Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Hija del Enemigo: Linaje Prohibido - Capítulo 34

  1. Inicio
  2. Hija del Enemigo: Linaje Prohibido
  3. Capítulo 34 - 34 Capítulo 33
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

34: Capítulo 33 34: Capítulo 33 Cuando Annelise despertó, se encontró envuelta en varias capas térmicas de sábanas especiales para el escalofriante frío de Yakutsk y dentro de una tienda de campaña lo suficientemente amplia para que cinco personas durmieran tranquilamente.

Y para su sorpresa, estaba sola.

Aleksei y Pavel no se hallaban ahí.

Las paredes de la tienda de acampar se mecían bruscamente por el aire helado del exterior y se preguntó en dónde estarían ellos dos.

Se sentó, haciendo memoria de lo que había ocurrido y en cuanto los recuerdos le llegaron de golpe a la mente, se estremeció.

Su padre, en resumen, era un maldito monstruo y si se ponía a pensar un momento en la misión que le había dado y tomando en cuenta la nueva información que Pavel le dio sobre él, era más que obvio lo que pretendía hacer si en caso salía embarazada de Aleksei.

De solo imaginar el atroz ritual con niños inocentes, sintió vértigo y sacudió la cabeza.

No iba a volver a desmayarse, no iba a ser débil.

A regañadientes, gateó hasta la entrada de la tienda y abrió el cierre para asomarse a echar un vistazo.

La fogata seguía más viva que nunca, pero no vio a nadie más y frunció el ceño.

Afuera todavía era de día, pero gracias a las nubes y neblina por el frío, parecía a punto de anochecer, especialmente porque estaba comenzando a nevar y tampoco estaba una de las motos de nieve.

—¿Hola?

Caminó un par de pasos hacia la entrada de la cueva, en busca de Aleksei, ya que no podía haberla dejado ahí sola, a menos que hubiera ocurrido algo importante, pero Pavel habría quedado a esperarla para que despertara.

Pero nadie respondió y a lo lejos alcanzó a escuchar el ulular de algún búho lejano, en la calidez de su hogar.

Y a pesar de que estaba aparentemente sola en aquella cueva, se sintió más segura que estando en aquella mansión de lujo, sabiendo que Mikhail Reznikov en cualquier momento podría descubrir su identidad y ejecutarla de la peor manera.

De pronto, unos pasos pesados provenientes de afuera la pusieron alerta.

¿Quién en su sano juicio se atrevería a andar por ahí, debajo de la nieve?

Si no era Aleksei o Pavel, debía ser alguien más.

¿Y si Mikhail hubiera salido del hospital y enviado por ella?

Tragó saliva y retrocedió lentamente, en dirección a la tienda de campaña.

Pero los pasos eran muy pesados, no parecían ser humanos.

Annelise tropezó y cayó sobre su trasero cuando por fin descubrió quien era el que se había acercado a la cueva.

Primero vio unos enormes cuernos y a continuación una trompa con pelaje, como el resto de su gigantesco cuerpo cubierto de nieve.

Era un reno.

El corazón de la fémina se alivió de inmediato porque era un simple animal salvaje que tal vez estaba curioseando y el fuego captó su atención.

Lo poco que ella sabía, era que esos animales eran inofensivos e incluso sociables, pero no tenía ganas de acercarse y asustarlo.

El reno se quedó inmóvil en la entrada de la cueva, como si percibiera la inquietud de la chica con respecto a su soledad porque no retrocedió, simplemente se mantuvo de pie, mirando sin pena ni gloria a su alrededor, dejando ver el vapor de su aliento al respirar.

La nieve le llegaba por encima de sus pezuñas y no parecía afectarle.

Se puso de pie con rapidez y el reno volteó a verla con curiosidad.

—¿Tienes hambre?

—le preguntó como si el animal pudiera entenderle.

Y sin esperar más, se lanzó a rebuscar entre la comida algo que pudiera comer el reno y halló verduras enlatadas.

La abrió con el abrelatas, lo vertió en un cuenco y se acercó lentamente al animal para no asustarlo.

