Heredero del origen. El principio - Capítulo 32
- Inicio
- Heredero del origen. El principio
- Capítulo 32 - 32 Capítulo 32- El eco que entra donde la luz se quiebra
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
32: Capítulo 32- El eco que entra donde la luz se quiebra 32: Capítulo 32- El eco que entra donde la luz se quiebra El bosque se volvió silencioso de golpe.
No un silencio natural, sino uno tan profundo que parecía absorber el sonido.
Pierina sintió cómo el aire se espesaba, como si estuviera respirando agua.
Aldric dejó de hablar.
Incluso él, que nunca mostraba miedo, se tensó.
Pierina abrió los ojos.
Y lo sintió.
No lo vio.
No lo escuchó.
No lo olió.
Lo sintió.
Una vibración en el pecho.
Un tirón en la marca.
Un frío que no venía del cuerpo, sino del alma.
El eco del Primer Alfa había llegado.
Aldric dio un paso atrás, no por temor, sino por respeto.
Pierina, en cambio, sintió que las piernas le fallaban.
—No… —susurró—.
No quiero verlo… Aldric habló en voz baja, como si temiera romper algo.
—No lo vas a ver.
Él no aparece.
Él… se manifiesta.
Pierina tembló.
—¿Qué significa eso?
Aldric la miró con una mezcla de fascinación y gravedad.
—Que entra donde estás rota.
Pierina sintió un golpe en el pecho.
Como si algo hubiera empujado desde adentro.
—No… no quiero… ¡no quiero!
Pero la marca ardió.
Roja.
Profunda.
Viva.
Y entonces, el mundo se quebró.
La grieta en la mente Pierina no cayó al suelo.
El suelo cayó de ella.
El bosque desapareció.
Aldric desapareció.
La noche desapareció.
Y quedó suspendida en un espacio sin forma.
Un vacío.
Un silencio.
Un lugar donde no había arriba ni abajo, ni luz ni sombra.
Solo ella.
Y algo más.
Un murmullo.
Un susurro.
Un latido.
Pierina… Ella apretó los dientes.
—No sos real.
El susurro se volvió más claro.
Soy más real que vos.
Pierina sintió que el corazón le golpeaba el pecho.
—No quiero escucharte.
Pero me escuchás.
Porque estoy en tu sangre.
En tu magia.
En tu herencia.
Pierina negó con la cabeza.
—No sos mi herencia.
El susurro rió.
Un sonido que no era humano.
Soy la primera herencia.
La que vino antes de la luna.
La que la luna no pudo matar.
La que vos despertaste.
Pierina sintió que el vacío se cerraba alrededor de ella.
—No te desperté.
No quiero nada de vos.
Pero tu miedo sí.
Tu dolor sí.
Tu fractura sí.
Pierina gritó.
—¡Callate!
El vacío vibró.
Y entonces, apareció.
No como un cuerpo.
No como un rostro.
No como un monstruo.
Apareció como una sombra que tenía forma de lobo y de hombre al mismo tiempo, pero sin límites, sin bordes, sin piel.
Una presencia hecha de hambre y memoria.
El eco del Primer Alfa.
La voz que no necesita boca La sombra se acercó.
No caminaba.
No flotaba.
Simplemente… estaba más cerca.
Pierina retrocedió, aunque no había suelo donde pisar.
—No te acerques… La sombra habló sin boca.
No vine a lastimarte.
Vine a reclamar lo que es mío.
Pierina sintió que la sangre se le helaba.
—No soy tuya.
Sos la luz que me falta.
La luna que me negó.
La herencia que me corresponde.
Pierina apretó los puños.
—No quiero ser parte de vos.
La sombra se expandió, envolviéndola sin tocarla.
No tenés elección.
Tu magia me llamó.
Tu miedo me abrió la puerta.
Tu fractura me dejó entrar.
Pierina sintió que el aire se volvía más denso.
—No… no quiero… Querés.
Porque estás cansada.
Porque estás sola.
Porque nadie entiende lo que sos.
Ni Pedro.
Ni Liora.
Ni siquiera Aldric.
Pierina tembló.
—Pedro… él me ama… La sombra vibró.
No te ama.
Ama lo que hay en vos.
El amor no te salva.
El amor te rompe.
El amor te hace débil.
Y vos no naciste para ser débil.
Pierina sintió un nudo en la garganta.
—No quiero ser fuerte así… No hablás de fuerza.
Hablás de destino.
Y tu destino… soy yo.
La tentación del poder La sombra se acercó más.
Pierina sintió que algo dentro de ella respondía.
No su corazón.
No su mente.
Su magia.
Esa parte salvaje.
Esa parte antigua.
Esa parte que no era humana.
La sombra susurró: ¿Querés saber por qué te duele tanto amar?
Pierina cerró los ojos.
—No… Porque tu magia no fue hecha para amar.
Fue hecha para dominar.
Para iluminar.
Para despertar.
Para destruir.
Pierina gritó.
—¡No quiero destruir a nadie!
La sombra se inclinó sobre ella.
Entonces destruíte a vos misma.
Eso es lo que estás haciendo.
Eso es lo que hiciste cuando te fuiste.
Eso es lo que hacés cada vez que llorás por él.
Pierina sintió que las lágrimas le ardían.
—No quiero perderme… Entonces dejá de pelear.
Dejá de resistir.
Dejá de ser dos.
Sé una.
Sé mía.
Pierina abrió los ojos.
La sombra estaba tan cerca que parecía estar dentro de ella.
Y por un instante… un solo instante… sintió alivio.
Alivio de no tener que elegir.
Alivio de no tener que amar.
Alivio de no tener que temer.
Alivio de no tener que ser humana.
La sombra lo sintió.
Eso es.
Dejá que pase.
Dejá que te complete.
Pierina tembló.
—No… no sé si puedo… Podés.
Y lo estás haciendo.
La resistencia que nace del miedo Pero entonces, algo cambió.
Un recuerdo.
Una imagen.
Un latido.
Pedro.
Su voz.
Su abrazo.
Su mirada cuando la encontró en la grieta.
Su desesperación cuando la perdió.
Su promesa.
“Te voy a encontrar.” Pierina sintió un golpe en el pecho.
La sombra retrocedió apenas.
¿Qué es eso?
Pierina respiró hondo.
—No estoy sola.
La sombra vibró, irritada.
Estás sola.
Él no está acá.
Él no puede entrar.
Él no puede salvarte.
Pierina apretó los dientes.
—No necesito que me salve.
Necesito recordarme quién soy.
La sombra rugió sin sonido.
No sos humana.
No sos loba.
No sos luna.
Sos mía.
Pierina levantó la cabeza.
—No.
Soy Pierina.
La sombra se estremeció.
El vacío tembló.
La marca ardió.
Y por primera vez… el eco del Primer Alfa retrocedió.
Pierina abrió los ojos.
El bosque volvió.
Aldric estaba frente a ella, sorprendido.
La sombra había desaparecido.
Pero no del todo.
Seguía dentro.
Esperando.
Observando.
Y Pierina lo sabía.
—No voy a ser tuya —susurró.
Aldric la miró con una mezcla de furia y fascinación.
—Entonces vas a tener que pelear más fuerte que nunca.
Pierina respiró hondo.
Su magia temblaba.
Su alma también.
Pero no estaba rota.
No del todo.
Y eso… era suficiente para seguir.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com