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Hija del Enemigo: Linaje Prohibido - Capítulo 22

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22: Capítulo 21 22: Capítulo 21 Dos días después, Annelise por fin decidió que era buena idea despejarse un momento mientras Aleksei se encontraba inconsciente en su habitación porque se la pasaba saliendo y regresando ebrio hasta las pestañas y ella ya estaba comenzando a aburrirse en serio al estar todo el día, encerrada en esas cuatro paredes de oro.

Aunque había mucha nieve, el frío estaba soportable y se le antojó salir un rato a caminar, evitando a toda costa los rosales que había en el jardín trasero, pero para que eso fuese posible, tenía que manipular a Pavel.

—No es conveniente.

El joven Reznikov puede despertar en cualquier momento y si se entera que la he dejado salir, podría castigarme—.

Fue la respuesta del pelirrojo.

—Me estoy aburriendo como ostra, no puedo seguir más tiempo en este lugar—se quejó—.

Un poco más y me crecerán raíces.

—Comprendo perfectamente, también yo estoy aburrido, pero órdenes son órdenes.

—Soy también una Reznikov y te doy la orden de dejarme respirar un rato.

Yo afrontaré las consecuencias de mis actos, Pavel, no te preocupes.

Pero él negó con la cabeza.

Ella se encontraba afuera de la habitación, persuadiéndolo y frunció el ceño cuando lo vio negarse nuevamente.

—Todos en este lugar, aunque no lo mencionen, sabemos lo que ocurre tras bambalinas—dijo, bajando la voz y mirando instintivamente a ambos lados del pasillo para después mirarla a ella por encima del hombro—.

Y sé que cuando regresamos del enfrentamiento al que te llevé, el joven Reznikov abusó de ti.

—¿Qué?

—palideció.

—Sí.

Yo escuché todo y te vi salir corriendo con desesperación hasta acá para protegerte de lo que el joven Aleksei te hizo.

Mi primer pensamiento fue apoyarte, pero no puedo intervenir en las acciones de los jefes, ya me entiendes, ¿no?

—confesó con dureza—.

Y lo único que sí puedo hacer es aconsejarte en no cometer estupideces que puedan desencadenar castigos o tu propia muerte.

—¿Por qué me estás diciendo todo esto, Pavel?

Apenas me conoces de un mes y unos días… —titubeó con desconfianza.

—Porque yo le juré lealtad a Mikhail desde los quince años, llevó prácticamente la mitad de mi vida sirviéndole y he visto a su hijo crecer, tropezar y para nada progresar—susurró, casi de manera inaudible—.

A pesar de ser un chico mimado, Aleksei no sabe resolver sus propios problemas y tampoco cuenta con el apoyo de su padre.

—¿Qué hay de su madre?

—No tengo idea.

Mis compañeros veteranos dicen que falleció cuando él nació, así que no sé exactamente si eso es verdad o no.

—Aun no me respondiste a mi pregunta.

—¿Qué quieres que te diga?

Ya te dije que eres solo una niña, te casaste con el hijo del capo ruso más influyente del país y fuiste abusada sexualmente, y aún así, tu corazón es bondadoso en preocuparte por él para que no se muera en su propio vómito luego de embriagarse por gusto.

Annelise se estremeció.

No tenía idea de que Pavel pudiera verla de esa manera o peor aún, que se hubiera dado cuenta de todo y eso quería decir que todos en esa mansión sabían cosas, pero no podía decir o hacer algo porque no les correspondía hacerlo.

—Y me molesta y duele ver que los Reznikov usen a las personas y las desechen como basura cuando ya no les sirven.

—¿Y por qué no renuncias a trabajar con ellos?

—Porque cuando te involucras con la mafia, ya no puedes librarte de ella y solo hay una salida.

—¿Cuál?

—La muerte.

Annelise, pese a ser hija de un capo alemán, jamás se detuvo a pensar que ese era el costo para abandonar la organización porque ella tenía privilegios y nunca podría apartarse de todo eso porque nació ahí, así como Aleksei.

—¿Y qué te motivó a querer involucrarte con estas personas?

Pavel humedeció sus labios y se encogió de hombros.

—La carencia que había en mi familia.

Ahora ellos tienen todo lo que desean y con eso me doy por satisfecho—le aseguró con una sonrisa triste, recargando la cabeza en la pared—.

Aquí una vez al año podemos pedir una semana de vacaciones para estar en casa o limitarnos dos años para tener dos semanas de corrido y disfrutar mejor a la familia.

—¿Qué te parece si para olvidar un rato eso, vamos a dar un paseo a por ahí?

—le dio un golpe juguetón en el brazo, haciéndolo sonreír.

—Eres muy convincente, ¿no?

—esbozó una sonrisa torcida.

Ella asintió—.

De acuerdo, pero solo un rato.

No quiero problemas.

—¡Bien!

Iré por mi abrigo.

Pavel se colocó el arma en su espalda mientras ella regresaba con su enorme abrigo y botas de nieve.

—¡Vamos!

Los dos caminaron hacia la escalera y bajaron al primer piso, siendo víctimas del escrutinio del resto de hombres armados y la servidumbre.

En cuanto abrieron la puerta, algunos copos de nieve se filtraron al interior y el aire helado les rasgó las mejillas, pero, aun así, continuaron caminando.

El poco sol que había era reconfortante.

Annelise se inclinó a crear una pequeña bolita de nieve y se la lanzó a Pavel en el pecho, haciéndolo reír.

Estaban a escasos pasos de los rosales y ella parecía no haberse percatado que ya estaban muy cerca.

—Ten cuidado—dijo el pelirrojo—.

Los rosales están a poca distancia.

—¿Cómo sabes que soy alérgica?

—Porque como ya te he dicho, en esta mansión, todo se sabe.

—Me tratas como a una hermana pequeña—bromeó.

Pavel se mordió el interior de las mejillas y metió las manos en el interior de su abrigo.

—Es que me recuerdas a ella.

—¿En serio?

¿ella tiene veinte años?

—se mostró interesada.

—No.

Ella tendría veinte años en este momento.

—¿A qué te refieres?

—Bueno, es que ella falleció de leucemia cuando tenía solamente seis años, aunque la falta de dinero fue realmente lo que la asesinó—, le explicó con tranquilidad—.

Y fue justo por eso que decidí meterme a la organización a los quince años para evitar que algo similar se repitiera en mi familia.

Esa confesión la dejó boquiabierta y helada.

¿Qué nivel de dolor e impotencia tuvo que atravesar ese hombre para decidir vender su alma al diablo llamado Mikhail Reznikov?

—Lo siento mucho… Pavel negó con la cabeza.

—No lo sientas.

Guardó silencio un segundo y apretó la mandíbula.

—Se llamaba Nika.

Annelise no era de dar abrazos, pero sintió la necesidad de darle uno a Pavel para reconfortarlo.

Sin dudarlo, acortó la distancia y le echó los brazos encima, de manera emocional.

Él se sobresaltó, pero no la rechazó.

Le correspondió el gesto con torpeza.

—Entonces solo era cuestión de tiempo para que te fijaras en uno de mis hombres, ¿no?

La cruel voz de Aleksei Reznikov provocó que Annelise y Pavel se separaran instintivamente, como si darse un abrazo hubiese sido un pecado mortal, pero en ese caso, sí lo era porque fue un gesto íntimo, aunque no de la manera en la que pudo pensar el heredero ruso.

—Joven Reznikov, no es lo que piensa—titubeó el pelirrojo y parecía más asustado por la vida de la chica que la suya—.

Fue error mío… Pero los ojos grises de Aleksei estaban vueltos en llamas.

La resaca lo había puesto de peor humor y apenas podía sostenerse sin caer sobre la nieve.

—Estábamos charlando y me contó un suceso muy triste sobre su familia—.

Lo defendió Annelise con fiereza—, ¿o acaso hasta eso vas a prohibirme también?

—Artem, te di la maldita orden de no dejarla salir a ninguna parte sin mi autorización y eso también abarca el jardín de la mansión—.

Gruñó, ignorándola—.

¿O no fui claro cuando te puse a vigilarla?

El pelirrojo bajó la cabeza, consternado, pero Annelise no bajó ni la mirada.

—Alek—.

Siseó, iracunda, pero él pasó a ignorarla peor—.

Te estoy hablando, Aleksei.

—¿Qué quieres?

—le espetó.

—Quiero hablar contigo en privado.

Él le recorrió el cuerpo con la mirada y arqueó una ceja.

—Si es para follar, estoy de acuerdo y si no, puedes irte a la mierda—.

Carraspeó, frotándose las sienes—.

Porque no tengo humor para nada, me está estallando la cabeza y solo quería venir a castigar a Artem por desobedecerme.

Avergonzada por la maldita falta de moral de ese idiota, se acercó a él y lo tomó del brazo con histeria, jalándolo hacia la mansión.

—Si tengo que darte mi cuerpo para que me pongas atención, lo haré—.

Sentenció la fémina con fastidio.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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