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Herederos de una voluntad perdida - Capítulo 27

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Capítulo 27: CAPÍTULO 26: FURIA

CAPÍTULO 26: FURIA

Las siluetas al fondo del túnel se definieron al acercarse.

Eran seis. Mercenarios. Armaduras de cuero, espadas, hachas. Bloqueaban el paso por completo.

Darian ni siquiera aflojó.

—Fuera de mi camino.

El que iba al frente sonrió.

—Tranquilo, muchacho. Solo queremos…

No lo dejó terminar.

—Percepción de Flujo.

El mundo se ralentizó. Vio sus posiciones, sus puntos débiles, la ruta más rápida. No le importó. Solo quería pasarlos por encima.

Extendió una mano. La sombra que proyectaba su cuerpo se alargó sobre la piedra y se arrastró hacia adelante como tinta viva.

Los tres primeros intentaron retroceder. La sombra los alcanzó y se enroscó en sus piernas. Quedaron clavados.

Darian cerró el puño.

La sombra se endureció. De ella brotaron pinchos de oscuridad que perforaron botas y grebas. Los mercenarios cayeron gritando, con las piernas ensangrentadas.

—¡¿Qué es eso?! —gritó uno.

Los otros tres se quedaron helados.

Darian ya estaba sobre ellos.

Uno levantó una espada. Darian activó el Dominio del Vacío. La gravedad lo aplastó contra el suelo antes de que pudiera blandirla. Quedó inmovilizado, gimiendo.

Otro intentó flanquearlo con un hacha. Darian giró y le metió una patada en el pecho. Salió despedido contra la pared y se desplomó.

El último retrocedió con los ojos desorbitados.

—Espera… nosotros solo…

Darian lo agarró del cuello y lo estampó contra la roca.

—¿Dónde está Aria?

—¡No sé nada! ¡Solo nos pagaron por retrasarlos!

Lo soltó. El tipo cayó al suelo, tosiendo. Darian ni lo miró. Ya estaba fuera de combate.

Varkas y Kára llegaron corriendo.

—¡Darian! —gritó Kára.

No escuchó. Ya corría de nuevo.

Pero su cuerpo empezaba a pasar factura.

Un hilo de sangre le caía de la nariz. Un zumbido constante le perforaba los oídos. El pecho le pesaba más que nunca. Cada paso le costaba el doble.

No le importó.

El túnel se estrechaba. Las paredes raspaban sus hombros. Vael volaba a su lado, batiendo las alas con dificultad.

—¡Darian!

Varkas lo alcanzó y le puso una mano en el hombro. Darian se la sacudió.

—¡Suéltame!

—¡Escucha! ¡Así no vamos a llegar!

—¡No me importa! —Se giró, con los ojos encendidos—. ¡Ella está ahí fuera por mi culpa!

Varkas lo agarró del brazo. Darian forcejeó.

—Ese poder de antes… las sombras… ¿Qué fue eso?

—¡No lo sé! ¡Salió solo! ¡No me importa!

—¡Pues debería importarte! ¡Estás sangrando!

—¡Que sangre! ¡No voy a parar!

Kára llegó con el pecho agitado.

—Darian…

—¡Ella fue la primera! —La voz se le quebró—. ¿Lo entienden? La primera que confió en mí cuando no era nadie. La primera que me cubrió la espalda sin pedir nada. ¡Y yo la traté como si no importara!

Vael se posó en su hombro y frotó la cabeza contra su cuello, con un sonido suave. Darian cerró los ojos un instante. Se limpió la sangre con el dorso de la mano.

—No voy a llegar tarde —dijo, más calmado pero igual de roto—. No otra vez.

Se soltó y siguió corriendo.

Kára y Varkas se miraron. No dijeron nada. Solo lo siguieron.

El túnel desembocó en una caverna enorme.

Una bóveda natural con grietas en el techo que dejaban ver el cielo nocturno. Al otro lado, una abertura daba al exterior. El sonido del mar llegaba desde lejos.

En el centro, tres figuras esperaban.

La primera era una mujer elfa. Túnica verde, bastón de madera viva con un resplandor natural. Liriel, maga de naturaleza.

La segunda era un hombre alto y fuerte, con el cabello oscuro recogido en una coleta. Cota de malla y espada larga. Postura de veterano. Brom, el luchador.

La tercera era un elfo macizo, más ancho de hombros que los de su raza. Armadura pesada y un escudo grande blanco y verde. En la otra mano, una espada ancha. Eryndor, el tanque.

Darian se detuvo. El pecho le subía y bajaba. La sangre le manchaba los labios.

Liriel sonrió.

—Llegaste. Pensé que te retendrían más.

Brom apoyó la punta de su espada en el suelo.

—Tiene buena pinta. Lástima que no pase de aquí.

Eryndor alzó su escudo.

—Soy Eryndor. Guardián del muelle. Y tú…

Darian no lo dejó terminar.

—No me importa.

Extendió ambas manos. La sombra que proyectaba su cuerpo se expandió como tinta sobre la piedra, arrastrándose hacia los tres.

—Voy a pasar. Por encima de ustedes si hace falta.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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