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Heredero del origen. El principio - Capítulo 21

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  3. Capítulo 21 - 21 Capítulo 21- El Alfa que desciende
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21: Capítulo 21- El Alfa que desciende 21: Capítulo 21- El Alfa que desciende Pedro llegó al borde de la grieta cuando el sol apenas comenzaba a caer.

El bosque estaba inquieto, como si supiera que él estaba a punto de cruzar un límite que ningún Alfa debería cruzar.

El aire olía a tierra húmeda, a raíces viejas, a magia que no pertenecía a su mundo.

La grieta se abría ante él como una herida en la tierra.

Oscura.

Profunda.

Silenciosa.

Un silencio que no era natural.

Un silencio que parecía observarlo.

Pedro respiró hondo.

La marca de Pierina seguía ausente.

No la sentía.

No la escuchaba.

No la encontraba.

Y eso lo estaba volviendo loco.

—Pierina… —susurró—.

Aguantá.

Ya voy.

Se transformó a medias.

Sus ojos se volvieron negros.

Sus colmillos asomaron.

Sus músculos se tensaron.

Y saltó dentro de la grieta.

El descenso La caída no fue larga, pero sí brutal.

Pedro aterrizó sobre un suelo húmedo, cubierto de musgo oscuro que parecía moverse bajo sus pies.

El aire era frío, casi helado, y olía a algo metálico, como sangre vieja.

Se incorporó, gruñendo.

La grieta era estrecha, apenas iluminada por una luz tenue que no venía de ninguna parte.

Las paredes estaban cubiertas de raíces blancas que parecían palpitar.

Pedro frunció el ceño.

—¿Qué es este lugar…?

El eco de su voz sonó distorsionado, como si la grieta la masticara antes de devolverla.

Pedro avanzó.

Cada paso hacía que el suelo vibrara.

Cada respiración parecía demasiado fuerte.

Cada sonido se sentía fuera de lugar.

Y entonces lo sintió.

Un susurro.

Leve.

Lejano.

Pedro… Él se detuvo.

—Pierina.

Pero la voz no era la de ella.

Era más profunda.

Más antigua.

Más peligrosa.

Pedro gruñó.

—No voy a escucharte.

La voz rió.

Un sonido que hizo que las raíces blancas se movieran.

Ya estás escuchando.

Pedro apretó los dientes.

—No soy tuyo.

Todavía no.

Pedro siguió caminando, ignorando la voz.

Pero la grieta no lo ignoraba a él.

Las paredes que respiran A medida que avanzaba, las paredes parecían acercarse.

Respiraban.

Se movían.

Se contraían.

Pedro apoyó una mano en la roca.

La roca se movió bajo su palma.

Retrocedió de golpe.

—Esto no es normal… Las raíces blancas se estiraron hacia él, como si quisieran tocarlo.

Pedro gruñó y retrocedió más.

—No me toquen.

Las raíces se detuvieron.

Como si entendieran.

Como si obedecieran.

Pedro sintió un escalofrío.

—Liora… ¿qué demonios es este lugar?

Pero no había respuesta.

Solo silencio.

Y la sensación de que algo lo observaba desde la oscuridad.

El puente de huesos Después de un rato, la grieta se abrió en un espacio más amplio.

Un abismo.

Oscuro.

Profundo.

Y en el centro, un puente estrecho hecho de huesos blancos.

Pedro frunció el ceño.

—No puede ser… Había escuchado historias.

Historias que los ancianos contaban a los cachorros para asustarlos.

Historias sobre un puente que llevaba al corazón del mundo.

Un puente que solo se formaba cuando una Luna Dorada estaba cerca.

Pedro respiró hondo.

—Pierina… estás acá.

Puso un pie sobre el puente.

Los huesos crujieron.

Se movieron.

Se acomodaron bajo su peso.

Pedro gruñó.

—No me importa si están vivos.

No me importa si quieren probarme.

Voy a cruzar.

Voy a alcanzar a mi Luna.

Avanzó.

Cada paso era un desafío.

Cada crujido, una amenaza.

A mitad del puente, escuchó un susurro.

Alfa… Pedro se detuvo.

—No soy tu Alfa.

Pero ella sí es tu luna.

Pedro apretó los dientes.

—No voy a escucharte.

La estás perdiendo.

Pedro gruñó.

—¡Callate!

El puente tembló.

Los huesos se movieron.

Pero Pedro siguió caminando.

—No voy a perderla.

No voy a dejar que la toques.

No voy a dejar que la reclames.

La voz rió.

No soy yo quien la reclama.

Pedro sintió un escalofrío.

—¿Entonces quién?

La voz se volvió más profunda.

Más antigua.

Más fría.

El que vino antes que todos.

El que nunca murió.

El que la luna maldijo.

El que la luna teme.

Pedro sintió que el corazón le golpeaba el pecho.

—El Primer Alfa… Él la quiere.

Él la busca.

Él la huele.

Y vos… vos no podés detenerlo.

Pedro rugió.

—¡Voy a detenerlo!

¡Voy a detenerte a vos!

¡Voy a detener a cualquiera que quiera lastimarla!

El puente se estabilizó.

La voz se apagó.

Pedro llegó al otro lado, jadeando.

El eco de Pierina La grieta se estrechó otra vez.

El aire se volvió más frío.

Más denso.

Más oscuro.

Pedro avanzó, guiado por un instinto que no entendía.

Y entonces la sintió.

Pierina.

Su olor.

Su magia.

Su miedo.

Muy cerca.

Muy débil.

Pero viva.

Pedro apretó los dientes.

—Pierina… ya casi estoy.

Avanzó más rápido.

Las raíces blancas se apartaban a su paso.

Las sombras retrocedían.

El aire vibraba.

Y entonces la escuchó.

Una respiración.

Un gemido.

Un susurro.

—Pedro… Él se detuvo.

El corazón le dio un vuelco.

—¡Pierina!

Corrió hacia la voz.

Giró una esquina.

Y la vio.

Pierina estaba de rodillas, apoyada contra una pared de roca, con la marca brillando débilmente.

Liora estaba a su lado, agotada, con la luz verde casi apagada.

Pedro sintió que el alma le volvía al cuerpo.

—Pierina… Ella levantó la cabeza.

Sus ojos estaban vidriosos.

Pero cuando lo vio, sonrió.

—Sabía… que ibas a venir… Pedro cayó de rodillas frente a ella.

La tomó entre sus brazos.

La sostuvo como si temiera que se desvaneciera.

—Nunca voy a dejarte sola.

Nunca.

Pierina apoyó la frente en su pecho.

—No deberías haber venido… Pedro la abrazó más fuerte.

—No me importa.

No voy a perderte.

Liora se incorporó con dificultad.

—Pedro… tenemos que irnos.

Ahora.

Pedro la miró.

—¿Por qué?

Liora señaló la oscuridad detrás de ellos.

—Porque no estamos solos.

Pedro se volvió.

Y lo vio.

Una sombra enorme.

Alta.

Deforme.

Con ojos que no eran ojos.

Con un cuerpo que no era cuerpo.

Un eco.

Un hambre.

Un origen.

El Primer Alfa.

Pedro sintió que la sangre se le helaba.

—Llevate a Pierina —dijo Liora—.

Yo lo detengo.

Pedro negó.

—No.

No te voy a dejar— Liora gritó: —¡LLEVATELA!

¡AHORA!

La sombra avanzó.

Y la grieta tembló.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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