Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Herederos de una voluntad perdida - Capítulo 13

  1. Inicio
  2. Herederos de una voluntad perdida
  3. Capítulo 13 - 13 CAPÍTULO 12 Descenso a las Fauces de Telesto
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

13: CAPÍTULO 12: Descenso a las Fauces de Telesto 13: CAPÍTULO 12: Descenso a las Fauces de Telesto Darian retrocedió un paso, apartándose del borde del cañón.

El calor que subía desde la grieta le resecaba la garganta, y los rugidos que hacían vibrar la piedra le helaron la sangre.

—Necesitamos información antes de hacer una locura —dijo Aria, bajando el arco—.

Al pueblo.

Ahora.

Caminaron los escasos metros que los separaban de Refugio Ámbar.

El asentamiento estaba construido justo al borde del acantilado, con murallas de piedra caliza de un color ámbar natural, un tono marrón amarillento que se mimetizaba con la tierra.

Al cruzar las puertas, encontraron un caos absoluto.

La gente corría desesperada, bloqueando sus casas de madera y piedra.

Frente a la empalizada principal, un enano de hombros anchos organizaba a unos milicianos.

Darian se acercó con respeto, bajando levemente la cabeza.

—Disculpe la interrupción —dijo el joven—.

Nosotros venimos de Arkania.

El herrero Thorgar nos pidió Cristales de Núcleo Resonante del fondo de este cañón.

¿Podría decirnos qué son esas bestias que están peleando?

El enano lo miró, evaluando su equipo, y soltó un bufido tenso.

—Los cristales están en el fondo, forastero, pero bajar ahora es suicidio.

El que vuela es Vaelor, el protector de esta zona.

Pero el de roca…

esa es la anomalía.

Las bestias de piedra aquí miden cinco metros como máximo; esa monstruosidad mide más de doce.

Llevan tres días peleando sin descanso, entrando y saliendo de la grieta, destrozando el Bosque Esmeralda a su paso.

Esa energía oscura del fondo mutó al de roca y lo volvió salvaje.

Vaelor intenta matarlo antes de que suba y nos masacre.

Darian miró a sus compañeros.

Si Vaelor perdía, el pueblo desaparecería.

No era solo por los cristales; era por la gente, por el protector que se agotaba solo.

Darian buscó la mirada de Varkas y Aria.

No hubo necesidad de palabras.

En ese silencio, hubo una mirada cómplice, un entendimiento absoluto de que sus destinos estaban atados a esa misión.

—Podemos hacerlo —murmuró Varkas con una sonrisa colmilluda.

—Podemos hacerlo —asintió Aria, tensando la cuerda de su arco.

Darian apretó la empuñadura de su espada.

—Vamos a bajar —dictaminó—.

Vaelor no va a morir solo.

—Tienen que esperar al alba —advirtió el enano—.

Si bajan ahora, los temblores los harán puré.

La noche fue una tortura.

El suelo temblaba y el abismo escupía fogonazos de magma y viento.

Al amanecer, el silencio cayó sobre Telesto.

Tomaron la plataforma del elevador y comenzaron el descenso.

La luz desapareció, reemplazada por una niebla roja y el brillo azul metalizado de las vetas de cristal negro en las paredes.

La plataforma tocó fondo.

Allí estaba Vaelor, postrado y sangrando.

Frente a él, la aberración de doce metros se alzó.

Al ver a los humanos, el monstruo abrió las fauces y escupió una inmensa bola de magma hirviente.

—¡Fuego!

—gritó Darian.

Aria activó su Muro de Aire, levantando un vendaval que desvió el calor.

Detrás, Varkas usó su Anclaje Profundo y levantó un Muro de Tierra.

La bola de magma impactó con una fuerza abrumadora, destrozando la defensa y lanzando a Varkas por los aires.

El gigante rodó por el suelo, escupiendo sangre y con quemaduras en los brazos.

Aria usó Paso Flash y saltó hacia las paredes de cristal, disparando su Lluvia Perforante.

Las flechas se clavaron en las grietas de la coraza del monstruo, reventando la carne desde adentro.

La bestia, ciega de dolor, intentó devorar a Varkas.

El gigante activó sus Guanteletes Sísmicos y le encajó un gancho ascendente a la mandíbula, pero la fuerza del choque le dislocó el hombro, haciéndolo caer.

La bestia lanzó un coletazo a ras de suelo hacia Darian.

Percepción del Flujo.

El tiempo se detuvo.

Darian se deslizó por debajo, desenvainó y cortó el tendón de la pata trasera.

Al recuperar la velocidad, el monstruo cayó de costado, pero reaccionó detonando las escamas de su lomo.

Una lluvia masiva de metralla de roca afilada salió disparada.

Varkas recibió dos fragmentos en el abdomen y colapsó.

Aria, en el aire, vio su Esfera de Vacío destrozada por una roca que se hundió en su pantorrilla, haciéndola caer al suelo con un grito.

Darian fue golpeado en las costillas izquierdas; el crujido del hueso fue nítido.

Cayó de espaldas, tosiendo sangre.

Estaban masacrados.

El dragón preparó un último ataque de magma.

Iba a terminarlos.

«Me recuerdas a alguien, muchacho…», la voz ancestral de Vaelor resonó solo en la mente de Darian.

«Sabía que podía confiar en ti.

Voy a abrirte una apertura.

Aprovéchala.» Vaelor exhaló un último rayo hiperconcentrado de viento que hizo estallar la coraza del pecho del dragón de roca, dejando su corazón negro expuesto.

Luego, el protector murió.

Darian se puso de pie, temblando.

Invocó la Percepción del Flujo y fusionó el viento y el fuego.

Comprimió el aire alrededor de las llamas con una presión abrumadora, hasta que la hoja de su espada se convirtió en una esfera de plasma blanco azulado, cegadora e inestable.

Saltó.

Esquivó los colmillos y hundió la espada directamente en el corazón expuesto.

«¡Estalla!» La detonación interna fue apocalíptica.

Una onda expansiva de calor y presión térmica absoluta reventó al coloso desde adentro.

El retroceso fue salvaje: Darian sintió su antebrazo derecho fracturarse y la piel quemarse, mientras salía despedido por los aires.

El silencio volvió.

Darian se arrastró por el suelo de obsidiana, sujetando su brazo roto.

Al mirar hacia su mano, vio que su espada no había resistido: la hoja estaba calcinada, convertida en un puñado de polvo gris que el viento del cañón se llevó en un segundo.

Aria y Varkas yacían heridos, pero vivos.

El cuerpo de Vaelor se desvaneció en luz plateada, dejando un huevo celeste y cálido.

Pero del charco de sangre negra del monstruo, surgió la anomalía.

Un grimorio pesado, forrado en cuero negro con un eclipse y cadenas rotas.

Emitía una luz violeta oscuro que alteraba la gravedad, volviendo el aire pesado y aplastante a su alrededor.

Darian, apoyado contra una roca, miró el libro violeta que palpitaba en la oscuridad.

Habían sobrevivido, pero el peso que emanaba de esas páginas le recordaba que esto era solo el inicio de algo mucho más oscuro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo