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Heredero del origen. El principio - Capítulo 29

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  3. Capítulo 29 - 29 Capítulo 29- El lobo que habla en la grieta del alma
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29: Capítulo 29- El lobo que habla en la grieta del alma 29: Capítulo 29- El lobo que habla en la grieta del alma Pierina retrocedió hasta que su espalda chocó contra un árbol.

El tronco estaba frío, húmedo, como si el bosque entero hubiera decidido observarla sin intervenir.

Aldric avanzó un paso, lento, seguro, como si supiera que no necesitaba apresurarse.

La luna, que hacía un instante era pálida, ahora parecía teñida de un rojo tenue.

O tal vez era la marca de Pierina, ardiendo bajo su piel.

Aldric inclinó la cabeza, estudiándola.

—Estás temblando —dijo con suavidad—.

No por mí.

Por vos misma.

Pierina apretó los dientes.

—No te acerques.

Aldric sonrió.

No era una sonrisa cruel.

Era peor.

Era una sonrisa paciente.

—No estoy acercándome.

Sos vos la que retrocede hacia mí.

Pierina sintió un nudo en la garganta.

—No quiero estar cerca tuyo.

Aldric dio otro paso.

La distancia entre ellos se volvió peligrosa.

—Y sin embargo… acá estás.

Sola.

Rota.

Temblando.

Huyendo de él.

Pierina cerró los ojos.

—No estoy huyendo de Pedro.

Aldric se inclinó apenas hacia adelante.

—¿No?

Pierina abrió los ojos.

Aldric estaba demasiado cerca.

Demasiado presente.

Demasiado… inevitable.

—No —repitió ella, aunque su voz tembló.

Aldric levantó una mano, sin tocarla, pero lo suficientemente cerca como para que Pierina sintiera el calor de su magia.

—Entonces decime, Nina… ¿por qué te fuiste?

Ella tragó saliva.

—Porque… porque soy peligrosa.

Aldric sonrió, satisfecho.

—Exacto.

Pierina sintió que el aire se volvía más denso.

—No quiero lastimar a nadie.

Aldric bajó la mano, pero no retrocedió.

—No querés lastimarlos a ellos.

A mí… no me lastimarías.

Pierina negó con la cabeza.

—No entiendo qué querés de mí.

Aldric la observó con una intensidad que la atravesó.

—Quiero lo que siempre fue mío.

Pierina sintió que la marca ardía.

—No soy tuya.

Aldric no se inmutó.

—Todavía no.

La manipulación Aldric dio un paso más.

Pierina sintió que el mundo se estrechaba alrededor de ellos.

—¿Sabés qué es lo que más me gusta de vos?

—preguntó él.

Pierina no respondió.

Aldric continuó: —Que sos honesta.

Incluso cuando mentís.

Incluso cuando te mentís a vos misma.

Pierina frunció el ceño.

—No estoy mintiendo.

Aldric sonrió.

—Claro que sí.

Te fuiste para protegerlos… pero también te fuiste porque tenías miedo de lo que sentís.

Pierina sintió un escalofrío.

—No sé de qué hablás.

Aldric acercó su rostro al de ella.

No la tocó.

Pero la cercanía era suficiente para que Pierina sintiera que su respiración se mezclaba con la de él.

—Hablo de esto —susurró—.

De lo que pasa cuando estoy cerca.

De lo que pasa cuando te miro.

De lo que pasa cuando tu magia responde a la mía.

Pierina apretó los puños.

—No quiero sentir nada por vos.

Aldric rió suavemente.

—No dije que quisieras.

Dije que pasa.

Pierina sintió que la marca ardía más fuerte.

Como si respondiera a él.

Como si lo reconociera.

—No… —susurró—.

No quiero… Aldric levantó una mano y la apoyó en el árbol, a centímetros de su rostro.

La encerró sin tocarla.

—No tenés que querer.

Solo tenés que dejar de pelear.

Pierina sintió que el aire se le escapaba del pecho.

—No puedo… Aldric inclinó la cabeza.

—¿No podés… o no querés?

Pierina cerró los ojos.

La marca ardía.

Su respiración temblaba.

Su magia vibraba.

Y Aldric lo sabía.

La grieta interna Aldric bajó la voz.

—¿Querés saber un secreto?

Pierina abrió los ojos, atrapada.

—No.

Aldric ignoró la respuesta.

—No sos peligrosa porque no controlás tu magia.

Sos peligrosa porque tu magia quiere controlarte.

Pierina sintió un golpe en el pecho.

—Eso no es verdad… Aldric sonrió.

—¿No?

¿Y por qué te fuiste entonces?

¿Por qué dejaste a Pedro?

¿Por qué dejaste a la manada?

¿Por qué estás acá, sola, temblando, sin saber quién sos?

Pierina sintió que las lágrimas le ardían en los ojos.

—Porque… porque no quiero lastimarlos… Aldric acercó su rostro al de ella.

—Y porque sabés que conmigo… no tenés que contenerte.

Pierina sintió que el mundo se inclinaba.

—No quiero estar con vos… Aldric susurró: —Pero tu magia sí.

La marca ardió como fuego.

Pierina jadeó.

Aldric sonrió.

—¿Lo sentís?

Eso no es miedo.

Eso no es dolor.

Eso es… reconocimiento.

Pierina tembló.

—No… no quiero… Aldric apoyó su frente contra la de ella.

Su voz fue un susurro oscuro.

—No tenés que querer.

Solo tenés que dejar de huir.

Pierina sintió que algo dentro de ella se quebraba.

No por él.

Por ella misma.

Por la parte de su magia que respondía.

Por la parte de su linaje que despertaba.

Por la parte de su alma que temblaba.

Aldric sonrió, suave, triunfal.

—Eso es, Nina.

Dejá que pase.

Pierina cerró los ojos.

Y por un instante… sintió que perdía el control.

El Alfa que la siente Muy lejos, en el bosque, Pedro se detuvo de golpe.

Su respiración se cortó.

Su pecho ardió.

La marca de Pierina —que había estado muda, apagada, distante— vibró.

No con miedo.

No con dolor.

Con algo más oscuro.

Más profundo.

Más peligroso.

Pedro abrió los ojos, horrorizado.

—Pierina… Y corrió.

Corrió como si el mundo se estuviera desmoronando.

Porque lo estaba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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