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Hija del Enemigo: Linaje Prohibido - Capítulo 25

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25: Capítulo 24 25: Capítulo 24 —No.

Aleksei frunció el ceño, esperando haber escuchado mal.

—¿Qué?

—No, Alek.

Mi respuesta es no—.

Puntualizó ella, dándole la espalda—.

No puedo perdonarte tan fácil.

Ojalá me hubieras abofeteado o gritado, no sé, pero lo que me hiciste fue lo peor que le pueden hacer a una mujer.

—Lo sé, por eso estoy pidiéndote perdón.

—Lo entiendo, pero tú no sabes lo que sentí esa noche cuando decidiste tomarme por la fuerza sin importarte nada—le tembló la voz y se giró para mirarlo—Ni siquiera te detuvo el estar herido, Alek.

Tu rabia fue mayor que cualquier pensamiento coherente.

Aleksei advirtió que Annelise había comenzado a llorar, pero sin alterarse.

Las mismas lágrimas que rodaron por sus mejillas esa noche estaban nuevamente adornando su delicado rostro.

—¿Y sabes lo que más me tiene mortificada?

Él no respondió.

Se mantuvo arrodillado e inmóvil, observándola.

—Que, aunque me hayas hecho eso, no pude odiarte como deseaba, ¿y sabes por qué?

—No lo sé… —balbuceó, perdido.

—Porque si no hubiéramos consumado el matrimonio como es debido, horas antes de perder la cabeza, tal vez mi odio hacia ti habría sido fácil.

—No logro comprender lo que quieres decirme, Anne.

—Me refiero a que… —tragó saliva, ofendida y echó a reír con ironía—.

Pensé que podríamos ser un buen matrimonio porque logré sentir que no solo estábamos teniendo sexo, sino algo más íntimo—sorbió por la nariz.

—Sentí que me hiciste el amor de la forma más bonita, incluso tuve la errónea idea de dejar a un lado la misión de mi padre y olvidarme de mi origen para quedarme contigo, pero solo fue un pensamiento fugaz mientras me acariciabas con adoración, sin hacerme daño y haciéndome sentir la chica más afortunada de tener a un hombre como tú en su cama.

Vi promesas en tu mirada, Alek, promesas que me inventé al dejarme llevar por las mentiras de tus besos.

Se limpió la cara bruscamente con el pijama y se acercó a él.

—Levántate, Aleksei, y déjame sola—le pidió.

—¿Qué puedo hacer para que me perdones?

Ella negó con la cabeza.

—No tengo idea, de hecho, si planeas decirle a tu padre quién soy, hazlo.

Ya nada importa, de todos modos, fallé la misión y probablemente estaré muerta en cuestión de días.

En cuanto ella mencionó la misión, Aleksei se levantó sin dejar de verla y la tomó suavemente de los hombros, instándola a sentarse al borde de la cama y él se situó a su lado.

—No voy a decirle nada a mi padre, Anne, y quiero que me digas cuál fue esa misión por la cual te arriesgaste a venir.

—Si piensas que es asesinarte a ti o a tu padre, puedes estar tranquilo—, le aclaró.

—Si no es eso, ¿entonces qué es?

Respirando con cansancio, la fémina se deslizó por la cama hasta llegar al respaldo y él se recostó con la mirada puesta en ella.

—Embarazarme de ti y robarte a tu primogénito—.

Confesó y abrazó sus rodillas.

—Debes estar tomándome el pelo… —No, es verdad.

Esa fue la misión de mi padre.

—Pero… es absurda—se echó a reír Aleksei, asustándola, porque fue una risa genuina, cargada de humor que solo él entendía.

—¿Por qué es absurda?

Te íbamos a robar a tu hijo.

—Nuestro hijo, querrás decir—le corrigió.

Ella se ruborizó.

—No le veo la gracias, Alek.

—Es que no encuentro más que reír ante lo patético que suena eso, es decir, ¿acaso tu padre no pensó que podría tener hijos con otra aunque se llevaran al primero?

—ladeó la cabeza.

—Se supone que el primogénito vale más que cualquier otro.

—Pero ten en cuenta que, a fin de cuentas, un hijo es un hijo, no importa si es el primero o el segundo.

Lo que a mi padre le interesa es asegurar nuestro linaje, por eso incluso llegó a amenazar con hacerte un hijo por la fuerza.

—Supongo que tienes razón.

Mi padre no previó ese detalle—se sintió incómoda porque se entregó en bandeja de plata a los Reznikov—.

Y por eso es que la misión falló.

El silenció que se alzó en ese momento fue sepulcral.

Ninguno de los dos habló.

Solo se alcanzaba a escuchar la respiración de ambos.

—No entiendo cómo es que tu padre haya tenido tan maquiavélica idea de enviarte sola a esto—repuso Aleksei al no soportar el silencio—, es decir, entraste por voluntad propia a la casa de su enemigo, sin prever lo que podría ocurrir.

Es igual que mi padre.

—Tal vez—convino ella, suspirando.

—¿Él sabía que ya habías tenido sexo anteriormente o creía que seguías siendo virgen?

Aquella pregunta la hizo reír.

—Mi padre es tan estúpido que, aún creyendo que no había estado con nadie, le valió y me envió a casarme contigo porque para él, el poder es muy importante antes que la dignidad e integridad de su hija.

—Tal parece que nuestros padres enloquecieron por el hambre de poder territorial y nosotros solo fuimos piezas en el tablero de juego, ¿no crees?

—Si en algún momento se enfrentan y yo sigo viva, llevaré lejos a mi hermana para empezar una nueva vida lejos de esta mierda.

—No es mala idea, para serte franco.

—Bien, pues ahí lo tienes.

Esos son todos mis secretos, incluida la misión fallida—enterró la cara entre sus rodillas y alzó la cabeza cuando sintió su mano sobre uno de sus pies.

—Te lo agradezco, gracias, muñeca.

Ella asintió y ahogó un bostezo.

—Espero que con el tiempo logres perdonarme.

—Voy a pensarlo.

No es fácil, Alek.

Él asintió con una sonrisa tensa.

—Ahora entiendo por qué Pavel logró empatizar y crear un vínculo de amistad contigo—murmuró él, siendo consciente del escrutinio de la chica—.

En todas estas semanas que hemos estado coexistiendo, supongo que los que estaban hablando por nosotros eran nuestros egos porque ambos somos hijos de capos muy peligrosos y estamos acostumbrados a tenerlo todo, pero al final de cuentas, creo que nos faltaba hablar más y conocernos para entendernos, ¿no lo crees?

—El vínculo que comparto con Pavel es más de hermandad que de amistad, para ser sincera—, le explicó, sopesando la idea de contarle la verdad, pero decidió no hacerlo, por privacidad de su amigo pelirrojo.

—No preguntaré por qué, ya que, seguramente es algo privado, pero agradezco que me lo externes para que no me mate haciendo hipótesis ridículas en mi cabeza, muñeca.

—Mejor dime Anne—.

Arrugó la nariz.

—¿Por qué?

Me gusta llamarte de ambas maneras—enarcó una ceja en su dirección.

—No lo sé, me siento extraña.

—Eres mi muñeca, Anne.

—No soy de nadie—objetó, contrariada ante sus petulantes ojos grises mirándola como si fuera algo delicado.

—Enfrente de mi padre no puedo decirte tu nombre real o el diminutivo porque él no debe enterarse de nada, por eso acostúmbrate a que te diga muñeca, ya que eso eres para mí—expuso con determinación—.

Eres mi muñeca de aparador, hermosa, delirante y peligrosa.

—¿Qué te costaba ser así desde el principio, Alek?

Amable, cariñoso y educado; digno de merecer mi confianza.

El recién mencionado tragó saliva.

No esperaba esa respuesta de su parte, especialmente porque había vuelto a mirarlo con tristeza y decepción en sus ojos.

—No hay excusas, simplemente fui un imbécil y lo que le sigue—rodó por la cama hasta quedar boca arriba y extendió los brazos, abarcando casi todo el espacio.

Cerró los ojos unos segundos y cuando los abrió, soltó un largo suspiro—.

Si me lo permites, haré todos los méritos necesarios para conseguir tu perdón, Anne, lo digo en serio.

No me importa hacer el ridículo, enfrentar a mi padre o externar mis sentimientos de manera civilizada sin tener temor de que me vean como alguien débil, porque en realidad lo soy.

Si fuera fuerte, no me habría dejado llevar por mis emociones.

—Lo que no me ha quedado claro es la razón por la cual buscas mi perdón con tanta desesperación, Alek.

El chico se frotó el puente de la nariz con las yemas de los dedos y se sentó al borde de la cama con nerviosismo.

—Pensé que era obvio.

—Yo prefiero escucharlo con palabras y acciones.

—No soy bueno hablando y ya te has dado cuenta de ello, Anne.

—No busques mi perdón si vas a seguir mintiéndome.

—¡No lo hago!

Es solo que… —¡Sé sincero completamente una maldita vez en tu vida, Aleksei Reznikov!

—exclamó ella, atormentada por la intriga.

—Antes de responderte, quiero preguntarte algo primero.

Ella lo miró con desasosiego.

—Cuando tuviste tu primera vez, ¿amabas a ese chico o estabas enamorada de él?

—¿Qué clase de pregunta es esa?

—Necesito saberlo.

—No te incumbe, es como si yo te preguntara lo mismo, o sea, Alek, eso es del pasado y no debería influir en el presente.

—Bueno, cuando tuve sexo por primera vez fue a los diecisiete y hasta eso, mi padre me obligó porque pensaba que yo era gay.

Me llevó a uno de sus prostíbulos y ya debes imaginarte el resto—bufó, asqueado—.

Y a pesar de haber estudiado en escuelas privadas y estar rodeado de personas, no hice vínculos de amistad con nadie porque sabían quién era mi padre y por obviedad, tampoco tuve novia—evitó a toda costa que ella notara el rubor de sus mejillas al decir eso en voz alta.

—Y aunque cada que tengo ganas de follar con alguien, acudo a los prostíbulos de mi padre, no es lo mismo tener una pareja formal con quien compartir más que el coito, ¿sabes?

Por eso quiero saber si sentías algo con el primer chico que tuvo el honor de tenerte por primera vez.

Annelise sintió esa confesión como algo pesado del que Aleksei se había quitado de encima.

—No.

De hecho, fue una experiencia un poco incómoda y sólo ocurrió una vez—respondió ella a su pregunta—.

Ese chico también era virgen y fue más para romper esa presión de continuar vírgenes cuando tus amigos ya no lo son a una determinada edad.

Mi padre jamás lo supo y aunque se hubiese enterado, no le habría importado tampoco.

—Lamento mucho que hayas pasado por tanto y soportado en silencio.

—A mí lo que realmente me interesa es que mi hermana viva lo más alejada de todo eso y si tengo que reprimir esos recuerdos para seguir adelante por ella, lo haré.

No representa ningún problema para mí, incluso el trauma que me generaste esa noche, Alek—añadió con fiereza—.

Estoy dispuesta a suprimir el recuerdo.

Sus palabras fueron clave para animarlo a ser sincero.

Ella notó el cambio en su mirada.

—El motivo por el cual pido tu perdón con tanta desesperación es porque… —humedeció los labios y tragó saliva, sabiendo que era muy difícil ser honesto cuando había vivido toda su vida fingiendo ante su padre y tragándose lo que sentía—creo que me he enamorado de ti y no quiero dejarte ir de mi lado tan fácilmente, pero tampoco deseo retenerte en contra de tu voluntad.

Cometí un error en tomarte por la fuerza y esa decisión tan cavernícola me va a perseguir toda la vida si tú no logras perdonarme.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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