Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Herederos de una voluntad perdida - Capítulo 9

  1. Inicio
  2. Herederos de una voluntad perdida
  3. Capítulo 9 - 9 CAPÍTULO 8 Cuatro Colores y el Peso de la Libertad
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

9: CAPÍTULO 8: Cuatro Colores y el Peso de la Libertad 9: CAPÍTULO 8: Cuatro Colores y el Peso de la Libertad ¡Clink!

¡Clink!

¡Clink!

Las monedas de oro cayeron sobre la madera astillada del mostrador.

El Gremio de Puerto Vell era un caos ensordecedor a esa hora de la tarde.

El lugar olía a cerveza derramada, humo de tabaco y cuero húmedo.

Decenas de marineros y mercenarios hablaban a los gritos, pero Darian, Aria y Varkas se mantenían en silencio, prestando atención únicamente a la recepcionista.

La mujer terminó de sellar un pergamino oficial con el emblema del Imperio.

—Por desmantelar la red de trata ilegal y por entregar el informe sobre la anomalía en la Mazmorra de Coral Negro —anunció con un tono formal—, el Imperio les otorga esta recompensa de cincuenta monedas de oro.

Además…

La mujer alzó la vista y sus ojos se posaron directamente en el hombre bestia.

Varkas estaba rígido.

Tenía la mirada clavada en sus propias muñecas.

La piel ahí estaba enrojecida y marcada por cicatrices profundas donde el hierro lo había lastimado durante una década, pero ya no había grilletes.

—Dada su colaboración en la misión, el Gremio cubrirá los gastos de registro.

Bienvenido a nuestras filas, Varkas del Norte.

La recepcionista deslizó una placa de bronce sobre el mostrador.

Varkas extendió una mano temblorosa, tomó el metal con cuidado y lo apretó contra su inmenso pecho.

Cerró los ojos amarillos, respirando hondo.

—Darian…

Aria…

—dijo Varkas, con la voz áspera y cargada de emoción—.

Mi fuerza y mi vida están a su servicio.

Darian dio un paso al frente y le dio una palmada firme en el brazo.

Le sonrió con total sinceridad.

—Tu vida es tuya, Varkas.

Con eso nos alcanza.

Agarraron la bolsa con el oro y se alejaron del mostrador.

Se abrieron paso entre los aventureros hasta encontrar una mesa vacía en un rincón apartado del salón, debajo de unas viejas escaleras de madera.

Se sentaron.

Aria soltó un suspiro de cansancio y desabrochó algunas correas de su armadura.

Mientras esperaban la comida, los tres se inclinaron hacia adelante, bajando la voz al mínimo.

El bullicio de la taberna servía como escudo.

—Ese tipo…

—murmuró Aria, asegurándose de que nadie prestara atención—.

No preparaba la magia.

No usaba cánticos.

Solo chasqueaba los dedos y los elementos aparecían.

Y esa apariencia…

la piel pálida, los cuernos…

—Era un demonio —afirmó Darian, mirándolos a los ojos con firmeza—.

Era idéntico al hombre de las visiones que tuve al absorber el grimorio en la mazmorra de Monte Bajo.

Varkas frunció el ceño, apoyando los enormes antebrazos sobre la mesa.

—Se supone que los demonios estaban casi extintos o confinados en su propio continente —dijo el hombre bestia, genuinamente confundido—.

¿Qué hace uno de ellos en una mazmorra como esta?

¿Y qué tiene que ver con ese grimorio que absorbiste?

Darian asintió, con los ojos brillando de intriga y preocupación.

—Esa es la pregunta.

Y hay algo más.

Cuando nuestras armas chocaron…

Se calló de golpe cuando una mesera joven se acercó.

La chica dejó tres jarras de cerveza negra y un plato de madera lleno de carne asada y pan, cobró y se fue rápido.

Varkas agarró un trozo de carne y empezó a devorarlo con urgencia, saboreando al fin comida real.

Aria levantó su jarra y le dio un trago largo a la cerveza.

Darian ni siquiera tocó su estofado.

Mantenía la mirada clavada en la palma de su mano derecha, abriendo y cerrando los dedos.

—Como les decía…

—continuó Darian—.

Sentí un zumbido en el momento del impacto.

Fue como si mi magia y la de ese demonio hablaran el mismo idioma.

Algo cambió adentro mío.

Siento el cuerpo diferente.

El flujo en mis venas es distinto.

Aria bajó su jarra de golpe.

Ese brillo en los ojos de Darian era nuevo.

Quería entender el misterio y desarmar el rompecabezas a toda costa.

—Darian —lo cortó Aria, con voz firme—.

Come algo.

Sobrevivimos a un derrumbe, a las profundidades de una mazmorra y a un demonio.

Eso es lo único que importa ahora mismo.

No te enrosques.

Pero él ya estaba mirando hacia el mostrador principal.

Sobre un grueso pedestal de mármol blanco, descansaba la Esfera de Evaluación de Maná.

Darian se levantó de la silla.

—¿Qué vas a hacer?

—preguntó Aria, tensándose.

—Necesito comprobarlo yo mismo —respondió él.

Caminó de regreso al mostrador.

La recepcionista levantó la vista de sus pergaminos.

—Necesito usar la Esfera de Evaluación para actualizar mi registro —pidió Darian, señalando el pedestal de mármol.

La mujer asintió con indiferencia y le hizo un gesto con la mano para que procediera.

Darian se paró frente a la esfera, respiró hondo y apoyó la palma completa sobre la superficie helada.

El mundo respondió de golpe.

¡VOOOM!

Un sonido grave y vibrante sacudió el aire.

Una llamarada roja estalló en el centro del orbe.

Un segundo después, una violenta ráfaga verde cortó las llamas.

Inmediatamente, una luz azul y profunda envolvió a los dos primeros colores en un remolino inestable.

Y justo cuando parecía terminar, un resplandor dorado y pesado, del color del ámbar y la roca sólida, invadió el cristal con una fuerza que hizo crujir la base de mármol.

El ruido ensordecedor de la taberna murió en seco.

Las risas se apagaron.

Las discusiones se cortaron a la mitad.

Decenas de aventureros y guardias giraron la cabeza.

Todo el salón quedó iluminado por las intermitentes luces de los cuatro elementos.

Darian retiró la mano del cristal, asombrado.

Miró el orbe, que empezaba a apagarse, y luego se miró la palma de la mano.

—Cuatro colores…

—dijo en voz alta, sin importarle quién escuchara, tratando de procesarlo—.

La resonancia me reconfiguró por dentro.

Aria y Varkas llegaron a toda velocidad.

El hombre bestia se paró justo a sus espaldas, usando su enorme cuerpo como muro para tapar la vista del resto del salón.

—Uno o dos elementos es lo normal —le dijo Varkas, con su voz profunda resonando claramente en el silencio de la sala—.

Tres es un mito.

Pero cuatro, cachorro…

eso rompe todas las reglas del mundo.

Aria miró hacia las escaleras.

Varios aventureros ya se estaban levantando de sus sillas para ver mejor, murmurando entre ellos.

—Si los gremios de alto rango o el ejército se enteran de que hay alguien con cuatro afinidades, no te van a dejar en paz —le advirtió Aria, hablando rápido y con urgencia.

Lo agarró del brazo con fuerza—.

Te van a usar como un trofeo o te van a obligar a enlistarte.

Se acabó el pasar desapercibidos.

Caminemos.

Lo empujó hacia la salida sin darle tiempo a pensar.

Varkas los siguió de cerca.

Salieron del gremio a paso rápido, cruzando las puertas y dejando atrás los murmullos que empezaban a estallar.

El aire salado y frío de la noche los golpeó de frente.

Caminaron rápido por los callejones oscuros de Puerto Vell, esquivando charcos y asegurándose de que nadie los siguiera.

Recién en una calle vacía, Aria lo soltó y se detuvo a tomar aire.

—Pasaremos la noche en una posada y saldremos para Arkania mañana a primera hora —dijo ella, asumiendo el mando absoluto—.

Le entregaremos al Maestro Valerius el informe sobre la anomalía.

Y no diremos una sola palabra sobre el demonio ni sobre tus cuatro elementos a nadie.

Hizo una pausa y lo miró con una media sonrisa.

—Además, conozco a un viejo excéntrico en Arkania.

Es brillante, a su manera.

Si vas a intentar buscarle la lógica a tu magia, necesitas a alguien que te enseñe a canalizarla para no volarte los dedos.

Darian asintió, sintiendo alivio.

Retomaron la marcha.

Mientras caminaban hacia la posada, el joven se quedó un par de pasos atrás.

Levantó la mano derecha y frotó la yema del pulgar contra sus otros dedos.

Podía sentir el calor del fuego, la ligereza del viento, la fluidez del agua y la pesada densidad de la tierra en su sangre.

Era caótico, pero real.

Pero en el fondo, sintió un escalofrío.

La resonancia exacta que sintió al chocar su espada contra la magia del enemigo significaba una sola cosa.

Él sabía que el demonio absorbía grimorios.

Pero gracias a ese choque, el demonio ahora también sabía de él.

El enemigo lo había sentido.

Y en algún lugar allá afuera, bajo la misma luna, esa criatura ya lo estaba buscando.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo