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Hija del Enemigo: Linaje Prohibido - Capítulo 30

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30: Capítulo 29 30: Capítulo 29 Annelise rodó por la cama y de pronto sintió algo cálido debajo de su mano en donde debía estar la textura helada de la almohada.

Abrió los ojos lentamente y divisó a Aleksei Reznikov durmiendo a su lado tranquilamente y enseguida recordó que en la madrugada tuvieron una charla y le permitió quedarse a dormir con ella en todo el inocente sentido de la palabra.

Ambos habían acordado descubrir el talón de Aquiles de sus respectivos padres para que cuando llegara el momento de meterse al juego, pudieran destruir sus propios imperios desde adentro y liberarse de las ataduras que ellos les habían impuesto desde que nacieron.

En quien de verdad podía confiar era en Pavel, pero Aleksei tenía que ganarse esa confianza o de lo contrario, no podrían hacer equipo.

Por otra parte, ella sabía que Yakutsk siempre se había caracterizado por ser una de las ciudades más frías y aunque ella estaba acostumbrada al frío, nada se comparaba con ese lugar glaciar en el que se podría decir que había buen tiempo cuando el clima estaba en -40 grados, y la única forma de poder suspender actividades en aquel lugar era si bajaban de -50 grados.

Esa mañana en específico sintió un inmenso frío que ni las sábanas gruesas y suéteres que se había puesto encima de su pijama pudo eludir.

Y lo que más le sorprendió fue darse cuenta de que Aleksei Reznikov no parecía afectado por el ambiente congelado.

Con escalofríos, se puso las pantuflas y el abrigo de él encima para echar un vistazo a través de la ventana, y entornó los ojos.

La nieve había obstruido gran parte de la ventana y afuera estaba nevando, que no podía distinguir más allá de un metro de distancia por la blancura de la naturaleza.

—¿Te gusta la nieve o te preocupa algo?

Annelise dio un respingo al escuchar la voz de Aleksei justo detrás de su oreja.

Había quedado absorta, mirando como caía la nieve que no sintió en qué momento él se levantó de la cama y se acercó lo suficiente a ella para sentir su cuerpo en la espalda.

—Ambas cosas—admitió, suspirando y dibujó una carita feliz en el cristal empañado de la ventana—.

Este lugar es un congelador, ¿por qué no se mudan a un sitio menos escalofriante?

—A mi padre le gusta.

Ella apartó la mirada de la carita feliz de la ventana y se dio la vuelta para mirarlo.

Aleksei no se movió y quedaron muy cerca, casi sintiendo la respiración del otro, sosteniéndose la mirada los dos.

Él bajaba discretamente la mirada a los labios de ella y volvía a mirarla a los ojos, como si estuviera pidiéndole permiso de besarla, tal como Annelise le había advertido para conseguir su perdón.

—¿Por qué?

¿Acaso en su vida pasada fue un pingüino o un oso polar?

—inquirió, ladeando la cabeza y Aleksei ahogó una risa nasal, haciendo que ella sonriera.

—Si existiera de casualidad la reencarnación, estoy seguro que mi padre fue un ser muy detestable y no un adorable pingüino–afirmó—.

Y ojalá esa especie de animal que él fue en su pasado, esté extinta ahora, ¿no crees?

Ella asintió, sin dejar de sonreír.

Entonces, como quien no quiere la cosa, Aleksei retrocedió varios pasos para calzarse las botas y ponerse el primer abrigo que había usado antes de optar por ponerse el segundo que ahora llevaba puesto Annelise.

—Se me acaba de ocurrir una idea, aprovechando que aún tenemos menos de cuarenta y ocho horas para que mi padre vuelva.

—¿Qué se te ocurrió?

—Busca prendas muy abrigadoras en el armario y las botas de nieve, vengo a buscarte en veinte minutos—dijo, antes de salir de la recámara y dejarla sola con confusión, cerrando la puerta doble hoja sin pestillo.

Sacudió la cabeza para centrarse en sus indicaciones y entró al sanitario a darse una ducha rápida con agua extremadamente caliente.

Le parecía sorprendente que las tuberías no estuvieran congeladas y el agua saliera con normalidad y supuso que tal vez tenían un sistema de calefacción muy sofisticado y costoso para no padecer de incomodidades.

Cuando terminó de ducharse, sintió que iba a quedar congelada en cualquier segundo y se apresuró a vestirse.

Encontró orejeras, guantes y gorros de distintos colores y decidió usar todo en color celeste pastel.

Se miró al espejo y con solo un poco de labial quedó perfecta.

Y cómo Aleksei se estaba tardando, salió al pasillo a echar un vistazo, pero no vio a nadie, ni siquiera a Pavel.

Se dirigió hacia la habitación de Aleksei con calma, demostrando que no estaba emocionada por la convivencia que iban a tener, aunque por dentro quería saltar de entusiasmo.

Curiosamente algunos ventanales que estaban en lo alto de las paredes fueron cerrados para que la nieve ni el frío se colara, pero, aun así, era inevitable no tiritar.

—¿Esquiar con este clima?

Annelise se detuvo a mitad del pasillo cuando escuchó la voz de Pavel en el primer piso.

—El joven Reznikov dio la orden de preparar su moto de nieve y una maleta con comida enlatada para dos personas.

—Pero la temperatura está bajando cada vez más por la tormenta de nieve—.

A juzgar por el tono severo de Pavel, Annelise advirtió que estaba en contra de la idea de Aleksei—.

Voy a hablar con él porque es una terrible idea.

Comenzó a subir la escalera y ella no tuvo otra opción más que esperarlo al inicio de la misma cuando estuvo arriba.

—Señorita Reznikov.

—Hola, Pavel.

Él andaba puesto un abrigo muy grueso con un pasamontaña en la cabeza en donde solo podía verle los ojos y un gorro negro encima para calentarse mejor.

—Estamos a -49 grados en este momento—le informó.

—Y la idea del joven Reznikov es pésima.

No pueden ir a esquiar con la moto de nieve en estas condiciones.

—Ni siquiera tenía idea de que eso íbamos a hacer.

—No voy a permitir que te exponga de esa manera.

—¿Ha ocurrido algo con anterioridad?

—lo detuvo del brazo para que no avanzara hacia la habitación de Aleksei.

El pelirrojo chasqueó la lengua y asintió.

—Cada que amanece con el peor clima de Yakutsk, a él siempre le apetece poner en riesgo su vida y ahora quiere meterse en ese lío contigo también—.

Explicó con desasosiego.

—Quizá solo quiere que conozca lo que es esquiar con una moto de nieve—intentó apaciguar su preocupación por que la mera idea de declinar la salida, le pareció cruel porque estaba aburrida—.

Y yo deseo ir, Pavel.

Los ojos oscuros del capitán la miraron con preocupación.

—No vas a soportar el frío y mucho menos lo que implica ir en ese vehículo del infierno—siseó, molesto—.

Vas a salir herida y quiero evitarlo.

Si a él no le importa tu seguridad, a mí sí.

—Pavel, no soy una niña, tengo veinte años y aunque digas lo contrario porque eres mayor unos años, puedo tomar mis propias decisiones, así que descuida, estaremos bien—sonrió, pero él no le devolvió la sonrisa y solo se limitó a negar con la cabeza.

—Iré con ustedes—sentenció.

—¿Ir con nosotros a dónde?

Ambos volvieron el rostro hacia Aleksei que se acercaba caminando a ellos con un abrigo sumamente enorme que le cubría la cabeza y parte del rostro.

Los guantes en sus manos eran especiales para andar en la nieve al igual que sus botas.

Los ojos grises del recién llegado estaban puestos en Pavel.

—¿Y bien, Artem?

—insistió Aleksei, estrechando los ojos con cautela.

—Voy a ir con ustedes, joven Reznikov.

Puedo serles de mucha ayuda si en caso quedamos en algún sitio alejado de la mansión para resguardarnos de la tormenta invernal—consiguió decir, con la mirada en sus pies.

—Si mi plan hubiese sido invitarte a ti o a cualquier hombre de mi padre para que nos escoltara, ya lo habría ordenado, ¿no crees?

—planteó con dureza, usando la intimidación en contra de Pavel—.

Pero si yo no he ordenado nada, nadie tiene por qué seguirme si no lo solicito, ¿comprendes Artem?

—No puedo dejar que lleve a la señora Reznikov—repuso Pavel, sabiendo que quizá, había cometido un grave error, pero no se detuvo—.

En ese caso, vaya usted solo, pero ella se queda.

A pesar de que solamente se le lograba ver los ojos a Aleksei, se notó a simple vista que había fruncido el ceño y que había apretado la mandíbula.

—Conoce tus límites, Artem.

Nunca te he dado la confianza para que vengas a darme órdenes.

—Gruñó, arrastrando las palabras.

Pavel apretó los puños y alzó la vista para enfrentarlo sin ningún tipo de temor y Annelise tragó saliva.

¿Qué demonios estaba sucediendo?

—Si quiere llevarla a una muerte segura en esa tormenta de nieve, tendrá que asesinarme primero antes de permitir esa locura, joven Reznikov.

Sus palabras se sintieron como un balde de agua helada en la cabeza de la fémina, ya que el tono iracundo que usó para amenazarlo fue palpable y sin ningún tipo de duda ni miedo a lo que pudiera ocurrirle por haberse revelado en contra del heredero ruso.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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