Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Heredero del origen. El principio - Capítulo 34

  1. Inicio
  2. Heredero del origen. El principio
  3. Capítulo 34 - 34 Capítulo 34- La luna que despierta rota
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

34: Capítulo 34- La luna que despierta rota 34: Capítulo 34- La luna que despierta rota Pierina despertó como si emergiera de un pozo profundo, oscuro y helado.

No abrió los ojos de inmediato.

Primero sintió el cuerpo: pesado, entumecido, como si no le perteneciera.

Luego sintió la respiración: irregular, temblorosa, como si hubiera estado llorando incluso mientras dormía.

Después, el corazón: golpeando demasiado rápido, demasiado fuerte, como si quisiera escapar de su pecho.

Y finalmente, sintió la marca.

Ardía.

No como fuego.

Como una herida abierta que no dejaba de sangrar.

Pierina apretó los dientes.

No quería abrir los ojos.

No quería volver al mundo.

No quería enfrentar lo que había visto.

Pero el mundo no la iba a dejar dormir.

Abrió los ojos.

El bosque estaba quieto.

Demasiado quieto.

Como si contuviera la respiración.

Aldric no estaba a la vista.

Pero su presencia seguía ahí, como un perfume frío en el aire, como una compañia silenciosa, como un compañero destinado.

Pierina se incorporó con dificultad.

El suelo estaba húmedo bajo sus manos.

Sus dedos temblaban.

Su cuerpo entero temblaba.

—No… —susurró—.

No quiero volver a sentir eso… Pero los recuerdos llegaron igual.

Los recuerdos que la desgarran No eran recuerdos propios.

Eran memorias de sangre.

De otras mujeres.

De otras Lunas Doradas.

Y ahora vivían en ella.

Pierina cerró los ojos, pero las imágenes seguían ahí, grabadas en su mente como cicatrices.

Una mujer corriendo entre árboles, con la luna roja sobre su cabeza.Un Alfa cayendo muerto a sus pies.Un rugido que partía el aire.Un destello dorado que explotaba desde su pecho.Sangre.Gritos.Huesos quebrándose.La sombra del Primer Alfa devorando la luz.

Pierina se llevó las manos a la cabeza.

—¡Basta!

¡Basta, por favor!

Pero los recuerdos no se detenían.

No eran visiones.

Eran advertencias.

Eran destinos repetidos.

Eran muertes que ella había heredado.

Y ahora la estaban rompiendo.

La mujer que ya no reconoce su magia Pierina intentó respirar hondo.

Intentó calmarse.

Intentó sentir su magia como antes.

Pero no respondió.

Antes, su magia era una luz cálida.

Un pulso suave.

Una fuerza que podía contener, aunque fuera difícil.

Ahora era otra cosa.

Era un río desbordado.

Era un animal herido.

Era un grito atrapado en su pecho.

Pierina levantó una mano.

Intentó invocar un destello.

Una chispa.

Un brillo.

Nada.

Intentó otra vez.

Nada.

Y entonces, sin aviso, la magia estalló.

Un latido rojo salió de su palma, golpeando el suelo.

La tierra se abrió.

Las raíces se retorcieron.

El aire vibró.

Pierina retrocedió, horrorizada.

—No… no puedo controlarla… La magia volvió a latir.

Roja.

Profunda.

Viva.

Como si respondiera a algo que ella no quería sentir.

Pierina cayó de rodillas.

—No quiero ser esto… no quiero… Pero la magia no escuchaba.

La magia no obedecía.

La magia no era suya.

Era de la luna.

Era del linaje.

Era del Primer Alfa.

Y ahora la estaba reclamando.

La mujer que se siente sucia Pierina se abrazó a sí misma.

No por frío.

Por vergüenza.

Porque había una parte de ella —una parte que odiaba— que había respondido a Aldric.

Por amor.

Por deseo.

Por magia.

Por destino.

Por algo que no podía controlar.

Y eso la hacía sentir sucia.

Indigna.

Rota.

—No quiero sentir nada por él… —susurró—.

No quiero que mi magia lo reconozca… Pero lo hacía.

Lo había hecho.

Y eso la estaba destruyendo.

Pierina apretó los ojos.

—Pedro… —susurró—.

Perdón… Porque sabía que si Pedro la veía así… si la veía temblando por dentro… si la veía respondiendo a otro Alfa… si la veía perdiendo el control… Se rompería.

Y ella no quería romperlo.

No quería ser la causa de su dolor.

No quería ser la mujer que lo traicionaba sin querer.

Pero ya lo estaba haciendo.

La mujer que teme ser un arma Pierina miró sus manos.

Temblaban.

No por miedo.

Por poder.

Un poder que no quería.

Un poder que no entendía.

Un poder que podía matar.

—No quiero ser un arma… —susurró—.

No quiero ser una maldición… Pero las memorias de sangre le mostraban otra cosa.

Todas las Lunas Doradas habían sido armas.

Todas habían sido cazadas.

Todas habían sido consumidas.

Todas habían muerto.

Y ella… ella era la primera que podía sobrevivir.

Pero sobrevivir significaba transformarse.

Y transformarse significaba perder algo.

¿Su humanidad?

¿Su amor?

¿Su libertad?

¿Su identidad?

Pierina no sabía cuál de esas cosas ya había perdido.

La mujer que se quiebra El bosque volvió a moverse.

Un susurro entre las hojas.

Un crujido en las raíces.

Un latido en la tierra.

Pierina levantó la cabeza.

No era Aldric.

No era Pedro.

Era la sombra.

El eco.

El Primer Alfa.

No físicamente.

No completamente.

Pero estaba ahí.

Observándola.

Esperando.

Reclamando.

Pierina sintió que el corazón le golpeaba el pecho.

—No… no quiero que vuelvas… Pero la sombra no necesitaba volver.

Nunca se había ido.

Vivía en su sangre.

En su magia.

En su marca.

Pierina se cubrió el rostro con las manos.

—No puedo con esto… no puedo… Y por primera vez desde que todo empezó… no luchó.

No resistió.

No se defendió.

Solo lloró.

Lloró por las mujeres que murieron antes que ella.

Lloró por la magia que no podía controlar.

Lloró por el amor que estaba perdiendo.

Lloró por la identidad que se le escapaba.

Lloró por la sombra que la reclamaba.

Lloró por la mujer que ya no sabía ser.

Y el bosque la escuchó.

Y la luna la observó.

Y la sombra esperó.

Porque una mujer rota es más fácil de reclamar.

Pierina se quedó en silencio.

No porque estuviera calmada.

Porque estaba vacía.

Y en esa quietud, una pregunta la atravesó: ¿Qué va a quedar de mí cuando todo esto termine?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo