Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Heredero del origen. El principio - Capítulo 30

  1. Inicio
  2. Heredero del origen. El principio
  3. Capítulo 30 - 30 Capítulo 30- La luna que tiembla por dentro
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

30: Capítulo 30- La luna que tiembla por dentro 30: Capítulo 30- La luna que tiembla por dentro Pierina sintió que el bosque desaparecía.

No literalmente: los árboles seguían ahí, las sombras seguían ahí, la noche seguía ahí.

Pero su percepción se volvió borrosa, como si una capa de niebla se hubiera interpuesto entre ella y el mundo.

Como si su mente estuviera siendo empujada hacia adentro, hacia un lugar donde no había luz ni aire.

Aldric seguía frente a ella.

Demasiado cerca.

Demasiado presente.

Demasiado inevitable.

Pero ahora su figura parecía duplicarse, desdoblarse, mezclarse con algo más oscuro.

Con una sombra que no tenía forma.

Con un eco que no tenía voz.

Con un hambre que no tenía nombre.

Pierina apretó los ojos, intentando recuperar el control.

—No… no voy a dejarte entrar… Aldric inclinó la cabeza, como si la escuchara desde muy lejos.

—No estoy entrando.

Sos vos la que está abriendo la puerta.

Pierina sintió un golpe en el pecho.

Un latido que no era suyo.

Un pulso que venía de la marca.

Rojo.

Profundo.

Vivo.

—No quiero esto —susurró.

Aldric dio un paso más, sin tocarla.

—No querés… pero necesitás.

Y eso es lo que te asusta.

Pierina negó con la cabeza, desesperada.

—No necesito nada de vos.

Aldric sonrió, suave.

—Entonces, ¿por qué tu magia me reconoce?

La marca ardió.

Pierina jadeó.

El bosque pareció inclinarse hacia ellos.

El mundo entero se detuvo.

La fractura interna Pierina sintió que su mente se dividía en dos.

Una parte de ella gritaba.

Luchaba.

Se aferraba a Pedro, a Liora, a la manada, a todo lo que la hacía humana.

La otra parte… la otra parte se deslizaba hacia Aldric como agua buscando una grieta.

Con una necesidad que la asustaba.

Esa parte era antigua.

Instintiva.

Salvaje.

Y estaba cansada de resistir.

Pierina apretó los dientes.

—No voy a dejar que me controles.

Aldric no se movió.

—No quiero controlarte.

Quiero que seas vos misma.

Quiero que seas lo que estas destinada a ser: Mi igual.

Pierina sintió un escalofrío.

—No sé quién soy.

Aldric sonrió.

—Yo sí.

Pierina sintió que el mundo se inclinaba.

—No… —Sos la Luna Dorada —susurró Aldric—.

Sos la luz que despierta al cazador.

Sos la herencia que la luna quiso esconder.

Sos la llave que abre al Primer Alfa.

Sos lo que mi mundo necesita.

Pierina sintió que la sangre se le helaba.

—No quiero ser nada de eso.

Aldric acercó su rostro al de ella.

—Pero lo sos.

Y cuanto más lo niegues… más te va a doler.

Pierina sintió que algo dentro de ella se quebraba.

Un sonido interno.

Un chasquido.

Una fractura.

Y entonces, la voz del sueño volvió.

Elegí.

Pierina apretó los ojos.

—No quiero elegir… Aldric susurró: —Ya elegiste cuando te fuiste de él.

Pierina abrió los ojos, horrorizada.

—No… yo no… —Sí —dijo Aldric—.

Elegiste sobrevivir.

Elegiste protegerlos.

Elegiste alejarte.

Y ahora… elegime a mí.

Pierina sintió que el aire se volvía más denso.

—No puedo… Aldric sonrió.

—Podés.

Y lo estás haciendo.

Es más…tu corazón ya lo hizo…

La sombra del Primer Alfa De repente, el bosque se oscureció.

No porque la luna se escondiera.

No porque las nubes la cubrieran.

Sino porque algo más grande, más antiguo, más profundo… se acercaba.

Pierina sintió un frío que no era físico.

Un frío que venía de adentro.

De la marca.

De su sangre.

Aldric levantó la vista, como si escuchara algo que ella no podía oír.

—Él te siente.

Pierina tembló.

—No quiero que me sienta… Aldric la miró con una mezcla de fascinación y tristeza.

—No podés evitarlo.

Sos su herencia.

Sos su luz.

Sos su llamada.

Pierina retrocedió.

—No quiero ser su nada.

Aldric dio un paso hacia ella.

—Entonces dejá de pelear sola.

Pierina sintió que la sombra se acercaba.

Un eco.

Un pulso.

Un hambre.

Y su magia respondió.

No con miedo.

Con reconocimiento.

Pierina gritó.

—¡No!

¡No quiero esto!

Aldric la sostuvo por los brazos, sin fuerza, sin violencia, solo para que no cayera.

—Pierina… escuchame.

No estás perdiendo el control.

Estás despertando.

Pierina lloró.

—No quiero despertar… Aldric apoyó su frente contra la de ella.

—Pero ya lo hiciste.

Y yo estoy acá para ser tu ancla.

La tentación del alivio Pierina sintió algo extraño.

Algo que no esperaba.

Algo que la asustó más que la sombra, más que la magia, más que el sueño.

Sintió alivio.

Alivio por no estar peleando sola.

Alivio por no tener que contenerse.

Alivio por no tener que proteger a todos.

Alivio por no tener que ser fuerte.

Alivio con el contacto físico de Aldric.

Aldric lo sintió.

Lo vio en sus ojos.

Lo escuchó en su respiración.

—Eso es —susurró—.

Dejá de cargarlo sola.

Pierina tembló.

—No… no puedo… —Sí podés —dijo Aldric—.

Y lo estás haciendo.

Pierina sintió que su resistencia se desmoronaba.

No por seducción.

No por magia.

Por cansancio.

Por agotamiento.

Por miedo.

Por soledad.

Aldric la sostuvo cuando sus piernas cedieron.

—Pierina… dejame ayudarte.

Ella apoyó la frente en su pecho, temblando.

—Tengo miedo… Aldric cerró los ojos.

—Yo también.

Pierina levantó la mirada.

—¿De qué tenés miedo vos?

Aldric la observó con una sinceridad que la desarmó.

—De perderte antes de tenerte.

Pierina sintió que el corazón le golpeaba el pecho.

—No quiero ser tuya… Aldric sonrió, triste.

—Pero ya sos parte de mí.

Pierina sintió que la marca ardía.

Rojo.

Profundo.

Vivo.

Y por primera vez… no supo si quería apagarla.

La grieta en su alma Pierina cerró los ojos.

Su magia vibraba.

Su mente temblaba.

Su corazón se dividía.

Una parte de ella gritaba por Pedro.

Por su voz.

Por su abrazo.

Por su luz.

La otra parte… la otra parte se inclinaba hacia Aldric como si él fuera la única persona capaz de sostenerla en ese momento.

Y esa parte era fuerte.

Demasiado fuerte.

Pierina lloró.

—No sé quién soy… Aldric la sostuvo.

—Yo sí.

Y voy a mostrártelo.

Pierina abrió los ojos.

Y por un instante… un solo instante… No resistió.

Su boca encontro la de él y no fue un beso gentil, fue un beso que parecía fusionar sus almas, desesperado, con el hambre contenida de siglos…con el fuego que solo ellos tenían.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo