Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Hierro y Sangre - Capítulo 145

  1. Inicio
  2. Hierro y Sangre
  3. Capítulo 145 - Capítulo 145: Capítulo 145: El Sabor del Cobre y la Cebada
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 145: Capítulo 145: El Sabor del Cobre y la Cebada

(Narra Viktor)

Brezal Bajo se desplegaba ante nosotros con la honestidad de un tapiz viejo: hilos sueltos, colores desgastados y un aroma a estiércol y pan horneado que resultaba casi reconfortante después de semanas oliendo a muerte. Sin embargo, como bien sé por mis años de observar la comedia humana, los pueblos que no tienen nada que ocultar suelen ser ruidosos sobre sus carencias. Este lugar estaba demasiado callado para su propio bien.

Valka y yo, tras despedirnos de los mercaderes con una propina generosa y una última estrofa, decidimos que el primer paso lógico no era el monasterio, sino la cantina local. Si hay un lugar en el mundo donde los rumores fluyen con la misma facilidad que la cerveza barata, es entre las paredes de madera de una taberna de frontera.

Entramos en “El Buey Ciego”. El lugar era una amalgama de humo de pipa, sudor de jornaleros y el tintineo constante de jarras de barro. Parecía una taberna normal, llena de gente intentando olvidar el peso del día, con alguna que otra cortesana de ojos cansados buscando un poco de oro para pasar la noche. Nos sentamos en una mesa apartada, permitiendo que el bullicio nos envolviera.

Bebimos la primera ronda en silencio, escuchando. Nada extraño. Discusiones sobre el precio de la lana, quejas sobre la humedad y el llanto lejano de un borracho. Hasta que una presencia interrumpió mi análisis.

—¿Me invitas a un trago? —preguntó una mujer que apareció de la nada. Era una dama bellísima para este entorno, con una piel que no había sido castigada por el sol y unos ojos que guardaban una chispa de picardía profesional.

—Lo siento mucho, bellísima dama —respondí, ajustándome el sombrero y dedicándole mi sonrisa de “bardo incomprendido”—, pero usualmente soy yo quien recibe monedas de plata por mi tiempo y mi talento, no al revés. Quizás en otra ocasión, cuando mis arcas estén tan llenas como mi imaginación.

La mujer soltó una risita seca y ni siquiera se molestó en mirarme dos veces. Sus ojos estaban fijos en Valka.

—No te hablaba a ti —sentenció la mujer, volviendo su atención a la guerrera.

Valka arqueó una ceja, dejando su jarra sobre la mesa con un golpe seco. Miró a la cortesana de arriba abajo, con una mezcla de diversión y desafío que solo ella sabe ejecutar.

—Claro, dulzura. Pero te lo tienes que ganar —respondió Valka, dándose un par de palmadas sonoras en el muslo, una invitación que no dejaba lugar a dudas.

De inmediato, la mujer se sentó en sus piernas, acomodándose con una familiaridad que hizo que un par de campesinos en la mesa de al lado carraspearan.

—Me llamo Desiré —dijo la mujer, rodeando el cuello de Valka con sus brazos, ignorando olímpicamente las espadas gemelas que descansaban en su cadera.

—Estás en buenas manos —dije yo, soltando una carcajada y dándole un trago largo a mi cerveza.

—Dime, lindura… ¿Qué hacen por aquí? No había visto esa cara tan bonita antes —preguntó Desiré a Valka, rozando con sus dedos la cicatriz que mi compañera tiene cerca de la oreja—. Te recordaría, sin duda. No abundan las mujeres que cargan tanto acero y tan poca vergüenza.

—Estamos de paso —respondió Valka, rodeando la cintura de la cortesana con un brazo posesivo—. Venimos de paseo. Digamos que es algo así como nuestra luna de miel.

Desiré me miró por fin, arrugando la nariz con una mueca de incredulidad.

—No me digas que ese hombrecito raro es tu esposo.

—Aquí sigo —intervine, levantando mi jarra—, pero no se preocupen por mí. Estoy acostumbrado a ser el decorado cuando hay una belleza presente.

—Así como lo ves, sabe usar la lengua para cantar y para hacer gemir a una mujer —añadió Valka con una malicia que casi me hace escupir la cerveza. Desiré estalló en una risa cristalina—. Tú tranquila, dulzura, no es celoso. Le gusta mirar tanto como a mí participar.

—Me alegra —dijo la cortesana, volviéndose a pegar al pecho de Valka—. Pero eso no explica qué hacen en Brezal Bajo. Esta no es una gran ciudad, no hay mucho en qué divertirse por aquí, a menos que te guste ver cómo crecen las ovejas.

—Aunque no lo parezca, estamos algo interesados en la fe —dije, cambiando el tono a uno más serio. Esta vez, Desiré se volvió hacia mí con una curiosidad genuina, pero también con una sombra de cautela—. Venimos a ver el Monasterio de los Mártires. Hemos oído que es… especial.

La sonrisa de Desiré no desapareció, pero sus ojos se enfriaron instantáneamente.

—Si son listos, no lo harían —soltó ella, y la ligereza de su tono se desvaneció.

—¿Por qué no, dulzura? —preguntó Valka, apretando un poco más la cintura de la mujer—. Unos pecadores como nosotros necesitan un poco de bendición de vez en cuando.

—No hablamos de eso —sentenció Desiré, arrebatándole la jarra a Valka para dar un trago largo y nervioso.

—Yo sí puedo hablar de eso —interrumpió un hombre desde la mesa de al lado. Era un tipo corpulento, con el aliento apestando a vino barato y una mirada lujuriosa que recorría el cuerpo de Valka con una falta de respeto absoluta—. No desperdicies ese lindo cuerpo en otra mujer, preciosa. Ven aquí, deja que te enseñe lo que un hombre de verdad puede hacer y te diré todo lo que quieras saber sobre esos monjes y sus secretos.

Valka se quedó tensa un segundo. Pude ver el músculo de su mandíbula contraerse. Se giró lentamente hacia el hombre y le dedicó una sonrisa que me dio escalofríos.

—Entretén a mi marido un momento, Desiré —dijo Valka, levantándose con una gracia peligrosa—. Parece que este caballero tiene una propuesta que no puedo rechazar. La información es cara, y yo sé cómo negociar.

Desiré me miró mientras Valka se alejaba con el hombre hacia la parte de atrás de la taberna, donde las sombras se tragaban los pasillos que conducían a las habitaciones de mala muerte.

—Vaya pareja más extraña son ustedes —dijo la cortesana, bebiendo más cerveza y sentándose en la silla que Valka había dejado vacante—. ¿De verdad dejas que se vaya con él?

—Querida Desiré —respondí, sacando mi cuaderno—, me preocuparía por el hombre, no por ella. Valka tiene una forma muy particular de “escuchar” lo que otros tienen que decir.

Pasaron apenas unos minutos. El bullicio de la taberna continuaba igual, pero el hombre no regresó. Fue Valka quien apareció, caminando con la misma calma con la que se había ido, ajustándose el cinturón y limpiándose una gota de algo oscuro en el nudillo.

Desiré la miró con una mezcla de decepción y sorpresa.

—Creí que teníamos algo especial, lindura. Te has ido con ese animal sin dudarlo.

—Tranquila, dulzura. El imbécil quería que me arrodillara y le chupara la verga a cambio de su información —dijo Valka, sentándose de nuevo y recuperando su jarra como si nada hubiera pasado.

—Vaya… no imaginé que fueras de las que se arrodillan ante un hombre —comenté, arqueando una ceja y preparando la pluma.

—No lo hice —respondió Valka con una frialdad que cortaba el aire—. Solo le mostré mi daga y le prometí que podría conservar la verga en su sitio si hablaba rápido. Se sorprendió de lo afilado que puede ser el acero de una mujer cuando tiene prisa.

—¿Y habló? —preguntó Desiré, que ahora miraba a Valka con un respeto teñido de miedo.

—Después de que le hice un pequeño corte en una de sus bolas para demostrar que no estaba bromeando… sí, habló bastante —Valka dio un trago largo a su cerveza—. Tenía mucho que decir una vez que el miedo superó a la calentura.

—Vaya métodos —susurré, anotando frenéticamente—. Directo al grano, como siempre.

Desiré nos miró con sospecha, bajando la voz hasta convertirla en un murmullo que apenas se oía sobre la música del bardo local.

—¿Qué dijo exactamente ese borracho?

Valka intercambió una mirada conmigo. Sabíamos que la taberna no era el lugar para esta conversación.

—Vamos a buscar una habitación decente para los tres en la posada y te lo diré, dulzura —respondió Valka, extendiendo una mano hacia Desiré.

La cortesana asintió, visiblemente intrigada y quizás un poco excitada por el peligro que emanaba de nosotros. Pagamos las bebidas con un par de monedas de plata que el tabernero mordió antes de guardarlas, y nos dirigimos a la posada contigua. Al llegar a la habitación, una estancia pequeña con una cama de paja y el olor a humedad típico de la frontera, Desiré cerró la puerta con pestillo.

Se giró hacia nosotros, empezando a desatar los cordones de su corpiño con movimientos lentos.

—¿Me quito la ropa yo o prefieren hacerlo ustedes? —preguntó, intentando recuperar el control de la situación a través de la seducción.

—Tranquila, niña —respondió Valka, deteniendo su mano con firmeza, pero sin brusquedad—. Ya habrá tiempo para eso si las cosas salen bien. Primero dime la verdad. ¿Es cierto lo que dijo aquel imbécil? ¿Es cierto que han estado desapareciendo niños y jóvenes de este pueblo?

Desiré nos miró, dejando caer los hombros. Su máscara de cortesana juguetona se derrumbó, dejando ver a una mujer joven y asustada que probablemente había visto demasiado.

—Qué aburrido… creí que haríamos algo más antes de ponernos tristes —susurró, sentándose en el borde de la cama y abrazándose a sí misma—. Pero sí, “dulzura”. Es verdad. Brezal Bajo está perdiendo a sus hijos, y el Monasterio de los Mártires tiene las puertas más cerradas que nunca.

Me apoyé en la pared, sintiendo cómo el peso de la historia cambiaba de ritmo. La normalidad de este pueblo era, en efecto, el sudario de una tragedia.

—Cuéntanos todo, Desiré —dije, abriendo mi cuaderno—. No omitas nada. Si el Clero está cosechando vidas en este valle, el Colmillo de Wyvern necesita saberlo antes de que la cosecha sea total.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo