Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Hierro y Sangre - Capítulo 130

  1. Inicio
  2. Hierro y Sangre
  3. Capítulo 130 - Capítulo 130: Capítulo 130: El Banquete de los Condenados
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 130: Capítulo 130: El Banquete de los Condenados

(Narra Viktor)

El desfiladero nos recibió con una alfombra de niebla amarillenta que se pegaba a los pulmones como aceite rancio. Pero lo que vimos al doblar el último recodo de piedra no fue una emboscada de acero, sino una escena de una domesticidad aterradora. En mitad del camino, sobre el barro y la sangre seca, se alzaba una mesa larga con manteles de un blanco insultante. Platos de porcelana fina y copas de cristal esperaban, vacíos, bajo la mirada de una docena de figuras con túnicas grises y los labios cosidos con hilo de oro.

Al fondo de la mesa, sentado en una silla tallada en hueso, el Padre Tomás nos esperaba. Su máscara de plata ocultaba su boca, pero sus ojos lloraban ese líquido denso y oscuro que manchaba sus vestiduras sagradas.

—Bienvenidos —dijo una voz que no salió de su garganta, sino del aire mismo, una vibración que me revolvió el estómago—. El hambre es el único invitado que nunca llega tarde.

Sin previo aviso, Tomás abrió el libro encadenado a su muñeca. Tomó una daga de obsidiana y, con un movimiento espasmódico, la clavó en una de las páginas de piel humana.

El efecto fue devastador. Aelnora, Círdan, Einar, Valka y Aeris se desplomaron como si un rayo los hubiera partido. Un grito ahogado recorrió al grupo mientras se llevaban las manos al pecho, retorciéndose en el suelo. El sacerdote volvía a apuñalar el papel, una y otra vez, y con cada golpe, mis compañeros escupían sangre, sintiendo el acero invisible desgarrando sus órganos.

—¡Vuestras almas son el primer plato! —rugió la voz del demonio.

Gorrash y yo nos quedamos de pie, ilesos. Ni Vorath ni el padre Tomas tenían nuestros nombres; el orco era un fantasma de Oriente y yo… bueno, yo siempre he sido demasiado escurridizo para que la tinta me atrape.

—¡Gorrash, mantenlos lejos! —grité, desenfundando mi laúd con una urgencia que me hizo sudar frío.

Comencé a rasguear una melodía frenética, una canción de Mitigación de la Carne. Las notas doradas empezaron a flotar sobre mis amigos, envolviéndolos en un aura que amortiguaba el dolor del libro. Tomás, enfurecido al ver que su tortura perdía fuerza, levantó su mano izquierda. La palma estaba pintada de un rojo vivo, la marca de la Inquisición.

De las grietas de las rocas surgieron cientos de criaturas del tamaño de zarigüeyas, pero con los hocicos desencajados, revelando hileras de dientes humanos. Eran roedores del averno, hambrientos de tendones. Tras ellos, una horda de sectarios emboscó al grupo, aprovechando que mis compañeros aún gimoteaban de dolor en el suelo.

—¡Atrás, alimañas! —rugió Gorrash. El orco se convirtió en un torbellino de obsidiana, su hacha barriendo a las bestias y partiendo sectarios por la mitad mientras protegía el flanco de los que intentaban recuperar la compostura.

Yo no dejaba de tocar. Intercalaba las notas con chasquidos rítmicos de mis dedos libres. ¡Puff! Mi caja de equipaje apareció frente a mí. De un compartimento secreto, extraje un puñado de dagas pequeñas y equilibradas. Mientras mi mano izquierda mantenía la armonía en el laúd, la derecha lanzaba acero con una precisión quirúrgica, clavando dagas en las gargantas de los sectarios y en los ojos de los roedores que saltaban hacia mi rostro. Música y muerte en una sola danza.

El equipo empezó a levantarse. El dolor seguía ahí, un latido punzante en sus entrañas, pero mi música les permitía pelear. Gorrash, viendo el momento, rugió con una potencia que hizo temblar la porcelana de la mesa y embistió directamente contra el Padre Tomás.

El sacerdote se puso en pie. Sus vestiduras se rasgaron en el abdomen, revelando una boca gigantesca y horizontal llena de colmillos amarillentos. La Llaga escupió un chorro de jugos gástricos espumosos. Gorrash giró sobre sí mismo, esquivando el ácido por un suspiro; el chorro impactó en dos sectarios que estaban detrás, quienes se deshicieron en segundos entre alaridos inhumanos.

El orco pasó tan cerca del Padre que casi fue mordido por las fauces de su vientre, pero su hacha de obsidiana encontró su objetivo, cortando el brazo derecho de Tomás de un solo tajo. El miembro cayó al barro, pero antes de que tocara el suelo, el abdomen de la Llaga se extendió como una trompa de carne, devoró el brazo y a un cadáver cercano, y el brazo del sacerdote se regeneró instantáneamente entre crujidos de hueso.

—Pagarás por eso… —siseó Tomás, buscando desesperadamente su libro con la mano nueva—. En cuanto sepa tu maldito nombre, estarás en mi… ¿mi libro?

Gorrash se lo mostró, una sonrisa colmilluda asomando en su rostro verde. —¿Buscabas este montón de basura, sacerdote?

Lo había arrebatado en el cruce. Yo lo vi a lo lejos y supe que era nuestra oportunidad. Cambié el laúd por mi flautín de ébano en un movimiento que casi me cuesta un dedo.

—¡Su majestad, acérquese! —grité—. ¡Tengo un hechizo de anulación!

Comencé a tocar el flautín, una melodía aguda y estridente. Al perder la magia del laúd, el resto del equipo volvió a retorcerse de dolor, pero lograron resistir, defendiendo sus posiciones como podían. El sonido del flautín golpeó el libro que Gorrash sostenía, sellando sus páginas con un candado de energía rúnica. El vínculo se rompió.

—¡Ahora! —rugió Círdan, poniéndose en pie con una furia fría.

Raven fue el primero en contraatacar. Arrojó una de las granadas experimentales de Aeris. La explosión llenó el aire de esquirlas de oricalco que se clavaron en los sectarios; en lugar de matarlos, la magia de Raven convirtió las heridas en hilos, transformando a los enemigos en marionetas sangrientas que empezaron a masacrar a sus propios compañeros.

El Filo extendió por completo sus guadañas de ébano y marfil, lanzándose a una carnicería silenciosa y elegante, segando vidas con cada giro. Aelnora lanzó una ráfaga de luz lunar pura contra el Padre, pero el abdomen de la criatura se abrió de par en par y se tragó la magia como si fuera un bocado dulce.

—¡Cuidado! —gritó Ulm, interponiéndose cuando el Padre escupió un torrente de ácido hacia Aelnora. El gigante extendió su pico de minero como un escudo, pero el metal empezó a burbujear y disolverse. Ulm soltó la herramienta antes de que el ácido les llegara a las manos y aplastó a dos sectarios con sus propios puños desnudos.

La batalla era un caos absoluto. Valka y Aeris luchaban espalda contra espalda, una con sus espadas gemelas y la otra con el cañón, barriendo a los rezagados. Fenrir y el Karkadann se daban un festín, aplastando roedores y sectarios bajo sus patas masivas.

Yo seguía concentrado de nuevo en laúd, sintiendo cómo mi música fortalecía los músculos del grupo y nublaba la vista de los enemigos. Raven, desde el centro del torbellino, dejó de pelear; observaba. Sus ojos analizaban cada movimiento de la regeneración del Padre Tomás, buscando la fisura en su inmortalidad gástrica.

—¡No puede digerirlo todo! —gritó Raven por encima del estruendo—. ¡Gorrash, el vientre es su fuerza, pero también su tumba!

Tomás rugió, y el desfiladero entero pareció temblar con el hambre de un dios caído. La cena estaba lejos de terminar, y nosotros éramos el único plato que se negaba a ser devorado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo