Heredero del origen. El principio - Capítulo 5
- Inicio
- Heredero del origen. El principio
- Capítulo 5 - 5 Capítulo 5- La manada que no perdona
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
5: Capítulo 5- La manada que no perdona.
5: Capítulo 5- La manada que no perdona.
El amanecer apenas había teñido de gris las montañas cuando Pedro y Pierina llegaron al límite del territorio de Luna Rossa.
El bosque se abría en un claro amplio, donde la niebla se arremolinaba como si tuviera voluntad propia.
Pierina sintió que el aire cambiaba: más denso, más cargado, como si cruzar esa frontera invisible significara entrar en un mundo que no estaba hecho para los humanos.
Pedro detuvo la camioneta.
No dijo nada.
No necesitaba hacerlo.
Pierina lo observó.
La tensión en su mandíbula, la forma en que sus manos seguían aferradas al volante incluso después de apagar el motor, la respiración contenida.
Era un hombre que estaba a punto de enfrentar algo que no quería enfrentar.
—¿Estás seguro de que es buena idea venir acá?
—preguntó ella, con la voz baja.
Pedro la miró.
Sus ojos oscuros tenían un brillo extraño, mezcla de determinación y miedo.
—No tengo elección —respondió—.
Si Aldric te está buscando, la manada tiene que saberlo.
Y vos necesitás protección.
Pierina tragó saliva.
—¿Y si no me quieren acá?
Pedro desvió la mirada hacia el bosque.
—No es cuestión de querer.
Pierina sintió un escalofrío.
—¿Entonces qué es?
Pedro abrió la puerta y bajó.
—Supervivencia.
El territorio de Luna Rossa Apenas pusieron un pie en el claro, Pierina sintió que algo la observaba.
No era una presencia puntual, como Aldric.
Era un conjunto de miradas, de respiraciones, de instintos.
El bosque entero parecía contener un latido colectivo.
Pedro caminó delante de ella, guiándola entre los árboles.
Pierina notó que su postura había cambiado: más erguida, más firme, más… Alfa.
Cada paso que daba parecía resonar en el suelo.
—No te alejes de mí —dijo sin volverse.
Pierina asintió, aunque él no la viera.
A medida que avanzaban, comenzaron a aparecer casas de madera entre los árboles.
No eran cabañas comunes: tenían símbolos tallados en las puertas, amuletos colgando de las ventanas, y un aura de antigüedad que hacía que Pierina sintiera que estaba caminando dentro de una historia que no le pertenecía.
Un grupo de personas salió de una de las casas.
Los miraron.
Miraron a Pedro.
Miraron a Pierina.
Y sus expresiones cambiaron.
No era curiosidad.
No era sorpresa.
Era desconfianza.
Una mujer de cabello oscuro y ojos verdes dio un paso adelante.
—¿Quién es ella?
—preguntó, sin apartar la mirada de Pierina.
Pedro se tensó.
—Una humana —respondió.
La mujer entrecerró los ojos.
—No huele a humana.
Pierina sintió que la sangre se le helaba.
Pedro dio un paso adelante, interponiéndose entre ella y la mujer.
—Es asunto mío —dijo con voz firme.
La mujer lo miró con una mezcla de desafío y burla.
—Todo lo que entra en este territorio es asunto de la manada, Alfa.
Pierina sintió el peso de esa palabra.
Alfa.
No era un título simbólico.
Era poder.
Era responsabilidad.
Era peligro.
Pedro respiró hondo.
—Helena, no empieces.
Helena sonrió.
Una sonrisa afilada.
—No empecé yo.
La trajiste vos.
La herida política Pedro llevó a Pierina a una casa más grande, ubicada en el centro del claro.
Era la casa del Alfa.
Pierina lo siguió en silencio, sintiendo las miradas clavadas en su espalda.
Cuando entraron, Pedro cerró la puerta con fuerza.
—Ignorala —dijo, refiriéndose a Helena—.
Le gusta provocar.
Pierina lo observó.
—¿Quién es?
Pedro suspiró.
—La Beta de la manada.
Mi segunda al mando.
Pierina frunció el ceño.
—¿Y por qué me odia?
Pedro se pasó una mano por el cabello.
—Porque no entiende lo que sos.
Y porque piensa que cualquier cosa que no pueda controlar es una amenaza.
Pierina bajó la mirada.
—¿Y vos?
¿Pensás lo mismo?
Pedro se acercó a ella.
No demasiado.
Pero lo suficiente para que Pierina sintiera el calor de su cuerpo.
—No —dijo con voz baja—.
Yo pienso que sos la clave de algo que todavía no entiendo.
Y que si no te protejo, alguien más va a intentar reclamarte.
Pierina sintió que la marca en su vientre ardía.
—Aldric… Pedro apretó los dientes.
—No digas su nombre acá.
No quiero que nadie lo escuche.
Pierina lo miró, confundida.
—¿Por qué?
Pedro se acercó un poco más.
—Porque su nombre trae problemas.
Y porque si la manada descubre que él te está buscando, no sé cómo van a reaccionar.
Pierina sintió un nudo en el estómago.
—¿Qué querés decir?
Pedro la sostuvo con la mirada.
—Que algunos podrían querer entregarte para evitar una guerra.
La madre del Alfa Antes de que Pierina pudiera responder, una voz suave sonó desde el pasillo.
—Pedro… Él se volvió de inmediato.
—Mamá.
Una mujer de cabello plateado y ojos oscuros apareció en la entrada.
Era hermosa, pero su piel tenía un tono pálido, casi translúcido, y sus manos temblaban ligeramente.
Pierina sintió un escalofrío.
Había algo en ella… algo que no era humano.
Algo que estaba muriendo.
La mujer sonrió débilmente.
—Así que vos sos Pierina.
Pierina abrió la boca, pero no supo qué decir.
La mujer se acercó y tomó su mano.
Su piel estaba fría.
—Tenés una luz extraña —susurró—.
Una luz que no veía desde hace mucho tiempo.
Pedro frunció el ceño.
—Mamá, deberías estar descansando.
Ella lo ignoró.
—La luna te marcó, niña.
Y cuando la luna marca… nunca es por error.
Pierina sintió que la marca ardía bajo la ropa.
—¿Vos sabés qué soy?
—preguntó, con la voz temblorosa.
La mujer la miró con una tristeza profunda.
—Sé lo suficiente para tener miedo.
La sombra vuelve Esa noche, mientras Pedro discutía con Helena en el exterior y la manada murmuraba sobre la llegada de la humana marcada, Pierina se quedó sola en la habitación que le habían asignado.
La ventana daba al bosque.
La luna estaba alta.
El viento soplaba entre los árboles.
Y entonces lo sintió.
La presencia.
Otra vez.
Más cerca.
Pierina se acercó a la ventana.
Entre los árboles, dos ojos dorados brillaban en la oscuridad.
Aldric.
Su voz resonó en su mente, suave como un susurro.
No estas segura ahí.
No con ellos.
no lejos de mí.
Pierina retrocedió, temblando.
La marca ardió.
Y supo que la guerra entre los dos Alfas había comenzado.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com