Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Hierro y Sangre - Capítulo 156

  1. Inicio
  2. Hierro y Sangre
  3. Capítulo 156 - Capítulo 156: Capítulo 156: La Palma Rojo Sangre
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 156: Capítulo 156: La Palma Rojo Sangre

(Narra Aelnora)

El resplandor de la hoguera moribunda iluminaba los moretones que empezaban a florecer en el rostro de Ulm como manchas de aceite sobre piedra. Sus facciones, ya de por sí rudas, estaban inflamadas, dándole un aspecto aún más imponente y brutal. Me acerqué a él con un ungüento y mis manos cargadas de luz ámbar, aplicándola sobre su pómulo con una presión que le hizo soltar un siseo.

—Eres un idiota, Ulm —le regañé, dejando que la magia fluyera por mis dedos para desinflamar el tejido—. Enfrentar a un titán como Dante a puñetazos… ¿En qué demonios estabas pensando? Podría haberte arrancado la mandíbula.

Ulm apartó un poco la cara, soltando una risa ronca que le provocó una mueca de dolor.

—Tú deberías entender, elfa… son cosas de grandulones —respondió con esa voz de grava que nunca se alteraba.

No pude evitar soltar una carcajada, aunque le propiné un golpe seco en el hombro antes de seguir canalizando la curación.

—Sí, “grandulones” con el cráneo más duro que el hierro —murmuré.

Valka se acercó a nosotros, limpiando una de sus espadas con un jirón de tela empapada en sangre de sectario. Sus ojos brillaban con un respeto que rara vez mostraba de forma abierta.

—Te luciste, grandulón —dijo la guerrera, guardando su arma—. Esos golpes resonaron a kilómetros de aquí. Creo que despertaste a medio valle.

—Nada de eso, Valka —respondió Ulm, deteniendo mi mano con suavidad para indicar que ya era suficiente—. Tú acabaste con más sectarios en la batalla. Yo solo me encargué de una persona… y fue porque Einar me echó una mano, o una garra.

Miré de reojo al druida. Einar seguía de pie en el límite del campamento, con la mirada fija en la negrura del bosque, su cuerpo aún tenso como una cuerda de arco a punto de romperse. Junto a él, Raven mantenía la misma postura vigilante, su silueta delgada contrastando con la agresividad que emanaba de Einar. Gorrash, impasible, terminaba de amarrar a las bestias después de la carnicería, asegurándose de que su aplastahuesos estuviera listo para marchar.

—Mira eso, clériga —dijo Ulm de pronto, su voz volviéndose gélida.

Seguí su mirada hacia el bosque y el corazón me dio un vuelco. Un mar de capas rojas estaba emergiendo de entre los árboles. Eran incontables; una marea de sectarios que se acercaban con una calma ceremonial al campamento. Ulm se puso de pie pesadamente y tomó su pico. Valka desenvainó sus espadas gemelas en un siseo metálico, y Gorrash cortó las riendas de amarre de las bestias en un solo movimiento, adoptando una postura defensiva con su Nodachi lista.

Einar entró en un trance de ira tan profundo que el sudor de su cuerpo parecía emanar vapor. Sus músculos, hinchados por el poder de Fenrir, vibraban bajo su piel y su respiración era un rugido contenido. Me paré a su lado, apretando el mango de mi martillo.

El ejército rojo se detuvo a pocos metros. Un encapuchado con una antorcha dio un paso al frente, su rostro oculto bajo la tela escarlata.

—No hay magia que puedan usar que pueda eliminarnos a todos —dijo el hombre con una voz cargada de fanatismo—. Están acabados.

—Antes de morir partiré en dos a la mitad de tu ejército rojo, sectario de mierda —le espetó Valka, escupiendo al suelo—. ¿De verdad crees que trabajas para un dios apoyado por demonios? Eres un imbécil si así lo crees.

—Parece que olvidas el altar de Hohenhaim —respondió el sectario con desprecio—. No me importa si se hacen llamar dioses o demonios; lo único que nos importa es su sangre y su poder. Ustedes ya han dado suficientes problemas. Ahora morirán.

El hombre levantó la mano, listo para dar la orden de ataque. Fue entonces cuando Raven dio un paso al frente, colocándose entre el ejército y nosotros.

—No los mates. Balthazaar los quiere vivos —dijo el elfo con una frialdad que me heló la sangre.

—¿Y quién coño eres tú para saber lo que quiere Balthazaar? —rugió el sectario.

Raven levantó la mano derecha y extendió su palma hacia el enemigo. Con una concentración aterradora, canalizó los vasos sanguíneos de su propia mano hasta teñir la palma de un rojo profundo.

—Soy su Mano Derecha —sentenció Raven. Se dio la vuelta para vernos de frente, dándole la espalda al ejército—. No pensarán que pueden manipular la sangre… sin un mago de sangre, ¿o sí? Todos de rodillas. Manos atrás.

(Narra Ulm)

La rabia me cegó. Intenté dar un paso al frente para aplastarle el cráneo a ese traidor elfo, pero Einar salió de su trance y me detuvo por el brazo con una fuerza que me sorprendió.

—No, grandote. No lo hagas —dijo Einar. Su voz no era de pánico, era… otra cosa.

Gorrash soltó un gruñido que hizo temblar el aire, pero soltó su Nodachi al suelo. Valka miraba a Raven con un odio que podría haber quemado el bosque entero.

—Eres un puto traidor —le soltó ella, con los dientes apretados.

Aelnora levantó su martillo, la luz ámbar chispeando en sus ojos. —Te partiré el cráneo, Raven, y después a cada uno de los idiotas que hay tras de ti.

—¿Segura? —respondió Raven con un tono cínico—. No olvides que mi espina de sangre está dentro de Valka… y de Aeris.

Raven movió un solo dedo. Valka cayó de rodillas al instante, soltando un grito de dolor que me desgarró el alma. El pensamiento de Aeris sufriendo lo mismo en la mina me hizo perder los estribos, pero Einar volvió a sujetarme con fuerza, impidiéndome cometer un suicidio.

Aelnora tiró su martillo al suelo con un estruendo de derrota. Yo solté el pico y todos nos pusimos de rodillas mientras los sectarios se abalanzaban sobre nosotros para amarrarnos muñecas y tobillos con cuerdas gruesas.

—No entiendo cómo estás tan calmado, Einar —susurré mientras me apretaban los nudos—. Nos acaban de ganar la guerra con una traición.

—Lo huelo —fue lo único que respondió el druida.

(Narra Einar)

Dejé que me amarraran, sintiendo las manos ásperas de los sectarios sobre mí. El ejército comenzó a preparar la partida, saboreando una victoria que no les pertenecía. Raven les dijo a los hombres de capa roja que nos dejaran cerca de las bestias.

—Mientras yo esté aquí, ni Ulm ni el Aplastahuesos atacarán —les aseguró Raven—. Así no solo llevarán prisioneros, sino provisiones también.

Los sectarios, confiados en el poder del “Mano Derecha”, obedecieron y nos amontonaron cerca del Aplastahuesos y Berg. Vi cómo Raven se alejaba unos metros, quitándose la capa. Con un movimiento fluido de sus manos, invocó su magia, pero no fue una espina de sangre. Cientos de las granadas que Aeris había fabricado salieron disparadas desde los suministros, levitando por un segundo antes de caer del cielo como una lluvia de fuego sobre el grueso del ejército rojo.

Las explosiones se sucedieron en una cadena ensordecedora. Raven usó el control sanguíneo al unísono, haciendo estallar los corazones de los que sobrevivían a la metralla. El costo mágico fue brutal; lo vi flaquear, cayendo de rodillas mientras su rostro se volvía pálido como la cera. Un sectario sobreviviente se lanzó hacia él con un puñal, pero Berg, el fiel animal de carga arrolló al hombre antes de que pudiera tocar al elfo.

Miré a Ulm, que me observaba con los ojos desorbitados.

—Te lo dije. Lo huelo —le dije, sintiendo cómo el aroma a traición nunca había estado allí—. No apesta a traición. Solo él tiene el poder para controlar a un ejército entero con un movimiento… solo nos sacó del peligro. SI una sola espina de esas granadas nos tocaba por error durante la lucha, nuestro corazón hubiera explotado junto a los cientos de idiotas del ejército.

—El hijo de perra me retorció las tripas para no hacerme estallar el corazón junto a los demás —gruñó Valka, tratando de ponerse de pie a pesar de las cuerdas.

Aelnora soltó una risa nerviosa. —Debo admitir que el cabrón me engañó por completo.

Mientras Raven permanecía en el suelo, agotado por el esfuerzo de detener tantos latidos a la vez, y Berg y el Aplastahuesos se encargaban de pisotear a los pocos sectarios que aún se movían, un ruido extraño vino del trineo.

La enorme caja sin marcas, la que Ulm tanto había cuestionado, comenzó a sacudirse violentamente. La tapa de madera oscura saltó por los aires, hecha pedazos, y de su interior emergió una figura ajustándose el sombrero y sacudiéndose las astillas de la chaqueta de gala.

—Vaya enredo, ¿no? —dijo Viktor, el bardo, estirando los brazos con un bostezo teatral—. ¿Necesitan una mano con esos amarres o es esta una sesión de fetiches a la luz de la luna?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo