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Hija del Enemigo: Linaje Prohibido - Capítulo 20

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20: Capítulo 19 20: Capítulo 19 Aleksei Reznikov había escuchado absolutamente toda la pequeña conversación que ella tuvo con Uwe antes de que muriera.

Y si intentaba hacerse la desentendida, el heredero ruso le dispararía en la cabeza sin temblarle la mano.

Girando sobre sus talones, lo enfrentó.

Cara a cara.

Él dio un paso más a ella para acorralarla contra la puerta, pero Annelise no se dejó intimidar, solo se encargó de sostenerle la mirada para mantenerlo a raya mientras pensaba en las palabras correctas.

—Negarlo no te ayudará en nada—.

Repuso Aleksei, inclinándose lo suficiente para que ella sintiera su aliento en las mejillas.

—No iba a hacerlo, ¿tiene algún caso fingir que estás loco?

Me has descubierto—.

Annelise habló con tranquilidad, sin expresión y sin tapujos—.

Soy la primogénita de Erich Falkenheim y estoy aquí porque necesito terminar una encomienda de mi padre, que no tiene nada que ver contigo o tu padre—.

Mintió en lo último porque no estaba dispuesta a contarle el plan completo.

—Ah, ¿no?

—siseó él, empujándola con su cuerpo hasta que ella golpeó su espalda contra la puerta, pero hasta eso, con suavidad—.

¿Entonces por qué usurpaste el lugar de mi verdadera esposa?

¿Qué le hiciste a ella?

¿Dónde está?

—La asesiné.

—Fue la respuesta de Annelise, fría, cortante y desdeñosa, que por un segundo desconcertó a Aleksei—.

Y si quieres ir a verla, mi gente se deshizo de ella y dudo mucho que logres localizar sus restos.

La mirada grisácea de él se ensombreció.

—Ahora con mayor razón me dirás lo que pretendes—, exigió en un gruñido.

—Eso no es de tu incumbencia.

—Lo es desde que te atreviste a asesinar a esa pobre chica.

—¿Pobre chica?

—Annelise soltó una risa nasal—.

Pero te hice un favor al suplantarla, es decir, ni siquiera sabías de donde era y ella tampoco imaginaba para qué iba a servir su cuerpo.

—Dudo mucho que quisieras tomar su lugar para ser tú a quien yo follara.

—Escucha, Aleksei, este problema de verdad no te concierne—mintió con la mirada puesta en la suya para darle más credibilidad—.

Te diré lo que quieres saber, pero guarda mi maldita arma.

—¿Y si no lo hago?

¿Qué harás?

—la retó, aun con la mano temblorosa y alzó el arma nuevamente, deslizando la boquilla de esta por encima de la ropa de ella, justo encima de su busto.

—¿Me matarás?

¿en mi propia casa?

—No me gusta asesinar personas por placer, siempre lo hago con un motivo en especifico porque de no ser así, sería un desperdicio de tiempo.

Sus palabras lo hicieron reír de ironía y antes de que Annelise pudiera reaccionar, Aleksei la tomó del cuello con rudeza y la lanzó hacia la cama.

Ella cayó de rodillas e intentó levantarse, pero él ya estaba detrás, sometiéndola con su cuerpo.

—¿Qué haces?

¡Suéltame!

— chilló la fémina, horrorizada.

Él comenzó a quitarle la ropa bruscamente y a pesar de estar herido, tenía fuerza suficiente para dominarla.

Ella escuchó como lanzaba el arma al suelo y la pateaba para que quedara debajo de la cama y pudiera desvestirla a su antojo.

—Esto es lo que querías, ¿no?

Que el hijo del capo ruso te follara y poder presumir de ello, ¿verdad?

La voz de Aleksei estaba teñida de ira y desprecio.

—No, yo no… —balbuceó ella, y él le estampó la cara en la cama para que no se moviera, mientras que, con la mano libre, se bajaba el bóxer.

—Pues disfruta tu maldito premio, Annelise Falkenheim—rugió al tiempo que la penetraba con fuerza y sin avisarle.

