Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Hierro y Sangre - Capítulo 123

  1. Inicio
  2. Hierro y Sangre
  3. Capítulo 123 - Capítulo 123: Capítulo 123: El Rugido del Horizonte
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 123: Capítulo 123: El Rugido del Horizonte

(Narra Aelnora)

Había pasado una semana desde que depositamos el lingote de oricalco en el sótano. El fuerte se sentía distinto; el zumbido azul de “La Esperanza de Ariadne” parecía haber filtrado el aire, calmando los ánimos de los mineros y dándonos una tregua espiritual. Sin embargo, la ausencia de Valka seguía siendo un hueco negro en nuestras reuniones. Nereida caminaba por los muros con una furia contenida, mirando hacia el valle como si pudiera obligar a la guerrera a aparecer por pura fuerza de voluntad.

Yo estaba en el patio, ayudando a Aeris a organizar unas cajas de suministros, cuando el cuerno de vigilancia de la torre norte soltó un bramido largo y profundo. No era el toque de ataque, sino el de “avistamiento desconocido”.

—¿Qué demonios…? —murmuró Aeris, dejando caer una llave de tuercas.

Subimos a la muralla a toda prisa. Einar ya estaba allí, con los ojos entornados y su olfato trabajando a mil por hora. Raven apareció poco después, flotando unos centímetros sobre las almenas con una expresión de curiosidad cínica.

—No huelen a humanos —sentenció Einar, con un gruñido bajo—. Huelen a hierro viejo, a bestias de carga pesadas y a… ¿cerveza rancia? Pero tambien hay un aroma…familiar.

En el horizonte, donde el bosque se abría hacia el valle, una columna de polvo se elevaba contra el sol de la tarde. No era un ejército marchando en formación imperial; era una marea verde y parda que avanzaba con un ritmo pesado. A medida que se acercaban, el suelo del fuerte empezó a vibrar de una forma que nada tenía que ver con la magia, era pura fuerza bruta contenida.

A la cabeza de la horda, montada sobre una bestia colosal que parecía un cruce entre un rinoceronte y un lagarto acorazado —un Aplastahuesos—, venía Valka. Se veía radiante, con su armadura abollada y una sonrisa de suficiencia que se podía ver a kilómetros. Pero lo que nos dejó a todos sin habla fue el hombre que cabalgaba a su lado.

Era un orco, pero no como los que mencionaban las baladas de terror de la capital. Su piel era de un verde oliva oscuro, curtida como el cuero de una silla de montar veterana. Llevaba el cabello negro azabache recogido en una coleta alta, dejando ver unas orejas perforadas por aros de hierro que brillaban bajo el sol. Sus facciones eran cuadradas, de una nobleza salvaje y peligrosa; sus colmillos, adornados con bandas doradas, apenas sobresalían de sus labios, dándole un aire de depredador inteligente.

—Por los dioses de la forja… —susurró Ulm, que acababa de subir—. Eso es un jefe de Guerra orco. Y ¿parece que viene de visita?

La horda se detuvo frente al puente levadizo. Valka alzó una mano, deteniendo el avance con una autoridad que incluso los orcos respetaron de inmediato. Saltó del Aplastahuesos con una agilidad felina que demostraba sin lugar a duda que era ella.

El orco, a su lado, desmontó con una elegancia que nos dejó boquiabiertos. Se movía con la precisión de un veterano de mil batallas, su mano descansando en el pomo de una espada de hierro negro que parecía pesar tanto como Aeris.

—¡Abran las puertas, cabrones! —gritó Valka hacia las murallas, riendo—. ¡Traigo refuerzos y tienen mucha hambre!

Nereida bajó al patio, su máscara de metal ocultando su expresión, pero su postura gritaba desconfianza. Raven descendió junto a ella, sus ojos fijos en el gran bulto cubierto por telas rojas que cuatro orcos cargaban en una litera reforzada detrás de su líder.

—Valka —dijo Nereida, su voz resonando en el patio frío—. ¿Qué significa esto? Traes a una horda de pieles verdes a mi fuerte sin previo aviso.

Valka se encogió de hombros, acercándose a la Dama con una naturalidad insultante. Detrás de ella, El líder orco entró en el patio, su presencia llenando el espacio de inmediato. Su mirada recorrió el fuerte, deteniéndose un segundo más en Raven y luego en mí. No había odio en sus ojos, sino una evaluación fría y profesional.

—Significa que la Inquisición ya no es solo nuestro problema —respondió Valka—. Mi amigo y su gente han perdido sus templos y sus tierras bajo el fuego de los “santos”. Hemos hecho un trato. Ellos ponen el músculo y nosotros… bueno, nosotros ponemos un lugar donde su dios no sea quemado ¿de eso se trata tu rebelión…no es así?

El líder orco dio un paso al frente, su voz saliendo de su pecho como un rugido contenido. —Soy Gorrum, hijo del jefe de piedra Hargu y la señora del trueno Garm . Valka dice que este lugar es diferente. Dice que aquí todos los dioses tienen un altar. He traído a Bahgoth, el Dios Portador de la Cicatriz. Si hay un sitio para él, mi acero será vuestro acero hasta que el último inquisidor sea ceniza.

Raven soltó una risita seca, observando la efigie cubierta del dios orco. —Un dios orco en el sótano de Wyvern… esto se pone cada vez más interesante. Espero que tu dios se sienta cómodo aquí, verde amigo.

Valka miró a Gorrum y luego a nosotros, con una chispa de malicia en los ojos. —Más les vale que hagan espacio. Y Raven, controla tu lengua; Gorrum es un invitado de honor… pero créeme, sabe usar esa espada mejor de lo que te imaginas.

Miré a Einar, que observaba a los orcos con una mezcla de respeto y curiosidad animal. El fuerte, que una semana atrás parecía un hospital de almas rotas, ahora rebosaba de una energía bruta y peligrosa. La alianza más improbable de la historia se acababa de sellar en nuestro patio.

—Bienvenidos al Colmillo de Wyvern —dije, tratando de tomar el papel de anfitriona ante el silencio de la dama —. Bajen a su dios al sótano. Hay un lugar esperándolo… justo al lado de la Esperanza.

Gorrum asintió con una inclinación de cabeza mínima pero respetuosa. Valka me guiñó un ojo mientras pasaba a mi lado, susurrando: —¿Me extrañaste compañera? Traje un nuevos amigos Y este orco… bueno, este sabe cómo mantener una formación, en el campo y en la cama.

Vi cómo los orcos empezaban a descargar suministros y a organizar su campamento en el patio exterior, bajo la mirada atónita de nuestros soldados. La guerra contra la Inquisición acababa de volverse mucho más verde, más ruidosa y, definitivamente, mucho más interesante.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo