sobre el puente.
Los huesos se movieron.
Se acomodaron bajo su peso.
Como si la reconocieran.
Pierina sintió un escalofrío.
—Liora… esto me está tocando.
—Ignoralo —respondió Liora—.
No te quiere lastimar.
Te quiere probar.
Pierina avanzó.
Cada paso era un desafío.
Cada crujido, una amenaza.
A mitad del puente, escuchó un susurro.
Pierina… Ella se detuvo.
—No —susurró—.
No sos real.
La voz rió.
¿No?
Pierina sintió que la marca ardía.
—Aldric… No vine a lastimarte.
Vine a recordarte quién sos.
Pierina apretó los dientes.
—No sos real.
No estás acá.
Estoy donde vos me llamás.
Pierina sintió que el puente temblaba.
—¡Liora!
¡Está acá!
Liora se volvió.
—¡No lo escuches!
¡Es una ilusión!
¡La grieta usa tus miedos!
Pierina cerró los ojos.
Respiró hondo.
Y siguió caminando.
La voz se apagó.
El puente se estabilizó.
Pierina llegó al otro lado temblando.
Liora la tomó del brazo.
—Bien.
Muy bien.
Pierina se dejó caer de rodillas.
—No puedo más… Liora negó.
—Sí podés.
Porque todavía no llegamos.
El corazón de la grieta La grieta se estrechó otra vez, pero esta vez el aire cambió.
Era más frío.
Más denso.
Más… consciente.
Pierina sintió que algo la observaba desde la oscuridad.
—Liora… ¿qué es esto?
Liora no respondió de inmediato.
—El corazón de la grieta.
Donde la magia se esconde cuando no quiere ser vista.
Pierina tragó saliva.
—¿Por qué estamos acá?
Liora se detuvo.
La miró con una expresión grave.
—Porque acá vas a aprender la verdad sobre tu linaje.
Y porque acá Aldric no puede seguirte.
Pierina sintió un escalofrío.
—¿Qué verdad?
Liora respiró hondo.
—Que no sos la primera Luna Dorada.
Y que ninguna de las anteriores murió de forma natural.
Pierina sintió que el mundo se le movía bajo los pies.
—¿Qué…?
Liora se acercó.
Le tomó las manos.
—Pierina… todas fueron cazadas.
Todas fueron reclamadas.
Todas fueron destruidas por el mismo lobo.
Pierina sintió que la marca ardía como fuego.
—¿Aldric?
Liora negó lentamente.
—No.
Aldric no es el cazador.
Aldric es la consecuencia.
Pierina sintió que la oscuridad se cerraba a su alrededor.
—Entonces… ¿quién es el cazador?
Liora susurró: —El Primer Alfa.
El origen.
El que nunca murió.
Pierina sintió que la grieta respiraba.
Y que algo, muy profundo, acababa de despertarse.
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