Annelise entornó los ojos al sentir la primera embestida, sintiendo un dolor palpitante entre sus piernas, ya que estaba siendo abusada por Aleksei.

—¡No!

—gritó, asustada— ¡Déjame!

¡No me toques…!

Pero él la ignoró y aumentó el ritmo de sus embestidas, provocando que ella no dejara de gritar y de contorsionarse, tratando de alejarse, pero Aleksei era muy fuerte, y sus caderas no parecían tener la intención de detenerse.

A cada penetración, Annelise iba sintiendo como su interior iba rasgándose y comenzó a llorar.

Nunca en su vida había pensado que algo como eso le pasaría y mucho menos horas después de haberse entregado a ese mismo hombre que se hallaba mancillándola en ese instante.

No había comparación.

Ese no era el Aleksei Reznikov con el que había decidido consumar su matrimonio, sino la bestia que él le había advertido que era desde el principio.

De pronto, la liberó, pero solamente para cambiar de posición.

La tomó como si fuese una muñeca de trapo sin valor y la colocó boca arriba para que ella fuera consciente del daño que él le estaba haciendo, pero para ese momento, Annelise ya no puso resistencia, y no porque lo estuviera disfrutando, sino porque era inútil.

En cuanto volvió a abrirse paso en el interior de ella, pero ahora mirándola, Aleksei titubeó un momento cuando se encontró con la mirada acaramelada y llorosa de la chica que lo miró con tristeza y en silencio.

El chico ruso de aspecto mortífero y al mismo tiempo, herido, sacudió la cabeza y continuó violándola hasta que llegó al orgasmo, terminando en su interior con brusquedad.

—A partir de hoy, Annelise, quiero que te quede claro que no eres más que un contenedor de basura donde estaré desechando mi semen las veces que yo quiera, ¿entiendes?

—le agarró de los hombros, le subió el pantalón y la levantó con facilidad, antes de empujarla hacia la puerta mientras se acomodaba el bóxer.

Ella se golpeó el hombro derecho, pero no se quejó.

Se mantuvo en silencio, aguantándose las nuevas lágrimas.

—Lárgate de mi habitación.

Y no te me acerques, a menos que yo te mande a llamar o yo te busque para follar—le espetó.

Aleksei se acercó y ella se encogió en su lugar, abrazándose a sí misma, pero él simplemente puso la combinación del candado para que pudiera marcharse.

—Ah y una cosa más—interpuso, asqueado—, no voy a permitir que mantengas contacto con tu padre.

Y dicho eso, tiró de su cabello y le introdujo los dedos en ambas orejas para localizar el dispositivo.

Cuando lo encontró, lo jaló de golpe, haciéndole daño, pero otra vez, Annelise no se quejó, solo sintió como algo caliente le escurría en la oreja cuando él logró quitarle el aparato.

—Carajo.

Al ver la magnitud de su rudeza, Aleksei resopló con fastidio y le dio un puñetazo a la puerta, indeciso de lo que debía hacer.

Annelise había sido educada con mano firme gracias a su padre y aunque no tenían un vínculo sólido, le había enseñado que no podía simplemente dejarse vencer y para poder vengarse del enemigo, tenía que demostrarle que no le afectaba del todo lo que le habían hecho para poder contraatacar en cuanto se confiaran.

En cuanto notó que él estaba distraído en sus propios pensamientos, aprovechó a abrir la puerta y correr a esconder en la recámara nupcial.

Cuando escuchó los pasos de Aleksei detrás de ella, aceleró el recorrido y cerró exitosamente la puerta con pestillo.

Le rogó al cielo que él no insistiera en entrar y así fue.

Escuchó la respiración de Aleksei Reznikov afuera y luego sus pasos cansados, volviendo a su propia recámara y no fue hasta que quedó completamente sola, que se permitió quebrarse como era debido.

Lloró, gritó, golpeó y se puso histérica por haber dejado que algo semejante ocurriera.

Alrededor de veinte minutos se quedó tirada sobre la alfombra, abrazando su débil cuerpo ultrajo y mirando al techo con las lágrimas rodando por sus sienes hasta perderse en su cabello, deseando haber encontrado la manera de huir hacía unas horas en vez de ayudar al desgraciado ruso que la había violado.

Ahora que él ya sabía quien era ella, no tenía caso continuar ahí.

Si tenía que enfrentarse a todos los hombres armados de esa mansión para escapar, lo haría, pero no iba a ser su maldita muñeca sexual de Aleksei Reznikov solo para salvar su vida.

Tenía una dignidad que cuidar, o al menos, lo que quedaba de ella.

Se sentó con dificultad porque le dolían las piernas y su feminidad todavía más.

Se arrastró por el borde de la cama para meterse debajo de esas sábanas, cuyo perfume masculino de él estaba impregnado y de una patada las tiró al suelo.

Adormecida por haber llorado mucho, cerró los ojos y se hizo un ovillo, abrazando su almohada, sin importarle que su oído hubiera sido herido también y la sangre seca hubiera quedado en varias partes de la cama en donde ella posó la cabeza, incluida la alfombra.

Se dejó llevar por el sueño y cuando despertó al otro día, se encontró con ropa cómoda, las sábanas eran otras, y habían limpiado a conciencia la recámara nupcial.

Precipitadamente, se sentó y miró a su alrededor.

Tenía una gasa en la oreja y en su brazo tenía una aguja conectada a un suero que estaba colocado en lo alto de la cama.

La habían sanado mientras estuvo dormida e inconsciente.

¡Vaya táctica!

Las puertas de la recámara estaban abiertas de par en par, sintiéndose insegura.

¿Qué había pasado?

El horror de los recuerdos del día anterior le llegaron como fuertes latigazos en la cabeza y se estremeció de coraje.

Dio un respingo cuando alcanzó a ver la parte trasera de una cabeza con un peculiar color de cabello rojizo.

Era el capitán Pavel quien estaba vigilando afuera.

Tragó saliva.

—¿Hola?

—preguntó.

Su voz salió rasposa y ronca.

Él en cuanto la escuchó, se giró para mirarla y ella suspiró.

La mirada oscura y careciente de emoción de ese hombre le resultó más cálida que la de Aleksei.

—Buen día, has despertado—.

La saludó con amabilidad, pero había dureza en su voz.

—¿Por qué irrumpieron en la recámara?

Recuerdo haberla cerrado con pestillo.

El pelirrojo se revolvió, nervioso.

Su rifle estaba en su espalda y sus manos dentro de sus bolsillos.

—Órdenes del joven Reznikov—respondió, acercándose a ella—.

Me dio la encomienda de vigilar tus aposentos y vigilar que comas y no cometas alguna estupidez.

—¿Y por qué exactamente tú y no alguien más?

—Porque según él, confías en mí y no quiere otra persona se encargue de ti.

Sus ojos negros se posaron directamente en los de ella con intensidad, haciéndola ruborizar.

Tal parecía que Aleksei estaba tramando algo.

Si no le había dicho aun a su padre sobre la identidad de ella era porque algo se traía entre manos y la presencia de Pavel era una señal de ello.

¿Acaso quería acusarla de serle infiel con Pavel y así decírselo a su padre para tener una razón todavía más poderosa para asesinarla?

—¿Estás seguro de que no te dio más órdenes, a parte de cuidarme?

—le preguntó con curiosidad fingida.

Pavel se encogió de hombros.

—No entiendo por qué lo hizo; pero así fue.

No dio detalles, simplemente mandó a llamarme y heme aquí—.

Se rascó la cabeza, confundido—.

Y de momento me retiró del mando de mi escuadrón para dedicarme solo a ti.

Annelise tragó saliva, dándose cuenta de que Aleksei Reznikov estaba más desquiciado que cualquier ser humano que ella haya conocido antes, pero lo que no sabía era que también tenía experiencia tratando a personas de ese tipo.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Henutmire Me encantaría muchísimo leer sus opiniones sobre la historia y agradecerles que se estén tomando la molestia de leerla 🙂

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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