Dos minutos después, yacía sosteniendo el cuenco a la altura del hocico del animal mientras lo observaba comer gustosamente y se aventuró a acariciar el pelaje con cuidado.

—¿Anne?

Tanto ella como el animal dieron un respingo cuando escucharon la voz de Aleksei detrás de ellos.

Annelise le colocó el cuenco al reno sobre la nieve para que continuara comiendo y encontrarse con él.

—Me abandonaste, así que conseguí un nuevo amigo—le reprochó de manera juguetona y frunció el ceño cuando lo vio recargarse en la pared rocosa— ¡Aleksei!

—Estoy bien, no te preocupes, solo estoy cansado—replicó, sonriendo con cansancio y alzó la mano, sujetando cuatro liebres de cabeza, sangrando y temblando—.

Deseaba comer liebres salvajes, mi padre siempre manda a cazarlos cuando es mi cumpleaños.

—¿Es tu cumpleaños?

—No, pero quiero que pruebes su deliciosa carne, es exquisita, especialmente si es cocinada directamente al fuego.

—Espera, si no te llevaste la otra moto de nieve, ¿fue entonces Pavel el que se marchó?

Aleksei apretó los labios, conflictuado y le hizo señas con la barbilla para acercarse a la fogata y alejarse del reno, que ayudaba mucho a pasar de inadvertidos en la cueva con su enorme cuerpo cubriendo la entrada.

Él se sentó frente al fuego, colocando a las liebres sobre una roca para que cuando dejaran de agonizar, pudiera comenzar a despellejarlos para que no sufrieran más y con el agua tibia que había llevado en una cantimplora, se lavó la sangre de las manos.

—¿Por qué se fue Pavel?

—insistió ella.

El joven se revolvió nervioso, y cuando comprendió que Annelise no iba a dejar de presionarlo, suspiró y la miró a los ojos.

—Mi padre ordenó ser dado de alta esta misma noche—.

Carraspeó con preocupación, provocando que a ella se le secara la garganta y sintiera la lengua como una lija—.

Y para que cuando llegue a la mansión y no se le ocurra buscarme de inmediato, Artem decidió adelantarse para darle la información sobre mi paradero, pero siendo cuidadoso de no revelar el punto exacto, claro.

—¿Cómo estás tan seguro de que va a creerle y no lo va a asesinar?

—tragó saliva.

—Si mi padre hubiera podido elegir a su hijo, su decisión habría sido Artem, no yo—, se encogió de hombros, fingiendo no sentirse afectado por esa cruda realidad.

—No creo que ese sea el caso—le contradijo ella—, porque lo ha enviado a misiones peligrosas donde casi pierde la vida y gracias a ello es que Pavel descubrió lo que mi padre hace con esos niños… Aleksei esbozó una sonrisa triste y sacudió la cabeza en negación.

—Ni tú ni yo sabemos lo que es el verdadero amor paternal, pero sabemos que lo que nuestros padres nos han dado de afecto es una abominación—repuso con recelo—.

Y para mi padre en particular, enviar a Artem a esas misiones es su mayor muestra de afecto porque confía ciegamente en él.

En cuanto terminó de hablar, agarró una de las liebres y sacó una navaja de la maleta para comenzar a quitarle la piel frente al fuego de la fogata, dándole a entender de que no quería continuar hablando al respecto.

Annelise entendió la señal y suspiró.

—¿Pavel volverá en la noche con nosotros o definitivamente se quedará en la mansión?

—Va a quedarse ahí—, respondió Aleksei, sin mirarla.

—Eso quiere decir que… Y ahí fue donde él alzó la mirada a ella, regalándole una sonrisa torcida.

—Estaremos solos esta noche fría y solitaria, dándonos calor el uno al otro, mientras comemos liebre asada con café o té caliente, como tú lo prefieras—.

Su voz se volvió maliciosa y pícara.

Annelise soltó una risita divertida.

—Conociéndote, sospecho que a lo mejor inventaste eso de que tu padre va a salir del hospital esta noche solo para deshacerte de Pavel.

—Habría sido una magnífica idea, pero lamentablemente no fue así.

Artem fue llamado a través de su dispositivo auditivo para que volviera a la mansión y se llevó la moto de nieve para estar ahí cuanto antes.

El reno que había estado en la entrada de la cueva, emitió un ruido cuando terminó las verduras del cuenco y dirigió la cabeza a ellos, observándolos con interés.

—Tu nuevo amigo ya terminó de comer y parece querer más—bromeó Aleksei, mientras preparaba el resto de las liebres y limpiaba a conciencia la carne.

—Yo creo que se siente atraído por el fuego… Afuera, la nieve comenzó a caer con más fuerza, haciendo que el animal volviera a emitir un sonido incómodo y avanzó un par de pasos al interior de la cueva, pero sin llegar hasta donde ellos estaban.

Su intención parecía ser simplemente refugiarse de la tormenta vecina.

Annelise parpadeó, sintiendo que sus pestañas estaban congeladas y se encargó de ponerle más leña a la fogata para no quedar sin fuego.

—Tal parece que voy a tomar en cuenta tu propuesta—sentenció ella, siendo consciente del frío inexplicable que le calaba los huesos a medida que el sol se ocultaba—.

No pienso morir de frío.

—¿Sabes cuál es la manera más efectiva de conseguir calor humano en estas condiciones?

—inquirió, aún con picardía en su voz y sin dejar de preparar a las liebres.

Pero sus ojos grises la hicieron sentir expuesta, ya que la miró con tal intensidad y lascivia contenida, que se ruborizó.

—¡Ya sé a dónde quieres llegar!

—exclamó, sonrojada.

—Es para sobrevivir al frío de la noche—le guiñó el ojo, riéndose—.

Además, recuerda que prometí que no te haría nada sin tu consentimiento, por eso te lo estoy proponiendo porque la que tiene la última palabra eres tú, muñeca.

Annelise se quedó en silencio un par de minutos, observando a Aleksei limpiar y sazonar la carne de las liebres con especias que encontró dentro de la maleta y le ayudó a pasarle algunos trastes especiales para colocarlos sobre el fuego.

—¿Puedo preguntarte algo, Alek?

—Por supuesto, dime.

Annelise humedeció sus labios y miró con fijeza a ese joven ruso que, con anterioridad había odiado hasta los huesos y ahora, pese haber sufrido abuso sexual por su parte en un arranque de cólera tras descubrir su verdadera identidad, se había convertido en alguien importante para ella y no sabía realmente lo que sentía por él y deseaba saber los sentimientos de Aleksei Reznikov, aunque de antemano, el tiempo de conocerse eran breve, pero ya habían compartido muchas cosas.

—Sé perfectamente que nunca has tenido novia formal ni creado lazos románticos con ninguna chica, pero quiero saber lo que sientes por mí, sea cual sea el sentimiento—objetó ella con firmeza.

Pensó que le temblaría la voz, pero fue muy directa.

Aleksei dejó de moverse y volteó a verla, perplejo, tal vez por la exigencia de aquella información o porque de la nada se le ocurrió decírselo.

En todo caso, el joven ruso se quedó callado y bajó la mirada a la carne de liebre salvaje.

—Eres el primer vínculo romántico que he tenido—respondió en un susurro, su voz casi se fusionó con el crepitar de la fogata.

Sus ojos grises brillaban por la iluminación y ella tragó saliva, esperando que siguiera hablando—.

Y cometí tantos errores en tan poco tiempo, que a veces desearía poder enviarte lejos, pero si lo hago, tu padre te hará el mismo daño que el mío y no voy a permitirlo.

Annelise se mordió el labio inferior, escuchándolo con atención.

—Y lo que quiero decir es que… —titubeó, nervioso—, ya sabes que me siento atraído a ti de todas las maneras que te puedas imaginar y creo que no solamente de manera sexual, sino también… emocional y sentimentalmente.

Ella entornó los ojos.

—Tal vez no sepa lo que es amar románticamente, pero lo que siento por ti es lo más cercano a ello, Annelise Falkenheim.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo