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Hija del Enemigo: Linaje Prohibido - Capítulo 21

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21: Capítulo 20 21: Capítulo 20 Casi un mes fue exactamente la misma rutina para Annelise en aquel castillo de hielo ruso.

Artem Pavelovich estuvo custodiando la entrada de la recámara nupcial y verificando que comiera lo que las criadas le llevaban en bandejas y solo cuando tenía que cambiarse después de ducharse, le permitía cerrar las puertas.

Mikhail Reznikov fue llevado a intervención quirúrgica inmediata y supuestamente, a lo que Pavel le comentó, estaría una semana más internado para que se recuperara mejor y que Aleksei a menudo salía de la mansión con su coche y regresaba hasta muy tarde, en un pésimo estado de ebriedad.

El frío había aumentado y ella lo único que deseaba era largarse de ahí, pero no quería deshacerse cruelmente de Pavel, le había tomado cariño y asesinarlo iba a ser difícil, no porque no pudiera, sino porque lo apreciaba.

Sin embargo, una madrugada, Annelise despertó asustada cuando escuchó la voz gutural de Aleksei afuera de la habitación, la cual continuaba abierta de par en par y el único muro que había entre ella y el demente heredero era Pavel, quien intentaba detenerlo de entrar a molestarla.

—Joven Reznikov, tranquilícese.

Se encuentra muy ebrio, por favor, déjeme llevarlo a sus aposentos… —dijo Pavel, tratando de razonar con él, mientras lo mantenía agarrado del pecho para que no entrara.

Annelise se escondió bajo las sábanas y alcanzó a ver a Aleksei todo despeinado, sucio y oliendo a alcohol.

Se había dejado la barba y parecía más un vagabundo que el heredero de los Reznikov.

Desde que abusó de ella, dejó de verlo durante varias semanas y comprendió que el pobre infeliz no había podido sobrellevar lo que había hecho y su conciencia lo estaba torturando.

—¿Me estás ordenando no entrar a la recámara de mi esposa?

—se echó a reír Aleksei, empujándolo.

Pero Pavel se mantuvo firme como una roca—.

¿Si te das cuenta de que el que manda aquí soy yo?

¡Apártate!

—Me dio la orden de cuidar de su esposa, pero usted quiere incomodarla, ¿qué quiere que yo haga?

—bramó Pavel, impaciente—.

Ella está durmiendo y no merece ser molestada, a menos que se calme y entre de manera tranquila a hablar.

—A mí nadie me va a dar órdenes y menos un estúpido subordinado como tú—, le escupió a Pavel en la cara y lo empujó—.

Ahora muévete o no querrás que te meta un tiro en la cabeza.

Aleksei sacó de su cinturón la pistola de Annelise y le apuntó al pelirrojo justo en la sien izquierda.

—Déjalo pasar, Pavel—dijo Annelise, sobresaltada—.

No te preocupes.

—Pero, señorita… —balbuceó el pelirrojo, mirándola por encima del hombro.

—Estaré bien—.

Le aseguró, aunque sabía que no era verdad.

El pelirrojo gruñó y se hizo a un lado, dándole entrada libre a Aleksei al dormitorio.

Tambaleándose, el heredero entró y cerró las puertas dobles con pestillo.

Lanzó la pistola al suelo y sin perder sorpresivamente el equilibrio, la miró.

Tenía ojeras enormes debajo de sus ojos y parecía a punto de vomitar, pero no lo hizo, en vez de eso, palpó sus bolsillos y sacó una licorera de bolsillo con el nombre Jack Danices grabado en plata y le dio un sorbo, dejando un olor pestilente a whisky.

—Vas a satisfacer tus deberes como mi esposa en este maldito momento, Annelise—.

Le oyó decir.

Pero ella no se movió.

Continuó debajo de las sábanas, mirándolo con repugnancia.

—¿Qué esperas?

—masculló él, mirándola con coraje—.

¿O quieres que vaya por ti y tome lo que es mío como la última vez?

—De todos modos, lo harás, ¿no?

—repuso ella con desdén.

Pero para ese segundo, Aleksei tropezó ridículamente con sus propios pies y cayó en el suelo sin siquiera poder acercarse a ella como deseaba.

El alma de la chica regresó a su cuerpo al verlo completamente fulminado por el alcohol.

—Pavel—.

Llamó al pelirrojo, pero recordó que Aleksei había asegurado las puertas y saltó fuera de la cama para abrir.

El capitán entornó los ojos cuando la vio abrir y divisó al heredero tirado en el suelo en su propia miseria—.

Llévalo a su habitación.

—¿Qué le pasó?

—se mostró intimidado.

—Se desmayó—.

Se limitó a decir para no entrar en detalles y hacer lo posible para que Pavel lo sacara de ahí.

El capitán asintió y entró a grandes zancadas.

Recogió la licorera y tomó a Aleksei como si fuera un saco de papas y se lo echó al hombro.

—Vuelvo en un momento—.

Avisó—, de mientras, cierra las puertas otra vez.

Ella asintió.

Se acercó al umbral cuando Pavel salió de la recámara con Aleksei sobre su hombro.

De alguna maldita manera, ver a ese infeliz sufriendo su karma le provocó lástima y sabía que Pavel no iba a tener cuidado al momento de meterlo a la cama y si no lo acomodaba en una buena posición, probablemente vomitaría y se ahogaría con su vómito, muriendo de la manera más patética.

A regañadientes, se vio obligada a seguir al capitán y lo desconcertó al verla entrar después de él.

—Necesito asegurarme de que no muera con su propio vómito si queda en una posición incómoda—le informó al pelirrojo que la miró con sorpresa.

Él se movió para que ella pudiera acomodarlo bien.

Con cuidado, sostuvo su cabeza mientras movía las almohadas para dejársela en alto, le quitó la ropa y le pidió a Pavel que buscara un pijama limpio en el closet y luego lo vistió cómodamente antes de cubrirlo con la sábana.

—Para no llevarse muy bien que digamos, veo que lo quieres—comentó el pelirrojo.

—Se le llama tener empatía, algo que claramente este hombre no tiene conmigo, pero se da lo que uno es—.

Se encogió de hombros, ocultando el rubor en sus mejillas, ya que ni ella misma sabía si de verdad comenzaba a apreciar a ese imbécil que la había violado por venganza hacía unas semanas.

—No, yo percibo amor en tus acciones para con él—, repuso Pavel.

Ella se encogió de hombros otra vez, siendo evasiva.

—Por cierto, ¿qué edad tienes?

—le preguntó el pelirrojo.

—Veinte años, ¿por qué?

—volteó a verlo y él alzó ambas cejas, estupefacto.

—No puede ser… ¡eres solo una niña, por Dios!

—exclamó, conflictuado.

Annelise rio.

—No soy una niña, ¡qué va!

—Pues el joven Reznikov tiene veintiséis y yo tengo veintinueve—.

Replicó.

—Solo soy menor que ustedes, pero eso no me hace una niña—eludió, riéndose.

Sin embargo, Annelise dejó de reír cuando sintió los ojos oscuros de Pavel en ella, mirándola con intensidad y algo de… anhelo.

—Ojalá no hubieras caído en este castillo de hielo, señorita Nadia—murmuró.

Annelise frunció el ceño, ya que cada que alguien la llamaba por el nombre de esa chica muerta, le provocaba escalofríos—.

Porque difícilmente podrás irte de este lugar ilesa.

—Mejor dime “señora Reznikov”, pero continúa tuteándome—.

Le corrigió amablemente.

Él asintió.

—En todo caso, si en algún momento decido irme de aquí, ¿me ayudarías?

Aquello lo tomó desprevenido.

En otras circunstancias, decirle eso a ese pelirrojo habría sido como una sentencia de muerte, pero estaba segura de que él ya le había tomado también aprecio y quizá podría ser su aliado en el peor de los casos.

—Le tengo lealtad a los Reznikov—.

Respondió con frialdad y apretó la mandíbula, mirando a Aleksei que yacía dormido en la cama y ella asintió, avergonzada y al mismo tiempo temerosa por haberle confiado ese pensamiento a ese sujeto color zanahoria.

—De acuerdo, no te preocupes.

Solo fue un decir—intentó remediar su estupidez con una sonrisa natural—.

Nunca te pediría que hicieras algo en contra de estas personas porque son peligrosas y yo estoy aquí por mi gusto.

El silencio por parte de Pavel la puso nerviosa y aventuró a levantarse de la cama, dispuesta a marcharse.

Sintió la presencia de ese hombre detrás de ella cuando salió del dormitorio y la siguió a la recámara nupcial, ocupando su puesto afuera de la puerta doble hoja.

—Buenas noches, Pavel—, se despidió de él mientras se metía bajo las sábanas.

—Buenas noches, señora Reznikov—añadió el pelirrojo, mirándola desde afuera—.

Recuerda, también formas parte de este imperio, lo que quiere decir que también debo mi lealtad a ti.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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